SEXO Y SEXUACIÓN

SEXO Y SEXUACIÓN

G.A. Fotografía. Serie Vegas. EOL- AMP

G.A. Fotografía. Serie Vegas. EOL- AMP

Ronald Portillo – NEL- AMP

 

“Se extrae la conclusión de que aquello que constituye la masculinidad o la feminidad es un carácter desconocido que la anatomía no puede aprehender”

Sigmund Freud.

Freud y la castración

Freud siempre tuvo presente que en lo relativo a la sexualidad se encontraba algo situado más allá de la apariencia de lo biológico.

Ya desde el año 1924, a partir de su artículo “El sepultamiento del Complejo de Edipo” había dado a conocer su opinión: el sexo a ser asumido por el niño o por la niña es el resultado del Complejo de Edipo y su pivote, el Complejo de Castración; estos provocan la salida del Edipo para el varoncito o su entrada para la niña.

Fue en el artículo “La organización genital infantil” donde Freud estableció la oposición relativa a los sexos: fálico o castrado.

La cuestión de la diferencia sexual va a permanecer en Freud hasta el final de sus elaboraciones y de su vida misma. En “Análisis terminable e interminable” (1937) se puede apreciar que para Freud, en el caso del hombre o de la mujer, cae bajo efectos de la represión “lo propio del sexo contrario”. Se refiere al penisneid y a “la protesta masculina” o actitud pasiva (femenina) frente a otro hombre. Ambos aspectos constituyen la “roca de base” de la castración, dificultad presente en la experiencia analítica misma. En última instancia, para Freud el obstáculo fundamental de un análisis tiene que ver con la asunción del sexo, ligada a la castración simbólica, función que nunca llegará a ser completamente tramitada.

Lacan y el deseo del Otro: el sexo

Por su parte, Lacan le atribuye al complejo de castración, en “La significación del falo”, una función de nudo, presente tanto en la estructuración del síntoma como en la instalación en el sujeto de una identificación sexual.

Preguntándose sobre la identificación sexual, Lacan se cuestiona por qué no puede el sujeto asumir su sexo en ausencia de una amenaza.

Es la clínica la que viene a dar razón de esta pregunta, en la medida en que, gracias a ella, se demuestra la relación del sujeto con el falo, independientemente de la diferencia anatómica de los sexos.

Lacan no deja de reconocer el justo planteamiento que formula Ernest Jones sobre la relación que establece el complejo de castración con el deseo; sin embargo, fue incapaz de apreciar algo que tuvo cerca de sus planteamientos: el término fálico. El paso lógico siguiente en la elaboración lacaniana será, entonces, articular la falta, propia del deseo, con el significante fálico en tanto marca en que la parte del logos se une al advenimiento del deseo.

El falo como significante se constituye en razón del deseo, en su propia marca, anudándose con la amenaza de castración en el caso del varón y con la nostalgia de la falta en tener en el caso de la niña (penisneid). Pero el acceso al falo solo es posible en el lugar del Otro, lugar en donde se encuentra velado, sostiene Lacan. La posición sexual del sujeto está estrechamente ligada, por tanto, al deseo del Otro.

Al situar Freud la posición sexual del sujeto a partir del complejo de castración, y Lacan asignarla al registro del significante fálico, queda establecida la articulación indisociable entre sexualidad y deseo. En la problemática del sexo, el Otro está siempre presente, el deseo del Otro.

La angustia de castración, de neta factura freudiana, es inconcebible sin la inclusión del Otro. Las primeras formulaciones freudianas al respecto son muy ilustrativas: la asunción del sexo será el resultado de lo que cada niño haya podido apreciar en el Otro. Lacan lo esclarece con lo que se conoce como su primera teoría de la angustia, avanzada en el capítulo II del Seminario X, La angustia , titulado : “La angustia, signo del deseo”.

El deseo del Otro es causa de angustia en el sujeto, en la medida en que el sujeto le asigna una función de castración. Ateniéndose a la función del falo y a la dialéctica del deseo, Lacan va a plantear que las relaciones entre los sexos van a girar alrededor del ser y el tener. La dimensión del semblante ocupa un papel fundamental en la mujer: así va a aparentar no ser ni tener el falo. Pero es que ser o tener el falo implica una dialéctica en la que está involucrado el Otro. La problemática, la comedia de los sexos, es tal en la medida en que tiene como destinatario al Otro.

Para ser el falo, el significante del deseo del Otro, la mujer muchas veces se presenta como lo que no es, tal como lo ilustra el semblante constitutivo de la mascarada. Se presenta ante el Otro en falta, hasta de identidad, llegando en ocasiones a lo proteiforme.

