LA SEXUACIÓN Y LA IDENTIFICACIÓN, ENTRE DISCORDIAS Y CREENCIAS

LA SEXUACIÓN Y LA IDENTIFICACIÓN, ENTRE DISCORDIAS Y CREENCIAS

Susana Carbone. “Paseando en una burbuja”. Acrílico

Susana Carbone. “Paseando en una burbuja”. Acrílico

Irene Kuperwajs* EOL-AMP – Gabriel Racki* EOL- AMP

La convocatoria de las XXVII Jornadas de la EOL “El Psicoanálisis y la Discordia de las Identificaciones. Vínculos, Creencias y Nominaciones” se puede leer a la luz del tema propuesto en esta ocasión por Lacan XXI.

La clínica actual nos confronta con nuevas formas de discordia entre los sexos y entre identificaciones sexuales, así como se evidencia el embrollo en los vínculos entre la sexuación y el estado actual de las creencias y nominaciones.  En esta diversidad de hilos que se anudan y entrecruzan, se potencian las interrogaciones: ¿Cómo inciden las nuevas formas de sexuación sobre la discordia de las identificaciones? ¿Cómo la discordia estructural del ser hablante afecta la sexuación? ¿Qué efectos tienen las creencias contemporáneas sobre la sexualidad y que nominaciones se desprenden de ellas? Estas preguntas se orientan por la brújula central de la ética analítica: la no relación sexual. Tal vez esa sea la discordia fundamental que el analista puede encarnar con decisión y entusiasmo en la ciudad de la multiplicación de géneros.

Discordias

En “Función y Campo…”,1 la época está vinculada al mito bíblico de La Torre de Babel. Podríamos decir: la obra perpetua de la confusión lenguajera, en la cual está perdida la ilusión de una comunicación sin malentendidos, mundo nombrado como discordia. Abordar las discordias de las identificaciones en este plano de los efectos del malentendido lenguajero estructural más allá de la rivalidad imaginaria nos permite exaltar el lugar preciso que Lacan indica para el analista: el de intérprete de las mismas. A la altura del Seminario 4,2 la discordia es tomada como pasión fálica; la discordia entre imagen y falo no resuelta por el orden simbólico opera como un germen de sujetos perseguidos o asustados en su inserción en los lazos sociales. ¿Será esta otra vía para revisar la incidencia de la discordia sobre las identificaciones?

Avanzada su enseñanza, en 1975,3 en un párrafo que comienza diferenciando el Uno del significante y el Uno del sentido como cuerpo, tenemos otra alusión a la discordia: el Uno de lo inconsciente ex siste al cuerpo como discordia, no hay nada en el inconsciente que haga acuerdo con el cuerpo. En la perspectiva de la discordia como pulsación del Uno del síntoma (o raíz adictiva), se trata no solo de un “desajuste”, sino de una acción de desarmar la identificación al cuerpo imagen.

La discordia de los sexos 

Si seguimos el Seminario 19,4 encontramos la discordia tratada desde la noción de la inexistencia del Otro como sexual. La sexuación por lo tanto, a partir de esta inexistencia, se inscribe en el nivel de los universales entre lo necesario del universal fálico y lo contingente del “no para todo x”. Esta relación entre los sexos, en el nivel inferior de las fórmulas de la sexuación es propuesta por Lacan no como una disyunción, sino como discordia entre los sexos. La inscripción de los goces como sexuados está fatalmente en discordia, no responde a ninguna ilusión de complementariedad, las identificaciones chocan. Las relaciones jamás hacen un Uno, la lógica que las determina se escribe como la discordia entre el Uno que insiste y el 0. La lógica “no hay relación – hay discordia” quizá permita cernir el núcleo real de las tensiones conflictivas que presentan las cuestiones de género, inexorablemente determinadas no solo por un imposible, sino por la discordia.

Identificación/ Nominación 

Por la vía de la inserción del sujeto en el discurso podemos investigar la dupla uso identificatorio y uso de la nominación o dar nombre. La Nominación es un término que sintetiza el empuje de Lacan de formular cómo se las arregla el hablante, simbólica y libidinalmente; más allá del aparatito clásico del Nombre del Padre, designa un esfuerzo de elaborar una relación del hablante con lo simbólico sin el núcleo amor al padre.  Nominación e identificación se superponen, se diferencian, se complementan. La nominación, “poner nombre”, hace agujero en lo simbólico, ya que un nombre no predica ni representa nada del ser. Enseña sobre un uso de lo simbólico vinculado al agujero y no a la articulación. Las múltiples nominaciones sexuales tal vez sean un índice en ese campo del agujero que va dejando el falo como semblante privilegiado para las identificaciones sexuales. Y por otro lado, la relación de la nominación al acto o decisión insondable permite al analista una orientación conveniente en el campo de las discordias de las identificaciones e identidades sexuales

Creencias/Identificación/Sexuación

Éric Laurent se refiere a la creencia como “fenómeno clínico”,5cuando habla de la creencia en el Nombre del Padre y la creencia en el síntoma. En una época en la que la creencia en la ciencia y en los números parece llevar la delantera, conviene preguntarnos ¿qué estatuto tiene hoy creer en el padre o increer en él? y ¿creer en La mujer o creer en ella como síntoma? ¿Qué implicancias puede tener “creer en el sinthome”? Un primer antecedente para pensar las creencias lo encontramos en Freud, en “El Fetichismo”,6 (1927) cuando plantea que la Verleugnung del falo materno es el primer modelo de todos los repudios de la realidad y es el origen de todas las creencias que sobreviven al desmentido de la experiencia. Recordemos que Lacan dice, en “La Ciencia y la verdad”, que “el sujeto se divide amurallándose en una fobia o un fetiche, ante el abismo que se abre en su realidad por la ausencia de pene de la madre”.7 El goce imposible de simbolizar es fundamento de toda creencia.

