El discurso analítico: una pausa vivificante

El discurso analítico: una pausa vivificante

Graciela Allende - EOL AMP - ¨Ese punto¨. Fotografía.

Graciela Allende – EOL AMP – ¨Ese punto¨. Fotografía.

Andrea F. Amendola – EOL – AMP

La época Cénit

Nuestra época está signada por el ascenso al cénit del objeto a. El cénit retoma una palabra que Lacan utilizó en Televisión para dar cuenta de qué modo en nuestra modernidad el objeto a fue elevado al cenit social.

El Cenit es planteado como el punto más alto que puede ubicarse en el cielo. El plus de gozar ha subido al lugar dominante. Este primado del objeto a, propio de la época del Otro que no existe deja atrás la identificación simbólica al ideal. Dice Miller en su curso El Otro que no existe y sus comités de ética: “la inserción social se hace menos por identificación que por consumición, por lo que el comportamiento social adquiere un estilo adictivo”.1

Miller, en la conferencia Una fantasía, nos presenta a los sujetos contemporáneos hipermodernos como desorientados, sin brújula y el objeto a se impone a estos sujetos desamparados. “La práctica lacaniana tiene que vérselas con las consecuencias de este éxito sensacional. Consecuencias que son sentidas como del orden de la catástrofe”.2

El plus de gozar se cuela a través de las redes y dicta cómo, por ejemplo, se pueden obtener dosis de hormonas para lograr la metamorfosis de los cuerpos. Varias son las páginas que hacen estas ofertas; entre ellas, una tiene un nombre muy sugestivo: el comercio.com

Se hace imprescindible que el analista esté a la altura de su época, es decir, que sea placa sensible a los ideales, a los modos de goce, al saber imperante, a la forma en que lo hablante del cuerpo se manifiesta en la clínica de hoy, de modo que logre ofertarle al sujeto contemporáneo una pausa ante el vertiginoso empuje del mercado que lo abruma con un estallido de ofertas instantáneas.

Lo hablante del cuerpo

En los casos de adolescentes que llegan a consulta, lo contemporáneo se hace presente en tanto nos encontramos con sujetos que ya vienen con soluciones rápidas dispensadas por el mercado que, aliado con la ciencia, les promete adquirir cuerpos prêts-à-porter.

La labor analítica con estos jóvenes se propone propiciar un amor epistémico a lo inconsciente, subrayando aquellos significantes privilegiados con los cuales fueron hablados por sus familias, de tal modo que el acto de hablar cobre para ellos algún sentido que les permita bordear el malestar que los habita, sosteniendo en el horizonte nuestra orientación hacia lo real.

Desde el psicoanálisis el cuerpo no es el cuerpo biológico, es sustancia gozante, un cuerpo que se goza y a través del cual sabemos que las elecciones serán elecciones de goce.

“Solo hay goce del cuerpo propio –del cuerpo propio, en tanto que está también aferrado a lo incorporal de sus fantasmas. De hecho, siempre hay un lazo entre ese corporal y eso que viene a marcarlos mediante la estructura del lenguaje que se injerta, que se añade a su cuerpo como tal. De modo tal que el sexo es hacer la experiencia de que no gozamos del cuerpo del otro”.3

El cuerpo de lalengua

En su última enseñanza Lacan invierte el privilegio que le daba a la estructura del lenguaje, para dárselo a lalengua. Se toma al lenguaje en su contingencia originaria, es decir, cuando muerde la carne del parlêtre dejando marcas, sedimentando en los trazos de su escritura vestigios de goce.

Lalengua es la palabra antes de su ordenamiento gramatical y lexicográfico.  Ella no sirve para el diálogo, pues su uso es de goce. Lalengua cava un traumatismo en el cuerpo.  El lenguaje y su estructura aparecen como derivados de esta. El lenguaje es entonces “una elucubración de saber sobre lalengua”4 y, por lo tanto, el inconsciente adviene como un saber hacer ahí con lo contingente que emerge cada vez. Saber hacer que es inventivo y no teórico.

Lo que se dice en cada sesión de análisis testimonia entonces sobre ese goce de lalengua. Precisa Éric Laurent: “el cuerpo hablante no es otro que ese cuerpo marcado que nos habla mediante sus irrupciones en la lengua”.5 Por lo tanto, es a través del discurso analítico que cada sesión de análisis se vuelve una vía regia para que aquellas pasiones que vibraron en nuestro cuerpo, adviniendo como marcas de goce, sean rescatadas por el deseo del analista. Este impone una pausa para no quedar tomado por completo por aquellos “retornos siniestros al nivel del lazo social y de la subjetividad del progreso de la ciencia. Coyuntura contemporánea que hace de contexto en el que se inscribe el lazo social analítico”.6

Creyente

Una adolescente de 16 años, llega a consulta a raíz de su constante silencio y aislamiento.

