EL AUTISMO INFANTIL

EL AUTISMO INFANTIL

Alejandra Koreck. “Sin título”. Collage hecho a mano. EOL- AMP

ALTERACIONES EN LA FUNCIÓN DE CORPORIZACIÓN. EFECTOS TERAPÉUTICOS EN LA CLÍNICA DE LAS PATOLOGÍAS GRAVES DE LA SUBJETIVACIÓN

Marita Manzotti, Melina Caniggia, Eugenia Serrano, Daniela Teggi, Virginia Voievdca
EOL-AMP

Introducción: El contexto

La articulación entre “cuerpo” y “psicología” en su enlace con la vertiente epocal propuesta como eje de trabajo para este V Congreso, delimita un campo de investigación altamente fecundo no solo conceptualmente, sino también en su dimensión más pragmática, en tanto que es en la intersección entre cuerpo y época donde se dirimen la mayoría de nuestros problemas clínicos actuales.

Jacques Lacan define a la cultura a la altura del Seminario XX como un hecho de discurso en íntima relación con el cuerpo. “La cultura -señala- en tanto algo distinto a la sociedad no existe. La cultura reside justamente en que es algo que nos tiene agarrados. No la llevamos a cuestas sino como una plaga, porque no sabemos qué hacer de ella sino es espulgarnos”. [1]

Entender a la cultura –y a las instituciones donde ésta se encarna– como un hecho de discurso supone, con relación a la cuestión del goce y del cuerpo, dos consideraciones fundamentales:

Por un lado, que el discurso es un “aparato” por medio del cual el goce se ordena, se regula; un “aparato” para tramitar goce.

Y por otro lado, es en el discurso donde a nivel individual se obtiene ese “poco de goce”. Uno goza del discurso, uno goza de las instituciones y en las instituciones.

Es así como el psicoanálisis lacaniano ubica al discurso del amo prescribiendo un modo de gozar específico, que vale también a nivel individual; es lo que Lacan sitúa en “El mito individual del neurótico”. Desde esta perspectiva, el modo de gozar queda articulado al funcionamiento libidinal y su distribución. [2]

En este sentido, es perentorio reparar en la incidencia que los saberes de la ciencia y la tecnología en su cruce con el discurso capitalista generan en los cuerpos de los niños contemporáneos. Dicha incidencia ha adquirido, en el transcurso de los últimos años, modalidades particulares en el caso de la clínica de las patologías graves de la subjetivación.

En el trabajo de investigación clínica que venimos sosteniendo en “Hacer Lugar | Fundación para la Asistencia, Investigación y Docencia en Autismo y Psicosis infantil”, ante la particular presencia de fenómenos de desregulación corporal en la infancia actual,[3] hemos podido verificar 4:

Un aumento desmesurado del diagnóstico de Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD) a partir del primer año de vida, en los Hospitales Públicos de nuestro país, así como también en el sistema privado, a través de la aplicación de protocolos de evaluación.

La inclusión de Neurólogos -con un papel cada vez más preponderante, desplazando a la figura del antiguo médico pediatra de cabecera- en los equipos de evaluación y detección temprana en alguno de los grandes Hospitales Pediátricos, así como también en los equipos del Sistema de Salud Privado. Su intervención ha acrecentado notablemente en los últimos años la derivación a tratamientos de corte cognitivo conductual y de aprendizaje neurolingüístico.

En el caso de las patologías graves de la subjetivación, si bien se sostiene que no hay medicación específica, observamos un aumento del uso de psicofármacos en niños a partir de los dos años de edad (Risperidona, Quetiapina, Valproato de Sodio, Clonazepam, etc.), con el objetivo de bloquear las disrupciones motrices. En este sentido, hemos constatado en la clínica del autismo un reforzamiento de la desimplicación subjetiva como efecto del consumo medicamentoso en niños. [5]

Un notable incremento de la extensión de Certificados de Discapacidad para niños diagnosticados tempranamente con TGD, constituyéndose el autismo en un negocio muy rentable, proliferando en nuestras ciudades equipos de intervención domiciliaria, centros educativos terapéuticos, hospitales de día, etc., en los que son incluidos precozmente.

