Turba Y turbantes1 

Turba Y turbantes1 

G. A. Fotografía. EOL- AMP

G. A. Fotografía. EOL- AMP

Marcus André Vieira – EBP-AMP

I

Hace un tiempo ocurrió una situación muy delicada en el subte de San Pablo que causó un intenso debate, pasando, sin embargo, rápidamente al olvido.

Una joven blanca que usaba un turbante fue interpelada por otra que iba junto a un pequeño grupo de mujeres negras. El uso del adorno era un error en tanto es reivindicado como insignia de una historia negada, la de los negros en el Brasil y el lazo con su origen africano. La respuesta de la mujer fue inmediata: usaba turbante tener cáncer y estar sin pelo por efecto del tratamiento.

Una persona que está sufriendo, transitando una enfermedad terrible, precisa de atención y cuidado, a lo que podemos preguntar además ¿quién no merece atención y cuidado? La actitud de las defensoras del turbante no tendría cabida si ellas hubiesen faltado a esos requisitos básicos de humanidad. Prefiero imaginar que no ha sido el caso. En la vida de las redes, sin embargo, se imaginó lo mejor y lo peor de las posiciones defendidas en esa escena. Destaco algunos argumentos, ellos pueden ayudarnos a delimitar una contribución propiamente psicoanalítica al debate.

El primero, que llamaré de reacción liberal patrón, consistía en partir de la premisa que cada uno puede y debe hacer lo que quiera consigo mismo y su cuerpo mientras no perjudique al prójimo. En ese sentido, la justificación por la enfermedad solo vendría a dar un contorno dramático a la escena. Con enfermedad o sin ella, cada uno usa el adorno que quiera2.

Esta posición se piensa como abierta y sin críticas, pero se caracteriza por ignorar los valores que la sustentan. El liberal ignora que acepta, sin imaginar que eso podría ser rechazado, la premisa de que antes de todo hay un yo, una conciencia autónoma, que es idéntica a su cuerpo.

Debería ser obvio, pero vale insistir: el psicoanálisis, a pesar de haber nacido y haberse desarrollado como profesión liberal, en el modelo médico, no es liberal en el sentido descripto anteriormente. La hipótesis del inconsciente conduce al célebre “el yo no es maestro en su morada” freudiano, desmontando la creencia en el yo como unidad originaria. En la casa del yo hay mucho más de lo que es él propiamente y lo mismo vale para la relación con el cuerpo3.

Lo principal, sin embargo, es lo que Lacan explicita al formalizar las premisas de la experiencia freudiana desde el inicio de su enseñanza. El orden simbólico, el Otro, preexiste al sujeto y solo es a partir de él que este último se constituirá. Estamos siempre, desde el inicio, en el Otro o, para decir como Heidegger, somos lanzados en el mundo, siempre ya ahí4.

II

Dejando de lado la posición liberal, un argumento del debate asumía que esa pequeña pieza de tejido alrededor de la cabeza tendría el valor de un signo, tal como lo definió Pierce y lo retomó Lacan: un signo es lo que representa algo para alguien5.

Separados entonces los ribetes dramáticos de la escena, se evidencia que no se trata de elegir entre una enfermedad grave y el orgullo de pertenecer a un grupo social específico. Se trata de colocar en tensión dos posiciones subjetivas bien distintas frente a un mismo signo. La discusión en este contexto, no se desarrolla entre los que darían más valor al primer o al segundo uso del signo, sino, mejor, se sitúa entre dos formas de concebir la relación entre individuo y sociedad. Como signo, el turbante representaría, para unos, la afirmación del valor de los cuidados con un cuerpo autónomo y, para otros, la afirmación de una identidad a partir de la sumisión del cuerpo a una estructura colectiva.

Freud no opone estas dos formas de relación entre individuo y sociedad, al contrario, las articula. Asume que estamos hechos de lo que el Otro nos hizo ser pero, mientras algunas de sus marcas son asumidas por un yo aparentemente que está en el comando, otras se vuelven inconscientes por ser incompatibles con él.

III

Estamos en la teoría del significante lacaniana, y ya no la del signo de Pierce, cuando asumimos que el turbante es tomado como un trazo, sin sentido en sí. No representa nada en sí, ni para alguien sino, que se articula con otros, el color de la piel, el modo de hablar, un sin número de detalles que constituyen ese juego de trazos, una estructura. En este plano, el Otro no proporciona una identidad, sino que sus marcas en nosotros son trazos, sin sentido, que solo conjugados estructuran y sustentan una identidad.

Hasta hace poco tiempo, un gran contingente cultural podía conducirse como si el Otro fuera solo uno, como si hubiese una estructura universal, patriarcal, del Nombre del Padre. Todo cambia un poco su aspecto cuando lo universal se fragiliza. Ahora, somos lanzados a un mundo plural en el que lo patriarcal, occidental, sería solo una estructura entre otras, recibiendo inclusive, el epíteto peyorativo de eurocéntrica6.

