Eso se goza

Eso se goza

Difusión II Jornadas de la NEL Cali

Difusión II Jornadas de la NEL Cali

Gladys Martínez – NEL – AMP

Eso se goza es el sintagma que puso al trabajo a la NEL-Cali en sus II Jornadas locales. Sintagma de muchas resonancias pues compete a lo más propio de una experiencia analítica, pero también, permite interrogar y leer los fenómenos de nuestro mundo actual.

Para ello tendríamos que precisar de entrada que la noción de goce, tema central que nos convocó al trabajo, no pertenece al campo del placer. De allí que cuando se habla de eso se goza hay que diferenciarlo de yo gozo de. El goce es aquella satisfacción paradójica que se vive como algo extraño, incoercible, inasimilable que escapa al dominio del sujeto. Desde esta perspectiva, eso se goza entra en contravía con los ideales de éxito, bienestar, autogestión y auto-realización que empujan al sujeto contemporáneo a ser dueño de sí. Distinto a lo que nos enseña un fin de análisis en relación al goce en su dimensión de más de vida, de satisfacción que se puede vivir en tanto tal.

¿Cómo poder leer el eso se goza de la subjetividad contemporánea para, en tanto practicantes del psicoanálisis, estar a la altura de nuestro acto? Si estamos inmersos en un mundo que vive mutaciones del discurso del Amo que nos atraviesan y frente a las cuales no existe vacuna alguna ¿cómo servirnos del discurso analítico para que sea su reverso en nuestros consultorios, en las instituciones, en la Escuela, en la ciudad?

La caída del Uno del Padre y el ascenso del Uno del yo

El estado de civilización actual cada vez hace más flagrante cuánto está afectado por la caída del Uno; Uno del padre que, desde su estatuto de excepción, era el que servía de referencia para arreglárselas con los embrollos de la vida y del sexo, y quien establecía un ordenamiento en el linaje y las generaciones. Era un tratamiento posible para un goce permitido o prohibido, pero localizado. Tal como lo propone J-A Miller en Comandatuba, la pérdida de la potencia del Uno unificador produce la dispersión de los Unos solos, estableciendo un desparrame de subconjuntos al infinito, donde las fronteras se pierden y el goce se suelta. La liberación del goce de las garras de la prohibición tuvo por efecto desencadenar la tiranía del superyó. Se instala entonces el imperativo ¡gozá!, sin mediación y encapsulado en un autorerotismo que hunde sus raíces en el consumo infinito de objetos. Dice Miller: el “uno” solo, si puedo decirlo, será el estándar post humano.

De igual modo, la evaporación del padre deja un resto, una cicatriz que, tal como lo señala Lacan, no es otra que la acentuación de la segregación que se entremezcla en todos los niveles y que multiplica cada vez más las barreras. Se trata del ascenso al cenit social de todas las formas de racismo, en nombre del derecho a inscribir la diferencia que sí sería la que falta, la que no sería como las otras, la diferencia excepcional. Esta diferencia, que se declara y reivindica, puede ser leída desde otro Uno que toma mucha consistencia en la actualidad, el Uno del yo. Lacan, desde el comienzo de su enseñanza calificó el yo como una función de desconocimiento. No tanto porque el yo se crea otro que el que es –ese que se capta como unidad en imagen virtual producida en un lugar donde no se está realmente–, sino fundamentalmente por creerse para sí lo que uno es para los otros. Miller propone la ecuación de un mismarse, si existiera el verbo, un yo=yo. El desconocimiento del yo desde este acento ¿qué suprime? La mediación que implica pasar por el Otro. Es una ecuación circular, de altísima tensión, cuya salida es la violencia. Una época que constata la inexistencia del Otro es un terreno de cultivo propicio para el robustecimiento de este delirio de identidad.   

El goce que habita esta mismidad no es muy dúctil al análisis. Menos aun cuando aparece tan alimentado por el discurso del Amo que transforma al sujeto contemporáneo en un auto-gestor de sí. Al psicoanálisis se le presenta un gran desafío: ¿cómo saber maniobrar para producir un cierto aflojamiento de ese goce yoico de la unicidad,  para que el sujeto pueda soportar la división que abre las posibilidades de un análisis?

