Despertar a la opacidad

Despertar a la opacidad

Manolo Rodríguez. “El arca”. Acrílico sobre tela. 2012. Argentina.

Manolo Rodríguez. “El arca”. Acrílico sobre tela. 2012. Argentina.

Gustavo Stiglitz – EOL-AMP

“Vende inteligencia y compra asombro.

La inteligencia es opiniones y el asombro intuición.”

Máxima Zen

El delirio psicoanalítico y la pérdida de realidad

“El psicoanálisis no es una ciencia… Es un delirio -un delirio del que se espera que lleve a una ciencia. ¡Podemos aguardar mucho tiempo! No hay progreso, y lo que se aguarda no es precisamente lo que se recoge”.[1]

En 1914 Freud le escribe a su hijo mayor, Martin -que estaba en el frente de guerra y con quien compartía todas las cuestiones de la economía familiar, preocupado por el tema y no sin un toque de humor-:

“Si uno tiene una disposición pesimista (este es el pequeño toque de humor), dirá que un consultorio internacional, después de una guerra mundial, por no hablar de los tiempos durante la guerra, no subsistirá. Es probable que mis rusos, holandeses y alemanes no regresen. De Viena nunca he sacado ningún provecho (!¡) …”.

Y más optimista, agrega:

“Pero como ya he dicho, todo es incierto, no está descartado que Estados Unidos ayude, o que el delirio que me catapultó demuestre ser tan fuerte, en contra de la realidad, que sí sea posible tener una actividad reducida”.[2]

¿Qué otra cosa puede ser el delirio que lo catapultó, que su hipótesis del inconsciente?

El delirio es algo que Freud conocía bien, aunque no diferenciaba muy precisamente del onirismo y del sueño.

Justamente es quizá esa imprecisión lo que le permitió colegir una idea bien precisa, que desarrolla en 1924 en su texto sobre “La pérdida de realidad en las neurosis y en las psicosis”.[3]

Pérdida de realidad hay en las dos. A diferencia de lo que escribió poco antes en “Neurosis y psicosis”,[4] aquí todos están en pérdida, pero cada uno construye sobre ella una solución, lo que hace cierta equivalencia entre el delirio del psicótico, el fantasma del neurótico y los sueños. Cierta equivalencia, no más, consistente en ser instrumentos para seguir durmiendo en la realidad el sueño del sentido, tras despertar del sueño del dormir.

La diferencia estructural pasa ahora, no por la pérdida de realidad, sino por la estofa de lo que viene a sustituirla.

Que Freud diga que su hipótesis del inconsciente es un delirio, aunque no sea en entorno científico sino familiar, no deja de llamar nuestra atención.

Hasta podríamos decir que se trata de una hipótesis ad-hoc, que son aquellas que vienen en auxilio de las fallas de las hipótesis aceptadas, al lugar de un agujero en el saber.

Sueño y ombligo

Siempre se habla de la inteligencia de Freud, pero lo más destacable es su capacidad de asombro.

Como dice la máxima zen, la inteligencia freudiana viene en segundo término para opinar sobre lo que su capacidad de asombro pudo captar.

Por ejemplo, que las distintas cadenas asociativas a partir de un sueño se detienen en un punto, escribiendo el borde de un agujero al que llamó “ombligo del sueño”.

Son muchas las referencias lacanianas a este ombligo. Hay que decir que la imagen escogida por Freud para acceder a algo de ese punto real en el que desemboca el análisis del sueño es especialmente buena, al incluir el agujero y la marca que queda.

Es una buena imagen para captar un borde de real, como explica Lacan en su Respuesta a Marcel Ritter: “El sujeto, por sus producciones imaginativas … (condición de representabilidad para la formación del sueño) … conserva en alguna parte la marca de un punto donde no hay nada que hacer”.[5]

Lo que escribimos S(A/  ). S, la marca de un punto, donde no hay nada que hacer, (A/  ).

Es decir, el agujero en el Otro y la marca que señala esa ex-sistencia.

Hay que decir que también son frecuentes los relatos de sueños en los que el soñante tiene clara aprehensión de que también hay una suerte de ombligo al inicio. “El sueño no empezaba así, pero recuerdo que…”

El relato del sueño se inicia en una opacidad, o quizá sea mejor decir que la opacidad es su causa.

Hay un Unerkannte -imposible no reconocido- con un borde que escribimos S(A/  ) y que es estrictamente el ombligo del sueño freudiano, y en ocasiones se puede cernir lo no reconocido en el que el sueño se origina.

Así, de la opacidad inicial a la opacidad que queda como resto del análisis del sueño, puntos límite del análisis, sólo tenemos del sueño el relato del analizante, que se reduce a un balbuceo.

Encuentro a este punto claramente escrito por Lacan en su reseña del seminario de la Ética.

“…confiábamos en algo que registra la conciencia del psicoanalista: que del inconsciente no le llega a través del sueño más que el sentido incoherente que éste fabula para vestir de frase lo que articula”.[6]

“Vestir de frase lo que articula” dice muy bien una función del sueño: evitar despertar a lo real. Vestir de sentido lo inarticulable, para que parezca articulado.

Es por allí mismo que despunta un uso ético del sueño.

