Familias Tóxicas

Familias Tóxicas

 Lilany Pacheco (EBP-AMP)

Asuntos de familia en psicoanálisis

004---001---Alejandra-Koreck.-EOL--AMP.-“Qué-estamos-haciendo-I-“collage-hecho-a-mano,-33-x-21-cm.-2017.Ph--S.Porro.

Alejandra Koreck. EOL- AMP. “Qué estamos haciendo I“ collage hecho a mano, 33 x 21 cm. 2017.Ph- S.Porro.

La familia presente en las novelas familiares de aquellos que se dirigen a los psicoanalistas se construye no solo por las proximidades sanguíneas o los lazos de parentesco, sino a través de hechos de lenguaje, tanto en su forma estructurada como en los murmullos y balbuceos de los tiempos en que la lengua servía al pequeño viviente para decir todo y nada al mismo tiempo.

En “Una lectura crítica de los complejos familiares”1, Jacques-Alain Miller esclarece que el ensayo de Lacan de 1938, publicado originalmente como “La familia”, nos presenta al joven psiquiatra, al joven psicoanalista, un Lacan anterior a lo que se denomina su enseñanza. Destaca, sin embargo, la anticipación de una tesis para la cual encontrará recursos posteriormente en la filosofía estructuralista, recursos que no disponía en aquel momento y es la siguiente: “la dependencia es la sujeción al Otro, es una puesta en forma significante de la palabra”. Lo sorprendente para Miller, “es que es como si al mismo tiempo estuviese vaciado,  -el tema mismo de la familia por ejemplo”. La segunda parte del ensayo, “Los complejos familiares en patología”, es considerada por Miller como “una clínica freudiana abreviada, de una maestría absolutamente extraordinaria. Debe ser leída como un esfuerzo”

Posteriormente, en el “El estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica” y, en su Esquema L, Lacan encontrará elementos en la distinción entre lo simbólico y lo imaginario, de tal modo que aseguren la alteridad del Otro, en tanto lenguaje, fuera del contexto de las rivalidades imaginarias propias al yo, tan arraigadas entre los pos-freudianos, y, consecuentemente, hacer la distinción fundamental en psicoanálisis entre el yo y el sujeto.

Asuntos de familia y sus enredos en la práctica, tema del VIII ENAPOL a realizarse en septiembre de 2017 en Buenos Aires, nos invita a retomar una problemática que adquiere un tratamiento particular en la enseñanza de Lacan con la formalización de la noción del Otro con mayúscula, cuyo efecto directo implicó retirar el tema del Complejo de Edipo freudiano del contexto “papá y mamá”. Tal torsión conceptual, sin embargo, no nos  liberó, en nuestra práctica analítica, de estar atentos al nombre del Otro para cada sujeto –a saber, el Otro que lo constituyó, el Otro primordial, el Otro parental.

Al final de su enseñanza, Lacan mencionará los efectos de los dichos del Otro sobre el cuerpo de cada Uno:

“Creemos que decimos lo que queremos, pero es lo que han querido los otros, más específicamente, nuestra familia, que nos habla. Este nos debe entenderse como un complemento directo. Somos hablados y, debido a esto, hacemos de las casualidades que nos empujan, algo tramado.
Hay, en efecto, una trama –nosotros la llamamos destino” (LACAN: 1975, p. 160)2

Miller se vale de esa cita para demostrar hasta qué punto Jacques Lacan, en su última enseñanza, se esforzó para repensar la práctica del psicoanálisis ya no a partir del Otro sino a partir del Uno solo. En “El ultimísimo Lacan”3, Miller invita a cada uno, a su modo, “a no conformarse con ser hablado por su familia”, sino, por el contrario,  “acceder a la identidad sinthomal”, y concluye que “ser su “sinthoma es liberarse de las escorias heredadas del discurso del Otro, después de haberlo recorrido”.

Debemos resaltar que previamente, fue también Miller quién identificó al inconsciente transferencial con el discurso de la “propia familia”. Referirse a los asuntos de familia implica, para nosotros, interrogar las formas por las cuales cada uno intenta dar sentido a su propia existencia, a partir del Otro. De ese modo, se trata de pasar del Otro –considerado desde el inicio como causa y culpable del destino del individuo- a la insondable responsabilidad de la existencia del Uno solo acompañado por su sínthoma.

