Sueño y despertar: ¿frontera o vecindad?

Sueño y despertar: ¿frontera o vecindad?

Graciela Allende. “Borde”. Fotografía. EOL-AMP

Graciela Allende. “Borde”. Fotografía. EOL-AMP

Manuel Zlotnik – EOL-AMP

 El tema para pensar es la relación entre sueño y despertar, una relación que no siempre es la misma. Por un lado, indica una oposición cuando Lacan sostiene que nos despertamos de un sueño para luego seguir durmiendo, nos despertamos para volver a una realidad en la que seguimos soñando.1

Desde esta perspectiva, soñar se opone a despertar. El soñar está más ligado al arrullo de lo simbólico y sus sentidos, es decir el inconsciente interprete, que con su ciframiento ya realiza una interpretación salvaje; por el contrario, el despertar está más ligado a lo real que no engaña, ombligo del sueño en tanto imposible ininterpretable. En el fondo estamos hablando de la conocida oposición entre inconsciente transferencial e inconsciente real.

La pregunta que nos podemos formular es si esta oposición es excluyente o si en algún punto puede haber una conjunción. El tema, tal como se plantea en el argumento del Congreso, puede sugerir esta segunda opción; “El sueño y su despertar” … nos da la idea de que del mismo sueño surge un despertar. Siguiendo esta orientación, entonces, no necesariamente habría frontera entre sueño y despertar, sino más bien vecindad; podríamos pensar una suerte de litoral entre el sueño y el despertar.

J.-A. Miller comentando el testimonio de Bernardino Horne pone en relación con el despertar con la noción de relámpago.2

Heráclito es quien introduce la noción de relámpago, más precisamente en el fragmento 64: “Pero el relámpago gobierna la totalidad del mundo”. Según los filósofos, esta frase expresa una relación de las muchas cosas con lo Uno del relámpago, en tanto en la descarga del relámpago resplandece lo mucho del “todos”,3 y proponen al relámpago en su momentaneidad y no como permanencia, en tanto simple resplandor que ilumina.

Es muy pertinente entonces la relación que establece J.-A. Miller entre el relámpago y el despertar, justamente porque la perspectiva del saber hacer allí con el síntoma indica la idea de un despertar parcial, en tanto no se puede estar en lo real de manera permanente. La pulsión de muerte sola nos mata, pero al ser parcial se combina con otra cosa; desde allí podemos pensar sueño y despertar más en conjunción.

También Miller habla de dos despertares: el primero, que sigue el modelo de la pesadilla, en el que si sin duda nos volvemos a dormir en la vigilia para recuperar la homeostasis; sin embargo, hay un segundo despertar 4 que está más ligado a este despertar parcial.

Como decíamos antes, sueño y despertar pueden oponerse a través de la represión o la negación -eso en general ocurre al inicio de una neurosis-, pero la idea es que en un análisis sueño y despertar se puedan entremezclar y que así el analizante pueda encontrar las agallas, como Freud que avanza en el sueño de la inyección de Irma 5 hacia el litoral del despertar, siempre parcial por supuesto.

Así como es importante el despertar, también es importante el dormir. Si no recuerden lo que les pasaba a los Buendía en la monumental obra de García Márquez “Cien años de soledad”: ante el maleficio de no poder dormir y quedar siempre despiertos, de a poquito iban perdiendo la memoria; de alguna manera los poetas nos iluminan el camino, y el sueño, entre otras cosas, también es guardián de la memoria, nos recuerda lo que queremos olvidar.

Entonces, el dormir soñante del inconsciente transferencial no es una etapa del análisis y luego el despertar inconsciente real otra etapa ulterior, etapas puras y separadas una de otra en la evolución de un análisis; por el contrario, nuestra hipótesis es que ambas -tanto el sueño del inconsciente transferencial como el despertar del inconsciente real- coexisten en el análisis desde el inicio hasta el final y una se superpone sobre la otra indistintamente de acuerdo con cada momento.

Siguiendo nuestro recorrido, me pregunto por el uso del sueño, que no es el descifrado del sentido en la interpretación del analista, es otro tipo de intervención del analista que intenta destacar justamente el despertar y que apunta al quiebre en la narración del sueño, extrayendo justamente esa pieza suelta que detiene la fuga del sentido descifrado, indicando un modo de goce singular del soñante. El analista, por lo tanto, hace un uso del sueño diferente del descifrado, se sirve de un fragmento, “hace palanca” en favor del despertar.

Al uso del sueño también podemos agregarle los sueños conclusivos que encontramos en muchos testimonios de AE, que indican que el final del análisis llegó. Esos sueños conclusivos podrían quizás indicar un anudamiento entre el inconsciente que cifra y el inconsciente que despierta, en tanto el inconsciente que cifra indicando el final de un análisis, también nos está dando a entender el final de la fuga del sentido. Establezco aquí una diferencia entre el inconsciente que cifra y el analista que descifra.

Quizás este modo nuevo de cifrar del inconsciente, sin la fuga del sentido al final de un análisis, sea una mutua pertenencia o una nueva alianza entre sueño y despertar.

Este texto, como tantos otros, forma parte del gran trabajo colectivo que estamos haciendo, construyendo hipótesis que podremos ir verificando en el próximo Congreso del 2020 en Buenos Aires.


 

1 Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1987, p. 66.
2 Miller, J.-A., El Otro que no existe y sus comités de ética, Paidós, Buenos Aires, 2005, p. 209.
3 Heidegger, M.; Fink, E., Heráclito. Ariel filosofía, Barcelona, 1986, p. 9.
4 Miller, J.-A., Piezas sueltas, Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 141.
5 Lacan, J., El Seminario, Libro 2, El yo en la Teoría de Freud y en la Técnica Psicoanalítica, Paidós, Buenos Aires, Paidós, 1995, p. 236.

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