La cuarta externalidad en la clínica contemporánea

La cuarta externalidad en la clínica contemporánea

Rosa Basz. “Lazos de acero”. EOL- AMP

Rosa Basz. “Lazos de acero”. EOL- AMP

Rômulo Ferreira da Silva – EBP-AMP

Me gustaría avanzar en dirección a lo que Jacques-Alain Millar señaló como la cuarta externalidad, la sexual, que el sujeto experimenta en la relación con el sentimiento de la vida.

Sobre ella, Miller dice: “No hay vida sexual típica. Ustedes podrían hacer una lista de ciertas experiencias extrañas en la vida sexual…”, y nos orienta en relación al “diagnóstico” de psicosis ordinaria: “Busquen simplemente un desorden en el punto de juntura más íntimo del acto sexual, pues generalmente lo encontramos”1.

Aunque Miller  se haya referido a la psicosis ordinaria al proponer que busquemos un desorden en el acto sexual, pues siempre lo encontramos, en la neurosis, en su intimidad, también podemos verificar que no hay vida sexual típica. Cabe al analista recoger, en lo que se escucha, las soluciones que fueron posibles en la vida del sujeto en relación al sexo. La cuarta externalidad no puede ser escuchada sin que las otras tres (la social, la corporal, la subjetiva) sean tomadas en cuenta. Pues hay riesgo que interpretemos las soluciones sexuales contemporáneas como índices de psicosis ordinaria.

Jacques-Alain Miller propone dos soluciones de extremos para pensar la psicosis ordinaria a partir de la externalidad social: en un extremos, la imposibilidad de encontrar un lugar al sol; en otro, una identificación no dialectizable del lugar ocupado en el mundo. Propongo que sigamos la misma lógica de los extremos para que, en una línea continua de desórdenes en relación al acto sexual, los extremos sean tomados en cuenta como índices de la psicosis. Una psicosis puede también presentarse a partir de una vida sexual absolutamente atípica, sin mínimos parámetros detectables del modo de goce del sujeto.

Es preciso recordar, con Lacan, que lo imaginario se presenta como formador de ese sentimiento de la vida. Promueve la juntura del organismo vivo con una imagen matriz, aportando la primera experiencia de valor de la vida, que “encarna la fuerza vital que, en el futuro será el sujeto”2. El júbilo verificado en la instalación del Estadio del espejo así lo demuestra.

La incidencia de lo simbólico, por la inscripción del Nombre-del-Padre, estabiliza la imagen y ordena el Otro, tesoro de los significantes. El sujeto instituye el “sentimiento de la vida” que le permitirá tener una “relación con el mundo orientada por la significación fálica, inscribirse en los discursos y establecer el lazo social”3. Así, la relación con el goce se establece a partir de la articulación de lo imaginario y lo simbólico, incluyendo lo real en el abordaje de la inexistencia de la relación sexual.

Hay una posición activa del sujeto neurótico en querer establecer parámetros sobre lo que él es en el mundo que lo rodea. Se trata de la sumisión a la operación de la represión, una insondable decisión del ser. Ella tiene su eficacia y propicia, en la mayoría de los casos, una vida más vivible. El Nombre-del-Padre proporciona estabilidad al sujeto, sin embargo, no la garantiza.

Aunque estas formulaciones tengan sus bases en la primera enseñanza de Lacan, nos aportan elementos para acompañarnos lo que de la sexualidad en el ser hablante (falasser) orienta nuestra posición en la práctica psicoanalítica.

Al buscar localizar lo que Lacan quiso decir con el término “desorden”, en lo que se refiere a los fenómenos evidentes de una psicosis, nos confrontamos a partir del advenimiento del “concepto” de psicosis ordinaria, con una noción distorsionada que muchas veces obnubiló nuestras ideas. Tanto Schreber como Sergei Pankejef utilizaron lo simbólico en un intento tardío- si tomamos en cuenta el peso que el factor tiempo tiene en el término forclusión- de colocarse en el mundo. Lo simbólico es el registro que puede ordenar una manera de establecer la relación con el Otro. Sin embargo, el neurótico se aproxima al abismo y lo contempla con fascinación. Tiene experiencia de la ineficacia de lo simbólico en hacer juntura con el sentimiento de la vida.

Cuando buscamos un desorden en el campo de la psicosis, que Jacques-Alain Miller nos introdujo, nuevamente nos confrontamos con la primera clínica, o sea, la forclusión del Nombre-del-Padre.

Claudia Iddan avanza en relación a lo que podemos encontrar como externalidad al situar que:

Lacan formula que todo ser hablante está siempre mal posicionado… ¿pero lo que quiere decir “mal posicionado” es más aún, “siempre mal posicionado”? me parece que la expresión está referida a nuestro posicionamiento frente a la relación entre el cuerpo, el pensamiento y el goce4.

Ella propone que el punto central de ese mal posicionamiento del ser hablante (falasser) “encuentra un eco en la formulación de exilio, forzado, diría yo, de la relación sexual. Un exilio que introduce, en la vida psíquica, la experiencia de externalidad religada al concepto de forclusión generalizada”5.

