Enredos de familia… sus asuntos en la práctica

Enredos de familia… sus asuntos en la práctica

Alejandra Koreck. "Pizarnik, como un poema enterado del silencio de las cosas..."

Alejandra Koreck. “Pizarnik, como un poema enterado del silencio de las cosas…”

Viviana Mozzi

El encabezamiento no es un equívoco. Es claro para mí que el próximo ENAPOL, que nos espera en Buenos Aires el próximo año, nos convoca bajo el título: “ASUNTOS DE FAMILIA: sus enredos en la práctica”.

Sin embargo, se pueden enlazar e intercambiar sus términos siguiendo sus etimologías. Asunto: argumento / materia de la que se trata / relación amorosa más o menos secreta / caso / suceso notorio o escandaloso. Enredo: maraña de hilos o cosas flexibles / engaño / mentira que ocasiona disturbios / falta de claridad / sucesos enlazados que forman el nudo central de una obra / amoríos.

Ambos remiten a tramas algo engañosas que, de alguna manera, tocan el amor. Y podemos pensar que tanto en las familias como en la práctica encontramos los nudos del amor, del odio y de los secretos, con los que cada sujeto se construye su novela, a partir de la que el psicoanálisis busca extraer la “verdad” singular que oculta.

Podemos decir incluso que el blasón de una familia se sitúa en uno de los últimos e importantes giros de la obra de Jacques Lacan y, por cierto, una ilustre familia:

Vale la pena evocar la manera en la que ha sido elucubrado el nudo de los Borromeos, o sea la idea misma de la estructura. Eso quería decir en esa época que si una familia se retiraba de un grupo de tres, las otras dos se encontraban al mismo tiempo libres por no entenderse más. La sórdida fuente de esta historia de Borromeo valía ser recordada.[1]

Unas clases antes decía que “evidentemente me enredo con asuntos de cadena borronea”.[2] Asuntos, enredos, cadena… Nudo que, a partir de sus pliegues, frunces, cortes, agujeros, giros, identificaciones, nombra la estructura y lo que no anda en ella.

Es cierto que hoy la familia tal como era definida se ha modificado, y rápidamente se escucha decir que se ha roto su orden natural, como si la familia fuese natural en relación a la reproducción, como sostiene Jacques-Alain Miller,[3] como si ese fuese el modo normal de armar familia. Desde el psicoanálisis sabemos que la posición que toma un sujeto respecto a un partenaire no tiene nada de “natural”. La no complementariedad entre los sexos dada desde el origen ubica a la sexualidad como “traumática”, haciendo uso de la homofonía con la palabra francesa trou: troumatisme, pathos compartido cuya singularidad será la respuesta de cada uno.

La familia es un mito que se funda en el desencuentro, en el malentendido, en la decepción; pero tiene una dimensión de “verdadero” si seguimos la definición que dio de él Mircea Elíade, en tanto el mito trata de una historia de inapreciable valor que confiere significación y valor a la existencia.[4] El mito va al lugar de lo que no tiene explicación, al lugar del origen y es a partir de él que cada uno inventa un modo de habitar el mundo. Lo que no es poca cosa aunque no será sin costo. La dirección de la práctica apuntará a atravesarlos.

Miquel Bassols se pregunta ¿cuál es el destino de una familia en un análisis?, y dice que:

“Cuando recibimos al sujeto, no lo recibimos en tanto es elemento de una familia, ni entendemos tampoco a su familia como la suma de sus elementos –y es por eso que el psicoanálisis no podrá nunca ser una terapia de familia como práctica–. Cuando recibimos al sujeto escuchamos en su discurso los significantes privilegiados que provienen de su historia familiar […]”.[5]

Lo familiar, sostiene, implica un conjunto de identificaciones que se difuminan en relación con los modos singulares de gozar que adopta cada sujeto. No es sin ellos, pero el psicoanálisis apunta a un más allá de los avatares que se fundan en el Edipo.

En este sentido, sigue diciendo Bassols, “un análisis es una «desfamiliarización» de lo más familiar”, atravesar lo que nos ha constituido, desfamiliarizarse consigo mismo, y eso es “encontrar en su historia lo que no se justifica por su mito o por su fantasma familiar”.[6]

Por eso los nombres, las nominaciones situadas desde un Otro, así sea el que cree que es la norma o el que se pone en rebeldía, no tienen sentido ya que el psicoanálisis apunta a despegarse de lo más familiar. Cada ser hablante se construye e inventa una familia sobre el fondo del troumatisme, y eso va más allá de quiénes se llamen madre o padre y más allá de la biología, aunque no hay que desestimarla.

Una pincelada sobre uno de los ejes temáticos

Uno de los ejes temáticos propuestos en el Argumento de nuestro próximo Encuentro es: “Las nuevas leyes de identidad de género y matrimonio igualitario: consecuencias subjetivas y familiares”, del que me interesa situar algunas coordenadas que abran a intercambios posibles en el Encuentro por venir.

