Una profundización de la noción de lo real – Sobre el Seminario La Ética del Psicoanálisis

Una profundización de la noción de lo real – Sobre el Seminario La Ética del Psicoanálisis

Alejandra koreck. “Qué estamos haciendo II”. EOL- AMP

Bernardino Horne
AME- EBP

Introducción

El título de este texto repite las palabras de Lacan1, la Ética del Psicoanálisis. Explícitamente, abre un proyecto nuevo, en el cual no aspira –como es común en las Éticas– reflexionar sobre el ideal, el bien y las formas para alcanzarlos. Decidí tomar el camino contrario, ir a la inversa, en el sentido “de una profundización de la noción de real”2. Este proyecto se extenderá hasta el Seminario 23, cuando Lacan establece el Sinthome como la vía clínica privilegiada y afirma: “Lo real es sin ley”3. La dirección de la cura no se orienta más en el sentido, sino en el sin sentido.

Miller dedica varios Cursos a este tema, desde “Piezas sueltas”, de 2004, hasta su Curso del 2011, “El ser y el Uno”, todavía inédito. En ellos se dedica a revelar el hecho y las consecuencias teóricas y clínicas que implica ese giro de 180 grados, que va del Otro al Uno. En efecto, si consideramos el Otro como punto de inicio, cabe una ética del amor al prójimo, pero si tomamos este inicio en el Uno, llegaremos a una ética que considera el goce del Uno.

El lugar y el valor del Seminario 7 en la Enseñanza de Lacan

La Ética del Psicoanálisis es el tema del séptimo Seminario de Lacan. Antes de éste, Lacan construye la estructura del Campo del Otro(A) y define el Inconsciente estructurado como un lenguaje. Entre los Seminarios 1 y 7 transcurre el tiempo de lo Simbólico y lo Imaginario.

El empeño de Lacan en ese momento, es el de poder significantizar el goce montado sobre lo Imaginario y el Narcisismo. Uno de los pilares de esta tarea culmina cuando otorga al Falo el estatuto de simbólico. Critica duramente la degradación en la teoría y en la clínica de los conceptos freudianos y, en la conferencia de junio de 19534, anuncia su ruptura con esa perspectiva para volver a una lectura de Freud desde los tres registros que son los fundamentales de la experiencia humana: lo Simbólico, lo Imaginario y lo Real. Con rigor, trabajará fundamentalmente lo Simbólico y lo Imaginario. En el Seminario 7, la orientación girará en dirección a lo real, lo imposible y la muerte.

En el comentario sobre el olvido de Freud del nombre Signorelli, Lacan dice que en el momento en el cual el discurso se aproxima al saber verdadero se fragmenta en restos, pedazos sueltos de lo real5. Lo real que desvía el discurso en el sentido del olvido será su relación a la muerte, por el camino asociativo de Signorelli, Signor, Herr. La muerte como el Señor. También en el Seminario 2, en el sueño de la inyección de Irma, Lacan relaciona ese objeto de horror en la garganta de Irma con la muerte, al que llama “el Real último”6.

La enseñanza es una reflexión permanente en Lacan. En ella también apunta a lo real de la pulsión. En Escritos 1, en “El psicoanálisis y su enseñanza”, de 1957, pregunta a los psicoanalistas y a sí mismo sobre lo real de la formación analítica: ¿Cómo se hace presente lo real en la experiencia singular de cada uno?7 En ese momento, en el inicio de su enseñanza, Lacan busca aproximarse a lo real por la vía de lo más verdaderamente propio de cada uno, lo que implica una ética de la autenticidad. Dice que Freud interrogaba el sustento de esa verdad como la concepción de la pulsión de muerte. Eso es lo real del psicoanálisis. La verdad era entonces la muerte. Por perder este rigor psicoanalítico y rechazar la interrogación de Freud sobre lo real de la pulsión de muerte, los psicoanalistas de hoy, dice Lacan, han caído en un “ambientalismo declarado”.

Miller, sitúa que en el Seminario 7 de Lacan8 se abre la cuestión de lo real. Dedica su empeño a revelar las relaciones de lo real, lo simbólico y lo imaginario en la perspectiva del goce. Dice, entonces, que en los primeros seminarios el intento de Lacan es el de imaginarizar el goce y, después pasarlo al campo del significante. El Falo es un significante. Si hasta entonces Lacan atribuyó el goce a lo Imaginario y a lo Simbólico, en el Seminario 7 introduce el goce imposible atribuido a lo real.

