De amores y odios

De amores y odios

Eduardo Médici. ¨El Caldero¨. Acrílico sobre tela. 2014

Eduardo Médici. ¨El Caldero¨. Acrílico sobre tela. 2014

Marcela Fabiana Mas – EOL-AMP

Los análisis dan testimonio de  amores  inolvidables,  imposibles, contrariados, incipientes, desgastados, prohibidos,  abrasados por la pasión, etc.

Fuente de sufrimiento cuando se pierden, toman a veces la forma del odio corrosivo.

A continuación, intentaremos situar por qué el odio se presenta como el reverso del amor.

Sobre las pasiones

Tanto el amor como el odio han interesado durante siglos a la filosofía. Sirvámonos de tres representantes: Aristóteles, Spinoza y Descartes.

En Ética Nicomaquea, Aristóteles, tras analizar las virtudes éticas, mediante la utilización del justo medio, distingue doce de ellas según se trate del afecto, las acciones, las relaciones sociales o los sentimientos. Ubica al amor y al odio como reacciones ante aquello que puede ser motivo de placer o dolor.

Spinoza, en el Tratado político, considera al amor y al odio no como vicios de la naturaleza humana sino como propiedades de la misma.

Plantea que alma y cuerpo son dos expresiones de una única sustancia: Dios.

Movido por el deseo, el ser humano se relaciona con otros cuerpos por los que es afectado.  Esas afecciones son nombradas por el alma como amor, odio, envidia, esperanza, compasión. Estos afectos, que Spinoza divide en alegres y tristes, constituyen el deseo que nos mueve a actuar o, por el contrario, nos inmoviliza como en el caso de los afectos tristes, lugar que destina para el odio.

Descartes, en el segundo artículo de su tratado Las pasiones del alma, diferencia seis pasiones primarias y señala respecto del amor y el odio que pueden producirse sin advertir la naturaleza del objeto que las causa. Cuando se nos presenta como conveniente sentimos amor por este o, por el contrario, cuando se presenta como pernicioso, nos mueve al odio.

A diferencia del amor, ubica que no hay tantas especies de odio “porque la diferencia que hay entre los males de los que la voluntad nos separa no se nota tanto como advertimos la que existe entre los bienes a los que estamos unidos”.

Al definir ambas pasiones indica la dependencia del cuerpo sobre el que impactan. 

La idea cartesiana de la necesidad de corregir los excesos de las pasiones para que no se tornen un hábito, será retomada más de un siglo después por Philippe Pinel en su “tratamiento moral”, ubicando justamente la causa  de la alienación mental en las  pasiones intensas y en los excesos de todo tipo.

Sobre el amor y el odio en la relación entre los sexos

Las referencias al amor y al odio en la obra freudiana son múltiples.  Hallamos sus marcas en el texto “La Negación” o, por ejemplo, en la constitución de los síntomas a través de la identificación tanto en los historiales como en “Psicología de las masas…”.

En el historial del Hombre de las ratas, Freud ordena el caso alrededor de la ambivalencia hacia el objeto. Al modo del funcionamiento hidráulico, el amor se contrapone  a la emergencia del  odio que pugna por expresarse.

Los tres textos que constituyen las Contribuciones a la psicología del amor nos señalan su carácter automático y disimétrico e indican el odio y el desprecio en lo que concierne a la condición de deseo.

Allí Freud ciñe dos tipos de objetos que determinan a su vez dos tipos de relaciones, narcisista y anaclítica, estofa que constituye la ficción sobre la que la pasión se encarna.

Ya en “Análisis terminable e interminable”, revisando los fenómenos ligados a la pulsión de agresión, Freud se sirve de la idea de conflicto que el filósofo Empédocles de Acragas propone entre el amor (φɩλία) y la discordia (υείχος) para situar el conflicto entre las pulsiones primordiales, Eros y destrucción.

