Dormir, soñar, despertar, dormir…

Dormir, soñar, despertar, dormir…

Difusión XIV Jornada de la Escuela Brasilera de Psicoanálisis - Sección Santa Catarina

Difusión XIV Jornada de la Escuela Brasilera de Psicoanálisis – Sección Santa Catarina

Louise Lhullier – EBP – AMP

Duermo y desduermo, dice Bernardo Soares,1 uno de los heterónimos de Pessoa, en El libro del desasosiego. Si durmiendo soñamos, al desdormir no es cierto que despertamos. Despertar es un significante que acoge muchas significaciones y sinónimos, tales como: salir del sueño o del sopor, estimular, dar origen a, causar, ascender, aguzar, animar, inducir, instigar, avivar, iniciar, provocar, excitar, etc. Ahora, desdormir –si, el verbo existe– solo quiere decir dejar de dormir: pasar del sueño a la vigilia sin que para ello nadie nos provoque, anime, induzca, instigue, excite. etc. 

Para el psicoanálisis no hay un despertar definitivo. Solamente despertares fugaces, flashes, una agitación del cuerpo que dispara la loca búsqueda del sentido por la pantalla del fantasma, por una moldura que arme como escena aquello que fue experimentado por un instante sin ningún encuadre.

No se trata del sueño visto como necesidad, asociado a la fisiología, sino que el sueño se presenta como algo contingente, un evento de carácter enigmático que remite a muchas preguntas y del cual se han ocupado muchos saberes y artes. La suposición de que el sueño es un enigma a ser descifrado puede ser encontrada desde épocas muy remotas y en diversas culturas. Sin embargo, como acentúa Lacan, el “trabajo pionero”2 emprendido por Freud inaugura un método preciso de interpretación en el trabajo con el sueño y, en ese movimiento, el mismo psicoanálisis. El lanzamiento de la Traumdeutumg se configura, así como el momento fundacional del psicoanálisis como método.

La interpretación del sueño del analizante, según Freud, cabe al analista. En esta primera perspectiva, la del inconsciente transferencial, imperan la lógica del significante y las reglas de decodificación por la vía de la metáfora y la metonimia buscando el sentido. El analista sigue la “vía regia del inconsciente” para descifrar el enigma sobre el deseo que se realiza en el sueño del analizante. Sin embargo, ya en Freud se encuentra la observación de un límite, una falla del sueño, algo más allá de la posibilidad de la decodificación: el “ombligo del sueño”.

Lacan irá más lejos, privilegiando justamente el trabajo que apunta a ese “ombligo”, agujero del saber, “que resuena y produce ondas”,3 como dice Marie-Hélène Brousse. En las palabras de Éric Laurent, mientras en la fórmula freudiana se trata a los sueños como una realización del deseo, en la fórmula lacaniana los sueños apuntan hacia la realización del despertar. Esta perspectiva remite a la distinción que hace Jaques-Alain Miller entre la “interpretación de reconocimiento”, propia de la primera enseñanza de Lacan, “a la interpretación que reconoce el deseo subentendido y lo exhibe”, y

un otro régimen de la interpretación que incide no sobre el deseo, sino sobre la causa del deseo…trata del deseo como defensa, trata a la falta en ser como una defensa contra lo que existe. Es lo que existe, al contrario del deseo que es falta en ser, es lo que Freud abordó por medio del as pulsiones y que Lacan denominó como goce.4

Por lo tanto, aunque el sueño ya no es tratado como enigma a ser descifrado, su valor para el psicoanálisis se mantiene pues, más allá de la interpretación de reconocimiento, “hace de él el mejor uso para arreglárselas con los desarreglos de lo real”, como escribió recientemente Oscar Reymundo, “y esto marca la orientación de nuestro campo”.5 No es por azar que el título elegido para el próximo congreso de la AMP es El sueño, su interpretación y su uso en la cura lacaniana. El uso del sueño para el psicoanálisis de orientación lacaniana, por lo tanto, no se restringe a su interpretación. En el tratamiento orientado por lo real, el “mejor uso” del sueño apunta al despertar. Esto funciona tanto para el analizante como para el analista, pues sea en el diván o sea en su sillón, ambos corren el riesgo de adormecerse, embalados por el sentido, capturados por el goce del desciframiento que apunta hacia un análisis interminable.

