INTERSEXUALIDAD. ¿LA ANATOMÍA ES EL DESTINO?

INTERSEXUALIDAD. ¿LA ANATOMÍA ES EL DESTINO?

Irene Accarini. Serie “Cuerpos plegados”. Img. C. Gardos. EOL- AMP

Irene Accarini. Serie “Cuerpos plegados”. Img. C. Gardos. EOL- AMP

Nestor Yellati – AME, EOL-AMP

El transexualismo plantea una situación límite en lo que se refiere a la posición sexuada del ser parlante: el sujeto asume su sexo en oposición a su realidad anatómica. Esto puede llevar a modificarla mediante diversos medios, desde hormonales hasta quirúrgicos en los casos extremos.

En el intersexualismo es una anatomía considerada patológica la que, al menos en parte de los casos, impide la asunción plena de una posición, lo que obliga a recurrir a la intervención médica, sea esta quirúrgica o de otra índole.

En la época del “Otro que no existe”, el transexual recurre al Otro de la ciencia para que modifique su cuerpo a partir de su deseo y su posición de goce, mientras que el intersexo puede rechazar esa intervención, en la medida que excluya su responsabilidad en su elección sexuada, cuando no acepta el veredicto del Otro.

Es sabido que la asunción de la sexualidad en tiempos de la ideología de género se sustenta en una concepción de que esta es una construcción performativa. La performatividad sería la manifestación más contundente de la incidencia del Otro en la constitución subjetiva. Es ese Otro encarnado en los padres, escuela, profesionales de la salud el que decidiría la identidad sexual desconociendo, incluso contrariando la decisión del sujeto, su “sentir profundo” respecto de su sexo. Todos sus hábitos, lazos sociales, inserción en su medio estarían así determinados por una sociedad regida en nuestro tiempo por la hegemonía masculina  heterosexual, a partir de la cual se juzga lo patológico y lo normal.

Como dijimos, el sujeto intersexual puede asumir que su anatomía es patológica, sobre todo cuando provoca trastornos funcionales, y aceptar una solución posible que provenga de la ciencia.

Pero también rechazar lo patológico y la necesidad de corrección, y por lo tanto elegir asumir como identidad lo “intersexual”.

Veamos, a partir de estas consideraciones, cuál es la perspectiva psicoanalítica.

Anatomía, falo, goce

Consideremos en primer término el significante “anatomía”.  Freud pudo decir: “la anatomía es el destino”.  Lacan criticó esta frase y escribió ana-tomía. Desarrollemos brevemente la cuestión.

Toda la conceptualización freudiana del complejo de castración, el que lleva a una posición diferenciada entre los sexos, temor a la pérdida en el varón, envidia del tener en la mujer, está sustentada en una diferencia que Freud llama anatómica.

Quizás no haya utilizado el término más feliz, en tanto anatomía remite al organismo. Es un término médico. Pero no se trata de sustituirlo, sino de advertir que Freud mismo lo subvirtió.

En efecto, el cuerpo que tiene o que carece de, es un cuerpo imaginario, es la imagen en tanto percibida. La anatomía freudiana no es la del organismo, con sus funciones. Es una anatomía de superficie, imaginaria, perceptual.

La incidencia imaginaria en la diferencia sexual se verifica en toda su magnitud en el caso extremo de la intersexualidad, cuando el cuerpo es caracterizado como “ambiguo”.

Veamos algunos ejemplos

R. J. Stoller, en su libro clásico “Sexo y género”, expone el siguiente caso.

Una paciente, femenina en su aspecto, consulta porque a sus 18 años no se han desarrollado sus pechos y no tuvo menarca. El diagnóstico es una anomalía genética, XO, lo cual implica carecer de órganos de fecundación y tener una vagina rudimentaria.

Según Stoller, el tratamiento hormonal que permitió el desarrollo mamario y la vaginoplastía logró que la paciente superara la profunda depresión en que había caído luego de conocer su diagnóstico.

Si aceptamos la consideración del autor, y no hay motivo para no hacerlo, se observa que cuando la corrección hormonal y quirúrgica es consecuencia del deseo del sujeto, puede favorecer la asunción de su sexualidad.

