Infancias: Hacia donde se dirige el Observatorio

Infancias: Hacia donde se dirige el Observatorio

Alejandra Koreck. “F98.8”. Collage hecho a mano. EOL- AMP

Tania Abreu
EBP-AMP

El título de nuestro trabajo hace referencia a un prolífero debate que se dio en la última reunión entre los Observatorios de las tres Escuelas, EBP, NEL y EOL, ocurrido en el VIII Enapol en Buenos Aires. Estimulados por las dificultades relatadas por los colegas de la NEL, quienes investigaron el tema Violencias en la infancia y la adolescencia, incluyendo la medicalización como un tipo de violencia, nos preguntamos qué tema nos permitiría una mayor apertura a la investigación de los malestares del niño en la actualidad. Surgió entonces, como sugerencia de la actual presidente de la Fapol, Flory Kruger, el tema Infancias, que fue aceptado por los equipos de las tres Escuelas.

Claramente estamos advertidos de que el significante Infancias es muy amplio y que, por un lado, favorece la investigación del estado actual de la infancia en la civilización, pero por otro, requiere la realización de cortes epistemológicos dentro del vasto margen de temas implicados. Aquí, en el Observatorio nos centraremos en las cuestiones implicadas en la medicalización de la infancia, sobre todo a partir de las tendencias higienistas y de control de los órganos públicos, ocupados en atender los intereses del mercado farmacológico. Destacaremos también la importancia de estas acciones en el ámbito escolar y concluiremos analizando posibles diálogos entre el discurso analítico y el Otro social.

Los niños sufren, tienen angustia, enloquecen y pueden hablar de ellos mismos y de lo que les pasa cuando tienen un espacio para ello. Con Freud (1930) aprendimos que el malestar es estructural y es parte fundacional de la Cultura. La felicidad es episódica, mientras que la infelicidad aborda al hombre desde tres direcciones: la relación con el otro, la insatisfacción con su cuerpo y los problemas de la naturaleza.

En el escenario de la infancia esto no cambia, ella es acometida por el sufrimiento en estos campos. Tomaremos la afirmación de Freud (1930): “todo hombre debe descubrir por sí mismo de qué modo específico se puede salvar”, como una llave clínica para la dirección del tratamiento, así como orientación y principio de trabajo para el Observatorio. De este modo, apostamos a pensar al niño como sujeto de la enunciación.

Se trata de un principio del psicoanálisis opuesto a la naturalización del avance fenomenal del uso de la ciencia, de la medicina y del medicamento – subproducto técnico -, como programa de cruzada contra el ya referido malestar en la Cultura. Mientras tanto, lo que vemos en la actualidad es al niño silenciado en nombre de ideales colectivos que promueven el control de la infancia, definido por Laurent (2013) como “…un conjunto particular de procedimientos que provienen del etiquetamiento patológico de niños y adolescentes”.

En un principio, el uso del fármaco por parte del niño o adolescente puede tener un efecto tranquilizador para los padres, haciendo que las situaciones en la escuela y en la familia sean momentáneamente apaciguadas. Pero, estos efectos no son tan duraderos, por el contrario pueden ser devastadores, porque, según el psicoanálisis, lo que queda silenciado por la química retorna de modo violento en lo real.

Eric Laurent (2013), al analizar el estado actual de la infancia, demuestra y retoma la indicación de Lacan de que el niño encarna el lugar de objeto a liberado en la Cultura, y oscila en dos posiciones diferentes. A saber, como objeto causa de deseo, o como objeto resto. Cuando es objeto de deseo hace a la constitución del lazo social – las nuevas configuraciones familiares necesitan un hijo para ser consideradas familias, lo que ha llevado al Derecho de los países europeos a reconfigurarse, para garantizar que el niño pueda contar con las obligaciones de sus padres – y cuando es objeto de goce, encarna el lugar de objeto imposible de nombrar y es visto como resto, como mero objeto. En esta posición es tomado como objeto de control, funcionando como órgano de control y vigilancia de las familias por parte del Estado. De esta forma, la escuela constituye el escenario privilegiado para el ejercicio de ese control, sea por los intentos de erradicación del fracaso escolar, o también por la obediencia ciega a protocolos y diagnósticos dictados por el DSM, cuyos creadores actúan en nombre de la defensa de los intereses de la industria farmacéutica.