Cuando pensamos sobre lo real, de él nos apartamos porque éste es irrepresentable, disperso, imposible, inmóvil: no se dice, no se escribe, no se imagina. Hay lo real. No conoce el sujeto o el ser, solo existe. En él no se tiene como armar diferencias o hacer conjuntos. Se entrevé como pedazos o piezas sueltas, no tiene nombre, no informa. No hay saber en lo real, existe como exterior al saber. Es el negativo de lo verdadero, no hace lazo, es fugaz. Está separado de todo y hasta de todo el todo. No obedece a ningún sistema, ni tiene orden. Lo real es sin ley9. No hay relación sexual es el modo en el cual Lacan nombra esta separación radical de lo real con lo Simbólico y lo Imaginario.

El Sinthome tiene la función de pivote en la clínica, en la medida en que contiene un “Kern” de real, ilegible, de goce opaco que condensa el hecho puro del Troumatisme. Se escribe como goce, en la escritura borromea que se hace en lo real. El goce entonces es lo real de la experiencia y el modo en que se hace presente en la clínica. “El goce verdadero, la satisfacción pulsional, la Befriedigung no se encuentra ni en lo Imaginario ni en lo Simbólico, ella es del orden de lo Real”10.

El capítulo 1 de la “Ética” es dedicado al programa del año. Lacan es muy claro. Coloca lo real en el horizonte y determina el proyecto de profundizar en sus misterios. Es una evidencia de esta orientación el hecho de comenzar el Seminario 7 con la pregunta sobre Das Ding. Una consecuencia es un cambio en el cual la defensa toma el lugar de la represión. La defensa es la mentira estructural, originaria, el Próton Pseudos. La represión, así como el retorno de lo reprimido en la forma del Síntoma, deja su lugar al Sinthome que tiene una poderosa raíz en la sustancia gozante. La grieta entre Significante y Goce genera la “disarmonía fundamental del goce con el Sujeto”. El Goce está del lado de la Cosa y es imposible el matrimonio entre el Goce y el (A) Otro.

En el psicoanálisis, “hablando estrictamente, nadamos en problemas morales”11. Lidiamos con la falta; con la falta por el asesinato del padre y con la pulsión de muerte, de la cual el hombre es irremediablemente prisionero. La muerte del padre trae el sentimiento de culpa, que es una experiencia moral. Mientras que, Lacan dice a continuación12, el psicoanálisis es una experiencia que destaca la función fecunda del deseo y es en el deseo que se enraíza la génesis de la dimensión moral. Después de proferir, en el Seminario 19, que “Hay Uno”13, el deseo será una mutación del goce por la incidencia del amor. No se trata del amor por la humanidad o de un amor sin deseo sexual como ofrece la Encíclica “Sobre el amor Cristiano”14, sino de un deseo humano que busca la satisfacción. La relectura del “Entwurf” es la primera etapa del programa de Lacan, quien escoge ese texto por ser el primero en el cual Freud intenta dejar en claro su intuición de origen, su instante de ver y recorrer el texto buscando momentos de encrucijada en la elaboración freudiana, como es cuando dice que en el Entwurf se revela cierta base inaugural de la reflexión freudiana15, o que Freud tuvo la idea de “la dimensión propia en la que se despliega la acción humana” situando el conflicto que se expresa en la vida del ser humano, en la dimensión moral.

Para Freud, dice Lacan16, el fundamento moral, “la ley fundamental, la ley primordial, aquella en la que comienza la cultura en tanto que se opone a la naturaleza” es la ley de la interdicción del incesto. Piensa Lacan que el incesto verdadero es del hijo con la madre. Destaca la antinomia entre el placer y el deber moral. El placer aparece como opuesto al esfuerzo moral. Entiende que “la experiencia de satisfacción del sujeto está enteramente suspendida del otro”17. Hasta el Seminario 19 continuará la perspectiva donde el Otro es el punto de partida de lo mental. Un paso en la dirección de su última enseñanza es el Otro barrado, que aparece en el Grafo del Seminario 5. Se aproxima al Uno por lo singular que implica Das Ding, su lugar y su función. Lacan diferencia claramente lo que será posteriormente la separación entre lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario. Para esto, separa la Cosa en las dos versiones que nos da Freud en su texto sobre lo Inconsciente (1915), para separar lo real de lo simbólico, o sea, la Cosa bruta, Das Ding, de Sache, que es la Cosa también, pero es una Cosa pasada por lo Simbólico, y que pertenece al orden jurídico.

