Se pide un análisis para seguir soñando

Se pide un análisis para seguir soñando

Thereza Salazar. Serie Atopias.2. 2014. São Paulo.

Thereza Salazar. Serie Atopias.2. 2014. São Paulo.

Flory Kruger – EOL-AMP

Introducción

El tema que nos convoca en este número de nuestra Revista Lacan XXI, tiene que ver con el próximo Congreso de la AMP: El Sueño. Su interpretación y su uso en la cura analítica.

El título de este trabajo lo extraje de una frase de Miller que continúa así: “De aquí que a veces lo que despierta en el sueño, la angustia, justifica que se lo ubique como aparente, como un seudo despertar que solo está allí para permitir seguir soñando”.[1]

No cabe duda de que es un tema que nos interroga en el centro mismo de nuestra clínica, en la medida en que desde Freud hasta nuestros días hubo variaciones respecto del lugar que se le da a los sueños en la dirección de la cura.

¿El analista tiene que interpretar los sueños? ¿Sigue siendo la vía regia al inconsciente o nuestra concepción del síntoma cambia esta afirmación? ¿Cuál es el uso que le da el analizante a sus sueños? ¿es para aportarle algo al analista? ¿es una demanda de interpretación?

Estas y muchas otras serán las preguntas que tendremos que ir respondiéndonos camino al Congreso.

Con Freud

Sin duda el sueño para Freud ocupó un lugar protagónico, ya que lo concibió como la vía regia hacia el inconsciente, en la medida en que daba cuenta de lo que fue su descubrimiento central.

Freud estudia el sueño como si fuera un mensaje cifrado, incluso le atribuye leyes propias como la condensación, el desplazamiento y la dramatización, intentando formalizarlo más allá de aquellas tendencias que piensan que hay sueños que portan una significación universal.

Comenzó por demostrar que existía una técnica psicológica que permite interpretar sueños y que, si se aplica este procedimiento, todo sueño aparece como un producto psíquico provisto de sentido.[2]

Si los sueños portan un sentido, ese sentido hay que encontrarlo en su articulación con el texto que relata el soñante.

Otras de las manifestaciones que fue sumando para dar crédito a la existencia del inconsciente fueron el síntoma, el lapsus, los chistes.

Lacan les puso un nombre a estas manifestaciones, las llamó formaciones del inconsciente, y tal como proponía Freud, la escucha analítica estaba orientada hacia ellas.

Sueño y fantasma

En esta serie de las formaciones del inconsciente no está incluido uno de los conceptos centrales que participan de la clínica; me refiero a la fantasía o al fantasma.

Freud tempranamente habló de fantasías, dándole un sentido placentero a pensamientos que construye un sujeto para su satisfacción; también las llamó ensoñaciones diurnas.

¿Cuál es el lugar que le dio a estas fantasías y cuál es la diferencia que podemos establecer con el sueño?

Una respuesta posible es que las fantasías o fantasmas se producen en estado de vigilia, en cambio el sueño supone el dormir, lo cual indica que el soñante no tiene control consciente sobre lo que ocurre durante el soñar. Generalmente el sueño sorprende al soñante por su contenido inesperado y sobre todo diverso, muchas veces contrario a la voluntad consciente del soñante.

Eso nos demuestra que la lógica que rige al sueño queda ignorada por el que lo sueña.

Podemos marcar una diferencia con aquellos fantasmas que obedecen al capricho del sujeto, que es quien los organiza y de los cuales tiene plena conciencia; es más, podríamos agregar que incluso le son familiares y conocidos.

Las fantasías conscientes no cuentan con la diversidad y sorpresa que generan los sueños, ya que son casi siempre las mismas; tienen un valor de permanencia por lo cual no sorprenden, y muchas veces el analizante las silencia, no habla de ellas porque lo avergüenzan en la medida en que su contenido muchas veces no coincide con sus valores morales.

No ocurre lo mismo con los sueños. El paciente espera su sesión para relatarlos.