Podemos acudir a las ideas aportadas por el sociólogo Stanislas Morel, en su libro La medicalización del fracaso escolar. El autor dice que el fenómeno de la medicalización del fracaso escolar es el resultado de una acción convergente de quienes ocupan un lugar de poder en las definiciones de las políticas de erradicación del fracaso escolar. En un plano más amplio, la medicalización en el contexto escolar, es el producto de transformaciones globales, tales como la higienización de la sociedad, la individualización de las políticas públicas y la relativización de los factores sociales. El análisis de cualquier forma de medicalización supone el estudio de los sistemas de investigación médica y de los profesionales de la salud, ya que es allí donde se realizan los diagnósticos y tratamientos que alimentan el proceso de medicalización.

Morel sostiene que la explicación del fracaso escolar a partir de los recursos médicos y psicológicos cuestiona el universo de los especialistas en pedagogía y el lugar de los padres en el dominio educativo, así como el “progreso” de la ciencia y de las técnicas médicas. Pero, también advierte que si le adjudicamos el problema solamente a los progresos de la ciencia o al imperialismo médico, haremos una interpretación reduccionista. Los profesionales de la salud también pueden denunciar o abstraerse de entrar en la dinámica de la medicalización.

Nos parece interesante la distinción que realiza entre el psicoanálisis y las neurociencias cognitivas, al considerarlas como las dos principales referencias médico-psicológicas del fracaso escolar, incluso sabiendo que ninguna de ellas propone un tratamiento propiamente dicho para el fracaso escolar. En relación al psicoanálisis dice que “aborda la demanda de solución de problemas escolares, relacionando las dificultades de los niños con sus problemas psico-afectivos, sin pretender atacar directamente el fracaso escolar”. Parece ser una lectura justa sabiendo que proviene de la sociología.

Interpreta la práctica de la neurociencia como una pedagogía científica, o sea, apoyada en el aparato teórico de las ciencias cognitivas. Pero Morel nos advierte que más allá de la fascinación ejercida por las neurociencias y de la excitación provocada por el presentimiento de que están a punto de descubrir el grial orgánico de las dificultades de aprendizaje, hay una transferencia de la legitimidad pedagógica. En este sentido, tomamos de su argumentación este supuesto aval a la credibilidad de la pedagogía escolar, que alerta sobre el peligro del cientificismo actual tomado por el discurso del Amo.

El éxito de las neurociencias no procede tan solo de su aura científica. Proviene también de la alianza establecida entre algunas ramas de profesiones médicas o paramédicas que tienen el rol de asegurar el pasaje del laboratorio a la práctica, convirtiendo la investigación en tratamientos potencialmente administrables a niños con dificultades de aprendizaje.

Estos profesionales se apropian de una parte del prestigio científico de las neurociencias y se imponen como los más legítimos detentores de los discursos pedagógicos, compitiendo de esta forma con los profesionales de la enseñanza. Este hecho ilustra un modo de apropiación de la legitimidad pedagógica, elevando el saber de la ciencia al nivel de lo absoluto. Citamos a Morel:

El doctor Ghislaine Wettstein- Badour especialista en problemas de aprendizaje, recuerda “la necesidad de llevar a los responsables de las elecciones pedagógicas en materia de aprendizaje de escritura a considerar y respetar el modo de funcionamiento que nos impone la naturaleza del cerebro. En una época en la que se hace posible, gracias a la imagen cerebral, constatar los efectos del aprendizaje sobre la estructuración de los circuitos del lenguaje oral y escrito, ya no serán aceptables las pedagogías construidas en base a hipótesis que la ciencia contemporánea contradice, así como ignorar la influencia de las elecciones pedagógicas sobre la construcción de redes en las cuales la calidad condiciona a las posteriores posibilidades de acceso al saber, jugando así un importante papel en el desarrollo del pensamiento conceptual”

Increíble explicación de conclusión de la ciencia, a través de su cara de ruina, como nos recuerda Judith Miller (2014), el cientificismo no hace lazo social.

En lo referente a la asociación entre las escuelas y el DSM, recordamos que los niños pequeños ya llegan a los consultorios de los analistas diagnosticados y medicados, siendo que muchas veces estos diagnósticos fueron realizados, de manera empírica, por profesionales del área de la educación, extraídos de lecturas obtenidas en la Internet, un Otro de la contemporaneidad. En función de la presentación de algunos disturbios, los propios educadores se aventuran a dar diagnósticos por la simple observación del comportamiento. Padres y profesores pretenden silenciar lo que hace ruido en esos cuerpos que se presentan etiquetados y reducidos a una clasificación, sin dar lugar a ninguna responsabilización por parte de sus hijos sobre lo que les pasa. Es más, la medicación viene a cumplir la función de velar la angustia, de des-responsabilizar.