En esta profusión de diagnósticos veloces y estandarizados hemos constatado un alto porcentaje de errores que permitieron, cuando fueron luego [sugiero esto para reducir el equívoco] orientados por el psicoanálisis, efectos terapéuticos inesperados, trayendo gran tranquilidad a las familias y cambios de posición de los niños.

La particular situación de los padres, quienes en el marco de la angustia propia del encuentro con las dificultades de sus hijos, van quedando desplazados por el saber científico incuestionable de los profesionales al lugar de “operadores” de un “programa” recetado por los que saben. El efecto de adormecimiento consecuente puede producir alivio en muchos padres, pero también es cierto que en muchos otros la pesadilla de saberse inoperantes produce un despertar doloroso que ya no pueden eludir.

En este contexto epocal tan particular y en el marco del Proyecto UBACYT P017 “Efectos terapéuticos de la intervención psicoanalítica en ámbitos institucionales”, concluíamos un trabajo de investigación anterior [6] abriendo el siguiente interrogante: “¿Es posible postular que en los niños con patologías graves de la subjetivación, los efectos terapéuticos se articulan a una afectación del cuerpo? Si esto es así, ¿su eficacia radicaría en una modificación en la función de corporización alterada?” [7]

Continuando esta línea de investigación, en el presente trabajo se retomará el relato de un caso, para avanzar en la constatación de las consecuencias de la hipótesis etiológica extraída y sostenida en nuestra experiencia clínica en el “Dispositivo Soporte”[8], dispositivo institucional de orientación lacaniana para la asistencia de niños con Patologías Graves de la Subjetivación (Autismo y Psicosis Infantil), así como también las consideraciones en torno al vínculo entre eficacia terapéutica y la función de corporización.

Sostenemos nuestra hipótesis etiológica de que en el autismo de lo que se trata es de una desestimación frente a la afectación del trauma de Lalangue [9], insondable decisión del ser que tendrá consecuencias radicales en su manera de habitar el cuerpo, el mundo y el lenguaje.

El cuerpo del autista y la función de corporización

Emanuel, [10] ingresó al Dispositivo Soporte con un diagnóstico de autismo kanneriano a la edad de cinco años. Desde 1997 a la fecha, su tratamiento continúa sin interrupciones.

A su ingreso al Dispositivo, recorre las salas caminando, cuando quiere algo emite palabras inentendibles, acompañándolas de gestos indicativos de la acción que pretende del otro. Sus gestos indican -al modo de una parodia de acción- lo que su cuerpo no ejecuta. El cuerpo queda afuera de la escena, hasta que otro cuerpo en acto inicie la acción. Nunca falla en esta sustracción del cuerpo como instrumento, tampoco equivoca su retiro, jamás toma los objetos con las manos, solo produce un rodeo sumamente eficaz para que otro realice la acción que él induce. Esta sustracción se acompaña de una exigencia al otro: que se someta y cumpla la acción sin fallos. Hay uso del cuerpo con cálculo; no hay evitación ni yerro.

Cuando la ejecución de la acción indicada falla, se imponen los enunciados: “Calláte, llorá, reí, dormí”, al tiempo que el cuerpo entra en acción en la forma de empujones, gritos y golpes para que el otro entre en el lugar donde él sustrae el cuerpo.

¿Qué nos enseñan las manifestaciones más asombrosas de los autistas, los usos insensatos que hacen de su cuerpo? Insensato pero a la vez sin yerro, como se aprecia en la presentación de este pequeño sujeto en los inicios de su tratamiento. Ojos que no ven, oídos que no oyen, posiciones corporales inimaginables, maniobras inauditas con los objetos, voces maquinizadas, sonoridades únicas.

“La noción misma de trauma -señala M. Manzotti- implica que este no es sin efecto. El mismo remite a una alteración que encuentra su inscripción en el cuerpo como efecto de corporización, como afectación del cuerpo”. [11]

Lacan llamará afecto, a partir del Seminario XX, al efecto corporal del significante sobre el cuerpo, pero no en su efecto de significado, sino en sus efectos de goce y como tal alterando la función del cuerpo del viviente.