La disimetría en el amor es elaborada por Lacan en el seminario dedicado a la transferencia para ubicar la dirección del amor, esto es, hacia el que tiene.  Querer ser amado implica la dimensión de la castración del otro, provocando la falta de reciprocidad amorosa: la experiencia de odio que la histeria testimonia cuando los signos de amor son insuficientes o, en la neurosis obsesiva, la respuesta odiosa y degradante ante la demanda de amor.

La relación ficcional aludida anteriormente puede sopesarse a través de la conjugación que Lacan realiza entre amor y alma, esto es, el almor, mostrando de ese modo que mientras se esté en la dimensión fantasmática se alma, se mal-dice lo femenino.

El lado hombre de las fórmulas de la sexuación muestra entonces una relación fetichista con el objeto a, expresada en la fórmula del fantasma que allí podemos leer.

Esta posición fetichista puede encontrarse también en aquellas mujeres ubicadas en ese lado de las fórmulas, al buscar el falo en el cuerpo del hombre al que también se le piden palabras de amor, palabras que estremecen al cuerpo y lo hacen gozar.

Esta búsqueda del falo puede efectuarse mediante el uso de la mascarada, siendo lo que el hombre desea; o bien, ubicándose como objeto a en el fantasma del hombre.

En “Aún”, Lacan se sirve de Empédocles para situar la dimensión del odio en relación al saber, proponiendo el neologismo odioamoramiento en lugar del de ambivalencia. Entonces, ¿qué hace surgir la dimensión del odio?  Lejos de acentuar la dimensión fantaseada de complementariedad amorosa, Lacan subraya el cariz narcisista del amor que escribimos i(a).

Cuando la pantalla que situamos delante del objeto a se devela, aparece el objeto plus de goce, y con él los desvelos de la reivindicación fálica que pueden llevar desde la injuria con la que se intenta tocar el ser, a los fenómenos de violencia que la época muestra con crudeza.

El odio se presenta como la respuesta ante el goce del partenaire que de ese modo lo excluye.

En los comienzos de su enseñanza, Lacan definía al amor, el odio y la ignorancia como pasiones del yo, señalando así que el odio es una de las formas de desconocimiento.

En el Seminario 20 –sin olvidar la dimensión imaginaria en juego– subraya el uso lúcido del odio, distinguiéndose así el odio como desuposición de saber, del odio que apunta al ser, a la destrucción del otro.

El odio en la experiencia analítica puede conducir a transformar la ignorancia, y con ello poner coto a la idealización amorosa abriendo paso a la creación de un nuevo amor, transformando así lo que parece condenado a la repetición.

Bibliografia:
1 Aristóteles, Ética Nicomaquea. Buenos Aires. Ediciones Colihue, 2015.
2 Descartes, R., Tratado de las pasiones del alma. Versión digital.
3 Lacan, J., El Seminario. Libro 20, Aún. (1972-1973) Buenos Aires. Paidós, Buenos Aires, 2006.
4 Spinoza, B., Tratado político. Alianza editorial, Madrid, 1986.
5 Freud, S.: “La Negación” 1925 Obras completas T XIX Buenos Aires Amorrortu 1992
6 Freud, S.: “Psicología de las masas y análisis del yo” (1923). Obras completas T18 Buenos Aires. Amorrortu 1992
7 Freud, S: “A propósito de un caso de neurosis obsesiva (el Hombre de las Ratas)” 1923 Obras Completas T X  Buenos Aires. Amorrortu 1992
8 Freud, S.  “Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre (Contribuciones a la psicología del amor (1910)” p.155
9 “Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa (Contribuciones a la psicología del amor, Il)(1912) p.169
10 “El tabú de la virginidad (Contribuciones a la psicología del amor, (1918 [1917]) p.185 en Obras completas T XI Buenos Aires Amorrortu 1986.
11 Lacan, J., El Seminario. Libro 8, (1960-1961) La transferencia. Bs.As. Paidós, 2008

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