Sache y Wort están pues estrechamente vinculadas, forman una pareja. Das Ding se sitúa en otra parte.”18. Aquí está el germen de la separación radical de lo real con lo simbólico y lo imaginario. Lacan concluye esta lectura afirmando que “el Soberano Bien, que es das Ding, que es la madre, que es el objeto del incesto, es un bien interdicto y que no existe otro bien. Tal es el fundamento, invertido en Freud, de la ley moral”19. La madre, base del goce como Das Ding, queda por fuera, excluida del sistema.

Continua Lacan: mi tesis es que “la ley moral se articula con la mira de lo real como tal”20. Por eso nos invita a interesarnos en el auge de la crisis de la ética vinculada al momento de la Crítica de la Razón Práctica de Kant, quien define la acción moral como: “Obra de tal modo que la máxima de tu acción pueda ser tomada como una máxima universal”21.

El nivel Simbólico Universal de la máxima Kantiana esconde el objeto y la satisfacción pulsional. Es un intento de fundar un sistema de moral pura sin referencia a la experiencia. Una regla de acción moral fundada sobre la relación del sujeto con los objetos del mundo no tiene universal, en la medida en que, en la experiencia, las cosas cambian. La razón pura de Kant es por sí práctica y da al hombre una ley universal que denominamos ley moral22. Esto impone al hombre un esfuerzo de renuncia pulsional y al deseo, que aumenta el malestar en la civilización según la tesis de Freud23. La propuesta ética de Sade se sustenta en lo contrario. La máxima universal de nuestra acción, dirá, es el derecho de gozar del cuerpo de otro, quién quiera que sea, como instrumento de nuestro placer. Lacan, en su escrito “Kant con Sade”, de 1963, se adentra en esta cuestión.

Sade presenta el goce como el goce del Uno, que existe sin freno y sin sentimientos; los más sagrados como son el amor y el respeto por la madre, hermano, la propiedad, la vida, el honor y los demás valores clásicamente considerados como baluartes morales. Esto no es solamente enunciado en su libro “La filosofía en el tocador”, que relata también la experiencia de lo realizado en vivo por la joven iniciada en los meandros de la ética de Sade. Miller, en su comentario de Kant con Sade, escribe K/S para mostrar que Sade revela la verdad del goce oculto en la máxima kantiana. Es importante saber que podemos confundir y llamar deseo a un elemento fijo, que en verdad expresa una voluntad de goce pulsional más que la de un deseo. En el goce, el amor queda excluido. Así, como el deseo es una mutación del goce por la incidencia del amor, puede volver a ser un goce como voluntad de goce. Lacan muestra, en Kant con Sade, la distorsión del deseo en la perversión24. El deber de “no renunciar a tu deseo” es de grandes implicancias éticas.

Desde el inicio de su programa, Lacan se interesa por las pulsiones parciales en tanto perversas polimorfas, así como también se interesa en el texto “El problema económico del masoquismo”. En este, Freud destaca cómo el Superyo, que es pura pulsión de muerte, se satisface en el imperativo categórico: ¡Goza! En el campo de Eros, encuentra el placer en el lazo que hace la libido cuando se fija la pulsión de muerte en el cuerpo. Se trata de una experiencia de cuerpo; es una perspectiva que aproxima el masoquismo erógeno moral freudiano al Sinthome del Seminario 23. En el fantasma perverso, el deseo deviene voluntad de goce.

Marco Focchi, en su excelente texto “Una Ética no Humanística”25, comenta que Sade, a partir del sistema del papa Braschi, justifica la voluntad de destrucción, considerando que hace par con la reproducción. La pulsión de muerte implica la voluntad de destrucción moral, afectiva, pero que siempre termina en el sufrimiento y en la muerte de lo vivo.

El Nirvana lleva a la quietud y tiende a mantener la tensión en el nivel cero; sin embargo, la pulsión de muerte se sustenta en la tensión. En el capítulo El objeto y la Cosa26, Lacan retoma la reflexión sobre Das Ding, a la que califica como problemática, aunque asume la responsabilidad de pensar que ella es “necesaria para nuestro progreso”27.

Das Ding como extraña, Umheimlich, “Fremde”, que puede ser hostil y que tiene que ver con ese interior excluido o excluido en el interior, que Lacan llamará Extimité. Comenta que los afectos no deben confundirse con lo real. Son muy importantes, pero si bien no son significantes, son reductibles a lo simbólico en la medida en que pueden tener el carácter de signos. Anticipa también la idea de que la angustia es el afecto por excelencia. “Con ese campo que llamo Campo Das Ding somos proyectados para algo que está más allá del ámbito de la afectividad”. Esta frase resuena con la del Seminario 19 en la cual funda el campo de lo Uniano. También dirá una formula brillante sobre la sublimación: el objeto es elevado a la “dignidad de la Cosa”28.