¿Qué decir de la familia en nuestro contexto contemporáneo? Lo que Lacan nos enseña es que cuanto más se singularice la relación del sujeto al Otro, más encontramos la pluralidad de las familias. ¿Cómo situar, en los discursos de aquellos que escuchamos, ya sea en el consultorio o en los  distintos campos del psicoanálisis aplicado, el modo como cada sujeto construye su familia? ¿Cómo localizar el modo como el Otro contemporáneo, caracterizado por las mudanzas en el enlace Real, Simbólico e Imaginario, incide, pluralizando y transformando los lazos familiares? ¿Cómo hacer familia y separarse de ella en los tiempos del Uno solo? Y, teniendo en vista la propuesta de este texto, es necesario preguntar: ¿qué es la familia tóxica? ¿Estará la familia tóxica en la causalidad del uso que un sujeto puede hacer de las drogas? O, más allá de la aplicación de la noción de familia tóxica que intentamos esbozar, ¿cada sujeto estará confrontado a la toxicidad del Otro? ya sea por sus excesos de sentido ya sea por el sin sentido de su opacidad. Creo que, por ahora, este es el punto privilegiado en este texto, pudiendo tener desdoblamientos posteriores en una aplicación específica al campo de las toxicomanías y adicciones.

Alienación y Separación

Las contribuciones de Lacan al formalizar el Otro como lenguaje, encuentran un punto de torsión en el Seminario 11. Miller lo sitúa como el momento en el cual Lacan deja atrás su retorno a Freud, al concebir la constitución del sujeto del inconsciente por el movimiento de alienación y separación. En ese movimiento está incluido, más allá del inconsciente estructurado como un lenguaje, el objeto a, objeto de la pulsión que contamina con el goce el campo del lenguaje. 4

El punto crucial introducido por Lacan en el Seminario 11 implica las relaciones del sujeto como efecto de lenguaje y el ser vivo que está allí, antes que el sujeto pueda advenir en el campo del Otro como un significante. O sea, el problema consiste en comprender como el sujeto insustancial de la palabra está ligado a la única sustancia en juego para el psicoanálisis, a saber, aquello que Lacan llama goce. Para situar al ser vivo en el campo del Otro, Lacan formaliza las operaciones de alienación y separación valiéndose de la teoría de los conjuntos.

La operación de separación, en la teoría de los conjuntos corresponde a la intersección. Aprendemos en matemática que la operación de intersección separa aquello que pertenece a ambos conjuntos. Sin embargo, Lacan lo modifica y piensa la separación como una intersección definida por aquello que falta en ambos conjuntos y no por lo que pertenece a los dos. Diferente de la operación de alienación, la separación no es destino; puede estar o no presente. La separación requiere que el sujeto “quiera” separarse de la cadena significante. La separación supone una voluntad de salir, una voluntad de saber lo que se es más allá de aquello que el Otro pueda haber dicho, más allá de aquello inscripto en el Otro.

Hay una condición en el Otro que torna posible la separación. Esa condición es la dimensión del deseo. Entonces, el Otro implicado en la separación es el Otro implicado en la alienación. O sea, es otro aspecto del Otro, no es el aspecto del Otro lleno de significantes, sino el Otro que se constituye por la falta, representado por Lacan como A/   

En la intersección entre el sujeto y el Otro hay una falta, una laguna. Una falta en el Otro que Lacan denominará deseo y que aparecerá en el campo del lenguaje como una imposibilidad de palabra, como imposibilidad de decir el deseo como tal, puesto en escena, no solo en el aspecto metafórico del lenguaje sino en la metonimia de un más de libido que se desliza en la palabra y es imposible de capturar.

Bajo esta perspectiva, la separación tiene una condición: el encuentro con la falta. El sujeto es falta, pues perdió su ser. En esa intersección, lo que está presente y lo que se superpone es la falta en el Otro y el ser perdido del sujeto. En el texto “Posición del Inconsciente”5, encontramos en el siguiente tramo el resumen de lo que sería la operación de separación: “el sujeto viene a encontrar en el deseo del Otro su equivalencia a lo que él es como sujeto del inconsciente”. Por la vía del agujero, tanto del lado del Otro como del lado del sujeto, tenemos como efecto la operación de separación a través de la cual un sujeto se ve capturado por la pregunta sobre su lugar en el deseo del Otro.

