Sobre la interpretación en la época del parlêtre

Sobre la interpretación en la época del parlêtre

Mario Martínez. “Verano” Acrílico sobre fibrofacil. NQN. Argentina

Mario Martínez. “Verano” Acrílico sobre fibrofacil. NQN. Argentina

Alejandro Olivos – Asociado a la NEL

El ombligo del sueño es un agujero. Tal es el título con el cual la revista La Cause du Désir ha reeditado la célebre respuesta que diera Lacan, en 1975, a Marcel Ritter, en una sesión preparatoria para las Jornadas de Carteles de la EFP. La interrogación de Ritter versaba sobre la noción freudiana de ombligo del sueño: el punto donde el sueño es insondable, es decir el punto donde el sentido, o más bien toda posibilidad de sentido, se detiene, el punto donde el sueño está lo más cerca de das Unerkannte,[1] lo no-reconocido.

La respuesta de Lacan a Ritter fue improvisada, avanzando consideraciones extremadamente originales en relación con el nudo en lo decible y el agujero en la pulsión.[2] En particular, Lacan identificó lo Unerkannt con lo Urverdrängt, lo no-reconocido con lo reprimido primordial:

Creo que aquello frente a lo cual Freud se detiene como ombligo del sueño, puesto que es a este respecto que emplea el término Unerkannt, no reconocido, es lo que él designa expresamente en otra parte como lo Urverdrängt, lo reprimido primordial. Creo que es en el destino de lo reprimido primordial, a saber, aquello que se especifica por no poder ser dicho en ningún caso, sea cual sea el enfoque, por estar, por así decirlo, en la raíz del lenguaje, que se puede dar la mejor figura de lo que se trata.[3]

El ombligo del sueño constituye un punto de detención, no solo para la interpretación, sino también para la interpretabilidad, para el trabajo del sueño –Traumarbeit–, en la medida que se trata de un límite para el cifrado mismo, más acá del desciframiento:

La relación con este Urverdrängt, esto reprimido originario, […] creo que es eso a lo que Freud vuelve a propósito de lo que ha sido traducido, muy literalmente, como ombligo del sueño. Es un agujero, es algo que es el límite del análisis.[4]

Si el ombligo del sueño constituye el límite del análisis, allí donde el sentido se detiene, cabe preguntarse: ¿es ahí donde la interpretación se detiene?

En el curso L´Un tout seul, J.-A. Miller sostiene que la primera enseñanza de Lacan se asienta en el deseo de ser y prescribe un cierto régimen de la interpretación:

Si aislamos la interpretación como el núcleo de la acción analítica, hay que considerar que opera en el orden del sentido. […] Lo que Lacan llama el sujeto, es precisamente el correlato de la interpretación, un sujeto que no tiene ser más que por ella, un ser variable en función del sentido.[5]

Así, cada vez que nos ocupamos en descifrar un sueño, practicamos la interpretación en el orden del sentido, para permitir un advenimiento del ser. Se trata de una operación que confiere el ser al deseo de ser. Sin embargo,

Hay otro régimen de la interpretación, que no se dirige al deseo sino a la causa del deseo. Es una interpretación que trata al deseo como una defensa, la falta en ser como una defensa contra lo que existe.[6]

Este desplazamiento conceptual se inserta en un cambio de paradigma en el que la noción de parlêtre viene a sustituir la de sujeto del inconsciente. Tal como sostiene Miller, “analizar al parlêtre ya no es lo mismo que analizar el inconsciente en el sentido de Freud, ni siquiera el inconsciente estructurado como un lenguaje”.[7]

En este contexto, “interpretar es un término que aquí desfallece y habría que sustituirlo por algo como ceñir, constatar”,[8] sugiere Miller, agregando que este vocabulario no le satisface para conceptualizar aquello de lo que se trata para el analista en relación con lo que supera a la ontología.

Así, nos proponemos en este artículo avanzar algunas consideraciones acerca de lo que podría ser la interpretación en la época del parlêtre.

En la primera sesión del seminario Le Sinthome, Lacan afirma que “es únicamente por medio del equívoco que la interpretación opera”,[9] precisando enseguida que “es necesario que haya algo en el significante que resuene”.[10] Lacan avanza entonces una aserción frecuentemente citada: la pulsión es el eco en el cuerpo del hecho que hay un decir. La pulsión, en el sentido de Freud, corresponde a lo que surge como resonancia, en el sentido de Lacan, de un decir en el cuerpo. Lo que se designa como pulsión indica, de este modo, que el cuerpo es sensible al decir en cuestión. Que haya algo en el significante que resuene significa, por lo tanto, que hay algo, en el cuerpo, que responde. Lo que responde en el cuerpo es lo que Lacan designa como la voz. Dicho de otro modo, la resonancia da una voz al cuerpo, el cual, por este medio, se pone a hablar: se vuelve entonces el cuerpo hablante.