El empeño de Lacan es el de descascarar los restos de Imaginario y de Simbólico unidos a “la Cosa” para revelar lo Real. Das Ding condensa en un mismo punto, en el mismo instante, la vida y la muerte. Lacan discurre por momentos de forma magnifica, con mucha riqueza, y firme en el rumbo emprendido. Por ejemplo, cuando hace referencia a la dimensión trágica de la experiencia analítica, su lectura de Antígona, la función del velo que tiene el Bien y lo Bello que ocultan y denuncian la urgencia de la satisfacción pulsional y el horror a lo real. En el camino que nace en el Seminario 7, hasta el Seminario 19, pasa por asuntos fundamentales que son pasos en la construcción de su proyecto.

El Seminario 19. Hay UNO: el Campo Uniano.

En el Seminario 20 Lacan dice: “Lo real, diré, es el misterio del cuerpo que habla, es el misterio del inconsciente”29. Lacan responde anticipadamente a este misterio, al decir en el Seminario 19: “Lo que solo existe no siendo: justamente esto es lo que está en juego, y lo que quise inaugurar hoy bajo el capítulo general de lo Uniano.”30

Entiendo que habla de la forma del Significante al incorporarse, mutar en goce, dejar de ser para existir y después volver a ser lo que era: Significante. Es una incorporación del significante y después una significantización.

El Significante Uniano actúa en dos tiempos: Uno de pura existencia, es un momento de sustancia gozante, de goce Uno. Sucede en lo real sin Significante. En otro momento, se da el tiempo del significante; del significante Uno solo. Acontece cuando el significante hace agujero en la sustancia gozante y lo simbólico retoma su poder.  Es el momento de lalengua. Su primera función es la de separar el goce en goces. Miller escribe: J# J=S, que puedo leer como: sustancia gozante # goce de Lalengua31. Sobre esta base de goces y resonancias se construyó el lenguaje.

Desde el Seminario 19 al 23, se dedica a las consecuencias de la afirmación hay Uno; entonces, se adentra en escritura borromea, además de la cuestión de la lectura en el lugar de la interpretación, elabora las fórmulas de la sexuación y, en el Seminario 23, alcanza la cima de su programa al afirmar “Lo real es sin ley”. En ese mismo momento instala una clínica del Sinthome, que, como sabemos, tiene una raíz en la sustancia gozante. El Otro no existe, lo que lleva al analista a pensar desde una ética del Uno.

Está todavía en debate el alcance clínico de esta perspectiva diferente donde la iteración, las resonancias y la repetición gobiernan al parlêtre. Para aceptar el pasaje de un sistema conceptual al otro, existen siempre dificultades y obstáculos. Por ejemplo, para pasar de un sistema copernicano al sistema einsteiniano, la comunidad científica precisa de un tiempo para elaborar el nuevo sistema; pero en el campo científico este tiempo es breve y poco después es parte del saber de la comunidad. En el psicoanálisis hay que considerar un obstáculo propio, dice Lacan: “en la medida en que en ella estamos implicados -ya sea más, ya sea menos, interesarse un poco en el análisis es ya estar un poco implicado-, debemos encontrar en la elaboración de los conceptos el mismo obstáculo reconocido como constitutivo de los límites de la experiencia analítica, o sea, la angustia de castración.”32

Miller se pronuncia en diversos momentos de su elaboración. En “El ser y el Uno” dice que en el análisis, después de terminar con el Otro y tener la solución de su deseo, persiste el Hay el Uno33. Lo que Freud llamaba restos sintomáticos. Con el primado del Uno, el goce viene a primer plano. Se trata de un goce primario. Solo secundariamente éste es objeto de una interdicción.

El Siglo XXI. La pulsión escópica, la aceleración temporal y el poder de la imagen.

El poder de la pulsión escópica separa las responsabilidades de las marcas que se perfilan predominantes en el Siglo XXI. Su cualidad sutil y etérea impone un ritmo en la aceleración temporal de nuestros días y le da poder a la Imagen. Impera en todos los campos de la actividad. Su poder permitió al ser humano elevarse al estado bípedo y abandonar el olfato como orientador. En la Edad Media, cuando en la mitad de la vida, por causa de la perdida de la visión el hombre perdía la cualidad de sus habilidades, inventó los lentes. Hoy investigamos los secretos del universo con Hubble y escuchamos en las resonancias del Big-Bang el origen de nuestro planeta. La pulsión escópica gana predominio como forma de goce. Trae consigo un goce propio que invade al cuerpo y que busca otras satisfacciones. El parlêtre construye el mundo virtual como forma de satisfacción pulsional escópica que se intrinca con el goce sexual.

