La risa en los procesos de segregación y los fanatismos. El humor vs. la burla

La risa en los procesos de segregación y los fanatismos. El humor vs. la burla

Azul Hada Costa. Sin título. Dibujo Digital, boceto coloreado con copics.

Azul Hada Costa. Sin título. Dibujo Digital, boceto coloreado con copics.

Mariana Gómez – EOL-AMP

Entre el humor y la burla, aunque el efecto sea el de la risa, hay variaciones. Trabajaré aquí las tonalidades que puede haber entre el humor y los fanatismos, entre el humor y la discordia de las identificaciones, y cuando la risa se enlaza con la pulsión de muerte. Para ello tomaré el fenómeno de la risa como eje de articulación. La risa como fenómeno del cuerpo, como efecto del humor, y la risa fuera de todo humor. ¿Es que podemos imaginar el efecto de la risa, también, enlazado a lo pulsional mortífero?

Para emprender una respuesta es necesario ubicar la diferencia que existe en francés respecto de la palabra Humor. El humor, como lo trabajan Freud, en “El chiste y su relación con lo inconsciente”,1 y Lacan, en el Seminario 5,2 por un lado, y por otro, el “humor y sus variaciones”, como está propuesto en la Conversación “Variaciones del humor”, por Miller.3 Para el primer caso, corresponde en francés la palabra humour, para el segundo humeur.4 Esta distinción nos permitirá pensar los lazos sociales no solo ligados a la identificación, sino, también, más allá del análisis freudiano, al goce del cuerpo. Perspectiva, esta última, que toma la cuestión del cuerpo y el goce como sesgo de la discordia y la segregación. Y es la que me llevará a ubicar a la risa fuera de todo humor.

En su escrito “El humor”, Freud pone el ejemplo de un preso que va a ser colgado en la horca un lunes, y ante esta situación el condenado dice “¡Bonita manera de empezar la semana!”. El humor, nos dice, desprecia, niega la realidad, mediante una broma.5 Se niega el carácter dramático de la situación, despreciándola. Sucede lo mismo con el humor negro. Ejemplo de la inclinación del yo de negar lo horroroso. O el famoso humor judío que se cultivaba en los campos de concentración. Aquí Freud nos muestra al humor como la vertiente cómica del superyó. Agarra al sujeto en la miseria de su impotencia.

Hoy, como en la época de Freud, el humor puede ser un modo de tratamiento del goce político y de los efectos a nivel de lo social de las políticas del amo. Vemos en las redes sociales infinidad de chistes que apuntan a denunciar, ridiculizar las distintas contingencias que marcan la arena política. Aquí tenemos entonces al humor en su capacidad de hacer lazo y producir risa entre los de “una misma parroquia”. Sería el humour.

En “El Partenaire-síntoma”, Miller trabaja un texto de Voltaire. Allí Miller habla de la Medusa del witz. Nos liberamos de la Medusa mediante la risa. Dirá también que en Voltaire todo es witz, ya que se burla de todo, incluso de su propia muerte. Como el condenado del texto de Freud. Liberarnos de la Medusa mediante la risa significa que nos liberamos de la angustia. Hay una alianza entre la Medusa y el witz, después de la cual viene la risa. La risa es el fenómeno que habita a aquel que no considera de una manera trágica la castración, la falta. Por eso Miller hace uso de la Medusa, porque los chistes que irrumpen son como las serpientes que se retuercen en la cabeza de la Medusa con su rictus.6 Y la cuestión del rictus me permite ir a la otra perspectiva de la cuestión.

La palabra rictus proviene del latín y refiere a boca abierta, aspecto de risa forzada. Como aparece en la novela de Víctor Hugo “El hombre que ríe”. Una risa petrificada, que es más bien una horrible herida en el rostro. Es este gesto siniestro el que me evoca la risa del Maestro de Ceremonias del film “Cabaret”, aquella película que hablaba de lo que estaba por ocurrir en la Alemania Nazi. Una risa que anticipaba la Shoah de manera ominosa. La perversión pintada en la cara. Entonces, advertimos, la risa no siempre pertenece al campo del humor.

