El amo caprichoso y el analista en forma de a

El amo caprichoso y el analista en forma de a

Alejandra Korek - EOL AMP - May you live in interesting times..., collage analógico, 25x25 cm. 2019.

Alejandra Korek – EOL AMP – May you live in interesting times…, collage analógico, 25×25 cm. 2019.

Eugenia Molina – EOL – AMP

The Favourite, el film de Yorgos Lanthimos (2018), retrata de modo magistral al amo femenino: con el característico no saber de cualquier amo, pero sazonado por el capricho amoroso. Mixtura potente y feroz a la hora de ejercer el poder.

La reina Ana, última monarca de la casa de los Estuardo, contaba con su mano derecha y amante, Lady Sarah Churchill, quien manejaba todos los asuntos de estado en plena guerra con Francia. Funcionamiento que se ve conmocionado al aparecer una tercera mujer –Abigail Masham–, prima pobre y ambiciosa de Lady Sarah que perturba con su sagacidad y supuesta ingenuidad el partenairato entre Ana y su amante, produciendo la catástrofe.

Un amo cegado por la infinitización de la demanda de amor puede ser algo muy peligroso.

Quizás nos cueste un poco imaginarnos los devaneos amorosos de Angela Merkel, Cristine Lagarde o Marine Le Pen; tal vez porque especialmente en las primeras encontramos un especial semblante viril. Sin embargo, es posible afirmar que tanto el capricho femenino como la pasión por el poder, si bien nos remiten a goces diferentes pueden muy bien combinarse y aumentarse en la figura del amo.

En el contexto actual, de gobernantes y también de militantes y defensoras de los derechos de la mujer ¿qué lugar ocupa hoy el discurso analítico como reverso del discurso del amo?

Ante la tormenta de pasiones de los otros discursos, tanto el del amo, la ciencia, el mercado, la educación y la justicia, que buscan universalizar una respuesta para todos, el discurso analítico sigue siendo el reverso.

Recordemos lo que J. Lacan plantea en el primer capítulo del Seminario 17, a partir de su escrito De nuestros antecedentes: se trata de “volver a tomar el proyecto freudiano al revés”.

En dicho escrito Lacan había retomado sus inicios y su entrada en el psicoanálisis, el pasaje de psiquiatra a psicoanalista, situando la “puesta a punto de un método clínico exhaustivo del que su tesis de medicina constituye un ensayo”. Lejos de constituir un reverso de Freud, tomar su proyecto al revés, es decir a partir de Más allá del principio de placer, implicaba enfocarse en el goce. Y en ocasión del Seminario 17, se trata del goce atrapado en los discursos.

El discurso analítico y los otros

En la formulación de los cuatro discursos en el año 69, un comienzo se exalta la diferencia del discurso analítico con respecto a los otros: es un discurso que se distingue.

Al formalizar estas estructuras, Lacan se interesa en que se deduzca lógicamente de estos cuatro funcionamientos, que hay uno que introduce algo nuevo. ¿Qué es lo nuevo?

Lazo, goce y lugares, son comunes a los cuatro. Pero en el discurso analítico, el lazo tiene otra connotación: su vertiente amorosa, a la que nombramos transferencia.

Pienso que ese punto es esencial para situar la posición del analista hoy con respecto a los saberes de época que circulan, cuyo denominador común podríamos ubicar en un “para todos”, potenciado por la ferocidad de un empuje al bien, la verdad y la satisfacción.

Cuatro años más tarde, en Televisión, el discurso analítico será definido como “el lazo social determinado por la práctica del psicoanálisis” , agregando que merecería “ser llevado a la altura de los lazos más fundamentales que permanecen en actividad”1. Esa afirmación del doctor Lacan, dirigida en su momento a la IPA, hoy nos sirve para pensar nuestra posición ante el mundo: el discurso analítico como lazo social que privilegia, a diferencia de cualquier otro, ese singular punto de enlace.

En la experiencia analítica, el analizante, a partir de la transferencia, va a ser supuesto al saber, ese saber por el cual va a constituirse como sujeto del Inconsciente. Dicho saber se transfiere sobre el analista, tratándose de un saber que no piensa, ni calcula –dirá Lacan–, pero no por eso tendrá menos efecto de trabajo.

En nuestra salida a la ciudad: la salud, las leyes, la educación, la cultura… ¿Cómo hacemos valer ese rasgo diferencial, el del lazo amoroso y su particular relación al saber?

