La cuestión trans y el psicoanálisis

La cuestión trans y el psicoanálisis

Difusión El Psicoanálisis y los discursos en la ciudad. EOL Sección Santa Fé

Difusión El Psicoanálisis y los discursos en la ciudad. EOL Sección Santa Fé

Gabriela Spina – EOL – AMP

En 1953 Harry Benjamin, endocrinólogo alemán radicado en Estados Unidos, introduce el término transexualidad y trata a sus pacientes con hormonas.

En 1955 surge el término género, gender, gracias a John Money, psicólogo y médico neozelandés emigrado a Estados Unidos. Para Money, género define lo masculino y lo femenino desde lo cultural, más allá de las diferencias biológicas.

Posteriormente, en 1968, Robert Stoller, en su libro “Sexo y género”, introduce el concepto de “identidad de género”. El texto de Stoller es recomendado por Lacan en el Seminario 18, por la buena observación clínica de la casuística sobre transexualismo presentada allí.

En los ‘70 el término género se extiende en los textos del feminismo académico anglosajón. Alcanzada ya en las sociedades occidentales, la igualdad de derechos de hombres y mujeres con reconocimiento jurídico, la investigación feminista se adentra en el análisis de las estructuras sociales. Podemos mencionar a Simone de Beauvoire, fundadora de la corriente feminista. Esta investigación recurre a la oposición sex/gender como instrumento de análisis entre los sexos, pues las desigualdades entre hombres y mujeres no pueden explicarse por una mera diferencia biológica, distinguiendo lo biológico de lo social. Es decir, que el término gender va a utilizarse para afirmar que lo femenino y lo masculino son construcciones socio/culturales.

Mención aparte merece la política del movimiento queer, que nace en EE.UU. en los años ‘60. Es una reacción a los movimientos de gays y lesbianas que reivindican poder gozar de los mismos derechos que los heterosexuales. El término queer (raro, bizarro) reivindica una diferencia más radical que se sostendría en una práctica particular de goce. Desde esta perspectiva se postula una sexualidad performativa, lo que quiere decir que al enunciarse realiza la acción que significa, por fuera de las categorías hombre o mujer, pero también heterosexual u homosexual. Es la búsqueda de una nominación a partir de una práctica de goce. Se trata de una propuesta de desidentificación radical. Judith Butler, filósofa americana quien parte de Foucault, Simone de Beauvoire, Freud y principalmente Lacan, es uno de los referentes teóricos. En sus textos más relevantes, Género en disputa y Cuerpos que importan, Butler propone una multiplicidad de géneros que no pueden ser explicados desde el modelo dualista, un género en construcción. El sujeto de Butler es una estructura lingüística en formación. Cuestiona la identidad de género y propone en su lugar la idea de transgénero, término que acoge una multiplicidad de rasgos y modalidades que significan un rechazo al ordenamiento sexual establecido. Alberga a gays, lesbianas, transexuales, travestis, andróginos, intersexo.

Ahora bien, si tomamos los desarrollos de Freud, desde muy temprano –1905, año en que escribió sus Tres ensayos…–, podríamos afirmar que fue un precursor a estos movimientos. Fue Freud quien se hizo dócil a la palabra y a los síntomas de las mujeres, de los niños, de los locos, subvirtiendo el orden establecido de una dura época victoriana.

A partir de Freud sabemos que la sexualidad es inherente al niño desde el comienzo de la vida, aunque la elección del sexo no está de entrada. Para ello es necesario recorrer un camino de contingencias, de encuentros y desencuentros a partir de los cuales el parlêtre irá tomando una posición sexuada. En este devenir, el cuerpo se irá construyendo. En dicho recorrido juegan su papel la anatomía, la biología, el discurso circundante, familiar, social, educativo. El deseo de la madre y el lugar del niño en la fantasmática parental.