Aún en los casos en los cuales se consigue establecer la relación edípica, la novela familiar y la relación con la castración, nos confrontamos en la vida sexual del sujeto con  algo que no se conecta con la vida establecida a partir de la instalación de la neurosis. O sea, podemos decir que hay un desorden en la juntura más íntima del sujeto con el sexo.

Dos recortes clínicos:

1- Un paciente, el hermano mayor, se refiere al incesto como una experiencia impar, teniendo él un recorrido digamos normal en la vida sexual. Frente a la precipitación al acto él era tomado por manifestaciones físicas que iban más allá de la excitación sexual. Se sentía fuera de su cuerpo como si pudiese en aquel momento cometer un homicidio o aún suicidio. Su cuerpo no le pertenecía más, y seguía una trayectoria sin vuelta. Tenía sensación de estupor y una leve vacilación, por la hipótesis de estar equivocado frente a las señales obtenidas del otro. Se precipita en el acto e inaugura una pareja sexual. A cada investida, experimenta nuevamente las mismas sensaciones del momento inicial de esa práctica. Frente a la muerte del padre, se ve confrontado entre la posición de hermano y de padre. Rompe la relación incestuosa, pero permanece buscando la misma experiencia. Busca siempre abordar alguien que esté en posición secundaria a él: una funcionaria, una mujer mucho más joven o desprovista socialmente. Juzga tales investidas incoherentes con su posición sociocultural, pero no consigue resistir. Experimenta lo que podemos llamar de desorden en la vida sexual. Sólo procura el análisis por verse en riesgo de ser procesado por acoso sexual.

2-Una lesbiana activa y dominante en el acto sexual no permite que su pareja la toque en los senos o en los genitales. Lleva a sus parejas al goce extremo, pero sólo consigue llegar al orgasmo cuando se ve precipitada a terminar el acto antes que alguien llegue. Se da cuenta que estaba siempre preocupada, en el momento del acto sexual, si alguien pudiese entrar en el cuarto, sorprenderla y querer participar de la relación. Verificaba si la puerta estaba cerrada y si no había nadie más en el recinto. Sucede que su pareja gusta de frecuentar casas swing, lo que ella “odia”, sin embargo, cede a la fantasía de la pareja que dice gustar de ver sexo entre hombres y mujeres. Ella bebe o se droga para soportar tales experiencias. Cierta vez, despierta con la sensación de haber practicado sexo anal en una orgía que involucraba prácticamente sólo mujeres. Acusa a su pareja de no tener cuidado de ella. La pareja tiene certeza que eso no ocurrió e interpreta como habiendo sido pura fantasía, perdiendo así, el interés sexual por ella. El casamiento está en crisis y ella quiere verse libre de ese fantasma que pasó a frecuentar su mente. Cree que lo que ocurrió, fantasía o no, es una bizarría. Sin embargo, junto con su pareja, pasa a buscar en los diversos movimientos LGBTs,  una clasificación de su sexualidad, en el intento de encontrar su tribu.

El primer caso no nos trae novedades en cuanto al incesto entre hermanos, pero, nos evidencia una situación en la cual el sujeto se ve confrontado a una particularidad de su goce. Él no sufre porque practicó el incesto, sufre porque interpreta que esa experiencia lo conduce a actos que pueden perjudicarlo en su vida social y familiar, ya que esa relación, fue extraordinariamente satisfactoria. La satisfacción ocurrió por haber podido, en aquel momento, haberse distanciado de lo que fue el designio dado por la instalación del Nombre-del-Padre, el cual era, ser el primogénito y heredar el lugar del padre protector de sus familiares.

En el segundo caso, es la búsqueda de una nueva identidad que se establece. El sujeto continúa en relación con su pareja. Ellas mantienen una relación matrimonial y consideran que es preciso descubrir los misterios de lo ocurrido. La pareja no sabe de la fantasía que se devela en el análisis, la fantasía de ser violada, pero desconfía. La paciente ha podido dejarse tocar sus senos y la vagina sin el asco que eso producía.

La cuarta externalidad es atípica para todo ser hablante (falasser). Lo que encontramos en la neurosis es el intento de insertarla en aquello que hace lazo con lo social, con el cuerpo y con la subjetividad.  El psicoanálisis así lo demuestra.

Traducción: Marita Salgado

 


Notas:
  1. Miller, Jacques-Alain y otros, La psicosis ordinaria, Paidós, 2003, Buenos Aires
  2. Castellanos, S. (2018). “El sentimiento de la vida”. Disponible en: <https://congresoamp2018.com/fr/papers/papers-02-multilingue/>, p. 13.
  3. Idem, Ibid, p.13
  4. Iddan, C., Disponible en: https://congresoamp2018.com/wpcontent/uploads/2017/06/PAPERS-7.7.7.-N°2-Multilingüe.pdf
  5. Idem

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