Los dichos de su madre son los muros contra los cuales se debate en análisis que, como trazos de un destino inexorable, le producen angustia cada vez que los pone en cuestión. Sobre éstos le será subrayada más de una vez su posición de creyente. Sorprendida, se abre en el tratamiento la emergencia de algunas preguntas sobre su creerle, de la mano del sujeto supuesto saber, introduciendo así una distancia que separa lo que su madre dice y lo que ella cree de ello.

Luego de un año de tratamiento manifiesta la necesidad de hablar de su cuerpo. Le gustaría hormonizarse para tener pelos, como atributos masculinos que valora. Oscila en definirse como tomboy, transexual, chica-chico, chica gay. Decide desobedecer a su madre quien le transmite saber cómo debe ser una mujercita, modificando su cabello y vestimentas.

Gusta mucho de las vestimentas varoniles. Señala que no busca ser varón, sino usar lo que los varones usan ya que el varón en su cultura es respetado y es el que puede tomar decisiones sin ser cuestionado.

Le es subrayado que ella toma decisiones más allá de lo que los varones usan. El efecto de esta intervención la lleva a preguntarse si en el uso de lo varonil no se juega una provocación a su madre.

No haber dado consistencia a los nombres que le vienen de lo social, permitió que las intervenciones dirigidas a tocar su posición de creyente le hagan advertir su dimensión de sujeto hablado. Así, se descubre apegada a la trama de su Otro.

Una pausa para leer

El mercado todo lo ofrece. Es a través del saber de la ciencia en una góndola y la ley jurídica en la otra, que tener un cuerpo recortado a medida se cree posible.

El análisis introduce para esta joven algo fundamental y vivificante: el tiempo para comprender. Ella no sólo requiere del Otro para hacerse un cuerpo, sino que ha consentido, vía el amor de transferencia, a ser causada a ir más allá de ese “saber que está en el bolsillo”.7

Así, el análisis propició que quede en suspenso ese saber de consumo para todos, para que haga uso del tiempo de comprender y se ponga al trabajo su propia lectura de aquellas tempranas marcas provenientes del Otro, pausa vivificante que sólo el discurso analítico le propina, permitiéndole advertir su dimensión de sujeto hablada.

Es en esa pausa que la palabra tomó relieve, y de esa manera comenzó a querer saber qué se juega en esas elecciones de lo varonil. Así, “Una sesión de análisis es como un paréntesis. Nada más y nada menos. Un paréntesis en la existencia cronometrada del sujeto contemporáneo, este sujeto condenado a la utilidad directa”.8

Finalmente, es el deseo del analista que habita en el discurso analítico una vía regia en cada encuentro con un parlêtre, en tanto es “un deseo de llegar a lo real, de reducir al otro a su real y liberarlo del sentido”,9 pues es en esas marcas “huellas de su exilio de la relación sexual”,10 por donde el gusano de lalengua hace de lo suyo en los pliegues del goce.

Propiciar que un adolescente de nuestro tiempo dirija su amor a ese saber que lo sorprende en cada sesión porque le revela algunos destellos de lo que su fantasma le hace desconocer, es una responsabilidad que como analistas debemos sostener en acto, una pausa digna que hace del psicoanálisis vigencia.


NOTAS:
1.  Miller, J.-A., El Otro que no existe y sus comités de ética. Paidós. Buenos Aires, 2005, p. 82
2. Miller, J.-A., Punto Cénit, Colección Diva, Buenos Aires, 2012, p.47
3.  Laurent, É., “El cuerpo hablante: El inconsciente y las marcas de nuestras experiencias de goce”, http://ampblog2006.blogspot.com/2016/05/el-cuerpo-hablante-el-inconsciente-y.html
4. Lacan, J., El Seminario, Libro 20, Aún, (1972-73), Paidós, Buenos Aires, 1981, p. 167.
5.  Laurent, É., Op. cit.
6. Tarrab, M. “Un lazo social inédito”, http://www.revistavirtualia.com/articulos/764/destacados/un-lazo-social-inedito
7. Miller, J.-A., “En dirección a la adolescencia”, http://elpsicoanalisis.elp.org.es/numero-28/en-direccion-a-la-adolescencia/
8. Miller, J.-A., “Psicoanálisis y sociedad”, http://www.eol.org.ar/template.asp?Sec=publicaciones&SubSec=on_line&File=on_line/psicoanalisis_sociedad/miller-ja_lautilidad.html
9. Lo real en el siglo XXI, Vol. VIII Congreso de la Asociación Mundial del Psicoanálisis, Grama, Buenos Aires, 2012, p 436.
10.  Lacan, J., El Seminario, Libro 20, Aún, Op. cit, p. 175.

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