La división subjetiva es la que da cuenta que el yo no es el amo en su morada porque habita en él otro goce que le es desconocido, el goce del objeto que insiste, que se repite por fuera de esta unicidad. Esta es la dimensión del goce que sostiene el fantasma y que puede ser igualmente muy consistente. Sin embargo, hay que hacer un esfuerzo más para poder hablar de singularidad tal como la concibe el psicoanálisis, para que no sea confundida con la identidad particular.

Estamos en la época del yo que empuja a un identitatismo radical, a una yoisización. Esta radicalización hace que el derecho a la diferencia se torne tan rígido que bloquea el lazo social. Nada más lejano a la singularidad.

El Uno del goce

El eso se goza que propone el psicoanálisis opera en contravía de la radicalización de la identidad. En El ser y el Uno, J.-A. Miller se dedica a transmitir una orientación precisa, a partir de la última enseñanza de Lacan, para que el psicoanálisis no sea una estafa. En esta orientación la noción de lo real es brújula.

Lo real es propuesto por Lacan como una causa que tiene efectos: el parlêtre como respuesta. Para la acción del psicoanalista se trata de alcanzar lo real en su condición de reino, reinado, dominio de la causa, siempre y cuando se busquen obtener efectos de transformación. Es preciso entonces poder intervenir allí donde eso está en juego, donde se decide.

Para ello hay que hacer operatoria la noción que subyace al eso se goza: Yad’lUn, hay de lo Uno.  Ese Uno, significante Uno-todo-solo, opaco al sentido, que tiene la facultad de producir goce en tanto energía vital. Este haiuno remite al traumatismo original del parlêtre, ese shock cuando lalengua percute el cuerpo, se incrusta en él y lo acontece de goce, generando una repetición imposible de eliminar. A partir de esa marca vendrán las subsiguientes maneras de conmemorar indefectiblemente esa impronta que no se sabe, ni se piensa; se goza.

Desde esta perspectiva se puede apreciar que el Uno del goce, por el que se orienta el psicoanálisis, ese goce situado como acontecimiento del cuerpo, no es ni el Uno del padre que cohesiona, que regula y localiza el goce, el Uno por el que el sujeto es representado, ni el Uno del yo con su goce de unicidad. Tampoco el Uno del agujero. Con ese goce se teje la singularidad de una existencia. Es la materia prima de un sistema, el sinthome, con el que se puede encontrar un funcionamiento vivificante de esa marca de goce. Eso es lo que nos transmiten los AEs a través de su trabajo testimonial. Uno, hay, ya sin dos, pero también sin el cinismo de quien se identifica al objeto de su goce y se aísla en él. El sinthome, como instrumento, es un arreglo inédito con el goce, que lo saca del autismo del síntoma; es experimentar la diferencia absoluta en el propio cuerpo como más de vida que se desea enlazar.


NOTAS:
1.Vieira, M.A., Seminario dictado en las II Jornadas de la NEL-Cali, 2020, inédito.
2.Miller, J.-A., “Una fantasía. Conferencia dictada en el IV Congreso de la AMP 2004 en Comandatuba, Brasil”, http://2012.congresoamp.com/es/template.php?file=Textos/Conferencia-de-Jacques-Alain-Miller-en-Comandatuba.html
3.Ibíd.
4.Lacan, J., “Nota sobre el padre”,  Lacaniana, Revista de la Escuela de la Orientación Lacaniana, Año XI, No 20, Junio de 2016, pp. 9.
5.Ibid, p.9
6.Vieira, M.A., Seminario dictado en las II Jornadas de la NEL-Cali, 2020, inédito.
7.Miller, J.-A., “La estructura general del desconocimiento”,  Donc: la lógica de la cura, Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 115.
8.Ibíd.
9.Ibíd., p. 119.
10.Vieira, M.A., Seminario dictado en las II Jornadas de la NEL-Cali, 2020, inédito.
11.Miller, J-A., Curso de La Orientación Lacaniana, “El Ser y el Uno”, clase 2, 26 de enero de 2011, inédito.
12.Lacan, J., El seminarioLibro 19, …o peor (1972), Paidós, Buenos Aires, 2012, p.123-133.
13.Miller, J-A., Curso de La Orientación Lacaniana, “El Ser y el Uno”, clase 4, 9 de febrero de 2011, inédito.

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