El neurótico es religioso por estructura y solo el fin de análisis da “ateos viables”. ¡Es imposible escapar del sentido que se goza!  El psicótico, en cambio, es un no creyente, unglauben, decía Freud; es un incrédulo “estructural” del Otro, que no cree en el malentendido. Por otro lado, la subjetividad de nuestra época palpó que el Otro no existe y busca en la subjetividad del cuerpo, de los impulsos, de los afectos una garantía de goce que ya no es el Otro de la buena fe. El cuerpo como un nuevo dios, el cuerpo como última esperanza de definir el bien común, “es el prototipo de las falsas creencias”8, afirma Laurent.           

Si definimos la sexuación a partir de una experiencia de goce en el cuerpo, esto vale tanto para los hombres como para las mujeres, homosexuales, heterosexuales, transexuales, etc. Implica sostener una clínica del goce que se distingue de la identidad e implica a un real sin ley que no se deja atrapar por el significante. La sexuación no es la sexualidad. No se nace hombre o mujer, no se trata del género, sino de una posición y una elección en relación al goce, al deseo, al amor. Las identificaciones juegan pero no son determinantes en esto. La sexuación depende entonces de ese goce singular imposible de ser simbolizado que no hace identidad y marca el cuerpo del parlêtre.

El padre ha perdido su potencia, y el binarismo clásico hombre mujer en el que se basa la distribución sexual está en crisis. Hay múltiples modos de goce que no se acomodan a estos conjuntos, por lo que la distribución sexual es inclasificable, podríamos decir.

Constatamos que el nombre con el que se inscribe a un sujeto puede ser discordante; es el caso de algunos sujetos trans que se cambian el nombre porque dicen no sentirse representados por aquel recibido. El “soy trans” es un nombre que aporta un vestido al ser siempre en fuga. Muchos sienten que nacieron en un cuerpo equivocado y creen que su cuerpo va a estar completo pasando por una cirugía. Creen en La mujer.

En el caso de los queers, proponen una práctica sexual por fuera de las categorías establecidas, subvierten toda categoría sexual hombre y mujer, homosexual, heterosexual. Como dice Miller, “el queer subraya que el goce es rebelde a toda universalización”,9 y objeta al que se queda en los límites del significante amo masificante. Es una “propuesta de desidentificación radical”,10 que implica la búsqueda de una nominación a partir de una práctica de goce, independientemente de lo masculino o femenino. Al transformar la manera de gozar en una identidad colectiva, se corre con el riesgo de la segregación. Pero como no se trata de clasificar, conviene recordar que nos orienta la singularidad, el goce de cada quien.

Y si bien los sujetos que nos consultan vienen con sus creencias particulares, se confrontan en el análisis con que lo real de la sexualidad no se reduce ni por las creencias ni por la ideología. En la experiencia analítica se trata de creer en el inconsciente y en el síntoma; es una elección ética del analizante. Al final, ¿nos volvemos incrédulos? ¿O se trata de confiar en el Otro que no existe? Si el análisis marcha bien, se pasa de creer en el Nombre del Padre a servirse de él como instrumento, ya no se cree en La mujer sino que se trata de creerla, como síntoma. “Se trata de dejarse engañar por lo real pero haciéndose incauto del padre […] seguir creyendo en el inconsciente hasta el final de la experiencia analítica, haciendo la prueba del encuentro con lo imposible de la relación –la discordia- entre los sexos”.12

 


*Directores de las XXVII Jornadas anuales de la EOL
Notas:
  1. Lacan J., “Función y Campo de la palabra”. Escritos 1. Buenos Aires. Siglo XXI Editores Argentina, 1985, p. 309.
  2. Lacan J., Seminario 4: “Las relaciones de objeto”. Buenos Aires. Paidós, 1996, p. 229.
  3. Lacan, J., Seminario 22 “RSI” (1975-76), clase 21-1-75. Inédito.
  4. Lacan J. Seminario, Libro 19: “… O peor”. Buenos Aires. Paidós, 2012, clase 7
  5. Laurent, É., “La psicosis o la creencia radical en el síntoma”. En Enigmas del cuerpo N° 4, CIEC, 2013.
  6. Freud, S., “Fetichismo”. Obras Completas de Sigmund Freud v. XXI. Buenos Aires. Amorrortu, 1994.
  7. Lacan, J. “La Ciencia y la verdad”. Escritos 2, Buenos Aires. Siglo XXI Editores Argentina, 2002. pág. 833.
  8. Laurent, É. “Hemos transformado el cuerpo humano en un nuevo dios”, Entrevista. La Nación (Suplemento Cultura), 9 de julio de 2008, https://www.lanacion.com.ar/1028654-hemos transformado-el-cuerpo-humano-en-un-nuevo-dios
  9. Miller, J.-A., “Gays en análisis”. Revista La causa freudiana   55, París, 2003
  10. Fernandez Blanco, M.,  “Lo nuevo y lo viejo en la distribución sexual”. En Aperiódico Psicoanalítico. Buenos Aires, 2018.
  11. Kuperwajs, I., y Racki, G., “Argumento de las XXVII Jornadas Anuales EOL: El psicoanálisis y la discordia de las identificaciones. Vínculos, Creencias, Nominaciones”,  http://www.xxviijornadasanuales.com/template.php?file=argumento.html, 2018.

No se permiten comentarios.