INFORME DEL OBSERVATORIO #1 DE LA EBP

INFORME DEL OBSERVATORIO #1 DE LA EBP

(3)borges, la dicha- detalleArt.AlejandraKorek

“Borges, la dicha –detalle”. Artista Ale Korek

 Consideraciones iniciales y orientadoras de la propuesta de trabajo

 

La violencia intrafamiliar contra la mujer siempre estuvo muy presente, pero normativizada en la práctica por la ideología sexista. Aunque su existencia se constituyera como un saber compartido, en la esfera pública tal saber era silenciado. Vecinos y familiares lo cuchicheaban y/o la encubrían. Raramente la violencia era llevada al conocimiento de las instituciones públicas y, cuando eso se hacía, era mal recibida. Las mujeres afectadas, con frecuencia, se callaban avergonzadas o encontraban enormes dificultades para referirse públicamente a los abusos, desanimadas por el poco caso y los prejuicios de los cuales serían el blanco.

La cuestión de la violencia, en el Brasil, dio un salto por el cual pasó, por la fuerza de la ley, de la esfera privada a la pública. Al admitir el carácter epidémico de la violencia contra las mujeres, el Estado brasilero respondió en dos frentes: en lo jurídico, con la creación de la Ley Maria da Penha y en lo político, con dispositivos de salud y asistencia. Con la promulgación de la Ley, la denuncia ganó (legitimidad) un espacio más legítimo. Aun así, al principio, muchas de las denuncias eran retiradas enseguida, lo que exigió modificaciones en el texto de la ley para impedir eso. Surge así la necesidad de un trabajo previo con aquellas mujeres que manifiestan la intención de denunciar hasta que estén más seguras de esto. Muchas iniciativas posibilitaron la creación de redes interdisciplinarias de acogida(recepción) y atención a los casos de violencia contra las mujeres. Esas redes, sin embargo, tenían mayor actuación en las grandes ciudades de las regiones del sur y del sudeste del país de lo que tenían en el interior de los estados y en las demás regiones. Se cuenta, en los grandes centros, con Consejos Estatales y Municipales que contribuyen para la formulación y acompañamiento de las políticas públicas concerniente a los derechos de la mujer. La red se compone también de casas de abrigo, centros de atención, comisarías especializadas, grupos de apoyo, hospitales, ambulatorios, centros de referencias, entre otras iniciativas.

Por lo tanto, hubo una modificación del discurso al respecto de la violencia intrafamiliar. Del discurso que velaba la violencia encontramos actualmente su opuesto: un discurso que anima la verificación, contabilización, denuncia y prevención. Las cifras que muestran una escalada de la violencia y que tanto nos asustan, puede ser, en parte, resultado de ese cambio discursivo que debe a las políticas de género su fundamento teórico.

Entre el imperativo anterior “no se debe hablar” y el actual “se debe hablar”, ¿Cuál es la posición del sujeto? Este es un aspecto, a nuestro entender, sobre el cual el psicoanálisis tendría algo para contribuir. En especial, ante el hecho de que el tratamiento publico ofertado a través de tantos dispositivos de criminalización y apoyo no han disminuido, ni evitado, la violencia contra las mujeres.

A partir de esta cuestión, nos gustaría investigar la distinción entre lo que se puede decir y lo que no se puede decir. Para el psicoanálisis, lo simbólico no agota el registro de lo real del goce que, en el ámbito pulsional del cuerpo, se presenta de modo paradojal. Una de las más contundentes y revolucionarias revelaciones del psicoanálisis es la de que el sujeto no siempre busca su bien. Hablar de violencia, para los involucrados, tropieza, por lo tanto, en la frontera entre lo que se puede y no se puede decir del malestar, no porque sea un secreto, sino porque el lenguaje es precario para eso.

Tratar la cuestión como si bastase con hablar, denunciar, juzgar y punir, no contempla los aspectos de lo real del goce de las parejas que escapan a la operación del lenguaje. La fascinación por las cifras y por las confesiones, así como el avance de las prácticas de corto plazo y asistencialistas, no tienen en cuenta lo imposible de concebir y decir del goce.

Quizás eso se deba, en parte al dominio, en el tratamiento de la cuestión, de la concepción sociológica del sujeto articulado apenas a la subjetividad discursiva de su época, conceptualización que tiene valor y razón de ser, pero que no contempla la singularidad del sujeto, perspectiva psicoanalítica que alcanza factores y condiciones propias de cada uno que marcan al sujeto más allá de cualquier posibilidad discursiva. Las posiciones tradicionales de victimario y víctima, por ejemplo, no bastan para localizar a los sujeto involucrados; las identidades de género no clasifican de manera satisfactoria los tipos de violencia; los dispositivos propuestos, debido a su lógica de identificación, fallan más de lo que tratan la división radical de aquellos implicados en parejas violentas.

A partir de las consideraciones del psicoanálisis, será deseable, entonces, encontrar formas de transmitir a los diversos actores, involucrados en esos dispositivos y modalidades de tratamiento, la importancia del tiempo del sujeto del inconsciente y de las posibilidades que favorezcan formulaciones propias en la construcción de salidas para los impasses inherentes a las parejas sintomáticas. A partir del psicoanálisis cabe preguntar lo que la violencia revela de un goce sintomático de las parejas y lo que podría haber del oscuro goce femenino tanto en las situaciones de denuncia como en las que ésta falta, en las exposiciones al riesgo, así como en la falta de limite a las concesiones que alguna mujeres pueden hacer a un hombre.

Es nuestro desafío: leer y apuntar junto con aquellos que trabajan con esta cuestión que la violencia atraviesa el discurso que la discute, las formas como es pensada, los dispositivos que la tratan y, en su meollo, depende de lo real en juego en los lazos sociales, en las parejas. En cuanto a eso, conviene recordar que, al tratar la articulación entre política e inconsciente, Lacan los compara destacando que no propone que la política sea el inconsciente, sino por el contrario, que “el inconsciente es la política” (1966-1967).

Con la perspectiva de contribuir en el debate sobre las políticas públicas, a partir de la teoría y de la clínica del psicoanálisis, pensamos trabajar esas cuestiones privilegiando los casos de violencia y a las mujeres en las parejas incluyendo desde el abuso sexual, físico, moral, entre otros, hasta el femicidio.

 

Observatorio sobre la violencia y las mujeres de la EBP:
Heloisa Caldas – coordinadora.
Cristina Drummond
Ondina Machado
Patrícia Badari

 

 

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