Consideraciones sobre la noción de víctima

Consideraciones sobre la noción de víctima

Beth Barone - San Pablo - “Geografía de los sueños” Fotografía 2018.

Beth Barone – San Pablo – “Geografía de los sueños” Fotografía 2018.

Joaquín Carrasco – Asociado a la NEL – Santiago.

En diversos puntos del mundo podemos observar el retorno de discursos y políticas que pretenden restablecer un Otro consistente. Una de las armas utilizadas ha sido la violencia política, una represión sistemática que contribuye al debilitamiento de las democracias. En este contexto, sujetos que padecen las consecuencias de experiencias represivas, tanto recientes como pretéritas, acuden al consultorio y a las instituciones en busca de tratamiento. Víctima es uno de los significantes que suele circular y con el cual algunos sujetos se presentan, fenómeno que me interesa problematizar considerando sus efectos subjetivos y la posición del analista.

Entre las distintas acepciones de su definición, me parece interesante subrayar dos: persona o animal sacrificado o destinado al sacrificio y, segundo, persona que padece daño por culpa ajena o por causa fortuita. Destaco los significantes sacrificio y culpa ajena como dos cuestiones centrales en el modo en que algunos sujetos se presentan, lo que puede llegar a constituirse como una identificación colectiva.

Ahora bien, la identificación como víctima va más allá de la violencia política y cobra especial fuerza en nuestra época. Siguiendo a Miquel Bassols: “asistimos hoy a una generalización de formaciones asociativas de víctimas, que van desde las asociaciones de víctimas del terrorismo, víctimas de accidentes de tráfico, pasando por las víctimas de fraude en el juego online, del aborto o de los efectos nocivos del amianto, hasta las víctimas de la violencia rural o de las negligencias médicas. En esta lógica, cada sujeto estaría efectivamente en posición de ser objeto víctima, de ser identificado en una victimización que se reparte de modos diversos según grupos y subgrupos sociales. El objeto víctima se diluye de este modo en otros tantos rasgos de identificación grupal”. Ante este fenómeno de victimización colectiva propio de la época, todos podemos quedar identificados como víctimas de una o varias situaciones. El problema de esta identificación generalizada es que provoca “una situación de pasividad no deseada que impide cualquier escapatoria y lo que le queda a la víctima es la queja y la denuncia”.

Desde el psicoanálisis, solemos pensar el significante víctima como identidad y como una posición del sujeto ante su padecer. Encontramos una clara orientación en lo sostenido por Jacques-Alain Miller: “hay una afinidad estructural, constante, entre el yo y la posición, la vocación incluso, de víctima”. En efecto, la identidad de víctima es solidaria con la estructura de desconocimiento del yo. Si tomamos el esquema Z, un modo de abordar la identidad de víctima es situarla en el eje imaginario a – a’. Podríamos decir víctima – victimario.

Si nos quedamos en esta dimensión, con un yo consistentemente identificado a la víctima, no hay modo de que se produzca la división del sujeto, y con ello una implicación subjetiva en su padecimiento. Es un problema que atañe a la transferencia, en tanto no es posible la instalación de un saber supuesto que aloje una interrogación por parte del sujeto. La división se ve imposibilitada por la consistencia de la identidad. Desde esta perspectiva sería cuestionable sostener que un sujeto se analice sin hacer deconsistir dicha identidad. En este punto, el psicoanálisis va a contracorriente de la victimización generalizada de la época.

A modo de contrapunto, podemos tomar la distinción que plantea Gil Caroz entre víctima del inconsciente y víctima real. En el primer caso, se trata del encuentro traumático entre el significante y el organismo, de las heridas que las palabras han dejado en el cuerpo de un sujeto y el modo de goce que allí se produjo. Ante este traumatismo, todos somos víctimas del inconsciente y la orientación queda definida por lo que entendamos por final de análisis, aun cuando no se llegue a ese punto. De cualquier modo, se apuesta por la responsabilidad subjetiva, incluso de ese goce que el parlêtre rechaza, pero del cual se espera que pueda hacer un uso sinthomatico que no le cause el sufrimiento que implicaba antes de la experiencia analítica.