Como ya señalaba Freud, el deseo fundamental es el de dormir, el de no querer saber nada de “eso”, bajo la protección del sueño o el fantasma. Pero si bien hay un tiempo de dormir y de soñar, hay también instantes de despertar. Se trata de una tesis que se constata en la experiencia analítica.

Instantes, sustantivo plural, se refiere a puntos determinados en el tiempo o a momentos fugaces. Como adjetivo, sugiere urgencia e insistencia. Fugacidad, urgencia e insistencia dicen un poco de esos flashes que interrumpen el sueño “cuando surge en el sueño alguna cosa que amenazaría pasar al real”,6 o cuando en vigilia algo del orden de lo real hace vacilar el fantasma. Se sueña para continuar durmiendo, como enseñó Freud, pero el despertar del sueño, completó Lacan, también tiene esa función. En palabras de Miller:

Se comprende cómo despertar hacia la realidad, o sea, para la representación cuya moldura y cuya consistencia son dadas por una frase del fantasma. … El despertar a la realidad es apenas la fuga del despertar a lo real, aquel que se anuncia en el sueño cuando el sujeto se aproxima, como Freud mismo lo observa, aquello de lo nada quiere saber.7

El soñar, por tanto, integra la experiencia humana y opera como protección contra el inexplicable horror de lo real, sea a través de los sueños nocturnos o de los diurnos.

Instantes de despertar remite al límite de lo posible en cuanto al acceso a “un real”, que es para cada uno como un trueno, el real del fantasma materno de Marcus André Vieira, en su caso,8 como él mismo lo acentúa. Ese límite anuncia la posibilidad de un uso del sueño que va más allá de la interpretación, o sea, de un tratamiento para los desarreglos del real propios de la época en que vivimos. Que el tratamiento opere en esa dirección implica, a mi ver, el deseo del analista como el deseo de excepción ante el carácter fundamental del deseo de dormir, aunque no se limite a eso.  Lacan dice en La Tercera, que lo que lo agitaba era sobre todo el deseo de despertar.

Para Miller, lo que mueve al analista es el deseo de despertarse y de despertar lo Otro, despertarse del deseo del Otro.9 El deseo de despertar como deseo del analista se revela allí como condición del acto analítico, que solo se afirmara como tal por su repercusión de goce. Así como sucede cuando uno se estremece ante el ruido de un trueno, sabiendo que hubo un relámpago, aunque no lo hayas visto.

Por lo tanto, tal vez sea el caso hablar de despertares, rayos y truenos, que provocan, sacuden o, para usar la expresión que escuché hace poco de un analizante, “te dan un golpe en la nuca y uno se despierta sin saber quién fue”. Aun sabiendo que eso pasa, es bueno recordar que deja rastros y es por eso que se puede hablar de “uso en el tratamiento analítico”, que va más allá de la interpretación.

Tradución: Laura Fangman

NOTAS:
1 Pessoa, F. El libro del desasosiego, San Pablo, Compañía das letras, 2011, p. 69.
2 Lacan, J., El seminario, libro 3, Las psicosis, Buenos Aires, Paidós, 1992, p. 21.
3 Brousse, M.-H, “El artificio, el reverso de la ficción; Que hay de nuevo sobre el sueño 120 años después”, https://congresoamp2020.com/es/articulos.php?sec=el-tema&sub=textos-de-orientacion&file=el-tema/textos-de-orientacion/19-09-11_el-artificio-reverso-de-la-ficcion.html
4 Miller, J.-A, “El ser es el deseo”, Lección del 11 de mayo del 2011, del curso de Jaques Alain Miller: El ser y el Uno”, https://congresoamp2020.com/es/articulos.php?sec=el-tema&sub=textos-de-orientacion&file=el-tema/textos-de-orientacion/el-ser-es-el-deseo.html
5 Reymundo, O., “O que nos faz sonhar hoje”, inédito.
6 Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aun (1972 1973), Buenos Aires, Paidós, 2001, p. 76.
7 Ibid, p. 105
8 Vieira, M. A., “Do objeto a letra”, en: Vieira, M.A., De Felice, Thereza (org), A arte da escrita cega: Jaques Lacan e a letra, Rio de Janeiro, Subversos, 2018, p.154.
9 Miller, J.-A., Lacan elucidado: conferencias en Brasil, Rio de Janeiro, Zahar, 1997, p. 397.

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