Siguiendo a Lacan, J.-A. Miller define a la corporización como, por un lado, la incorporación del significante captado como afectando al cuerpo del ser hablante, y por otro, el significante que se vuelve cuerpo, fragmentando el goce del cuerpo -a la manera del objeto parcial freudiano- y haciendo brotar el plus de goce. [12]

Es así como la desestimación del niño autista a la afectación del trauma altera la función de corporización. En estos niños, lo imaginario queda desarticulado y lo simbólico no incide en el recorte y vaciado de goce del cuerpo, particularizándose una perturbación del cuerpo que no hace síntoma, esto es, que no se corporiza.

Como ya hemos reseñado en el trabajo anterior, en su última enseñanza Lacan define al cuerpo como aquello que hace de soporte al goce. “No sabemos -señala Lacan- que es estar vivo a no ser por esto, que un cuerpo es algo que se goza. No se goza sino corporeizándolo de manera significante”.[13]

Esta referencia lacaniana es retomada por J.-A. Miller como “efectos de corporización”.[14] Si desestimar el trauma de Lalangue se corresponde con una alteración en la función de corporización, como ya hemos señalado, el cuerpo del autista se ve afectado en la dimensión del tener un cuerpo.

Sin embargo, Emanuel había encontrado una manera singular de habitar su cuerpo, de arreglárselas con él y con el Otro. La hipótesis que orientó la espera daba cuenta de esa particularísima forma de apropiación, detalle que fue nombrado por el equipo como: “El imperativo categórico kantiano”. A partir de localizar esta posición, los terapeutas responden a la indicación de los imperativos, pero produciendo un malentendido: se ríen llorando, se duermen riendo o lloran durmiendo.

Ante esta situación, se produce un efecto de sorpresa. Emanuel queda desconcertado y se ríe, sancionando así un encuentro tolerado. A partir de ese momento, su cuerpo empieza a funcionar como una herramienta disponible para ejecutar ciertas acciones, toma los objetos con las manos, se amplía su vocabulario y comienza a utilizar verbos en infinitivo; progresivamente tolera los malos entendidos.

Dicha disponibilidad del cuerpo se acompaña de un interés peculiar por las máquinas, cuyos sonidos y movimientos reproduce como irrupciones sin sentido.

M. Manzotti señala que lo que se produce “es un trabajo de afectación de goce, que va sustituyendo el goce pleno por un orden pulsional”,[15] cuya consecuencia se presenta en el caso en la novedosa disponibilidad del cuerpo. Ubicamos aquí la dimensión del encuentro efectivamente acontecido y su correlato de sorpresa, que dan lugar a una afectación de goce y su consecuente efecto de corporización.

Entre tanto, Emanuel se interesa por los ventiladores de techo, los prende y apaga, aletea saltando y emitiendo gritos agudos en el momento que se encienden o se detienen. El trabajo con los ventiladores se extiende por meses, y va complejizando las acciones, de modo tal que agrega movimientos progresivamente: lanza objetos con los cuales procura hacer blanco en la cadena del ventilador. Sólo en esta situación soporta y acepta indicaciones, requerimientos y órdenes de parte de los terapeutas sin precipitarse a taparse los oídos ni cerrar los ojos. No amenaza con pegar o mandar a los terapeutas a la “Dirección, o a la Secretaría de cultura de la Nación”, operatoria habitual fuera de este contexto.

Esta vez la producción de Emanuel se textualizó en el detalle “El productor de la ausencia de nexo”.  Hay una secuencia lógica que ordena: arrojar un objeto que impacta en la cadena, cuyo efecto es que el caño del ventilador se balancee. Emanuel espera que ese efecto segundo se produzca, y es allí donde cuerpo y soporte operan en solución de continuidad, vía despliegue de saltos, risas, gritos y movimientos de balanceo.

La espera anticipada consistió en sancionar su producción de ausencia de conector en esa rutina que él instauró: basta de producir tanta anulación, al tiempo que se ratifica su eficacia para producir el movimiento.

