El duro deseo de despertar

El duro deseo de despertar

Katia Wille. Acrílico sobre tela 2018. Serie: "Quién tiene miedo de tamaña libertad?"

Katia Wille. Acrílico sobre tela 2018. Serie: “Quién tiene miedo de tamaña libertad?”

Clara María Holguín – NEL-AMP

Si “el despertar es impensable”,[1] tal como demuestra Lacan al censurar el sueño de la eternidad en el que se imagina despertar, la verificación de este impasse revela un “imposible” para el psicoanálisis, que interroga la práctica y la posición del psicoanalista.

¿Cómo concebir la práctica a partir de este imposible? ¿Podemos inspirarnos en él? ¿Cuáles son las consecuencias de esta marca?

 Una práctica contra-natura

La desestructuración del símbolo que introduce Lacan en su ultimísima enseñanza, enmarcada entre los seminarios L’insu que sait de l’une bévue y El momento de concluir, hace vacilar todos los semblantes y conduce a plantear una antinomia interna en el psicoanálisis entre la perspectiva y la práctica.

Al mismo tiempo que la perspectiva es lo real –en tanto separado del semblante–, ocurre que la práctica analítica opera con el sentido: “es de algún modo lo que podríamos llamar del orden de la afectación, quiero decir, del orden del semblante, lo que significa que se opera con la conexión entre un significante y otro, ya sea por la vía de la asociación libre o de la interpretación” .[2] ¿Qué salida frente a esta antinomia?, ¿Es posible atrapar un poco de real por la vía de lo simbólico, cuando la noción de estructura cambia radicalmente y el psicoanálisis llega a considerarse una práctica de parloteo?

En la medida en que Lacan constata que ni la vía de lo simbólico en lo real –lo realmente simbólico– ni la vía de lo real en lo simbólico –lo simbólicamente real–  pueden dar cuenta de lo real vaciado de sentido –pues si en el primer caso se revela que lo simbólico es mentira respecto de lo real y en el segundo, a pesar de que se logra transportar un sentido a lo real a través de la angustia y/o el objeto a que no mienten, se evidencia que no se cesa de dar vueltas–, Lacan propone una práctica donde ya no se trata de lo imaginario como velo que hay que atravesar para alcanzar lo real, sino de la articulación entre lo imaginario y lo real, cómo muestra el nudo, donde “se imagina lo real”. Allí, el despertar puede ser considerado un fin –a pesar de ser imposible– para oponerse al trabajo del inconsciente e intentar introducir algo que vaya más lejos que éste. Lo hace por la vía del decir.

Decir algo tiene que ver con el tiempo[3] y con el corte. “Decir arranca al parloteo su eternidad e introduce en un instante lo que se cuela tan pronto como se habla: el presente. En otras palabras, este decir es un acto que va contra el sueño eterno del inconsciente y el parloteo”,[4] para introducir el instante y el presente, que nos coloca frente al encuentro con lo Real contingente.

El corte produce una desconexión entre un significante y otro. Al tiempo que contraría la asociación libre y la interpretación, es el camino para encontrar el Uno, que es un residuo que sirve como recurso en el acceso a lo real y constituye el modelo del acto analítico en esta Ultimísima enseñanza, en tanto “se trata de elaborar un acto que no sea débil mental y que no pasaría por el pensamiento”.[5]  Aspiración de Lacan de “elevar el psicoanálisis a la dignidad de la cirugía, elevar la debilidad psicoanalítica a la seguridad soberana del gesto quirúrgico: cortar”.[6]

Esta práctica, que como dice Miller es contra-natura en tanto contradice la vía del discurso, supone un Lacan realista, en el sentido de lo real, del cual no se sale. Para aproximarnos a esta será necesario articular al menos tres puntos: primero, un inconsciente donde hay una escritura –bévue–; segundo, un uso distinto de la palabra, que tiene que ver con “lo que se modula en la voz”[7]; y tercero, una dimensión del tiempo que va estar asociado a la topología, donde más que al tiempo lineal, hasta ahora considerado como la vía romana, apunta a un tiempo del que no se sale.

Vocación del analista: Inspirar el deseo duro de despertar.

Una cura marcada por la imposibilidad tiene el sello de lo real, no cesa de no escribirse. ¿Cómo, entonces, poner en acto la perspectiva del psicoanálisis en la práctica? ¿Cómo oponerse a la pendiente dormitiva del discurso?