Allí entra en juego la libido que se introduce entre el sujeto y el Otro en la forma del plus misterioso de los objetos como un condensador de goce, mostrando que, más allá del significante, el sujeto es pulsión. En consecuencia, el sujeto no es dividido solo por el significante, sino también por la pulsión, en tanto el modo singular que cada sujeto encuentra la satisfacción pulsional.

Miller6 formaliza la operación de separación circunscribiendo el campo de las identificaciones del sujeto, a partir del cual se localizará una identificación primordial encontrada en el fantasma fundamental $ <> a. Allí la presencia del objeto  aparece como índice de goce, sea el objeto oral, anal, escópico o invocante (la voz) en juego en el fantasma. Lacan demuestra así que el objeto a es la otra parte del sujeto.

Por la tanto, tenemos una falta, representada por el S1 en tanto coordinador de las identificaciones del sujeto al cual él se encuentra alienado. El sujeto, definido por un significante amo, se encuentra parcialmente representado en el conjunto de los significantes. La operación de separación inscribirá una doble falta, en la tentativa del sujeto de inscribirse a partir de una representación de goce en el interior del Otro, intentando así definirse a sí mismo a través de una frase, como el objeto con el cual se goza en el fantasma: $ <> a. Al intentar definirse de esa manera, el sujeto crea otra falta, por la naturaleza propia del programa de la pulsión. El goce es siempre parcial (pars)

La falta de la falta y la toxicidad del Otro

La cuestión sobre la toxicidad de la familia, como uno de los nombres del Otro, puede ser encontrada en el texto de Lacan de 1938, “Los complejos familiares en la formación del individuo”7. Y podemos leerlo ahora, retrospectivamente, a través de las herramientas ofrecidas por Lacan en el Seminario 11, tal como lo hemos mencionando.

Lacan refiere la separación como una operación que incluye dos faltas, una en el lenguaje y otra referida a lo parcial de la satisfacción pulsional. Aquello que Lacan denominó como “el complejo de destete”, también es descripto como un movimiento doble.

Lacan describe que el complejo de destete

“fija en el psiquismo la relación de la lactancia («nourrissage»), bajo el modo parasitario que exigen las necesidades de la primera edad del hombre; representa la forma primordial de la imago materna. Por consiguiente, funda los sentimientos más arcaicos y más estables que unen al individuo con la familia”. Se trata entonces “del complejo más primitivo del desarrollo psíquico, aquel que se conjuga con todos los complejos ulteriores” y, enfatizará Lacan, “es tanto más llamativo verlo enteramente dominado por factores culturales y, en consecuencia, desde este estadio primitivo, radicalmente diferente del instinto”7 (p.40)

Anticipando las formas que postuló en la operación de alienación-separación, Lacan escribe en 1938 que el destete es la crisis del psiquismo, de la relación biológica que este interrumpe. Sea traumatizante o no, deja rastros permanentes. Una crisis doble en la cual, por primera vez “una tensión vital se resuelve en intención mental”

(…)Mediante esta intención, el destete es aceptado o rechazado; la intención, ciertamente, es muy elemental, porque ni siquiera puede ser atribuida a un yo todavía en estado rudimentario; la aceptación o el rechazo no pueden ser concebidos como una elección, pues en ausencia de un yo que afirma o niega no se pueden considerar contradictorios; pero, como polos coexistentes y contrarios, determinan una actitud ambivalente por esencia, aunque uno de los dos prevalezca. Esta ambivalencia primordial, en ocasión de crisis que aseguran la continuidad del desarrollo, se resolverá en diferenciaciones psíquicas  de un nivel dialéctico cada vez más elevado y de una irreversibilidad creciente. La prevalencia original cambiará en ella varias veces de sentido y podrá, en consecuencia, tener destinos muy diversos; sin embargo se la volverá a encontrar en el tiempo y en el tono que le son propios y que impondrá a estas crisis y a las categorías nuevas cuyo vivido estará dotado por cada una de ellas”7  (p. 41)

Lacan opone aquí el complejo de destete al instinto, una vez que, en el hombre, lo que está en cuestión en la regulación de una insuficiencia vital es una función social. Esta relación explica las razones de por qué la imago materna se adhiere a las profundidades del psiquismo y que su sublimación sea particularmente difícil, “como se hace manifiesto en el apego del niño a las “faldas de su madre” y en la duración a veces anacrónica de este vínculo”7(p.45). En palabras de Lacan de 1938, la imago materna tiene que ser sublimada para que se introduzcan con el grupo social nuevas relaciones, y para que nuevos complejos las integren al psiquismo.