Ordenarse en el binario hombre o mujer, o cualquier otro conjunto, implica siempre el campo de las identificaciones. Eso indica que no hay identidad para el psicoanálisis (tampoco de género) sino sujetos que se ordenan bajo el modo de un goce singular que implica el trabajo del uno por uno, sin posibilidad de que se armen colectivos que unifiquen a los seres parlantes en una identidad. Miller dice que “si el psicoanálisis abriga la última nobleza en tiempos de epidemiologistas, es que trata a cada uno, uno por uno, como incomparable y no como muestra”.[7]

Lacan dio un paso más que Freud al calcular el desfasaje entre la norma edípica y las nuevas familias, para poder ubicar las variedades de los síntomas de la época más allá de la referencia al padre ideal. Eso implica, para los analistas, un trabajo por hacer sin desestimar las diferencias anatómicas porque, y parafraseando a Silvia Ons, desconocerla sosteniendo que todo es función, un funcionalismo absoluto, abre un debate entre una posición conservadora reaccionaria.

[…] que entroniza la naturaleza y un funcionalismo “optimista” en el que lo que importa son las funciones y no quien las ocupe […]. Para el psicoanálisis, el cuerpo tiene una dimensión real que lo hace éxtimo al yo, el sexo jamás puede identificarse con lo que percibe la conciencia.[8]

Argentina es un país vanguardia en sus leyes de matrimonio igualitario e identidad de género. La Ley de Matrimonio Igualitario, que se sancionó en 2010, fue una ruptura del orden jurídico con el supuestamente orden “natural”, reconociendo los mismos derechos y obligaciones para lazos heterosexuales y homosexuales abriendo la posibilidad de armar familias. Por otro lado, la Ley de Identidad de Género, promulgada en 2012, es un paso más y quedó mucho más claro el impulso que le dio a esta ley el colectivo de la FALGBTIQ,[9] colectivo que prácticamente fue el redactor de la Ley. Podríamos decir que en el campo del Derecho los logros jurídicos de los colectivos son cruciales. Sin embargo, tenemos allí una de las aristas que entra en fuerte contradicción con el psicoanálisis ya desde el título mismo de la Ley.

Consecuencias subjetivas y familiares

El modo de armar familias hoy traerá consecuencias sobre las que habrá que trabajar eliminando los prejuicios de la norma. Una de ellas ya la podemos encontrar en el empuje a las nominaciones (LGBTIQ…) que, en el intento de fundar una excepción, se inscriben en colectivos que los apartan de ella.

Tal vez la ilustre familia de los Borromeos, de acuerdo, claro está, al uso que Lacan hizo de su blasón, pueda dar algo de luz para pensar estas “nuevas” presentaciones familiares más allá de las fórmulas de la sexuación.

Asistimos hoy a lo que Jacques-Alain Miller y Éric Laurent han llamado la época del Otro que no existe, que implica la caída del Padre y su función metafórica.

En el seminario “…o peor”, que es casi un taller de las fórmulas de la sexuación, Lacan formula que en el ser hablante no hay ninguna relación que quede definida por el sexo, que la relación sexual no existe y eso permite pensar las cuestiones más desde la discordia que desde la forclusin que es solo del decir.

La discordia la sitúa en los cuantificadores universales de las fórmulas de la sexuación: hay posibilidad de relación sexual si por lo menos hay un x que no esté bajo la lógica fálica, lugar de la excepción que legaliza el campo del goce y del deseo. Pero del otro lado tenemos que tal x no existe.

En esa discordia, se sitúa el modo bajo el cual el ser hablante puede sostener la diferencia entre hombre y mujer: tal diferencia, dice Lacan, “depende de las posibilidades que tengamos de que haya discordia […] en el nivel de los universales, que no se sostiene debido a la inconsistencia de una de ellas”.[10]

A diferencia del Nombre-del-Padre que asegura la consistencia del Otro, la excepción muestra que la función no marcha en algún punto. La inexistencia de esa x (o esa mítica existencia que asemeja con un delirio del “al menos uno” que trasciende la función fálica), funda la diferencia entre los sexos: dejando un lugar vacío para la inscripción de la palabra.

Por otro lado, no es verdad que no exista nadie que no esté bajo la lógica fálica ya que, a la negación de este universal, responde en el segundo nivel con la mujer que no-toda se organiza bajo la función fálica siempre y cuando también funcione la excepción. Sólo desde ahí se define qué es un hombre o qué una mujer. Ese no-todo, señala un goce más allá del falo, un malentendido entre los sexos más allá del Edipo, señala que “la relación sexual no existe” es el lapsus estructural del nudo a reparar sinthomáticamente. En las fórmulas se presentan cuatro maneras de relación con la función fálica que suplen ese lapsus pero el Nombre-del-Padre sigue siendo la clave hasta Aun.

