TEORÍAS DE GÉNERO – UTOPÍA DE LO ILIMITADO

TEORÍAS DE GÉNERO – UTOPÍA DE LO ILIMITADO

Mónica Biaggio. Aguada. Serie Cuerpos. EOL- AMP

Mónica Biaggio. Aguada. Serie Cuerpos. EOL- AMP

Esteban Klainer* EOL- AMP

 

En todo caso, que no hay progreso.

Lo que se gana de un lado, se pierde del otro.

El propósito de este artículo es señalar algunos aspectos de las denominadas teorías de género que puedan servir a la hora de pensar su debate con el psicoanálisis.

Muchas de las elaboraciones realizadas desde nuestro campo sobre este tema remarcan fundamentalmente un punto de la controversia psicoanálisis-teorías de género. Estas teorías sostienen una crítica al psicoanálisis por sus desarrollos sobre las identificaciones sexuales producto del paso por el Edipo, pero desconocen las elaboraciones de Lacan sobre la sexuación, realizando así una lectura parcial de su enseñanza.

Si bien se puede acordar teóricamente con estas lecturas, el problema que presentan es la creencia en una eliminación posible del malentendido. Esto supone, entonces, que si pudiésemos limar suficientemente nuestro discurso hasta hacerlo aceptable en aquello que produce rechazo, llegaríamos a un buen entendimiento. El asunto, complejo, es que en ese camino se corre el riesgo que nuestro discurso deje de ser psicoanálisis.

Es por eso que resulta interesante tomar otra perspectiva para abordar este tema a partir de algunas precisiones hechas al respecto por J.-A. Miller y Éric Laurent. En su curso Piezas sueltas, Miller ubica a las teorías de género como un producto propio del discurso universitario: “serían una suerte de realización del discurso universitario”. Efectivamente, en el discurso universitario el todo-saber en el lugar del semblante produce un sujeto para el cual es imposible articularse con un significante amo. Sujeto no identificado al que aspiran idealmente las teorías de género. Plantear la controversia en términos discursivos permite, por un lado, reubicar las críticas que recibe el psicoanálisis, y por otro, despejar el lugar en donde, en su sueño de fundar un nuevo lazo social que no esté basado en una política de la identidad, estos estudios sostienen una idea dialéctica de progreso, propia del discurso que las determina.

Partamos de ubicar, como lo señala Éric Laurent, que no existe “la” teoría de género en singular. Sin embargo, el plural no deja de constituir un campo común en tanto se piensa al género como “una serie de gestos, actitudes, posturas y normas, una suerte de parodias repetidas de forma reiterada para adquirir legitimidad, pero también capaces de ser subvertidas”.

En este campo común, a pesar de la diversidad podemos encontrar tres posiciones que se han ido sucediendo desde los inicios de estos estudios: la primera sostiene que el género no puede pensarse prescindiendo de la diferencia sexual. La segunda, contraria a la anterior, plantea al género como una construcción socio-cultural independiente de la diferencia sexual. El género, entonces, es múltiple y autónomo del sexo. Esta multiplicidad y diversidad de géneros lleva a cuestionar la categoría misma de género y abre la vía a una tercera posición. Se trata de la perspectiva deconstructivista propia del movimiento queer. Dentro de este movimiento, una de sus principales referentes teóricas es la filósofa Judith Butler, quien sostiene una crítica al feminismo por naturalizar al sexo, por suponerlo como categoría biológica originaria, prediscursiva, cuando él también es producto de un dispositivo histórico-cultural. En ese sentido, quiere alejar a los estudios feministas de la idea de tomar el nombre “mujer” como una identidad. Lo que propone es una crítica radical a toda categoría de identidad, que produzca el fin de lo que llama “utopía heterosexual”. A diferencia de otros teóricos del género, ella sostiene la posibilidad de un psicoanálisis acorde a estas teorías. Se trataría de un psicoanálisis que se centraría en un ideal preedípico. Como lo señala É. Laurent: “en esencia para esta autora lo edípico es lo que asigna la identidad sexual. El padre asigna identidad sexual y lo preedípico sería un dominio anterior al encasillamiento de la susodicha identidad. Hay que retornar entonces a la perversión polimorfa”. En este ideal preedípico se ve la ilusión de producir un sujeto abierto a un universo de lo múltiple, que sería sin límites, sin imposibles.

La perspectiva de una deconstrucción permanente de toda identidad es lo que permitiría concluir en una posición subjetiva tal que el sujeto nunca pueda considerarse identificado. Es decir, un sujeto que sería un puro proceso abierto a una experimentación ilimitada, no sólo sin los encasillamientos de la tradición, sino también desconociendo lo real del goce.

Otro referente de las teorías de género, Paul Preciado (Beatriz antes de su transformación), propone la creación de un nuevo lazo social al que llama “sociedad contrasexual”. Define a esta nueva sociedad de la siguiente forma: por un lado “la sociedad contrasexual se dedica a la deconstrucción sistemática de la naturalización de las prácticas sexuales y del sistema de género”, y por otro lado, “proclama la equivalencia (y no la igualdad) de todos los cuerpos-sujetos hablantes que se comprometen con los términos del contrato contrasexual dedicado a la búsqueda del placer-saber”. Este nuevo contrato social donde el sujeto ya no se reconoce como hombre o mujer, sino como cuerpo hablante, abriría “la posibilidad de acceder a todas las prácticas significantes, así como a todas las posiciones de enunciación, en tanto sujetos, que la historia ha determinado como masculinas, femeninas o perversas”.

Así como Butler apunta al fin de la “utopía heterosexual”, Preciado, mediante su idea de contrasexualidad, sostiene el fin del “contrato social heterocentrado, cuyas performatividades normativas han sido inscriptas en los cuerpos como verdades biológicas”.

Desde el psicoanálisis podemos leer en las entrelineas de lo que teorizan estas autoras, cómo estos estudios sostienen la utopía dialéctica de un nuevo lazo social. Lo que los estudios de género proponen a partir del discurso sobre la sexualidad es un proyecto político sostenido en un sentido de progreso de la historia. Proyecto que pasa por “hacer una política no identitaria, impedir que tenga lugar el reconocimiento de cada uno bajo una categoría, impedir que tenga lugar el goce que cada uno extrae de estar en tal o cual categoría. Esto libera una suerte de constructivismo generalizado que da acceso a un sin-límite”. Utopía nominalista que tropieza con aquello que resulta ineliminable: que hay un imposible en tanto el goce no puede ser reabsorbido en un sistema de nombres.

Ubicar el debate psicoanálisis-teorías de género desde esta perspectiva, puede permitirnos entrar en el mismo advertidos del choque discursivo que implica, y no deslizarnos, nosotros, hacia ideas de progreso propias de otro discurso.

 


Notas:
  1. Miembro del Observatorio de género, biopolítica y transexualidad de FAPOL.
  2. Lacan, J., “Conferencias en universidades norteamericanas (2da. parte)”, (1975). Lacaniana, Revista de la Escuela de la Orientación Lacaniana, Año XI, N° 21. Buenos Aires. Grama, Octubre de 2016, p. 13.
  3. Miller, J.-A., Piezas sueltas. Buenos Aires. Paidós, 2013, p. 413.
  4. Laurent, É., “Subversión de la subversión”. Radio Lacan. http://www.radiolacan.com/es/topic/162/3
  5. Miller, J.-A., Piezas sueltas, op. cit., p. 400
  6. Preciado, B., Manifiesto contra-sexual. Barcelona. Anagrama, 2011.
  7. Ibíd.
  8. Ibíd.
  9. Miller, J.-A., Piezas sueltas, op. cit., p. 416.

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