Sexo: una elección

Sexo: una elección

Susana Carbone. “Serie Crecer III”. 1.00 x 0.70. Acrílico.

Susana Carbone. “Serie Crecer III”. 1.00 x 0.70. Acrílico.

Sônia Vicente – EBP-AMP

Las modificaciones culturales contemporáneas producidas por la caída del falocentrismo, por el modo actual del uso de los semblantes, más el ascenso de los objetos producto de la universalización del mercado en conjunción con la ciencia, son decisivas en la construcción de la subjetividad de nuestra época.

El Otro de la época de Freud, marcado por ser completo, por el todo, es lógicamente diferente del Otro que impera en la actual globalización caracterizado por la lógica del exceso. El tema Sexo: una elección, no nos lleva a pensar que el significante deja de afectar al sujeto y que las identificaciones fracasan en recubrir el agujero. Más bien, nos lleva a pensar, que las modificaciones de las representaciones sociales producidas por la cuestión de la sexualidad toca la clínica psicoanalítica configurándola como la clínica del no-todo.

Esa temática nos lleva a considerar aquello que rompe con posibles formulaciones de hombre/ mujer vistas como equivalentes al acto sexual, al erotismo, la belleza y el consumo, que reenvían a categorías de pensamiento tradicionales. La referencia a un orden natural de la sexualidad deja de tener importancia. Así, una vez finalizada la época de dos sexos que indicaba la diferencia sexual, cómo podemos, hoy, responder a la pregunta: ¿de qué se trata en esa diferencia? ¿Cuantos sexos serán posibles en ese nuevo siglo?

Si afirmamos que hay diferencia, afirmamos también que ésta no es claramente localizable, ya que no basta anunciar que nació una niña o niño para definir la posición sexual. Ser hombre o ser mujer supone que, más allá de las determinaciones biológicas, es necesaria una implicación subjetiva del sexo, lo que Lacan denominó como asunción. De ese modo, hablar de elección del sexo supone admitir que la anatomía no es lo que le otorga a un sujeto su ser sexuado. Dicha afirmación seria la acción del significante sobre el cuerpo imaginario, pero éste afecta además el cuerpo del parlêtre inscribiéndose como goce fálico. Por lo tanto, si hay influencia de hechos reales en la vida del parlêtre, esos hechos solo cobran importancia cuando adquieren una significación subjetiva, fantasmática.

Entonces, debemos interrogarnos sobre el título propuesto. ¿Sería una elección lo que orienta al parlêtre en dirección al otro, en el intento de formar pareja? Si bien no hay entre los dos sexos una relación establecida, programada, sí, hay lazo social y entonces es posible que ese lazo tome diferentes formas.

Sin embargo, paradójicamente, podemos observar en el reverso de la multiplicidad feroz de identidades sexuales contemporáneas, un intento de hacer existir el Otro como Otro sexo para sostener la existencia de la diferencia del goce sexual, subrayando que el goce es rebelde a toda y cualquier universalización. A pesar de eso, ese mismo movimiento que da existencia al Otro evidencia que marcar la diferencia llevada a su ápice vigoriza al goce fálico.

Esa multiplicidad sostiene la lógica que ya estaba presente cuando Lacan apuntaba al goce en el ámbito del derecho y en el ámbito del psicoanálisis, afirmando que el discurso del derecho es el discurso del reparto del goce. Dicho discurso ordena los significantes, hace obstáculo al saber y exalta el goce para cada quién, diferenciándose del discurso analítico que utiliza el poder creativo del significante solo, desarticulado y se interesa por todo lo que hace poesía demostrando el valor de uso del lenguaje.

Para tratar de dar cuenta del problema del sexo, Lacan recurre a la lógica y propone las formulas de la sexuación, que implica el encuentro del cuerpo con el significante, es decir que, la posición sexuada pone de relieve que la elección del sujeto está relacionada con su inscripción en la función fálica y con su relación al goce del cuerpo del Otro.

Miller comenta esa teorización diciendo: “la sexuación quiere decir la elección del sexo (…) cómo el sujeto indeterminado se hace de un sexo o de otro”. El sexo no basta para escoger un partenaire, ni otorga un estatuto particular de goce, lo que se explicita en la afirmación: “el sexo es un decir y eso vale por sí mismo, el sexo no define una relación”. Por lo tanto, hay una anterioridad lógica del sexo en relación al parlêtre, que allí se designa como real y, para situarlo es preciso partir del goce del Uno.