En relación a este hecho, tomamos el libro de Gotzche (2016), para demostrar, a través del análisis de documentos de los grandes laboratorios de diferentes países, que la industria farmacéutica está al servicio del capital y del lucro, y por ello financia la publicidad, que en general no presenta las pruebas clínicas que demuestran los efectos nocivos de la medicación, ni las investigaciones, la producción y la reglamentación del uso de medicamentos. Esto a tal punto que se compara con el mismo sistema del crimen organizado, ya que muchas personas enferman y mueren en virtud de la prescripción médica inadecuada y de la comercialización medicamentosa. Según esta investigación hay millones de muertes de personas saludables en el mundo, a causa del uso del medicamento, lo que indica que “…los medicamentos prescriptos son la tercera causa de mortalidad en el mundo, después de las enfermedades cardíacas y el cáncer”

Los niños no están fuera de este escenario de uso inadecuado de la medicación. Existen muchos casos de niños con intentos de suicidio, como efecto del uso de medicamentos mal prescriptos, específicamente en el uso de la píldora de la felicidad. De esta forma, el autor describe de manera minuciosa la corrupción, lo que está detrás de la venta y la prescripción de medicamentos, y demuestra la sumisión y la financiación del saber médico a la industria farmacéutica. Según Gotzche (2016) esto se torna aún más grave en el caso de los medicamentos psicotrópicos y antipsicóticos, ya que presentan alto riesgo de muerte, sea por suicidio, aumento de peso y por diabetes.

Frente a ese escenario en que el niño es tomado como mero objeto, en el que está silenciado su sufrimiento, sea por el uso de la medicación o por el uso de medidas protocolares que no tienen en cuenta su singularidad, este Observatorio se va a ocupar de aquello que no funciona en la sociedad en relación al niño, y que surgen como malestar y que son representados a través de diferentes discursos en lo social, ya sea la Pedagogía o la ciencia. Estos discursos tratan de nombrar y dar cuenta de esa dimensión de real, por medio de la normativización de conductas y del tratamiento. El lugar del discurso analítico es el de escuchar y ofrecer la palabra al niño que sufre, para hacer vacilar las identificaciones, así como para que el sujeto construya su propio síntoma, se reconozca y produzca un saber sobre el mismo, responsabilizándose por su forma de ser y de estar inmerso en el lazo social.

En este sentido, tal como se conversó en la referida reunión en Buenos Aires, como Observatorios orientados por el psicoanálisis lacaniano, nos cabe “infiltrarnos” – significante proveniente de la EOL- en las brechas abiertas por los diversos poderes, para “conversarnos” – significante que surgió en la EBP. El objetivo común es ofrecer un contrapunto a lo que fuera presentado por la NEL como “la violencia de la medicalización en la infancia”. Este es pues, nuestro plan de trabajo.


Karynna Nóbrega
Maria de Fátima Sarmento
Maria Rita Guimarães
Mônica Bueno
Paula Borsoi
Tânia Abreu (Coordenadora)
Traducción: Laura Fangmann
Bibliografía:
1 – Crianças falam! e têm o que dizer. Experiência do CIEN no Brasil/ Fernanda Otoni Brisset, Ana Lydia Santiago, Judith Miller Belo Horizonte: Scriptum, 2013.
2 – Freud, S. O mal-estar na civilização (1930). In.:_____. Edição standard brasileira das obras psicológicas completas de Sigmund Freud (Vol. 21). Rio de Janeiro: Imago, 1996.
3 – Gotzche,P. Medicamentos Mortais e Crime organizado como a indústria farmacêutica corrompeu a assistência médica. Ed.Bookman, 2016.
4 – Guimaraes, Maria Rita .A Escuta forma parte da palavra.. Texto publicado originalmente em TERRE DU CIEN– Journal du Centre Interdisciplinaire sur L’enfant. Mars 2009, p.31.  Publicado e disponível em http://www.uaihost.com/ciendigital/n21/historia-do-cien-brasil.html
5 – Laurent, E. A Crise do controle da Infância. In: Crianças falam! E têm o que dizer. BH: Scriptum, 2013, p. 37-48.
6 – Miller,Judith. Cientificismo, ruína da Ciência. Um real para o século XXI, Silicet. Belo Horizonte: Scriptum, 2014. Éric Laurent e Guy Briole mencionaram este texto publicação e a (cf. LQ 756, 19 de dezembro de 2017 e LQ , 758, 07 de janeiro de 2018).
7 – Morel, Stanislas.La medicalization de l’échec scolaire, Paris, La Dispute,col ”L’enjeu scolaire”, 2014.

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