Se sorprende nuevamente, y sorprende a los terapeutas dirigiéndose en acto a la ventana mientras reproduce los sonidos de los colectivos y autos que pasan. Agrega, por primera vez, mirando para afuera y sin dejar de saltar desarticulada y continuamente, una serie de órdenes hacia el semáforo, al que le dirige la secuencia de colores que deben encenderse, para pasar luego a anticipar los coches que deben parar y los que deben pasar según el color del semáforo. Comienza, desde la ventana y con palabras, a ordenar el tránsito.

Emanuel pondrá luego a disposición nuevas producciones totalmente maquinizadas. Su cuerpo se maquiniza. Al viajar en auto se hamaca violentamente en forma lateral, sacude los hombros a destiempo, acompaña estos movimientos con una emisión sonora rítmica: “que tuc tuc tuc”, sin dirigirse a ninguna de las personas que lo acompañan.

Pasa mucho tiempo en la computadora y repite con idéntica entonación las frases que de allí provienen. La localización del detalle en “la falta que agrega” posibilitó que, nuevamente vía la sorpresa, su cuerpo detenga la maquinización para operar sobre el otro, en este caso las terapeutas que lo esperaban como máquinas.

A partir de aquí habrá un pasaje del cuerpo automatizado a la producción gráfica. Emanuel comienza a reproducir en el papel los indicadores luminosos de la videoreproductora, intenta escribir, lee números y marcas de productos. El ordenamiento de las máquinas comenzará a funcionar como soporte. Esta producción gráfica se amplía en una proliferación de dibujos donde siempre aparece algún ordenamiento: aviones que hacen recorridos, la vecindad del Chavo, el sistema solar.

A medida que Emanuel despliega su trabajo, las modificaciones a nivel de la apropiación de su cuerpo a través de sus “invenciones de corporización”[16] se acompañan de una ampliación cada vez más notable de su universo simbólico: armado de series, diferenciación por tamaños, desarrollo de una memoria nominal, extrema sensibilidad a las diferencias en sus producciones gráficas con respecto al modelo copiado, aumento del vocabulario, etc.

Hacia fines del 2008 concluye su secundaria y se organiza una fiesta de graduación en la Fundación, que por su solicitud es “elegante sport”. Emanuel concurre de traje a la fiesta con su padre. A partir de aquí comienza a utilizar el lenguaje para intentar circunscribir sensaciones corporales y afectos. La disponibilidad de su cuerpo es notable: baila, toca la guitarra con otros, guarda juguetes, etc. La brusquedad en el arranque se reemplaza por ciertos rodeos, sobre todo a la hora de retirarse de la institución. Paralelamente, irrumpe en su discurso, por primera vez, la cuestión de la excitación sexual. Dice estar enamorado de una modelo y pasa varias horas a la noche viendo sus fotos en Internet. Señala: “Me acuesto todas las noches enamorado”. En cuanto a su lazo al otro, busca y se incluye en diversas escenas, siempre a condición de mantener una distancia óptima con el cuerpo del otro.

En los últimos años de trabajo, llegada la adolescencia, Emanuel ha adquirido cierto interés por la imagen. Se preocupa por disimular sus rarezas frente a la mirada de los otros armando pequeños artificios (uso de auriculares, celulares, relojes como objetos de los que agarrarse) o quedándose en su casa privilegiando la computadora y su relación estrecha con la música, intentando reproducir de manera idéntica las canciones de sus bandas preferidas.

En su última enseñanza, Lacan sostendrá que cada sujeto se inventa diferentes soluciones frente a la inexistencia de la relación sexual. En la Clase del 19 de febrero de 1974, del Seminario XXI, [17] señala que ya no se trata de descubrir en lo real, ya que allí hay un agujero, “para darse cuenta, es preciso inventarlo: para ver dónde está el agujero, es preciso ver el borde de lo real”. Esta referencia nos permite pensar cómo con cada acontecimiento de cuerpo, en el encuentro sorpresivo con el otro, este sujeto fue armando algunos bordes, inventando sus “propios gestos”, su propia manera de sostenerse en el cuerpo.