Siguiendo a Miller, en su conferencia a propósito del Congreso de la AMP 2014, con las fórmulas Lacan intentó captar el sin salida de la sexuación en una trama lógico-matemática. Pero eso no puede hacerse sin encarcelar el goce en la función fálica, en un simbólico que implica referirse al binario hombre y mujer, “como si los seres vivientes pudieran estar tan nítidamente repartidos”. Lacan mismo dice “que no hay nada más impreciso que la pertenencia a uno de los dos lados”.[11]

El creciente “desorden” de la sexuación en la actualidad, tal vez se pueda pensar de mejor manera en relación con enganches/desenganches,[12] ya que la época caracterizada por el declive social de la imago paterna (que Lacan anunció en “Los complejos familiares”) implica la caída de la excepción que, por un lado, desarticula la lógica de las fórmulas de la sexuación y, por otro, empuja a inscribirla con las variadas formas que toma en la actualidad.

Se trata de otra lógica que en lo social produce efectos de multiplicación y una clínica identitaria a diferencia de la clínica de los goces. Lacan anticipaba que la disolución de las identificaciones se cristalizan en una identidad, “la identificación es lo que se cristaliza en una identidad”[13] que promueve la creencia de que hay un modo de escribir la no relación sexual y obtener como ideal un sujeto desidentificado: cada vez más identidades eliminando las singularidades del goce.

Comienzan a llegar a los consultorios los sujetos que participan de las denominadas “nuevas familias”. Habrá que ir sacando las consecuencias subjetivas y familiares. Nuestro próximo ENAPOL, será un buen espacio para discutirlas, teniendo en cuenta que también es una creencia suponer que identificarse a un significante amo implica la pacificación en la relación del sujeto con el goce o un saber hacer con el goce. El goce no se reabsorbe sólo con la práctica sexual, el síntoma lo verifica.

 


Bibliografía
Argumento del VIII ENAPOL: “ASUNTOS DE FAMILIA: sus enredos en la práctica”. Véase: http://www.eol.org.ar/template.asp?Sec=congresos&SubSec=encuentros&File=encuentros.html#Argumento
Álvarez, P.; Antuña, A.; Husni, P; Klainer, E.; Mozzi, V.; Nitzcaner, D., (2015) “Transexualismo y travestismo desde la perspectiva del psicoanálisis”. Segundo informe del Observatorio de Género y Biopolítica de la Escuela Una, en: Virtualia #32, Revista digital de la EOL, Julio-Agosto 2016, Año XV.
Bassols, M., (1993) “La familia del Otro”, en: Mediodicho, Maldita familia, Revista de Psicoanálisis N° 32, Publicación de la Escuela de la Orientación Lacaniana, Sección Córdoba, 2007.
Lacan, J., (1976-1977) “El seminario 24. L’insu que sait de l’une-bevue s’aile à mourre”, inédito.
Lacan, J., (1973-1974) “El seminario 21. Les non dupes errent”, inédito.
Lacan, J., (1971-1972) El seminario, libro 19. …o peor, Buenos Aires, Paidós, 2012.
Miller, J.-A., (2012) Conferencia de presentación del tema para el IX° Congreso de la AMP 2014. Véase: http://www.congresamp2014.com/es/template.php?file=Textos/Presentation-du-theme_Jacques-Alain-Miller.html
Miller, J.-A., (2005-2006) “Iluminaciones profanas”, inédito.
Miller, J.-A., en colaboración con Laurent, É., (1996-1997) El Otro que no existe y sus comités de ética, Buenos Aires: Paidós, 2005.
Miller, J.-A., (1993) “Cosas de familia en el inconsciente”, en: Mediodicho, Maldita familia, Revista de Psicoanálisis N° 32, Publicación de la Escuela de la Orientación Lacaniana, Sección Córdoba, 2007.
Mircea, E., (1962) Mito y realidad, Buenos Aires: Kairós, 1999.
Ons, S., Amor, locura y violencia en el siglo XXI, Buenos Aires: Paidós, 2016.

 

[1] Lacan, J. “L’insu que sait de l’une-bevue s’aile à mourre”, (1976-1977) clase del 8-3-77. Inédito.
[2] Ibídem, clase del 12-2-77.
[3] Miller, J.-A. “Cosas de familia en el inconsciente”. 1993
[4] Mircea, E. (1962) Mito y realidad. Buenos Aires: Kairós, 1999.
[5] Bassols, M. (1993) “La familia del Otro”.
[6] Ibídem.
[7] Miller, J.-A., (2005-2006) “Iluminaciones profanas”.
[8] Ons, S., (2016) Amor, locura y violencia en el siglo XXI. Buenos Aires: Paidós, 2016.
[9] Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Tras, Intersex y Queer.
[10] Lacan, J., (1971-1972) …o peor, p. 100.
[11] Lacan, J., (1973-1974) “Les non dupes errent”, clase del 15-1-74.
[12] Propuesta de Miller sostenida en la ultimísima enseñanza de Lacan.
[13] Lacan, J., (1976-1977) “L’insu…”, op. cit., clase del 16-11-76.

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