Se trata –dice Miller– “de inspirar a un analizante, que siempre demanda ser paciente, algo de impaciencia, inspirarle el duro deseo de despertar… que es contrario a la naturaleza de la práctica del psicoanálisis”, y agrega: “el deseo del analista es el deseo de despertar, pero sólo en tanto que él testimonia con su presencia y, en cambio, no se identifica con el sujeto supuesto saber…testimonia con su presencia, el encuentro con lo real…”.[8]

Inspirar un deseo de despertar no es lo mismo que despertar. Está lejos de ser un ideal y un imperativo; más bien, tiene como objeto causar un deseo de saber sobre lo real imposible, para que, más allá de la revelación, se transforme la pasión por la verdad en la pasión por el significante: “quizá sea en el nivel del Uno, mediante la identificación con el sinthome, donde el despertar podría, por así decir, cesar de no escribirse”.[9] A partir de este imposible, algo puede, pese a todo, encontrar una nueva escritura.

Ahora bien, es posible inspirar este deseo de despertar siempre y cuando el analista, como dice Miller, testimonie del encuentro con lo real por la vía del semblante, lo que implica que el analista no esté identificado al sujeto supuesto saber, donde solo se es efecto de sentido,[10] y por ende supone, como dice M-H Brousse, “vaciar todo lo patológico que desencadena la transferencia relacionada con el amor, relacionada con el deseo, relacionada con el goce…” e incluso, quitar el sentimiento de la vida.[11] Posición que Lacan hace equivaler al “ya nadie” (plus personne): “saber que estamos más bien en el lugar del representante de la representación, es decir en un lugar vacío”.[12]

Es desde aquí desde donde podremos contrariar el sueño de eternidad, para introducir el tiempo real, donde la unidad no es más del orden del significante, sino de la imagen, que aparece como real.[13] “Recurrimos a lo imaginario –el cuerpo, el tejido– para hacernos una idea de lo real”[14]… el tiempo se vuelve materia, es un tejido a ser cortado, manipulado, deformado.

Al contrario de las técnicas aprendidas por J para despertar, que le permiten interrumpir el sueño de angustia hasta encontrar un modo de empoderarse frente al enojo del Otro y así fugarse una y otra vez de lo real, el analista busca cortar la debilidad, reduciendo la sesión a un instante y evitando la pendiente dormitiva en la que el sujeto continúa durmiendo. Sin identificarse con el inconsciente, que culminaría en un querer interpretar, escande el encuentro –suspendiendo el momento de concluir y el tiempo de comprender– a partir de un equívoco (en-ojo), para dar lugar al encuentro con lo real, donde el sujeto, bajo transferencia, queda ubicado en el lugar de objeto-causa para el Otro. La sesión analítica puede reducirse a la escansión. “A mi parecer, dice Miller, esto se debe a que se pone por meta el despertar: no que el síntoma cese, pues no cesa de escribirse, sino la emergencia de lo real, que no cesa de no escribirse”,[15] y agrega: “una sesión de psicoanálisis que se respete, cualquiera sea su duración, tiene por función escandir el encuentro, siempre fallido, con lo real, aquel que ocurre entre el sueño y despertar”.[16]


 

[1] Miller, J-A., El ultimísimo Lacan, Paidós, Buenos Aries, 2013, p. 184.

[2] Ibíd., p., 56.

[3] Ibíd., p. 262

[4] Doretzky, C., Sueños y Despertares, Grama, Buenos Aires, 2109, p. 117.

[5] Miller, J-A., El ultimísimo Lacan, op, cit, p. 195.

[6] Ídem.

[7] Ibíd., p. 169.

[8] Miller, J-A., “Despertar”, Matemas I, Manantial, Buenos Aires, 2010, p, 120.

[9] Miller, J-A., El ultimísimo Lacan, op cit, p. 145.

[10] Miller-J-A., “Despertar”, op cit, p., 120

[11]Broussse, M-H., “Vaciar la madre”. Bitácora lacaniana, N° extraordinario ¿Qué madres-h-oy?, Grama,   Buenos Aires, abril 2019, pp. 20-21.

[12] Laurent, É., “El Uno solo”, Freudiana, Revista psicoanalítica No 83, Comunidad de Cataluña/ELP, Barcelona, abril-julio 2018, p. 84.

[13] Miller, J-A., El ultimísimo Lacan, Op, cit, p. 258.

[14] Ibid, p. 256.

[15] Miller, J-A., “Despertar”, op. cit, p.119.

[16] Ídem, p. 120.

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