Tenemos entonces, en tiempos del otro múltiple, una galaxia de pequeños sistemas de los que se puede inferir una circularidad. Es porque las mujeres negras usan turbante que África pasa a existir en Brasil y es, en la medida en que existe, que las niñas tienen ancestralidad e identidad.7 El turbante tendría un valor vital para los negros que así pasan a existir y no solo es que se representan por un adorno entre otros. El argumento central, en este sentido, toma al turbante como elemento de conexión con la historia de un pueblo sostenido en una estructuración consistente. Sin esta constelación significante no hay negro, o solo habría el negro como opuesto al blanco.

En este contexto, hay riesgo en asumir ingenuamente un “paratodos” sin que se perciba que muchas veces es solo paraalgunos.

Lo mismo vale para el analista. Antes “íbamos” del universal al particular para buscar dese allí el singular. Si hoy, para muchos, es necesario afirmar un particular para encontrar un lugar en el Otro, en el universal, las cosas cambian. No siempre podremos partir del universal para seguir el camino de la desidentificación. Será preciso antes, la identificación.

IV

Cuando ocurrió el asesinato de Marielle Franco, la EBP promovió una acción lacaniana en Rio de Janeiro realizando un trabajo de lectura de una carta dirigida por la concejal al colectivo Bastardos de la PUC. En una de las ciudades brasileras en que la desigualdad es más explícita, la universidad que concentra lo más destacado de la elite, la PUC, recibe un gran número de becados que son silenciados de manera tan violenta como oculta. El colectivo “Bastardos de la PUC” se oponía a la designación ampliamente difundida de los alumnos de la institución como “hijos de la PUC”. El colectivo venía a dar lugar a una clase, particular, dentro del universal de la universidad. A partir de él, muchos pudieron tomar la palabra y hasta se percibieron como integrantes de la colectividad más general aunque eran excluidos de ella cotidianamente. La propuesta de Marielle era justamente la de, por un lado, destacar la importancia de ese colectivo, y por otro, insistir con cada uno de ellos para que no se restringiesen a eso. Primero debe haber lo colectivo, una identidad particular, los Bastardos, referida a un Universal, la PUC. Solo después se instaura la posibilidad de un modo de vivir singularmente esa identidad. Esa era la gran oportunidad para cada uno, como ella decía, “de hacer su viaje”.

La carta de Marielle muestra que queda un elemento para destacar. La mayor contribución de Lacan, según el mismo, ha sido tal vez, resaltar que en la constitución de si hay un resto. Como ha desarrollado en el Seminario 10, las operaciones de alienación y separación, de “causación del sujeto”, se efectúan alrededor de un objeto que resta, el objeto a. El sujeto adquiere un lugar en la estructura por identificación con una serie de trazos significantes que lo harán perder algo de su ser. Una vida no recubierta por los sentidos de la cultura y que, no solamente insistirá en las entrelineas de su existencia, sino que además se introducirá, aquí y allí, como una presencia maciza y sin sentido, como por ejemplo en las experiencias de angustia e igualmente en las del goce. Es a esa presencia del resto, no como excluido, sino como lo que no entra en ninguna composición con lo universal, que Marielle convoca a la clase de los bastardos de la PUC.8

¿Existirá un “devenir negro del mundo”? La expresión, de A. Mbembe, destaca como ese resto del mundo occidental nunca podría “comenzar” por sí mismo, solo silenciado o contraponiéndose a la segregación del blanco.

Si el inconsciente fuera también uno de esos seres que solo existen como resto, tal vez el devenir del inconsciente en el mundo pase por la apuesta del analista a que sea posible para cada uno traer a su vida los restos de su identidad que son, por definición, inclasificables, y que si tuviesen que incluirse en el espectro visible tendrán como máximo un olor de color.

Post scriptum

¿Desde qué lugar pude participar en el debate? No como analista sino como analizante. Un analizante es de todo menos el campeón de la lucha anti-prejuicios o de las reivindicaciones de sí. El analizante viene a quejarse y rehacer el camino por el cual todo y todos fueron llevándolo a ser lo que es. Todo parece confluir para que nada rompa las determinaciones de su prisión. A pesar de eso, sucede, a veces, en un análisis, el milagro casi, de una palabra que no es queja, que no se contrapone a nada, que tiene como interlocutor Otro inconsistente, abierto, ni villano ni héroe. Sucede, en un análisis, que alguien tomo la palabra para arreglar las cuentas con su destino.10

Y al mismo tiempo, el descubrimiento de que nuestra existencia depende de lo que somos, del goce que se inscribió, pero mucho más de lo que excede y permanece como resto de la constitución de nuestra identidad.

Tal vez sea esta la especificidad del psicoanálisis, ofrecer a quien se debate con los preconceptos del Otro y con los suyos propios, la posibilidad de retomar las múltiples demandas y fijaciones libidinales que hicieron historia en su vida para hacerlas funcionar de otro modo. ¿Cómo? Contando con la vida que escapó a todas esas determinaciones. Esa vida que se presiente en los repetidos encuentros con un goce que nos fue destinado, pero para el cual no habrá jamás destino.

