Editorial Lacan XXI nº 3

Editorial Lacan XXI nº 3

Miquel Bassols
Presidente de la Asociación Mundial de Psicoanálisis

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Lisa Erbin. EOL. AMP. Técnica Mixta. Óleo y collage.

La familia nos habla. Nada mejor entonces que haber hecho de la familia el tema del próximo ENAPOL, el octavo de los Encuentros organizado por la Federación Americana de Psicoanálisis de Orientación Lacaniana (FAPOL). La familia, con sus asuntos y sus secretos, sus enredos y sus síntomas, sus encuentros y desencuentros, y también con sus nuevas configuraciones, sigue hablándonos en efecto del malestar del sujeto contemporáneo. Pero el psicoanalista no escucha ni trata a la familia en su conjunto. No hay psicoanálisis posible de la familia sino sólo de cada uno de sus miembros tomado en su singularidad, uno por uno. Conviene entender entonces esta afirmación —la familia nos habla— desde la hipótesis del inconsciente: somos hablados por la familia, uno por uno, sin saberlo. Cada uno es hablado por los oráculos familiares que se han ido escribiendo en el texto de su vida en forma de deseos, de demandas, de imperativos más o menos imposibles de cumplir, pero siempre como un enigma que hay que descifrar. Cada uno transmite, también sin saberlo, este enigma indescifrado a los que la genealogía familiar sitúa como sus descendientes. Es frecuente que estos descendientes, como uno lo hizo para sus antepasados, le devuelvan este enigma en forma de síntoma, también a descifrar. El niño, dirá Lacan, es el síntoma de la pareja parental. Y entonces, cada uno encuentra desde lo familiar aquello que es más extraño, lo más diferente, los más Otro en uno mismo. Freud lo calificó con un término, das Unheimliche, que no tiene fácil traducción: lo siniestro, la inquietante extrañeza, lo que de tan familiar termina haciéndose extranjero.

La familia, como transmisora del texto enigmático que se escribe en la vida de cada sujeto, fue así uno de los primeros temas tratados por Jacques Lacan en su pasaje al psicoanálisis. Su famoso texto publicado en 1938 en el volumen VII de la Encyclopédie Française sigue siendo hoy de notable actualidad. Merece una lectura atenta más allá de los prejuicios que atraviesan, hoy todavía, muchas de las políticas dedicadas al cuidado de la familia. Digamos cuál es la raíz última de estos prejuicios, enunciada por Lacan muchos años después con su aforismo: “no hay relación sexual”. La familia se funda de hecho en la imposibilidad de establecer una relación entre los sexos, ya sea bajo un ideal de armonía o de complementariedad entre ellos. Lacan terminaba aquel texto anticipador con una observación que sigue siendo crucial para entender el declive actual de la figura del padre y la aparición de la feminización como su reverso: “Los orígenes de nuestra cultura están excesivamente ligados a lo que llamaríamos de buen grado la aventura de la familia paternalista como para que no imponga, en todas las formas a través de las cuales enriqueció el desarrollo psíquico, un predominio del principio masculino, en relación con el cual el alcance moral conferido al término de virilidad permite calibrar su parcialidad. Es evidente que esta preferencia tiene un revés fundamental, primordialmente la ocultación del principio femenino bajo el ideal masculino.”1 Entiéndase este “principio femenino” precisamente como el principio de aquella inquietante extrañeza que anida en lo más familiar y que tanto las distintas formas de vida cultural como los prejuicios ligados a ellas han reducido a la figura de la madre. Lo que hay del goce femenino en el deseo de la madre, esta es la alteridad que no se sabe a sí misma y que se encuentra en el corazón de lo más familiar.

El lector encontrará en la apertura de este tercer número de Lacan XXI el texto de una precisa exposición de Jacques-Alain Miller para hacer más comprensible esta torsión sutil: el niño entre la mujer y la madre. Extraño lugar que cada ser hablante debe habitar para saberse finalmente habitado por él… si decide dejarse enseñar por su propio inconsciente.

La atenta exploración de este secreto de familia valdrá también para descifrar las razones de las violencias y pasiones que la razón no conoce, para entender por qué la llamada adolescencia es un síntoma de la aparición en el cuerpo de la extrañeza del goce sexual, y seguramente también para investigar por qué nos entregamos hoy tan plácidamente a la fascinación del mundo virtual. Son tres temas que el lector encontrará abordados en estas páginas para seguir su investigación.

El tejido institucional en el que se hilvanan todas estas investigaciones tiene en la FAPOL su soporte y su engarce con la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Los distintos dispositivos puestos en marcha y desarrollados ahora con especial vigor por su presidente, nuestra colega Flory Kruger, tienen asimismo un lugar eminente en este número de Lacan XXI. Son la mejor muestra de un work in progress que se prosigue en las tres Escuelas americanas que la FAPOL federa: la EOL en Argentina, la EBP en Brasil, la NEL en distintos países de la amplia geografía latinoamericana. La Escuela Una —es así como llamamos al vector que atraviesa los lazos de familiaridad entre las Escuelas— se congratula por ello.

Barcelona, Febrero de 2017

1 Lacan, Jacques. La familia. Editorial Argonauta, Barcelona 1979, p. 141.

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