Cuando Lacan afirma que no hay acontecimiento sino de un decir, se puede entender dicha afirmación en el sentido en que este acontecimiento es, de manera más precisa, un acontecimiento de cuerpo. Miller precisa que este acontecimiento de cuerpo es un acontecimiento de discurso que ha dejado huellas en el cuerpo. El cuerpo hablante sería entonces el cuerpo en el cual los acontecimientos de discurso han dejado huellas; esto es lo que constituye la singularidad del ser hablante. Dicha singularidad deriva, en efecto, de lo que sucede en su cuerpo, es decir, de aquello que de la historia de un sujeto se escribe en su cuerpo por medio de huellas. De ahí la precisión que aporta Miller con respecto a lo que llama Biología lacaniana: “estas huellas perturban –dérangent– el cuerpo”.[11]

Ahora bien, dichas huellas pueden expresarse en el sueño o, más precisamente, en su ombligo, ya que como afirma Lacan, “el ombligo es un estigma, […] algo que se reduce a una cicatriz, a un lugar del cuerpo que hace nudo”[12]. Al respecto, Laura Sokolowsky precisa que “Lacan considera como análogo el nudo en lo decible y la cicatriz umbilical sobre el cuerpo; el estigma de la exclusión irremediable del parlêtre de su origen se encuentra en el sueño”.[13]

Que haya un psicoanalista allí, y que, por consiguiente, como se expresa Lacan, haya una interpretación que opere, ello permite que el eco en el cuerpo sea percibido y que la resonancia pulsional sea escuchada. Sin embargo, para que esto suceda es necesario que dicha resonancia pulsional esté articulada, para que así pueda ser escuchada. La cuestión que se plantea entonces es, en efecto, la de la relación entre la pulsión y el significante. Pierre Naveau la elucida al comentar el siguiente pasaje de J.-A. Miller:

El cuerpo hablante habla en términos de pulsiones. Esto autorizaba a Lacan a presentar la pulsión siguiendo el modelo de una cadena significante. Nos recuerda que las cadenas significantes que desciframos a la freudiana están conectadas –branchées– al cuerpo y que están hechas de substancia gozante.[14]

Cuando Lacan afirma que hay algo en el significante que resuena, quiere decir con esto que el significante se conecta –se branche– al cuerpo, y que dicha conexión remite a la irrupción de lo que llama la substancia gozante, es decir, a algo cuya causa es, justamente, la contingencia del surgimiento en el cuerpo de la resonancia del significante. Se trata, en efecto, de causa, ya que Lacan, refiriéndose a la Teoría de las cuatro causas de Aristóteles, sitúa al significante como causa de goce.[15] Así pues, siguiendo a Pierre Naveau:

El acto analítico adquiere todo su alcance en relación con aquellos acontecimientos de cuerpo que han dejado huellas, a menudo, imborrables. Desde este punto de vista, el psicoanálisis revela que el sujeto sufre, esencialmente, de cosas que le han sido dichas. He ahí un punto decisivo. J.-A. Miller, habiendo justamente señalado que el sujeto, en efecto, está enfermo de ciertos enunciados, sostiene que la interpretación consiste en enviar anti-misiles calibrados para pulverizar aquellos enunciados de los cuales el sujeto sufre.[16]

La cuestión así planteada es la de cómo articular las dos vertientes que Lacan elucidó respecto de la interpretación, a saber, que es por medio del equívoco que ella opera, y que, por otro lado, tiene como objetivo aniquilar la fuerza destructiva de ciertos enunciados.


[1] En alemán, el sustantivo das Unerkannte se escribe con mayúscula y con una e final, a diferencia del adjetivo unerkannt. Sin embargo, es de uso común escribir Unerkannt en el campo del Psicoanálisis.
[2] Miller, J.-A., « Notice de fil en aiguille – 17. L’Unerkannt » (2005). In Lacan J., Le Séminaire, Livre XXIII, Le Sinthome. Paris, Éditions du Seuil, 2005, p. 239.
[3] Lacan, J., « L’ombilic du rêve est un trou. Jacques Lacan répond à une question de Marcel Ritter » (26 de enero, 1975). La Cause du Désir, 2019/2, n° 102, p. 36.
[4] Ibid.
[5] Miller, J.-A., Curso de la Orientación Lacaniana, “El ser y el Uno”. Clase 12, 11 de mayo 2011, inédito.
[6] Ibidem.
[7] Miller, J.-A., « El inconsciente y el cuerpo hablante » (2014). Presentación del tema del X Congreso de la AMP.
[8] Miller, J.-A., Curso de la Orientación Lacaniana, “El ser y el Uno”. op. cit.
[9] Lacan, J., Le Séminaire, Livre XXIII : Le Sinthome (1975-1976). Éditions du Seuil, Paris, 2005, p. 17.
[10] Ibidem.
[11] Miller, J.-A., « Biologie lacanienne et événement de corps » (1999). La Cause freudienne, n° 44, Paris, février 2000, p. 34.
[12] Lacan, J., « L’ombilic du rêve est un trou. Jacques Lacan répond à une question de Marcel Ritter » (26 de enero 1975). op. cit. pp. 36-37.
[13] Sokolowsky, L., « À propos de la réponse de Jacques Lacan à Marcel Ritter » (2019). La Cause du Désir, 2019/2, n° 102, p. 34.
[14] Miller J.-A., « El inconsciente y el cuerpo hablante » (2014). op. cit.
[15] Lacan J., Le Séminaire, Livre XX: Encore (1972-1973). Éditions du Seuil, Paris, 1975, p. 27.
[16] Naveau, P., « Le corps a ses résons » (2015). Conferencia pronunciada durante la Sesión preparatoria para el X Congreso de la AMP del 30 de noviembre 2015 en la École de la Cause Freudienne.

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