Al adoptar el referente lógico, Lacan pasa del concepto de bisexualidad, que supone la existencia de la relación sexual, al concepto el asexo- (ualidad), que permite hacer la conjunción de la falta de una sexualidad con la falta de un significante. Así, “el problema de la sexualidad es existir asexo, un sexo que no tiene un significante que lo represente y no se escribe a partir de una relación”. De ese modo, el impase es que la elección sexual conduce siempre a la falla del Otro sexo es decir, el hecho de que el goce sexual sea del Uno y no del Otro que no existe hace que el sujeto se sienta responsable por la falla.

Si proponemos, entonces, con Lacan, que el sinthoma manifiesta al asexo (ualidad), se percibe que la relación sexual es imposible. Hay una diversidad de factores contingentes que lleva al parlêtre a elegir su modo de gozar, el uso singular, no calculable, del hecho real en la determinación del sinthoma. Por lo tanto, si hay sinthoma, no hay saber en lo real sobre la sexualidad.

Contrariamente a la multiplicidad de formas de gozar que se anuncia hoy en nuestra contemporaneidad, la normalización de la sexualidad se amplió en las sociedades occidentales bajo la estética de un movimiento identificatorio. Por primera vez, significantes no otorgados por el Otro social, pero elegidos por los interesados, han instituido un estilo de vida y reivindicaciones que tienen que ver más con la normalización que con el derecho a la diferencia. La reducción del goce bajo un significante no es sin la producción de algún alivio, pues, pertenecer a una comunidad ayuda a aliviar la angustia. Ese discurso promete un para todos.

Sin embargo, es necesario alertar que esa “pseudo” libertad de ser es una trampa para las relaciones que cada parlêtre mantiene con su deseo y con su goce, al dejar de lado la singularidad. La verdadera diferencia es que la identificación no se relaciona al deseo del Otro, que da la significación fálica, sexual a los objetos, sino más bien a aquella que es vista por la perspectiva del Otro que no existe y por el ámbito del goce del Uno. No hay Otro, el encuentro es con el objeto asexuado, su partenaire sintomático.

En ese sentido, la elección del sexo no es, como dice el sentido común, aceptar la diferencia. No sostenemos aquí la difícil asunción de lo singular contra el imperio de la multiplicidad de formas, ello nos conduciría a la estigmatización de la heterosexualidad. Recordemos que Lacan, cuando utiliza Heterox, orienta hacia aquello que en la sexuación apunta al no-todo fálico del objeto asexuado. La clínica analítica implica la elección causada por el objeto a, objeto del goce del Uno que no se relaciona con el Otro sexo, objeto asexuado, objeto desecho, que apunta a la sexualidad como no-toda.

Entonces, nos preguntamos: ¿qué es lo que puede hacer el psicoanalista frente a la solución en la identificación que encontraron esos parlêtres y con la perspectiva de desidentificación que el psicoanálisis propone? ¿Cuál es el alcance de la interpretación para aquel que demanda la diferencia, resguardado por un significante en su posición subjetiva y en su modo de gozar? ¿Esa demanda es de una suerte de identidad o de una elección de ser? La apuesta ética del psicoanálisis puede llevar al parlêtre a leer, entre las vueltas de su demanda incesante de ser identificado a su cuerpo sexuado, las marcas de una diferencia absoluta y, entonces, consentir con la elección forzada, contingente, del sexo, que el saber y los semblantes no recubren. A eso, Lacan lo nombró como identificación al sinthoma.

Traducción: Ana Beatriz Zimmermann Guimaraes

 


Notas:
  1. Lacan, J., Aún. Seminario 20, Paidós, Bs. As., 1992, p.7.
  2. Lacan, J., Aún. Seminario 20, Paidós, Bs. As., 1992, p.73.
  3. Miller, J-A., Los divinos detalles, – 1a ed. 3a reimp. – Buenos Aires : Paidós, 2017. Sesión 15 de marzo.
  4. Lacan, J., “Une pratique de bavardage”, Le Séminaire, livre XXV: “Le moment de conclure”, cours du 16 novembre 1977, inédit.
  5. Lacan, J., “asexo(ualité)”, Le Séminaire XXV, “Le moment de conclure”, cours du 11 avril 1978, inédit.
  6. Lacan, J., “asexo(ualité)”, Le Séminaire XXV, “Le moment de conclure”, cours du 11 avril 1978, inédit
  7. Bassols. M., “El objeto (a)sexuado”, in El Caldero Online de la Escuela. Publicación de la Escuela de Orientación Lacaniana, 16 de julio de 2014.
  8. Lacan, J., “Une pratique de bavardage”, Le Séminaire XXV, “Le moment de conclure”, cours du 16 du novembre  1977, inédit.

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