Con respecto al transexualismo, si bien Freud no lo llamó así por ser un término posterior, sí se ocupó del primer caso de transexualismo delirante que conocemos, el Presidente Schreber. La hipótesis de la lectura del caso es la defensa contra la homosexualidad como causa de su psicosis. Freud plantea tres tiempos de la psicosis. La fantasía “qué hermoso sería ser una mujer durante el coito”, previa al desencadenamiento; luego, el período psicótico con el delirio de ser una mujerzuela; y luego el período de la estabilización con el delirio de ser “la mujer de dios”. Esta mudanza en mujer es el transexualismo delirante de Schreber.

Lacan habla por primera vez de transexualismo en 1957, en el Seminario 4, y menciona allí uno de sus pacientes transexuales que había presentado en el dispositivo de la presentación de enfermos.

En un principio el transexualismo y la psicosis quedan en alguna relación. Lacan puntúa cómo en la estructura psicótica puede darse una pendiente al transexualismo, lo que denomina “empuje a la mujer”, movimiento pulsional que lleva al sujeto a una estabilización en el campo de la psicosis.

Si bien Lacan lo aplica solo a los fenómenos forclusivos, a la psicosis, este empuje a la mujer en nuestra época se ha generalizado, y podemos pensarlo en sentido amplio. Esto permite considerar al transexualismo no necesariamente del lado de la psicosis.

Ahora bien, ¿podemos considerar al transexualismo como un síntoma de la época?

Creemos que sí, en la medida en que interroga al género, a los modos de presentación de los cuerpos, en particular el cuerpo de las mujeres que puede presentarse como el objeto más precioso de una civilización, pero a la vez puede convertirse en el más desechado.1

Pero un fenómeno más nuevo aun es la proliferación de este síntoma en edades tempranas, que el Otro social nombra como niñxs trans. Un ejemplo conocido, por ser el primer caso en el mundo de cambio de género a los 6 años, en octubre de 2013, es el caso de Luana o Lulú.     

Este caso se hace público y paradigmático a partir del relato que hace su madre, Gabriela Mansilla, en el texto: Yo nena, yo princesa. Luana, la niña que eligió su propio nombre.

El caso Lulú, que Éric Laurent nombra como “la golondrina que anuncia la primavera”, por tratarse justamente de la primera niña trans que a la edad de 6 años obtuvo su nuevo DNI acorde a la “identidad de género auto-percibida”, tal como lo indica el requisito legal, lo que permite repensar la clínica con niños a la altura de nuestro tiempo. No tanto a la luz de la metáfora paterna y la significación fálica, sino en la orientación de la última enseñanza de Lacan. Este giro lacaniano permite ubicar momentos de fijaciones precoces de la sexuación infantil o el modo según el cual el niño se lo define como objeto a. Permite retomar al padre no tanto en su versión de prohibición freudiana, sino como una función lógica, versiones efectivas del padre que permitan modos singulares de inscripción y regulación del goce.

Desde el psicoanálisis nos cabe interrogar e interpretar los síntomas que se producen en la civilización y que se presentan en la clínica de la infancia y adolescencia actual.

Entonces, si alienarse de un lado o del otro, femenino o masculino, no resulta fácil, es porque hay que suponer en el inicio un vacío real y no un núcleo de consistencia e identidad. Uno de los modos en que Lacan formula ese vacío es con la afirmación: No hay relación sexual. Este axioma subraya que hay algo imposible en lo sexual, sea este sujeto hétero, homo, trans, travesti, intersex. Lo posible en este campo deviene invención, solución individual, síntoma singular.


NOTAS:
1 Laurent, É., “Las mujeres. Entre semblantes y síntomas”. Conferencia en la ELP, Mayo de 2016.
https://elp.org.es › las-mujeres-entre-semblantes-y-sintomas-resena-sobre-la…
BIBLIOGRAFÍA:
– Pérez J., J. C., De lo trans. Identidades de género y psicoanálisis, Grama ediciones, Buenos Aires., 2013.
– Gorali, V. y otros. Intersexo. Una clínica de la ambigüedad sexual, Grama ediciones, Buenos. Aires., 2007.

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