Otra vertiente sería la risa en la blasfemia. El reírse de lo sagrado, degradando, ridiculizando al Otro. Este asunto es tomado por Miller en “El retorno de la blasfemia”, donde plantea que es cuestión de vida o muerte saber si el gusto por la risa, el derecho a ridiculizar, son tan esenciales a nuestro modo de gozar como lo es la sumisión al Uno en la tradición islámica.7

En ocasión del atentado en París a la redacción de la publicación Charly Hebdo, Miller analiza dos modos de goce, que diferencia y ubica como una cuestión de vida o de muerte. Por un lado, la blasfemia, la burla, que produce Charly Hebdo y, por el otro, el fanatismo extremo de quienes perpetraron el acto criminal.

Respecto de la burla, del reírse del Uno, me pregunto si este tipo de humor no ocupa el lugar que practicaban los bufones de antaño. Si estos modos de expresión, donde se ridiculiza al Otro o se señala el modo de goce del diferente, no son en definitiva la burla de los nuevos bufones, los bufones del siglo 21.

Sabemos que a través del humor los bufones estaban autorizados en la corte a decir las verdades sin recibir por ello ningún castigo.8 No parece ser el caso de los bufones actuales, que sí sufren represalias.

El terrorismo, el fanatismo de lo sagrado, señala Miller, exige reverencia y respeto; si no, sobreviene el caos. El goce que se condensa en lo sagrado por lo que se mata y se muere. Aquí, el fundamentalista vigila y cualquier burla, cualquier blasfemia será castigada con la muerte.

Otra forma que toma la burla en el desprecio por el otro lleva hoy el nombre de bullying. La risa como efecto de la degradación del otro, donde un conjunto de bufones se satisface sádicamente con el más débil. Se desprecia al que goza distinto. El acoso que encarna en el homofóbico, el racista, el narcisista. Cuando la segregación se disfraza de humor. Cuestión que ubico más bien del lado del humeur. La segregación como práctica y discurso implica separar, excluir al Otro. Un otro que puede ser minoría. Se trata de apartar al diferente. Se trata del odio al goce del Otro, señala Miller.9 Y la risa burlona se hace presente con o sin violencia física, produciendo angustia en el destinatario. Aquí la risa ya no funciona para liberarnos de la Medusa, sino más bien para lastimar, injuriar, al otro.

Una adolescente que recibí, con una malformación congénita, me enseño hasta qué punto una comunidad de goce puede satisfacerse con el sufrimiento del otro. Si bien el trabajo analítico se orientó a mostrarle su implicación en la cuestión y ella pudo localizar su “hacerse rechazar”, no obstante -y pese a haber cambiado varias veces de escuela- se encontraba cada vez con el odio del Otro. La burla maliciosa y un acceso a lo real de su cuerpo desde aquellas comunidades se repetían sin cesar.

Entonces, advertimos cómo en el campo de lo social y de las subjetividades actuales el humor, la risa, la burla ocupan lugares diferentes y están hechos de diferentes estofas. El humor, humour, como tratamiento frente al superyó feroz y la angustia de castración y el humor, humeur, como toque de real en situaciones en donde la risa se ubicará del lado de lo pulsional mortífero, de la maldad, de la agresividad y de los fanatismos fuera de sentido. Núcleos identificatorios donde el goce del odio hace signo en la discordia y en la segregación.

 


Notas:
1 Freud, S., (2009 [1927]) “El chiste y su relación con lo inconsciente” (1905). Obras Completas, Vol. VII. Amorrortu, Buenos Aires, 2008.
2 Lacan, J., El Seminario, libro 5, Las formaciones del inconsciente (1957-1958) Paidós, Buenos Aires, 1999.
3 Miller J.-A., Variaciones del humor.  Paidós, Buenos Aires, 2015, p. 72
4 Debo la reflexión sobre esta diferenciación a Perla Dreschler
5 Freud, S., “El humor” (1927). Obras Completas, Vol. XXI. Amorrortu, Buenos Aires, 2009, p. 153.
6 Miller, J.-A., El partenaire-síntoma. Paidós, Buenos Aires, 2008, p. 470.
7 Miller, J.-A., El retorno de la blasfemia. http://ampblog2006.blogspot.com/2015/01/el-retorno-de-la-blasfemia-return-of.html, 2015.
8 Roncero, V., De bufones y picaros, la risa en la novela picaresca. Iberoamericana, Madrid, 2010.
9 Miller, J.-A., Extimidad. Paidós, Buenos Aires, 2010.

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