ÉTICAS EN EL SIGLO XXI 

ÉTICAS EN EL SIGLO XXI 

Marita Manzotti. “Sustancia 6 “. Fotografía. EOL. AMP.

Cristina Martínez de Bocca
EOL-AMP

Errancias

¿A qué consecuencias, por la manera que vive hoy el mundo la ausencia de la relación sexual, se enfrentan los seres que hablan? Hay una ética en el siglo XXI, porque cada época ha soportado de manera particular el agujero producido por la lengua. Hay un “no hay”, pero también un “hay” y éste es el que cambia en cada época e incide en los arreglos y desarreglos de los sujetos respecto del goce sintomático. ¿Qué hace Lacan cuando formula, en 1970, que el objeto a ascendió al cenit social?1. Interpreta el cambio que se produjo en la civilización, la ética de la civilización en el siglo que prontamente vendría, y nos orienta en lo que hoy es un interrogante que intentamos responder: ¿cómo soporta el agujero, la ausencia del significante de La mujer, nuestro mundo contemporáneo?  También hoy la lengua produce trauma (trou, agujero) y se inventan “trucos” diferentes a las respuestas sintomáticas que se ordenaban por el Nombre del Padre. Fue un giro impactante el que produjo Lacan en las “Conferencias norteamericanas” al definir al síntoma como lo que permite vivir, el síntoma al que un sujeto se agarra y no solo un disfuncionamiento a modificar. Es un giro que hace Lacan en su enseñanza: el padre es un modo particular de síntoma, un instrumento del que el sujeto puede servirse o no.

Creencia delirante en el plus de goce2

Esa interpretación de Lacan, el ascenso al cenit social del objeto a y sus sucedáneos, como los objetos tecnológicos, no solo dejó a los sujetos a merced de la voz y la mirada, sino que produjo un eclipse en su función de causa del deseo. Actualmente las compulsiones cada vez más, el pragmatismo cínico, aplastan el deseo, que es una cuestión de horizonte y no de satisfacción imperiosa y acelerada. Distingamos, entonces, los dos estatutos del objeto a como causa de deseo y como plus de gozar. El primero queda elidido por la función tapón del objeto a. A diferencia de su función  causa del deseo, en la que se trata de “esa mirada” y no otra, el objeto tapón no busca esa delicadeza, ese detalle, “eso” diferente. Se puede gozar de cualquier objeto, separados del cuerpo o no, porque lo que importa es obtener la consistencia de un goce sin bordes, expulsando el “poquito de aire”3 que introduce la causa del deseo. El ejemplo que toma Lacan de Dante cuando se cruza con Beatriz, los dos de nueve años: “tres parpadeos, el objeto a exquisito de la mirada se desprende y él está fijado a ella por el resto de su vida”4. El predominio del plus de goce, en cambio, implica la indiferenciación del objeto, objetos múltiples y cuantificables, lo que estructura una manera de gozar de estilo adictivo, con la correlativa errancia subjetiva. Es crucial que el objeto a pierda el valor perverso del plus de gozar y haga inconsistente la creencia delirante en él como modo de hacer existir La mujer.

La ética analítica: no demasiado, pero sí, justo lo suficiente

En una época en que la Ciencia ha introducido un ideal de transparencia en un empuje a ver todo, a mostrar todo, a decir todo, y el rechazo a la palabra y al lenguaje en el mismo movimiento de anulación del decir singular, es difícil conseguir el “efecto de vergüenza por no morir de vergüenza”. Es lo que Lacan decía en los años setenta: poner un poco de vergüenza en la salsa del primum vivere, ya que poner en primer lugar la adaptación al contexto va de la mano de un “ceder en el deseo y en el goce”. Al “primero sobrevivir” le contraponía una demanda, la única que proviene de un analista: “analícense un poco”. “Avergonzarse por no morir de vergüenza daría tal vez un tono distinto, el tono de que lo real está concernido.”5 ¿Por qué darle a este afecto esa dimensión, si no es porque tiene que ver con “el agujero por donde brota el significante amo”?  Ese S1 al que es preciso confrontarnos y cercar el goce que extraemos de él. Para que el analizante lo largue por su boca, es preciso primero que lleve su marca. Un detalle en la palabra de Lacan: no avergonzar demasiado, para no producir la vergüenza de vivir que resuena en el odio de sí. Pero sí avergonzar lo suficiente para que el analizante encuentre “otro estilo de S16 que oriente su vida.

Los no púdicos yerran

Cuatro años después, en el Seminario Los Nombres del padre, que equivoca homofónicamente en francés con Los no incautos yerran, encontramos de nuevo una interpretación de Lacan a la época. Pone en serie lo verdadero, lo bello, el bien (valores referidos a la época del padre) para pasarlos por la prueba del nudo borromeo:

“¿Es posible que en esta historia del nudo borromeo pueda situarse al bien en alguna parte? Se los digo de inmediato, hay muy pocas posibilidades: si lo verdadero y lo bello no han aguantado, no veo por qué el bien lo haría mejor. La única virtud, si no hay relación sexual, como yo enuncio, es el pudor.” 7

Si el bien, lo verdadero y lo bello son valores de la época del reino del padre y el ideal de transparencia es de la Ciencia ¿qué función cumple el pudor, entonces, en una época en la que la civilización no tiene más brújula que la ilimitación del goce? Lacan inventa un neologismo: invierte el dupe, de incauto, por pude, de pudor, resultando: los no púdicos yerran. Encuentro aquí una función nueva para el pudor en la época de la compulsión a ver todo, a exhibir todo, a decir todo .Ya no es el pudor que detiene al neurótico- vía su fantasma- en el camino orientado por lo real, dando lugar a síntomas, a la vergüenza, al asco ante la mirada del Otro. Es el pudor en una función inédita correlativa al agujero, a la introducción del vacío en la economía del goce. Tal como ese vacío que se produjo entre la lengua y el viviente por la extracción del objeto a. Vacío, signo de que el analizante -por hacerse incauto del Discurso analítico- merodeó lo real surgiendo para él una responsabilidad nueva respecto del goce que resta.


Bibliografía:
1-Lacan J. Radiofonía, Otros escritos, Paidós, Bs.As. 2012 p.436
2-Miller J.A. Diversificación del Uno. Todo el mundo es loco, Paidós, Bs. As, 2015, p 313
3-Lacan J. “La impotencia de la verdad”, capítulo XII, El Seminario, Libro 17, El reverso del Psicoanálisis, Paidós, Bs As, 1992, p192
4-Miller J.A. Los tiempos que corren, Todo el mundo es loco, Paidós, Bs. As, 2015, p 22
5 -Lacan J. “El poder de los imposibles”, capítulo XIII, El Seminario, Libro 17, El reverso del Psicoanálisis, Paidós, Bs. As, 1992, p. 198
6-Ibid, p 190
7-Lacan J.  Clase del 12 de marzo de 1974. El Seminario, Los nombres del padre, inédito.

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