Traducción: Silvina Rojas

 

Notas:
  1. Este texto no existiría sin el evento realizado por la EBP en ocasión del asesinato del concejal Marielle Franco, por iniciativa de Rodrigo Lyra. Igualmente imposible hubiera sido desarrollar estas ideas sin el trabajo del seminario El Psicoanálisis del Fin del mundo, en la sede EBP-Rio.
  2. Digo liberal apoyándome en la definición del par “derecha vs izquierda” en política, propuesta por Deleuze, para quien el pensamiento de derecha seria el que se ocupa primero de si y después del mundo, mientras que el de izquierda piensa su propia experiencia solo a partir del contexto en que está inmerso. Deleuze, G-
  3. La hipótesis del Inconsciente conduce al célebre “el yo no es señor en su morada” freudiano, demostrando la creencia en el yo como unidad original. En la casa del yo hay mucho más que lo propio de él, y lo mismo vale para la relación con nuestro cuerpo” Freud, S., (1917), “Una dificultad en el camino del psicoanálisis”, Edición Standard Brasileira, vol. XVII. Rio de Janeiro: Imago, 1976, p. 295.  Ni siquiera es necesaria la hipótesis del inconsciente en este sentido- Cf, por ejemplo, con relación a la política Zizek, S., Un mapa de la ideología. Rio de Janeiro: Contrapunto, 1996 y en lo que concierne más directamente a la economía, en un registro más periodístico, Katrine Marçal, El lado invisible de la economía. São Paulo: Alaúde, 2017.
  4. Danowsky, D. e Viveiros de Castro, E., Hay un mundo por venir? Ensayo sobre los medios y los fines, Campinas: Cultura y Barbarie 2016. Para las formulaciones de Lacan, cf. por ejemplo, ‘’El orden del símbolo ya no puede ser concebido como constituido por el hombre, sino constituyéndolo’’ (Lacan, Escritos. Rio de Janeiro: JZE, 1998, p. 50). “(…) el descubrimiento de Freud nos conduce a la inmensidad del orden en el que ingresamos, en el cual nacemos una segunda vez, saliendo justamente del estado denominado infans, sin palabra, o sea, el orden simbólico constituido por el lenguaje, y el momento del discurso universal concreto y el de todos los surcos abiertos por ese orden en ese momento, donde es necesario alojarnos.” (ibid. p. 446).
  5. Cf. Vieira, M., “Signo e significante”, Scilicet – Sinthoma e Semblantes. São Paulo: EBP, 2009, pp. 336-340.
  6. Miller, J. A. El Otro que no existe y sus comités de ética, Buenos Aires, Paidós, 2005, p. 238. Cf. igualmente Hall, S., La identidad cultural en la posmodernidad, Rio de Janeiro, DP&A, 2011.
  7. Cf. Hall, S. “La cuestión multicultural”, in: L. Sovik (Org.), De la diáspora: Identidades y mediaciones culturales, Belo Horizonte, UFMG, 2003. Muchos luchan hoy para que Brasil renuncie al mito de un mestizaje cordial, falaz, pues es sustentado al precio del silencio impuesto a las desigualdades mantenidas de manera extrema. Cf.por ejemplo Munanga, K. Negritude: Usos y sentidos, Belo Horizonte, Autêntica, 2009 o Rediscutiendo lo mestizo en Brasil, Petrópolis, Vozes, 1999.
  8. ¿Sería posible contar con el chiste para subvertir lo que ocurre? Marcelo Adnet e Marcius Mehlem creen que si. (https://globoplay.globo.com/v/5599744/), ellos fabrican una escena que reproduce la estructura de las propagandas de Bancos ofreciendo servicios preferenciales para clientes “exclusivos”. El objeto resto sin embargo, “roba la escena”. No solo porque los negros, sirviendo a los blancos, mientras estos continúan con su soberbia, se muestran un poco más a cada cuadro, sino sobre todo porque descubrimos que no hay banco. La realidad preferencial de los blancos, con excepcionas, regalías, es el Brasil. Blanco en Brasil es el chiste que sintetiza esa presentación del negro como excluido, subalterno. El goce que envuelve la exclusión, tanto de un lado como de otro, se vuelve relativamente disponible con riesgo potencial. El resto de goce que no entra en la constitución del cuerpo, sea individual o social, retorna en angustia, en el goce e igualmente en el riesgo, tal vez nervioso, en el blanco a ser convocado a tomar parte en el chiste.
  9. Mbembe, A. Crítica de la razón negra, Lisboa, Antígona, 2014, p. 20.
  10. 1Cf. Attié, J. Entre le dit et l’écrit, Paris, Ed. Michèle, 2015, p. 219. E tb “La “función” analista, para Lacan es esta, la de un deseo abierto que llamó deseo del analista. Es el que puede sustentar para su paciente el playground de la transferencia. Como dice Freud, un espacio sin demanda específica, sin exigencias o preconceptos para que el analizante se encuentre con las demandas y fijaciones libidinales que hicieron historia en su vida y las haga funcionar de otro modo”. Rêgo Barros, R. e Vieira, M. A., Mães. Rio de Janeiro: Subversos, 2015, p. 139.

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