El amo moderno ha remozado su modo de hacer trabajar al esclavo. Así, la ciencia provee estudios para que una mujer pueda conocer si en algún momento de su vida desarrollará un cáncer y hacer las cirugías preventivas necesarias, por si acaso. La justicia trabaja en procurar respuestas a demandas inéditas, cuando el goce se torna un derecho a ser legislado. La educación espera que la neurociencia dé una respuesta común al sufrimiento de la infancia.

El psicoanálisis no evita las preguntas que la ciencia o la justicia echan a rodar, sino que se interesa por formularlas, poniéndolas “en forma”, ya que posa su atención en el programa de goce de cada parlêtre. De esta manera, no se trata de medir el sufrimiento, sino de que cada quien localice su tratamiento al mismo.

El amo caprichoso

Una adolescente de 14 años se asusta ante la posibilidad del primer encuentro sexual con un compañero… Se pregunta entonces si es lesbiana.

Un hombre mayor hace un curso de deconstrucción masculina, para poder continuar con su pareja quien lo acusa de machista.

Otra joven se pregunta ¿cómo es que milita en actividades feministas, si no puede prescindir de las visitas clandestinas de su exnovio?

La pregunta sobre el sexo, patrimonio antiguo de la histeria, hoy se ha convertido en una pregunta de época. El empuje a una vida satisfactoria y exitosa en todos los aspectos, avala y promueve una vida sexual plena, activa, desinhibida y eficaz; pero que al mismo tiempo debe mantenerse distante de cualquier perspectiva que pudiera interpretarse como abuso.

Que esa pregunta por el sexo, haya avanzado más allá de este terreno, no es sin relación al discurso del amo moderno. Y podemos decir que el amo moderno tiene muchas veces forma de mujer que, amparada en la norma, promulga esa voluntad fuera de la ley que es el capricho.

En su Teoría del capricho, J.-A. Miller nos transmite que hoy las mujeres dirigen con el significante amo en la mano, y que esa infinitizacioón de una voluntad insensata, tiene consecuencias, que nos toca interpretar.

Podemos decir entonces que hoy hombres y mujeres, gays, trans y la gran variedad de singularidades que habitan las comunidades LGBT: todos son susceptibles al empuje caprichosos del amo moderno.

El analista en forma de a

Lacan en su Seminario 17 nos revela: “La posición del psicoanalista, llego a articularla de la siguiente forma: Digo que esencialmente está hecha del objeto a.”

El discurso analítico como reverso del discurso del amo sostiene la experiencia de un análisis, en tanto quien la conduce –el analista– está ubicado en el discurso en forma de a, haciendo semblante de ese objeto que para cada parlêtre se recortó y adquirió un peso pulsional de una manera diferente. Imposible la universalización de tal posición.

Esa posición afín con el objeto a, no es del orden de la claridad ni de la precisión, sino que representa una opacidad que no llega a poder nombrarse y también un enigmático efecto de rechazo. Efecto que no es sin relación a un discurso que va al revés de lo que marcha, de lo exitoso, de lo que se espera que se diga.

¿Podríamos pensar una manera más actual de presentar hoy al psicoanálisis como una respuesta diferente ante la ferocidad del amo caprichoso?

La posición del analista que encarna y echa a rodar su discurso, en forma de a, es en la experiencia analítica, pero también en la ciudad, puertas afuera de un análisis, allí donde puede colocar su voz. Ya que esa posición que consiente a ser resto opaco, que aloja y promueve el fallo por sobre el brillo rutilante de las exigencias de éxito, posibilita que los no-exitosos, es decir la mayoría, encuentren un lugar posible.

Ante la multiplicidad de Reinas Ana, que desde su fragilidad vociferan un “yo quiero” con el S1 en la mano, haciendo desparecer la causa, un analista se presta, desde su en forma de a, para que cada parlêtre encuentre su propia causa.


NOTAS:
1. Lacan, J., “Televisión”. Otros escritos (1973). Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 544.
BIBLIOGRAFÍA:
Lacan J., “De nuestros antecedentes”. Escritos 1 (1966). Siglo XXI editores Argentina, Buenos Aires, 1988, p. 62.
Lacan, J., El Seminario, Libro 17, El Reverso del Psicoanálisis (1969-1970), Paidós, Buenos Aires, 1992, p. 45.
Lacan, J., “Televisión”. Otros escritos (1973). Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 544.
Miller, J.-A., “Teoría del capricho” (2000). Revista Enlaces N° 6. Buenos Aires, ICdeBA, 2001, p. 6-12.

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