Arreglos, pequeños ensambles que le permiten -aun en la locura infantil- habitar la vida con lo que no cesa de no inscribirse, en un trabajo incesante de producción.

Conclusión

Es posible postular que en los niños con patologías graves de la subjetivación, los efectos terapéuticos se articulan al poner en juego la función de corporización. Es a partir de este efecto, que acontece en el encuentro con el deseo del analista, que el goce se singulariza y se recorta, hay afectación y se producen pequeños enlaces entre significante, cuerpo y goce que habilitan nuevas modos de alojar la vida.


Bibliografía:
1- Lacan, Jacques: “El Seminario. Libro 20. Aún”, Editorial Paidós, Bs. As., 1998, Pág.68.
2- Miller, J.-A.: “El ruiseñor de Lacan”, en Conferencias Porteñas, Tomo III, “Desde Lacan”, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2010, Pág. 130 y 131.
3-Barrena, L.; Bonfigli, M.; Cabral, A.; Pieruzzini y A.; Vega Ostertag, A.: “Las manifestaciones del cuerpo de los niños y la época. Estudio exploratorio en el ámbito educativo” Investigación realizada en el marco de la Carrera de Especialización en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires. Distrito XI. Argentina, Directora Manzotti, M.; Presentado en las XIX Jornadas de Investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, 2012: “Esta desregulación corporal es vinculada, en el presente trabajo, con la poca incidencia de la articulación simbólica como elemento regulador y de detención de los cuerpos, viéndose tanto los padres como los maestros confrontados con niños imparables apelando al freno medicamentoso cada vez con mayor asiduidad”.
4- Manzotti, M: “Un nuevo tiempo. Infancia y locura”, texto inédito presentado en las Jornadas del CIEC Centro de Investigación y Estudios Clínicos Córdoba en la Ciudad de Córdoba, 2012.
5- Manzotti, M.; Voievdca, V.; Serrano, E.: “Autismo Infantil: Efectos terapéuticos en la clínica de las patologías graves de la subjetivación (con relación al uso de la medicación psicofarmacológica)” Presentado en las XIX Jornadas de Investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, 2012
6-Manzotti, M.; Teggi, D.; Caniggia, M.: “Autismo Infantil: Efectos Terapéuticos en la clínica con de las patologías graves de la subjetivación. (Con relación al cuerpo)” Presentado en las XVII Jornadas de Investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos, 2010. Publicado en “La terapéutica psicoanalítica: Efectos y Terminaciones”, Rubistein, A. (Comp), JCE Ediciones, Buenos Aires, 2012.
7-Manzotti, M; Teggi, D.; Caniggia, M.: Op. Cit., Pág. 267
8-Se trata del “Dispositivo Soporte” de hacer Lugar Fundación para la Asistencia, Investigación y Docencia en Autismo y Psicosis Infantil.
9- Manzotti, M., y otros: “Clínica del autismo infantil. El analista en la sorpresa”, en: Clínica del autismo infantil: El dispositivo soporte, Ed. Grama, Bs. Aires 2008, Pág. 30.
10- Relato clínico construido a partir del caso presentado en “Clínica del autismo infantil. El analista en la sorpresa” de Marita Manzotti, en Op. Cit.
11-Manzotti, M., y otros: Op. Cit.
12-Miller, Jacques-Alain: Op. Cit.
13-Lacan, Jacques: Op. Cit.
14- Miller, Jaques-Alain: “Biología Lacaniana y acontecimiento del cuerpo”, Colección Diva, Bs. As., 2002, pág. 99
15- Manzotti, M., y otros: “Clínica del autismo infantil. El analista en la sorpresa”, en: Clínica del autismo infantil: El dispositivo soporte, Ed. Grama, Bs. Aires 2008, Pág. 37.
16-Miller, J- A: “Biología Lacaniana y acontecimiento del cuerpo”, Colección Diva, Bs. As., 2002, pág. 101
17-Lacan, J: “El Seminario. Libro 21. Los incautos no yerran (Los nombres del padre)”, Inédito., 1973 – 1974

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