Pero sabemos que eso no es todo, que la posición sexuada no puede ser definida exclusivamente  en lo imaginario, y que si Lacan se opone a la frase freudiana es por razones que encuentra en Freud mismo. Si en ese cuerpo imaginario falta algo, es por acción del significante. Y ese fue el primer descubrimiento freudiano. A diferencia de la histérica de Charcot y sus ovarios, la histérica freudiana revelaba un cuerpo significante, que al ser marcado por este lo hacía sintomático y al mismo tiempo sensible a la palabra.

Lacan, siguiendo a Freud, precisó esto aún más: hay un significante fundamental, el falo, y solo la operación fálica permite establecer la diferencia sexual.

En el caso recién comentado podemos decir que no se trata solo de órgano e imagen. Desde la lógica fálica, la paciente no podía “tener” como tampoco “ser” el falo. Los órganos modificados pudieron ser investidos fálicamente.

Entonces, si “la anatomía no es el destino” Lacan no dijo, pero podría haber dicho: “la posición del sujeto respecto del falo es el destino.”

Veamos un segundo ejemplo

Es el caso de una paciente con hipertrofia suprarrenal, que desde su nacimiento tenía un clítoris peniforme, pilosidad y voz masculina, y a quien los tratamientos hormonales y quirúrgicos realizados durante toda su infancia no habían logrado feminizar. A sus 18 años hace una primera consulta con una analista, quien la dirige a una ginecóloga. Es entonces cuando se entera que tiene vagina. Se produce entonces una importante y rápida feminización.

Nuevamente  no conviene confundir el órgano con el falo. Por alguna razón la paciente no descubrió el órgano vagina por sí misma, y fue convenientemente dirigida por su analista a la consulta con una ginecóloga, para que esta pronunciara el significante fundamental, ese que determinaba para ella si era hombre o mujer: “vagina”.

Pero esto no es todo. Lacan avanza más y destaca que no solo no hay anatomía, sino que hay cuerpo; y que este no solo es imagen y marca significante, sino que es sustancia gozante.

El problema de la diferencia entre los cuerpos excede las diferencias imaginarias y la determinación simbólica. En última instancia, es una diferencia entre los goces. No hay un solo goce. Está el fálico, universal, compartido, pero hay uno más allá del falo, ese goce femenino que excede los límites que impone el falo y se infinitiza.

La pregunta fundamental, pero al mismo tiempo de más difícil respuesta, es: ¿Cuál es la posición de goce del parlêtre?

Pero desde esta perspectiva podemos darle un nuevo giro a la frase “la anatomía es el destino” y decir: “de su posición en relación al goce el parlêtre hará su destino”.

Finalmente, ¿daremos por desaparecida la anatomía? ¿Queda reducida a un tiempo mítico en el parlêtre? No es tan simple la cuestión. Vale la pena hacerse la pregunta si aquello que llamamos goce, sea este fálico o más allá del falo, es independiente del cuerpo anatómico  que lo sustenta.

La intersexualidad es el campo en que esto se manifiesta más crudamente. Hay órganos sexuales que faltan, hay órganos incompletamente o excesivamente desarrollados, o que por anomalías no pueden cumplir correctamente su función biológica.

En este caso, la anatomía ¿no es el destino?  Puede que no lo sea totalmente, pero es indudable que incide fuertemente en el destino singular de estos sujetos que muestran como el cuerpo es algo a padecer.


Notas:
  1.  Freud, S., “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos” (1925). Obras Completas  v XIX, Buenos Aires, Amorrortu, 1978, pp. 259-276.
  2.  Lacan, J., El seminario,  libro 10: La Angustia (1962-63). Buenos Aires. Paidos, 2006.
  3.  Stoller, R. J., “Recherches sur l identité sexuelle”. Paris. Gallimard, 1978, (Traducción al francés del original Sex and gender).
  4.  Ibidem
  5.  Lacan, J., El seminario, libro 20: Aun (1972-1973). Buenos Aires. Paidós, 1981.

 

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