Como el relámpago y el trueno, hay una relación estrecha entre la imagen y las resonancias. Estas tienen una fuerte capacidad de reconectarse a los afectos, así como de reproducirlos y mutarlos.

El siglo XXI reserva grandes desafíos éticos, en la medida en que los avances genéticos, la manipulación del ADN, la procreación artificial, el mejoramiento de los datos genéticos, la sustitución de los órganos, la capacidad de producir alimentos para grandes poblaciones y muchas otras tendrán un desarrollo difícil de imaginar. El malestar que la civilización produce no será menor ni la felicidad mayor a pesar de tanta evolución.

Posiblemente las consideraciones éticas sean el único límite al poder de los humanos. Recientemente, el historiador Harari34 nos recuerda que el género Homo dio lugar a varias especies. Cinco de ellas convivieron junto con la especie Sapiens, que las eliminó, no por la fuerza, sino por las nuevas habilidades, especialmente lingüísticas en el campo de la comunicación que facilita construir grandes grupos. Predice en los próximos 1000 años la aparición de una nueva especie. Si así fuese, ¿Se llamará Virtuales a la nueva especie de Homo que superará al Sapiens?


Traducción: Silvina Molina
Bibliografía:
1-Lacan, J. El Seminario, libro 7: La Ética del Psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 2015.
2-Íbidem, p. 21.
3-Lacan, J. El Seminario, libro 23: El Sinthome. Buenos Aires : Paidós, 2006.
4-Lacan, J. Le symbolique, l´imaginaire e le réel. En Des Noms-du-Père. Éditions du Seuil Paris 2005.
5-Lacan, J. El Seminario, libro 1, Clase 4. Buenos Aires: Paidós, 1999.
6-Lacan, J. El Seminario, libro 2, El Yo en la Teoría de Freud y en la Técnica del Psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 1999.
7-Lacan, J. Escritos. Buenos Aires: Siglo XXI, 2008.
8-Miller, J.-A. “Los seis paradigmas del goce”: Curso a OLCF – aulas de marzo y abril de 1999.  Revista Opción lacaniana 26/27. Abril 2000, p. 87-106.
9-Lacan, J. El Seminario, libro 23: El Sinthome. Buenos Aires: Paidós, 2006, p. 135.
10-Lacan, J. El Seminario, libro 7: la ética del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 2015.
11-Íbidem, p. 10.
12-Íbidem, p. 12.
13-Lacan, J. El Seminario, libro 19: O peor… Buenos Aires: Paidós, 2012.
14-Bento XVI.  Encíclica 189 Deus Caritas Est, Sobre o amor cristão. 2006.
15-Lacan, J. El Seminario, libro 7: la ética del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 2015, p.49.
16-Íbidem, p. 84.
17-Íbidem, p. 53.
18-Íbidem, p. 60.
19-Íbidem, p. 88.
20-Íbidem, p. 95.
21-Kant, E. Crítica de la razón práctica. España: Espasa – Calpe, 1984. p. 50.
22-Íbidem, p.52.
23-Freud, S. “El malestar en la cultura”. Obras Completas. Vol.21. Buenos Aires: Amorrortu, 1979.
24-Lacan, J. Escritos. Buenos Aires: Siglo XXI, 2008.
25-Chorne, M. y Dessal, G. (editores). Jacques Lacan. El psicoanálisis y su aporte a la cultura contemporánea/ ed. y glosario de Mirian Chorne, Gustavo Dessal y Constanza V. Meyer; trad. De Carmen Cuñat, Juan Pablo Diaz Chorne, Conztanza V. Meyer, Jessica Ruiz DeCamp, Maria Spektor. Madrid: FCE, 2017.
26-Lacan, J.  El Seminario, libro 7: la ética del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 2015, Cap. 8 p. 125
27-Íbidem, p. 125.
28-Íbidem, p. 139.
29-Lacan, J. El Seminario, libro 20: Aun. Buenos Aires: Paidós, 1998, p. 158.
30-Lacan, J. El Seminario, libro 19: O peor… Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 133.
31-Miller, J.-A. Piezas sueltas. En: Opción Lacaniana, San Pablo, Eólia, n. 44, p. 9-27, nov. 2005.
32-Lacan, J. El Seminario, libro 10: La Angustia 2007. Buenos Aires: Paidós, 1998, p. 278.
33-Miller, J-A. Curso de la Orientación Lacaniana: El ser y el Uno, clase13. Inédito.
34-Harari, Y. N. Una breve historia de la humanidad. Editora L&PM, 2014.

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