Tal como lo pensaba Freud, los sueños participan de una dialéctica con el inconsciente que hace posible su interpretación.

De las fantasías al fantasma

Años después Freud retoma el tema de las fantasías cuando escribe “Pegan a un niño”. Introduce con este ejemplo la idea de una fantasía única, pero lejos de ser producto de la imaginación que cada uno se inventa para allanar las dificultades de su vida, el fantasma se transforma en una frase condensada y enigmática para el sujeto.

De este modo, no sólo se pasa del plural de los fantasmas a su singularización, sino que también, con los desarrollos de Lacan, surge el concepto de fantasma fundamental.

J.-A. Miller retoma este concepto que Lacan nombró en escasos momentos, y construye una lógica de la cura que va del síntoma al fantasma.

Nueva diferencia con los sueños, que lejos de ser una frase, siempre la misma, son cada vez diferentes, inesperados, floridos y sorprendentes, a veces placenteros y otras sufrientes, pero ofrecidos a su interpretación, a diferencia del fantasma fundamental que se va construyendo a lo largo del análisis de un sujeto.

Con Lacan

Lacan nos muestra que la construcción del fantasma y su atravesamiento tienen un lugar privilegiado en la dirección de la cura. Entonces, debemos preguntarnos:

¿cuál es el lugar que le atribuye a la interpretación de los sueños?

Nos queda claro que para Freud los sueños tenían un lugar fundamental, en tanto eran la vía regia al inconsciente; pero la presencia del fantasma y el lugar central que adquiere el síntoma en la clínica lacaniana orientada hacia lo real, producen un cambio en el lugar central que ocupaba el sueño para Freud.

Lacan da vuelta ese protagonismo del sueño para dárselo al síntoma.

En cuanto a la construcción del fantasma, se lo va realizando a medida que el análisis avanza en la relación que cada sujeto tiene con sus objetos, en la caída de las diversas identificaciones, en el recorrido de lo que motoriza su deseo. Mientras que, con el sueño uno se alivia cuando puede relatarlo y encontrarle un sentido.

La interpretación de los sueños

Siguiendo con la orientación hacia lo real que señala Lacan, las cosas en la práctica han cambiado y la interpretación de los sueños ha sufrido un desplazamiento. También hay que tener en cuenta el momento del análisis.

En los comienzos, se trata de formalizar el inconsciente bajo transferencia; recién en ese momento podemos hablar de un inconsciente en el trabajo del saber, en la medida en que está dirigido al Sujeto supuesto Saber.

El sueño como manifestación del inconsciente provoca una proliferación de las asociaciones del sujeto ofrecidas a la interpretación. Es el tiempo del inconsciente transferencial. Al tener como destinatario a un analista, lo que busca es saber algo del enigma de su sueño.

La función del analista es interpretar el relato, pero buscando con su intervención producir el efecto de irrealizar el referente.

Al final de un análisis, en cambio, al sueño habría que entenderlo como una respuesta frente a lo real. Por lo tanto, el analista no apuntará al despliegue de las asociaciones, sino que su intervención, de la mano de la operación reducción, tendrá como meta el despertar a la emergencia de lo real.

Empecé con una cita de Miller y terminaré con otra de sus reflexiones:

Miller se pregunta si abordar el psicoanálisis por la vía del sueño como se hizo históricamente es lo mejor. Su respuesta es muy clara:

“Lacan señaló otra vía para el psicoanálisis- no sé si es regia, pero no me molestaría que fuera proletaria: el síntoma, que plantea la cuestión de saber de qué modo el sujeto puede advenir al saber sin sujeto, es decir que condiciona la forma misma en que adquiere sentido y goce el saber sin sujeto”.[3]


[1] Miller, J.-A., Los signos del goce. Paidos, Buenos Aires, 1998, p. 443.
[2] Freud, S., “La interpretación de los sueños”. Obras completas, V. IV, Amorrortu, Buenos Aires, 1986.
[3] Miller, J.-A., Op. cit. p. 443

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