La noción de víctima real, por el contrario, refiere a aquellas víctimas de un acontecimiento de civilización, como la violencia de guerra o un secuestro terrorista. En estos casos, no se trata de certificar la posición de un sujeto, porque justamente es la dimensión subjetiva la que está ausente, producto de la intrusión de lo real fuera del programa. Se trata más bien de una reconquista del sujeto. El trabajo analítico con la víctima real consistiría en delimitar ese real intrusivo, situar las marcas de dicho encuentro y restituir las coordenadas subjetivas fundamentales para que pueda producirse un sujeto. El reconocimiento de los hechos de violencia y la posición de víctima ante estos es crucial, al menos en un primer tiempo. Es posible observar que la impunidad y el negacionismo suelen producir una intensificación del sufrimiento en las víctimas. Por el contrario, los juicios a torturadores y las demandas contra el Estado suelen ser percibidas como reparatorias, produciendo al menos un alivio, una sensación de justicia mínima. Más allá del alivio subjetivo, se hace necesario un reconocimiento para generar las condiciones que permitan un tránsito del lugar de objeto al de sujeto.

En algunos de estos casos se produce la irrupción de un real, cuyos fragmentos retornan en angustia y síntomas que pueden hacer de la vida un tormento, ante lo cual no conviene que el analista apunte de entrada a la responsabilidad subjetiva. Más bien se trataría de “nombrar, de dar cuenta, de relatar, y así de circunscribir los bodes de un agujero fuera de sentido, de lo que ha hecho retorno en lo real en tanto ausente en lo simbólico”. Si posterior a este trabajo se produce una interrogación por parte del sujeto que remita a la dimensión inconsciente, se abre una vía distinta para el trabajo analítico, una vía que implica el desciframiento y, en el horizonte, la responsabilización de los modos de gozar producidos por el traumatismo estructural.

En cambio, cuando no está implicada una suspensión de la dimensión del sujeto, y la posición de víctima se presenta como un modo de eludir cualquier responsabilidad subjetiva, conviene un analista que opere con una inteligencia fría, tal como Freud señala al referirse a quienes reclaman un lugar de excepción al no recibir lo que esperaba de la vida: “tropezaría con nuestra inteligencia fría, desembarazada en sus movimientos, que no dejaría abismarnos en la ilusión”. De lo contrario, el sujeto se enfrenta al callejón sin salida que implica quedar petrificado en la identidad de víctima.

Una de las orientaciones para el trabajo analítico sería justamente introducir la singularidad allí donde se intentó –y a veces se consiguió– arrasar con el sujeto, lo cual implica un movimiento hacia la desvictimización. Sin negar los hechos, situar la posición que el sujeto ha tomado frente a estos: “Desvictimizar a la víctima es así la primera forma de devolver al sujeto de la experiencia traumática la dignidad de ser hablante que podría seguir perdiendo en el juego social de las identificaciones. Distinguir y separar el eje de las identificaciones del Yo y el eje de la relación del ser que habla ante su posición de objeto es la primera y más simple operación que debemos deducir de la orientación lacaniana al tratar la posición de la víctima sin redoblar su victimización”.

Se vuelve fundamental situar de qué modo se presenta el significante víctima en el discurso, como también la función que cumple para un parlêtre. Una de las enseñanzas que deja la práctica con víctimas de la violencia política, tanto en contextos de dictadura como en democracia, es que existen hechos compartidos, pero los efectos y el modo de abordarlos varía caso a caso. Cada vez que se intenta imponer la totalidad, dar lugar a la singularidad. Es la apuesta del psicoanálisis.


NOTAS:
1.Real Academia Española. (2014). Diccionario de la lengua española (23.a ed.). Consultado en: http://www.rae.es
2.Bassols, M., (s/f). Victimología.  http://www.europsychoanalysis.eu/victimologia-miquel-bassols/?lang=es
3.Caretti, J., (2015). La victimización generalizada. http://ampblog2006.blogspot.com/2015/06/la-victimizacion-generalizada-por.html
4.Miller, J-A., Donc: la lógica de la cura (2011) Paidós, Buenos Aires. p.119.
5.Caroz, G., (s/f). La víctima real no es víctima del inconsciente. Lacan Cotidiano nº 527 b.
6.Ídem
7.Ídem
8.Freud, S., (1916). Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico. Obras completas, tomo XIV. Amorrortu, Buenos Aires, p. 322.
9.Bassols, M. Op. cit.

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