Algunos apuntes sobre la política actual del psicoanálisis en la época

Algunos apuntes sobre la política actual del psicoanálisis en la época

 Mónica Biaggio - EOL AMP - “Soledades” óleo sobre tela, 0,90 x 0,70. 2018

Mónica Biaggio – EOL AMP – “Soledades” óleo sobre tela, 0,90 x 0,70. 2018

Cristina Califano. ELP-AMP

Sabemos bien que el psicoanalista se enfrenta permanentemente con los nuevos desafíos de la época en la que estamos inmersos. Nuestra práctica se encuentra en situaciones que requieren de inventivas cada vez mayores y aceleradas; así como con la necesidad de ser capaces de sostener la práctica sin perder nuestra ética.

Los cambios políticos y sociales nos inducen a realizar una profunda lectura de la política del psicoanálisis que debemos seguir en el estado en que se encuentra la civilización, con sus mercados imperantes y la búsqueda de satisfacciones sustitutivas ante la promesa de felicidad que se nos pone por delante, eliminando de esta forma cualquier tipo de pregunta subjetiva.

Orientados en que el analista no espera nada del sentido, ni del social, ni del bien común, ni del sexual, ni del de la falsa ciencia. En El ultimísimo Lacan, Miller, haciendo referencia al seminario de Jacques Lacan, “El momento de concluir”, sostiene:

“Lo que está dicho es del orden de la precaución oratoria, para mostrar que hay cosas que saben comportarse, mientras que nosotros, en cambio, corremos detrás de ellas, detrás del modo en que se dan vuelta, se invierten, se anudan, etcétera” 1

para continuar más adelante:

“Por cierto, Lacan empieza el seminario diciendo que el psicoanálisis es una práctica de la charla, lo que constituye un rebajamiento de la palabra. Pero justamente como es una práctica de la charla, todo depende de lo siguiente: ¿El analista sabe cómo comportarse?”2

No deja de sorprendernos la anticipación que en el año 1938, en un texto tan temprano de Jacques Lacan Los complejos familiares en la formación del individuo, ya realiza un comentario de la política como un tema para reflexionar, dado que allí mismo hace alusión a las catástrofes que aparecen en la política a partir de la declinación de la imago paterna. Sostiene allí: Sea cual sea su porvenir, este ocaso constituye una crisis psicológica. Quizás deba relacionarse con esta crisis la aparición del propio psicoanálisis.3

Teniendo presente esa declinación del Nombre del Padre, que no deja de tener efectos en lo social, y la caída del Otro como semblante, vemos que ambos ocasionan el fracaso de los modos de regulación de goce. Sin perder de vista que cada momento histórico tiene la lectura contemporánea que corresponda, se espera que los psicoanalistas se comprometan con los problemas del mundo y estén atentos al uso de la poderosa herramienta que tenemos en nuestras manos: la interpretación. Se trata de usar los medios del psicoanálisis para poder leer los acontecimientos que se suceden.

Entonces, son muchas las tareas a las que el psicoanalista se enfrenta en la sociedad actual para poder dar respuesta a los embates que recibe. Se tratará, en cada ocasión, de sostener los principios, poner a prueba nuestros propios conceptos con el nuevo escenario en que el psicoanálisis se enfrenta en su práctica, y para ello debe hacer saber de sus investigaciones, sus avances y sus resultados.

Pero también, la época actual se nos presenta con multiplicidad de fenómenos clínicos, con predominio básico de la angustia, desde aquel extremo conocido como ataque de pánico y depresión, con su correlato de inhibición del deseo, hasta la compulsión al consumo en todas sus manifestaciones, con la ilusión de taponar la falta con objetos de goce. Todo ese espectro mencionado nos lleva a pensar que se reduce la responsabilidad subjetiva dando lugar al rechazo del deseo de saber. Y, por otro lado, todo el amplio abanico de ofertas “terapéuticas” que son refractarias al psicoanálisis y que están sensiblemente instaladas en la sociedad prometiendo, como hemos mencionado anteriormente, la obtención de la felicidad absoluta, algo a lo que se refiere Lacan en “La ética del Psicoanálisis”:

“… ¿el final del análisis es lo que se nos demanda? Lo que se nos demanda debemos llamarlo con una palabra simple, es la felicidad. Nada nuevo les traigo aquí; una demanda de felicidad, de happiness como escriben los autores ingleses en su lengua, efectivamente de eso se trata.”4

Para agregar después que “…la felicidad devino un factor de la política”.5

En ese sentido hay una reflexión magnífica que he encontrado en Miller, en su curso “Sutilezas analíticas”:

“Ser analista no es analizar a los demás, sino en primer lugar seguir analizándose, seguir siendo analizante. Como ven, es una lección de humildad, la otra sería la vía de la infatuación, es decir si el analista creyera estar en regla con su inconsciente. Nunca lo estamos”6

Es decir, justamente, este recorte mencionado antes nos señala que efectivamente la infatuación es la oferta que hacen las TCC, colocándose en el lugar exactamente contrario a la lección de humildad que nos señala Miller. El para todos igual, oferta de las corrientes terapéuticas, está exactamente en el lado de enfrente del psicoanálisis, dado que “el psicoanálisis tiene efectos terapéuticos en la medida exacta en que reconoce la singularidad del deseo”.7

Habría entonces una vía por la cual en las TCC quien lleva adelante el tratamiento tiene la idea anticipada de lo que conviene a cada uno, y otra diferente, nuestra posición, la de hacer responsable al sujeto del reconocimiento de la singularidad de su deseo.

La pregunta sería ¿cómo dar cuenta de la eficacia del psicoanálisis ante todos los embates que se le presentan? Y la respuesta, a mi modo de ver, es verificando que su eficacia no se mide en la comparación entre los fines esperados y los obtenidos, sino en demostrar que los fines obtenidos de una cura se producen como resultado de un recorrido

El psicoanálisis estará bien orientado a la altura de la época, haciendo despertar a los sujetos más allá del despertar que es la continuación del dormir bajo otra forma. La búsqueda de Lacan para el psicoanálisis es el segundo despertar. Sin perder de vista que todos los otros métodos ofrecen una sola cosa: brindarles los medios para seguir durmiendo bajo otra forma.8

El psicoanálisis y los psicoanalistas de la orientación lacaniana están trabajando con las miras puestas en el devenir de la época, sin dejar de señalar nuestra eficacia, y ello solo es posible si nos dejamos guiar por el deseo del analista.


NOTAS:
1 Miller, J-A., El ultimísimo Lacan. Paidós, Buenos Aires, 2013. p. 194,
2 ídem
3 Lacan, J., “Los complejos familiares en la formación del individuo”. Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012. pp. 71-72
4 Lacan, J., El Seminario. Libro 7, La ética del psicoanálisis (1956-1957). Paidós, Buenos Aires, 1988. p. 348.
5 Idem
6  Miller, J-A., Sutilezas analíticas”, Paidós, Buenos Aires, 2011. p. 33,
7 Idem, p. 37
8 Idem, p. 141

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