Aún en este texto es ejemplar el modo como Lacan situará la tendencia a la muerte como un “apetito” pasible de ser vivido en todos los niveles del psiquismo. Esa tendencia psíquica para la muerte, bajo la forma original que le da el destete, se revela en los suicidios “no violentos”, al mismo tiempo que se evidencia en ellos la forma oral del complejo:

“la huelga de hambre de la anorexia nerviosa, el envenenamiento  de ciertas toxicomanía por vía bucal, régimen de hambruna de las neurosis gástricas. El análisis de estos casos muestra que, en su abandono a la muerte, el sujeto busca reencontrar encontrar la imago de la madre”7 (p. 45)

Esto nos permite vislumbrar la idea de la toxicidad del Otro familiar, cuyo prototipo es la imago materna, el Otro primordial. En el Seminario 88, al retomar la naturaleza de las demandas que se inscriben para el sujeto en la búsqueda de la satisfacción de la pulsión orientada por el significante amo S1 y la elección de objeto, Lacan situará que entre el sujeto y el Otro, más allá, hay la demanda de amor. Más acá, hay el deseo y la especificidad del objeto a, articulador del vacío fundamental que instaura la dialéctica del deseo en la cual el sujeto encuentra los objetos del deseo del Otro, los objetos atribuidos por el deseo de la madre, entre ellos el falo paterno.

Como esclarece Lacan, en ese contexto, lo que es apreciado como objeto es despreciado como deseo. La dialéctica del ser y del tener en torno del falo se refiere a su promesa para el futuro y a la institución del acto en el campo del proyecto. No se debe confundir aquí el objeto fálico, con aquello que sería el signo, en el nivel del Otro, de su falta o exceso de respuesta. Se trata aquí de la falta del deseo del Otro. La función asumida por el falo, en tanto reencontrado en el campo imaginario, no es la de ser idéntico al Otro designado por la falta de un significante, la función es la de ser la raíz de esa falta, pues es el Otro el que se constituye en una relación con ese objeto phi.  La deducción del Otro en tanto tal inaugura la dialéctica de la castración que alivia al sujeto de la toxicidad del Otro. De allí entendemos que puede haber, de un modo general, un contrapunto entre la toxicidad del Otro familiar y el sin sentido de las drogas, sean ellas cuales fueran. Dicho esto, podemos recordar que la tentativa de Lacan de definir la droga aparece exactamente en el punto en el cual concibe que los embrollos del sujeto con el falo pueden llevar al sujeto a valerse de substancias que rompan con el falo y le devuelvan el goce perdido, cuyo prototipo es el goce de la imago del seno materno, fuente de leche que jamás se secaría.

Traducción: Silvina Rojas
Lacan, J. (1998). “El estadio del espejo como formador de la función del yo”.
1-Miller, J-A. Leitura crítica dos “Complexos Familiares”, de Jacques  Lacan. http://www.opcaolacaniana.com.br/antigos/n2/pdf/artigos/JAMLeitura.pdf
2- Lacan, J. Seminario 23 El Sinthome- Ed. Paidós. Bs.As.2011 p.160
3-Miller, J-A. El ultimísimo Lacan, Paidós, Buenos Aires, 2013, p.140.
4-Lacan, J. (1964/1988). Seminario11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós Bs.As.
5-Lacan, J. (1960). “Posición del inconsciente”. Escritos 2 Ed. Siglo XXI Bs.As.1992 p.822
6-Miller, J-A Ce qui fait insigne, seminário inédito (1986-1987)
7-Lacan, J. (1938) Los complejos familiares en la formación del individuo. Otros Escritos. Paidós Bs.As.2012 p.40-41-45
8-Lacan, J. (1960-1961/1992). Seminario 8: La transferencia. Paidós. Bs.As.

No se permiten comentarios.