PRIMERA CONVERSACIÓN DE RUA-INVESTIGACION

PRIMERA CONVERSACIÓN DE RUA-INVESTIGACION

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“Giro”. Artista: Adolfo. L.R.Londoño

Angélica Bastos

 

Voy a presentar las líneas de un eje de investigación desarrollado en el Posgrado en Teoría Psicoanalítica de la Universidad Federal de Río de Janeiro. En Brasil, fue este el primer Programa de Maestría y Doctorado en Psicoanálisis que nació hace 27 años con el nombre de Teoría Psicoanalítica, porque en esa época se juzgó necesario establecer una diferencia entre los conceptos del Campo psicoanalítico y lo que se hace en la facultad de Psicología bajo el título de psicoanálisis: una corriente en la psicología de la personalidad, del desarrollo o una psicoterapia. Considerando que para Lacan no hay teoría psicoanalítica, sino enseñanza a analistas, y que en la Universidad no trabajamos necesariamente con psicoanalistas, lo-que-hacemos-cuando-hacemos-investigación-en la-universidad posee, por varias razones, estatuto de pregunta.

A fin de delinear posibilidades y dificultades recogidas hasta el momento, voy a situar rápidamente algunas ideas generales que vienen orientando el trabajo de investigación.

Las relaciones entre saber y verdad condicionadas por el discurso del analista no se trasponen o se reproducen más allá de la práctica de un análisis. No se trasponen, por lo tanto, a la universidad, sea en la investigación llamada empírica -a veces nombrada investigación-intervención o clínica- sea en la investigación llamada teórica, distinción a ser revisada a partir del saber textual y de las ideas referenciales. Tal como se puede desprender del recorrido, en esta extensión del psicoanálisis se busca transmitir el descubrimiento freudiano, en este caso, según la orientación lacaniana.

La cuestión metodológica me parece sintetizada en la premisa de que la investigación en la universidad es una extensión del psicoanálisis, estando en una especie de prolongación –y no en relación de exterioridad-, con la intensión. La investigación comporta también una dimensión de enseñanza, que corresponde a enseñar lo que no se sabe o a aprender sin línea psicoanálisis, sino a partir del psicoanálisis, conforme formuló Freud[1]. Eventualmente comprende supervisión clínica, como veremos en un proyecto desarrollado recientemente.

Me refiero a un eje de investigación que comprendió una serie de proyectos, inicialmente en el marco de un acuerdo con una institución de salud mental y en la División de Psicología Aplicada de la Universidad, la clínica-escuela, en la cual alumnos-pasantes brindan atención clínica a la población con la supervisión de un docente. Esta serie de proyectos apuntaba al tratamiento de niños autistas y psicóticos. Psicólogos del servicio de salud mental, algunos de ellos psicoanalistas, firmaron un convenio con una profesora del posgrado, Ana Beatriz Freire, con quien me reuní para investigar el tratamiento psicoanalítico en la institución. De a poco ellos se interesaron por la maestría y el doctorado, de modo que personas de este servicio hicieron sus disertaciones de maestría y tesis de doctorado con nosotros sobre la psicosis en el niño, el objeto en el autismo, la transferencia. Dado que investigación y tratamiento coinciden -hasta cierto punto, complementaba Freud– ese acuerdo nos permitió dar una inflexión clínica a la investigación, además de poner a la prueba de la experiencia la manera con que veníamos subjetivando los conceptos. Propició también traer a la investigación académica tanto los casos en tratamiento en el servicio de salud mental, como cuestiones institucionales como la práctica entre varios, discutida por el equipo y por las investigaciones.

Las categorías con las cuales el discurso del amo divide a la población –niño, adolescente, adulto- y las categorías clínicas –autismo y psicosis– en que este discurso es pródigo, pronto produjeron aquellos que no podrían ser acogidos en la institución de salud mental, sea por la edad –porque ya no son niños–, sea por corresponder a los llamados inclasificables, o aún por presentar comorbilidades como compromisos orgánicos acompañados de debilidad mental. Así, pasamos a recibir algunos casos en la clínica-escuela, lo que permitió una nueva aproximación entre investigación y tratamiento, ya que esos casos derivados por el servicio de salud mental eran tratados en el servicio de la universidad y supervisados allí.

En Brasil, la constitución de 1988 garantiza el derecho a la escuela para todos, y una ley de 1989 considera un crimen sujeto a multa o prisión cualquier objeción a la permanencia del alumno en escuela pública o privada debido a una deficiencia. El contexto normativo Brasileño se modificó poco a poco, considerando contrario a los derechos humanos y a la constitución de la república la manutención de dichos deficientes solo en clases y escuelas especiales, cuando la inclusión en clases regulares es posible. Eso significó la presencia obligatoria en la escuela regular, de niños autistas y psicóticos que trasponían los muros de la escuela para-todos, muchas veces independientemente de sus condiciones subjetivas. Se situó para nosotros un problema cuya lógica, como ciencia de lo real, nos llevó a rastrear el camino para la modalidad de lo imposible: un proyecto de investigación sobre lo imposible de educar en la escolarización de niños autistas y psicóticos. El director de la facultad de psicología llego a proponer que suministremos cursos de introducción al autismo y a la psicosis en el niño para psicólogos, psicopedagogos y maestros, pues en ese momento hubo gran oferta de cursos de extensión para responder a la situación. No aceptamos la invitación. Un dispositivo de conversación se instaló a partir de demandas surgidas en o dirigidas por la institución de salud mental en la que tenía lugar el tratamiento. Este dispositivo fue dirigido por la psicoanalista Jeanne Marie Costa Ribeiro, de nuestro grupo de investigación y del hospital, con el objetivo de promover la circulación de la palabra entre los involucrados en el tratamiento y en la educación del niño, a fin de que se encontraran soluciones en cada caso.

Ahora menciono algunas dificultades: nuestras posibilidades de financiamiento a la investigación están condicionadas por factores como la creencia o el preconcepto de que la investigación empírica o la investigación-intervención es la investigación por excelencia; al discurso dominante sobre la relevancia teórico-clínica y social de las propuestas de investigación y también a la aprobación de los proyectos en comités de ética en la investigación. Estos exigen la firma de un consentimiento libre e informado, de acuerdo con las normas del Consejo Nacional de Salud, y una metodología detallada para la aprobación de las propuestas, clasificables en cuanto al riesgo. Para los casos tratados en el hospital el equipo dispone de la autorización de los padres. Para los casos acogidos en la clínica-escuela no tenemos el término del cual depende la publicación, así como para la investigación reciente sobre el trabajo del mediador, denominado por algunos facilitador. Esta figura, forjada en la trama de las leyes de inclusión para asesorar al niño y al maestro en el aula, fue estudiada por nosotros en sus conjunciones y disyunciones con el acompañamiento terapéutico, y sobre todo a partir de la orientación que el psicoanálisis puede proporcionar a esta práctica emergente.

Algunas de estas dificultades son coyunturales y, tratándose de la universidad, conforme dice Lacan, la crisis es de estructura[2]. Por eso, se trata, en cada proyecto y de un modo siempre único, de movilizar el saber referencial, el saber del psicoanalista y el inconsciente.

 

[1] Freud, S. (1919) “¿Debe enseñarse el psicoanálisis en la universidad?” Obras Completas, Volumen XXVII Buenos Aires, Amorrortu, 1976.
[2] Lacan, J. “Alocución sobre la enseñanza”. Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012. Pag. 317-325

 

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