Lacan lo señala de esta manera: “…eso que le viene de ahí (del sueño) es ya interpretación, a la que podría llamarse salvaje, y que la interpretación razonada con que la sustituye (podría ser tanto del analista como del analizante) no es mejor sino porque hace aparecer la falla que la frase denota”.[7]

“…hacer aparecer la falla…”, hacia allí nos dirigimos en los casos en que suponemos que no se trata de una solución puramente imaginaria al encuentro con su real.

Se trata de hacer aparecer lo inarticulable para someterlo cada vez al trabajo de “vestir de frase”, pero de frase cada vez más singular a cada analizante.

Y continúa Lacan en su Reseña, “El jeroglífico del sueño descifrado muestra un defecto de significación, y en él y no en otra cosa, el sueño connota un deseo. El deseo del sueño no es nada más que deseo de cobrar sentido, y a ello satisface la interpretación psicoanalítica”.[8]

En mi opinión, no hay que leer aquí que la interpretación psicoanalítica apunta a la satisfacción del sentido inconsciente. Creo que se trata aquí de un Lacan adelantado a sí mismo, o que la reseña fue escrita unos años después del seminario.

El acento está puesto en la satisfacción. Pero el deseo del sueño de cobrar sentido es deseo de responder a lo real.

Por eso continúa, “Pero esta no es la vía de un verdadero despertar del sujeto. Freud hizo hincapié en el hecho de que la angustia interrumpe el sueño cuando este va a desembocar en lo real de lo deseado. Es bien cierto entonces que el sujeto despierta sólo para seguir soñando”.[9] El sueño “tocaría” lo real solo en el instante justo anterior al despertar. Solo bajo transferencia es que el analizante puede hacer algo con la marca que resta de ese encuentro.

Es aquí que se abren las preguntas a trabajar que nos plantea el próximo Congreso de la AMP en 2020, sobre la interpretación y el uso del sueño en la cura, un uso distinto del desciframiento.

Una opacidad despierta

Este subtítulo es a ser leído al modo del título de la película “A star is born”: en un análisis, una opacidad despierta.

Se trata de despertar a la opacidad propia de cada uno, en los dos sentidos que la frase hace resonar: despertarla y despertar a ella. En realidad, se trata de un solo y mismo movimiento.

Al núcleo opaco de nuestro ser, a eso, ¿hay que despertarlo? Sí, para poder a su vez despertar a él. Y ¿qué sería despertarlo? Despertarlo es cernirlo, articular a un borde de semblante lo que tiene de inarticulable, advertir su ex-sistencia para convivir lo mejor posible con el goce opaco de nuestro síntoma, en lugar de hacer de la vida una cruzada en su contra, que siempre fracasará.

“El despertar en psicoanálisis no está vinculado ni a la claridad, ni a la iluminación, ni a la transparencia, sino, paradójicamente, al sostenimiento de una cierta zona de opacidad”.[10]

No hay verdadero despertar del último Lacan. Lo dice de varias maneras. Tomo algunas formulaciones.

“Está claro que el hombre pasa el tiempo soñando, que nunca se despierta”.[11]

“La enfermedad mental que es el inconsciente no se despierta nunca”.[12]

“La idea de un despertar es en sentido estricto impensable”.[13]

Un psicoanálisis es la oportunidad de que la ausencia de un verdadero despertar no sea una condena al sueño eterno y necio del no incauto de un real, el de cada uno.


 

[1] Lacan, J., Seminario 24 “L´insu que sait de l´une-bevue s´aile ´a mourre”, clase del 11 de enero de 1977, inédito.
[2] Freud, S., “Carta a su hijo Martin, del 8/8/14”. Sigmund Freud. Cartas a sus hijos, Paidós, Buenos Aires, 2012.
[3] Freud, S., “La pérdida de la realidad en la neurosis y en la psicosis” (1924). Obras completas, V. XIX, Amorrortu, Buenos Aires, 1988, p. 189.
[4] Freud, S., “Neurosis y psicosis (1923). Obras completas, V. XIX, Amorrortu, Buenos Aires, 1988, p. 151.
[5] Lacan, J., “Respuesta a Marcel Ritter. Jornada de carteles en Strasbourg”. 26 de enero de 1975, http://www.psicoanalisisinedito.com
[6] Lacan, J., “Reseña con interpolaciones del Seminario de la Etica”. Ediciones Manantial, Buenos Aires, 1988, p. 22. Debo esta referencia a Jesus Santiago, de su texto “Clínica del despertar imposible: sueño, eternidad y tiempo”. Presentado en la EOL el 29 de abril de 2019 en La noche del argumento del XII Congreso de la AMP.
[7] Idem.
[8] Idem.
[9] Idem.
[10] Koretzky, C., Sueños y despertares. Una elucidación psicoanalítica. Grama, Buenos Aires, 2019.
[11] Lacan, J., “Propos sur l´hysterie”. Pronunciado el 26 de febrero de 1977, inédito.
[12] Lacan, J., Seminario 24 “L´insu que sait de l´une-bevue s´aile ´a mourre”, clase del 17 de mayo de 1977, inédito.
[13] Lacan, J., Seminario 25 “El momento de concluir”, clase del 15 de noviembre de 1977, inédito.

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