A nivel del tener, es habitual ubicar la falta del lado femenino, asumiendo las insignias de la deficiencia, como si la deficiencia tuviera la virtud de intensificar el carácter femenino, afirma Jacques-Alain Miller. Igualmente, en el campo del amor es conocida la frase de Lacan: “amar es dar lo que no se tiene”, expresión válida para ambos sexos; sin embargo, pareciera aludir en primer término a la posición femenina.

Del lado masculino destaca la condición del tener, un tener ligado fundamentalmente al cuerpo, tal como le es atribuido por el Otro.

Lacan dirá: “La mujer encuentra el significante del deseo en el cuerpo del hombre”. Es lo que designa el cuerpo sexuado del hombre. Lo que sería el privilegio del macho estaría dado por la posesión del falo, el significante del deseo del Otro en su cuerpo.

Miller plantea que la estructura del tener acarrea repercusiones en el ser, tanto a nivel masculino como femenino. El tener supondría la ausencia de falta, vale decir, una unidad, un todo completo que sería lo propio del ser masculino, mientras que el ser femenino estaría marcado por lo incompleto, por el no-todo.

Lacan y el goce: la sexuación

El planteamiento lacaniano del neologismo “sexuación” obedece a la necesidad de encontrar un término para dar cuenta de la articulación del goce a la posición sexual del parlêtre. Las formulas de la sexuación, introducidas en el Seminario XX, Aun, designan el modo en que el goce se hace presente en cada sexo, sin necesariamente tomar en cuenta el deseo del Otro.

Así, lo que podía presentarse, en el marco de la relación del sexo con el deseo del Otro, como lo incompleto, signado por un menos, ahora, en el registro de la sexuación, aparece señalado en la elaboración de Lacan como lo infinito, lo sin límite propio de la feminidad. Se trata de un goce llevado más allá del falo. Contrariamente, del lado masculino y de las mujeres que se ubican de esa misma posición, lo que está presente es un goce apareado con el límite, con lo finito. Se trata de un goce sometido a la localización fálica.

Lacan le atribuye al goce del lado masculino la característica de ser autista, autosuficiente, al no incluir al Otro, por tanto de su lado se ubica el goce del Uno.

Las dos formas de goce, fálica e infinita, se presentifican en la forma de amar, tanto de uno como otro lado de la estructura de la sexuación, tal como refiere Jacques-Alain Miller. Habría dos formas distintas de amor ligado al goce en juego: la fetichista y la erotómana.

En la primera forma, la masculina, la palabra está excluida, queda fuera, se aprecia un goce en silencio. En la forma del amor erotómana, propio de la sexuación femenina, al contrario la palabra ocupa un papel de primer orden.

Del lado masculino, el goce no necesita atravesar el campo del amor, tal como lo ilustra la relación con la prostituta. Del lado de la mujer, el goce está íntimamente ligado al amor y necesariamente debe pasar por la palabra.

Aquí está implicado el Otro en falta, pero no el Otro del deseo, sino del saber: A/ .

Cuando el amor aparece en el lado masculino de las formulas de la sexuación, aparece en lugar del objeto fetiche; mientras que del lado femenino, el amor constituye el objeto erotomaníaco mismo, sostiene Miller en su curso “El partenaire-síntoma”.

 


Notas:
  1.   Freud S., Nuevas Conferencias de Introducción al psicoanálisis (1932), 33a Conferencia: La feminidad.  Obras completas, v. XXII. Buenos Aires. Amorrortu, 1979, p. 106.
  2.   Freud S., “El sepultamiento del Complejo de Edipo” (1924), Obras completas, v. XXI. Buenos Aires. Amorrortu, 1979, pp. 185-186.
  3.   Freud S., “La organización genital infantil” (1923), Obras completas, v. XXIII. Buenos Aires, Amorrortu, 1979, p. 149.
  4.   Freud S., “Análisis terminable e interminable”, Obras completas, v. XXIII. Buenos Aires, Amorrortu, 1979, p. 253.
  5.   Lacan J., “La signification du phallus” (1958), Ecrits. Paris. Seuil, 1966, p. 685.
  6.   Ibid.
  7.   Ibid., p. 687.
  8.   Ibíd., p. 692.
  9.   Ibíd., p. 693.
  10.   Ibíd., p. 694.
  11.   Miller, J.-A., “El partenaire-síntoma” (1998). Buenos Aires. Paidós, 2008, p. 283.
  12.   Lacan, J., “La signification du phallus” (1958), Op. cit., p. 694.
  13.   Miller, J.-A., “El partenaire-síntoma” Op. cit., p. 281
  14.   Ibid, p. 310.
  15.   Ibid, p. 312.
  16.   Ibid, p. 317.
  17.   Ibid, p. 318.

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