LEER A LACAN, Y “AÚN”

LEER A LACAN, Y “AÚN”

G.A. “Ese mar”. Fotografía. Serie mares. Costa Rica 2008.

G.A. “Ese mar”. Fotografía. Serie mares. Costa Rica 2008.

Patricia Tagle Barton – NEL-AMP

 

“Incluso el montaje “Nombre-del-Padre y significación fálica”, que temperaba deseo y goce, está sometido ahora a una dura prueba en todos los niveles de la civilización, y da muestras de su insuficiencia. Para hablar como Lacan, su decadencia se acompaña del ascenso al cenit social del plus-de-gozar. Me parece que podríamos ponernos de acuerdo en decir que la persecución del goce, de ahora en adelante, es una idea nueva en política.”

Jacques-Alain Miller

De nuestros antecedentes

¿Acaso no fue Freud quien enunció –temerariamente– allí, en el inicio de “nuestros tiempos”, los del psicoanálisis, que el niño era un “perverso polimorfo”? Lo que quiere decir que no hay, en el “programa” de la vida humana, nada que oriente el deseo ni el goce sexual, nada, ¿excepto, quizás, un padre?

Entendamos: un padre no es sólo una persona; es ante todo una función. Lacan la enunció en su momento, no sólo como la de ser agente de la prohibición fundante (e intimidante), sino ante todo como el agente supuesto a unir un deseo a la ley,  es decir, propiciar y auspiciar identificaciones orientadoras, introducir regulaciones, las mínimas necesarias para integrarse a la cultura; romper la simbiosis madre-niño, etc., etc. En suma, hacer un corte que permita a cada hablanteser pasar del lazo “natural”, embrionario, al lazo social, y aún inscribirse como ser viviente en los litorales humanos que hace a los nudos posibles entre el cuerpo de cada quien con el lenguaje, el sexo, la vida, y el amor.

“LGTB”

Mi mediana presencia en las redes sociales me permite tomarle el pulso a las tendencias actuales. Aquellas que van desde la reivindicación de todos los goces, como a su contraparte, “reaccionaria”, de “condena”.

Atenta, no sin tomar parte como sujeto algunas veces, percibo desde hace poco tiempo, de un lado y otro, los distintos argumentos que evocaron en mí los términos de un antiguo debate; se trata del debate surgido en el siglo V  a. c. y promovido por los sofistas, en donde las distintas posiciones ante lo real a tratar en ese tiempo se justificaban, o bien en el fundamento naturalista o bien en el fundamento convencional.

“¿Es por “naturaleza” o por “convención?”, esos eran los términos de ese debate, que hoy mismo se revive y se reaviva en esos mismos términos, mutatis mutandis:

¿Es por “naturaleza” o “convención” que soy Lesbiana, Gay, Transexual, o Bisexual; o, aún, heterosexual?

Pero si he de remitirme a ese gran debate que tuvo lugar en los albores de la civilización occidental, no puedo menos que hacer resonar estas palabras del gran sofista Gorgias:

“El lenguaje es un gran soberano que, con el más pequeño e imperceptible de los cuerpos, realiza los actos más divinos”.

Hay, pues, entre cada dos, y entre “sábana y sábana”, un tercero. Quizás el tercero excluido de este debate.

Es justamente a ese, “el más pequeño y el más imperceptible de los cuerpos” –que con frecuencia cae, y deviene resto–, al que estamos, como psicoanalistas, supuestos a prestarle cuerpo, aún, bajo esa inédita y singular apuesta que llamamos transferencia. Una suerte de “lecho” que no es como los otros.

Lamentablemente las lenguas no pueden transmitir en su amplitud los equívocos y resonancias que usualmente están en juego en otras lenguas, y que en esta particular ocasión merecen ser puestos de relieve. En este caso, la singular resonancia que la lengua francesa hace escuchar entre encore y encorps; “aún” y “en-cuerpo”.

Quizás, es mi tesis, ante la caída de la función paterna asistimos a la “labilización” del deseo, que se expresa en la des-orientación, y su reverso como defensa: la pluralización de las elecciones… una metonimia de lo imposible de desear y ¿de gozar?, que toma los ropajes del “todo es posible/nada es imposible”; y aún. Apenas un rasgo imaginario, postulado al lugar de la función simbólica que declina, cada vez más, de su lugar.

Un significante recortado del decir de un sujeto en análisis puede bien nombrar este real actual en su (a) tomización e indeterminación  sin límite y sin anclaje: heteroflexible.

Algunas “perlas”/ Encore

Como toda y cada perla, será una a una.

¿Supuestas a enhebrarse, y hacer un collar, por ejemplo?

De los hermosos collares de perlas que heredé de mis abuelas pude advertir un detalle: que las perlas se enhebran una por una, a condición de que entre una y otra medie un nudo.

  “Creí poder responder a alguien, un jurista que tuvo a bien averiguar qué es mi discurso, creí poder responderle (…) que no me sentía fuera de lugar hablando en una facultad de derecho, ya que es el sitio donde la existencia de los códigos pone de manifiesto que el lenguaje es algo que se mantiene ahí, aparte, constituido en el curso de las épocas, mientras que el ser que habla, lo que llamamos hombres, es una cosa muy distinta”.

– “El derecho no desconoce la cama (…) Por mi parte, voy a partir  de lo que, en el en el derecho queda velado, es decir lo que se hace en esa cama: abrazarse”.

– “Los dejo entonces en esa cama, a su inspiración. Salgo, y una vez más, escribiré en la puerta para que a la salida, puedan tal vez recapturar los sueños que hayan hilado en esa cama. Escribiré la frase siguiente: El goce del Otro, del Otro con mayúscula, del cuerpo del otro que lo simboliza, no es signo de amor”.

– “Puedo contarles un cuento, el de una cotorra que estaba enamorada de Picasso. ¿En qué se notaba? En la manera en que le mordisqueaba el cuello y las solapas de la chaqueta”.

– “Gozar de un cuerpo cuando ya no hay traje deja intacta la pregunta de lo que configura al Uno, es decir, la de la identificación. La cotorra se identificaba con Picasso vestido”.

– “Ciertamente, lo que aparece en los cuerpos bajo esas formas enigmáticas que son los caracteres sexuales (…) conforma al ser sexuado. Sin duda. Pero el ser es el del goce del cuerpo como tal, es decir como asexuado, ya que lo que se llama goce sexual está marcado, dominado, por la imposibilidad…”.

De la perla, o para ¿concluir?

O, agregaría: de un corte y un pliegue moebiano.

¿El que sería necesario hacer para extraer este debate “epocal” de sus coordenadas sociológicas, legales, reivindicativas  o, aún, antropológicas, y redoblar la apuesta imposible?, me pregunto.

Concluyo, entonces, con este recorte tomado de la poesía sufí, que apunta a una torsión sutil:

“¿Cuál es ese mar cuya orilla es el habla?

¿Cuál esa perla hallada en sus profundidades?

Shabestari responde:

El Ser es el mar, el habla la orilla,

la concha las letras, la perla el conocimiento del corazón”.

 


Notas:
http://ampblog2006.blogspot.com/2016/09/entrevista-jacques-alain-miller-por_6.html
Gorgias, “Elogio a Elena”, Parágrafo 88
Lacan, J., El Seminario, libro 20: Aun (1972-1973). Buenos Aires. Paidós, 1981, p.10
Íbidem, p. 11
Íbidem, p. 12
Íbidem, p. 13
Íbidem, p. 14
Íbidem, p. 14
Shabestari vv. 562-3

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