El sueño y su despertar, aún…

El sueño y su despertar, aún…

Adolfo Ruiz Londoño. “Resto”. Fotografía. NEL- AMP

Adolfo Ruiz Londoño. “Resto”. Fotografía. NEL- AMP

Marcela Almanza – NEL-AMP

 Hablar del sueño, su interpretación y su uso en la cura lacaniana nos invita como practicantes del psicoanálisis a sostener su vigencia y función, bajo transferencia, a nivel de cada una de las curas que dirigimos y a poder extraer desde allí las consecuencias pertinentes.

Punto de partida que lleva a bordear la pregunta sobre cómo operar analíticamente, uno por uno, caso por caso, desde el principio hasta el final de un análisis, pues plantear la práctica por la vía del sueño es un modo de hacerle el envés a la época[1] y así desmarcarnos, entonces, de otro tipo de intervenciones.

Algunas de ellas, que también operan por la palabra, se sirven de los sueños, pero centrando principalmente su labor en aspectos netamente sugestivos, apuntando a una resolución sin resto y sin implicación, pues lo que se desconoce es que “un sueño es algo que no introduce a ninguna experiencia insondable, a ninguna mística: se lee en lo que se dice de él”.[2]

Y es así que bien decir y saber leer serán piezas fundamentales en el dispositivo analítico, ya que el modo de decir, que siempre implica un modo de gozar, estará presente de entrada en la marca singular que soportan las palabras implicadas en el relato del sueño que se dirige al Otro de la transferencia.

Sabemos que aquello que vehiculiza la demanda irá siempre de la mano de la búsqueda de un sentido, de un desciframiento que sea capaz dar su justo lugar a esa experiencia que surge en la vida del soñante, pues, ya sea por lo insoportable de su irrupción desconcertante y repetitiva (como en el caso de las pesadillas) o por su aparición excepcional (para aquel sueño que ha dejado una marca indeleble, imposible de olvidar), podríamos decir que “eso” convoca a dar una respuesta muy precisa por parte del analista.

Retomando la cuestión de la época en la que ejercemos nuestra práctica, resulta ineludible escuchar la pregnancia, no solo de la amplia gama de psicoterapias que alojan estas demandas, sino también de otros discursos muy establecidos que tienden a diluir la dimensión del soñante bajo la denominada Clínica de los trastornos, apuntando a suprimir cualquier índice subjetivo que vaya más allá de la evidencia.

Así, el sueño, tomado solo por el sesgo de un proceso fisiológico, es estudiado e investigado por una aparatología cada vez más vasta, que pretende evaluar sus perturbaciones objetivamente y de manera exhaustiva, pues su resolución inmediata resulta de vital importancia para la denominada salud integral del ser humano.

Desde esta perspectiva, por ejemplo, el abordaje de la pesadilla concebida solo en tanto “sueño perturbador” que generalmente es acompañado de angustia y ansiedad, se propone para ser calibrada detalladamente mediante el estudio y registro de las ondas cerebrales y de otros indicadores del comportamiento de quien la padece, para dar, finalmente, con aquello que la causa.

De este modo, si

“…la imagen del cuerpo enmascara lo real del goce, esta imagen es lo que las neurociencias tratan de atrapar a través de la imaginería cerebral. La paradoja es que no es del cuerpo, sino de lo mental, del Yo como imagen ideal de sí mismo. Es un desconocimiento de las propiedades del cuerpo del ser hablante. Las neurociencias prolongan esta voluntad de desconocimiento con un arsenal técnico inigualado. En este sentido, podemos decir que el cerebro desconoce la pulsión- en el sentido en que la pulsión hace agujero en la cognición”.[3]

En este contexto, con la correspondiente prescripción de medicamentos o la recomendación de diversas técnicas de manejo de la ansiedad frente a lo perturbador de un sueño ante un índice de lo real, se descarta de entrada la dimensión del goce y de un cuerpo que sueña… Con la oferta de una terapéutica que pretende ser capaz de suprimir el malestar, el desconcierto y la angustia que afecta al parlêtre y su singular despertar, se proponen respuestas ilusorias que no hacen más que reforzar el deseo de dormir, velando la satisfacción en juego.

En esa vía

“Se piensa que la ciencia concuerda con lo real y que el sujeto también es apto para concordarse con su cuerpo y con su mundo como haría con lo real. El ideal de la salud mental traduce el inmenso esfuerzo que hoy día se hace para llevar a cabo lo que llamaré una “rectificación subjetiva de masas” destinada a armonizar al hombre con el mundo contemporáneo, dedicada en suma a combatir y a reducir lo que Freud nombró, de manera inolvidable, como el malestar en la cultura”.[4]

Es bajo estas coordenadas actuales que se trata de hacerle el envés a la época, para lo cual, por supuesto, resulta fundamental alojar esos desechos de lo mental que son el sueño, el lapsus, el acto fallido y más allá, el síntoma, pues, de tomarlos en serio, y si les presta atención, el sujeto tiene la oportunidad de lograr su salvación.[5]

Pero, además, no habrá que dejar de considerar “un envés del abordaje freudiano del sueño que se inscribe en el horizonte de “el Otro Lacan” que Jacques-Alain Miller esclareció desde fines de los años setenta”.[6]

Esto implica que ya no partimos de la oposición freudiana entre sueño y despertar, sino que ambos conceptos nos ponen al trabajo desde otra perspectiva, pues, tal como Lacan lo plantea en El Seminario Aun, el sueño es un instrumento del despertar, lo cual

“permite articular de manera novedosa el deseo y lo que le es incompatible, el goce. El sueño se vuelve una nueva introducción a la oposición deseo-goce. El goce en este sentido no es realización del deseo. Es lo que no puede articularse en los caminos del deseo. De este modo, todo lo que es franqueamiento, alteración, pérdida de la homeostasis del principio del placer que garantiza la vida, es despertar”.

Considerar la cuestión del envés desde esta doble perspectiva implica, en principio, rescatar la originalidad del descubrimiento freudiano que aún nos convoca a leer los avatares del inconsciente y de sus manifestaciones en el marco de la transferencia, en tanto vía opuesta a todo intento de suprimir la dignidad del parlêtre.

Por otro lado, poder ir más allá del inconsciente en su faz sugestiva y adormecedora, pasar del desciframiento y del sentido de los sueños implicará contemplar la pregunta por su interpretación y su uso en la cura lacaniana, dando lugar a lo que hace mella en ese cuerpo hablante y que contempla la opacidad de lo real.


 

[1] Baudini, S., Naparstek, F., Presentación del XII Congreso de la AMP, https://congresoamp2020.com/es/articulos.php?sec=el-congreso&file=el-congreso/presentacion.html
[2] Lacan, J., El Seminario, Libro 20, Aun, Paidós, Buenos Aires, 1991, p. 116.
[3] Vanderveken, Y., Pipol 9, El argumento, https://www.pipol9.eu/argumento-pipol9/?lang=es
[4] Miller, J.-A., “Hablar con el cuerpo”, Revista Consecuencias #17, Julio 2016 http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/017/default.php
[5] Miller, J.-A., “La salvación por los desechos”, http://elpsicoanalisis.elp.org.es/numero-16/la-salvacion-por-los-desechos/
[6] Laurent, É., “El despertar de un sueño o el esp de un sue”,  https://congresoamp2020.com/es/articulos.php?sec=el-tema&sub=textos-de-orientacion&file=el-tema/textos-de-orientacion/19-09-11_el-despertar-del-sueno-o-el-esp-de-un-sue.html

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