La mujer no existe

La mujer no existe

Thereza Salazar - Serie Fantasmas.  Impresión en vidrio, base de madera.

Thereza Salazar – Serie Fantasmas. Impresión en vidrio, base de madera.

Andrea Vilanova – EBP – AMP

¿Cómo abordar este aforismo? Me estaba preguntando por ello cuando, de repente, lo inesperado me tomo por sorpresa. Cayo en mis manos un libro que ya ni recordaba. Una edición de 1991 de Rose Marie Murano, una escritora feminista ¡con dedicatoria y todo! Se trata de una edición de Malleus Maleficarum, “El Martillo de las brujas”, o “El martillo de las hechiceras”, un manual diagnóstico de brujería, publicado en 1487 por dos inquisidores dominicanos alemanes, Heinrich Kraemer y James Sprenger. El manual se encuentra dividido en tres partes: la primera enseña a reconocer a las brujas en sus múltiples disfraces y actitudes; en la segunda, encontramos la descripción de todos los maleficios clasificados, desde provocar la infertilidad del suelo, destruir cosechas, enfermar animales, y hasta provocar la impotencia de los hombres; y la tercera establece los procedimientos para el tratamiento contra la brujería, presentando técnicas y orientaciones prácticas, desde el interrogatorio, marcado por mucha violencia, con derecho a la tortura, llegando a la condena, que podría ser prisión o muerte en la hoguera. Visto en retrospectiva, el fenómeno de la caza de brujas es absurdo incluso para su tiempo, habiendo sido condenado hasta por la propia Iglesia, y el libro incluido en el Index Librorum Prohibittorum.

Volviendo a buscar sobre la Inquisición en tiempos de Google, me encontré con un personaje muy interesante, allá por los finales de 1558 /1599. Se llamaba Martha Brossier, una joven francesa de 22 años que era exhibida en la plaza pública por el padre por presentar convulsiones con contorsiones, ojos desviados, comportamientos semejantes a una posesión demoniaca. La joven había sido llevada a algunas abadías, junto con su familia, para que fuera librada del mal. Habiendo sido vista por médicos y clérigos en una larga peregrinación, el diagnostico, aun así, no se aclaraba. Los informes sobre Martha, mantenidos en la Biblioteca Nacional de Paris, exponen hipótesis entre epilepsia, histeria y brujería. En algunos relatos cuenta que fue presa y juzgada bajo la acusación de hechicería. Como vemos, en este caso la Iglesia, el Estado y la medicina se debatían en torno a una investigación inconclusa. Y al final, después de algunos encarcelamientos por supuesto fingimiento de posesión demoniaca, Martha, sus hermanas y su padre acabaron por las calles viviendo de limosnas.

Encontramos aquí determinaciones manifiestas de comportamientos que aún no tenían nombre en la cultura. Vale recordar que la histeria no tenía aquí el mismo estatuto que Freud le daría unos 300 años después. El impasse del caso Martha nos permite leer con agudeza aquello que Freud fue capaz de extraer al colocarse, a partir de un lugar inédito, en la investigación clínica. Con Freud, lo que pasaba en el cuerpo de Martha, ofrecido a la mirada de los espectadores en la plaza pública, a la mirada moral de la Iglesia y a la mirada clasificatoria de la medicina, podría haber hallado otro destinatario, capaz de tomarlo en su extrañeza como enigma, más allá del espectáculo. A partir de Freud, el cuerpo y sus fenómenos, fuera de los márgenes de la anatomía y de la fisiología, pasan a ser abordados desde la perspectiva de una sobredeterminación inconsciente. Ya no el demonio, aunque la experiencia subjetiva nos enfrente con algo demoniaco en nosotros mismos.

Con Freud, es lo sexual lo que da las cartas, marcadas sí, pero no todas, en aquello que se escribe en términos de coordenadas para un sujeto. La perspectiva del inconsciente, en articulación con una concepción inédita del síntoma que comporta satisfacción, permite situar la relación del sujeto con su vida erótica. Es la realidad sexual, fruto de la experiencia del ser en el lenguaje, la que lo colocará ante de la elección forzada de un modo de satisfacción con la cual compondrá su modo de lidiar con el propio cuerpo, no menos extranjero que el cuerpo del Otro, con el cual también se las tendrá que ver.

En Freud lo universal edípico ofrece la matriz para la lectura de las reglas de juego entre los partenaires en la vida. Y la constitución del falo, único representante de lo sexual en el inconsciente, marca el lugar del objeto, más precisamente de la falta de objeto, marca de la castración. Para Freud, la disimetría entre los sexos, puntuada a partir de la falta fálica y la relación primaria de la niña con su madre, revela una posición de privación ante la cual ella podrá encontrar una salida por el semblante fálico, revistiendo la castración materna y transformando la envidia de pene en tejido para la confección de semblantes. Sin embargo, eso no basta. Si el enigma del “continente negro”, la boca abierta de Irma, continúa interrogando a Freud con su grito mudo ¿“que quiere una mujer?”, podemos afirmar que una perspectiva más allá del falo ya se insinúa.

De aquello que se escribe a partir de la lógica fálica a lo que resta como enigma a descifrar, Lacan nos ofrece la lógica de los goces. Del lado femenino, aquello que ni el hijo ni el falo son capaces de cernir; lo imposible de nombrar solo encuentra una lectura posible tomándo a cada mujer una por una. Así, en una vertiginosa elaboración Lacan dará lugar a los poderes de la palabra, a los efectos de la captura imaginaria y a lo que no se escribe de la vida vivida y que ni por ello estaría al margen del lenguaje. Se trata entonces de otro margen. “No puedo designarlo ni mejor ni de otra manera porque tengo que zanjar y tengo que darme prisa. Hay un goce, ya que al goce nos atenemos, un goce del cuerpo que está, si se me permite … Más allá del falo”.

Afirmar que “La mujer no existe” da lugar a lo femenino en cortocircuito con el feminismo, informándonos sobre aquello del goce que no está bajo el estatuto del falo, excede a la lógica de la castración y designa un campo de satisfacción positivado, deslocalizado, imposible de nombrar. Se trata de lo que apenas se puede experimentar con el cuerpo, que no se es y no se tiene, al cual nos enlazamos sintomáticamente, inventando un modo de componer la vida y que no se define como algo inefable. Cada uno al final de su análisis puede llegar a dar testimonio de su solución, de aquello de lo que puede servirse para nombrar lo imposible.

“La mujer no existe” articula aun un enigma a ser descifrado, en una dimensión que extrapola la experiencia sintomática singular, inscribiéndolo en relación a la cultura. Martha, al encarnar el imposible de clasificar en la cultura de su tiempo, registra lo que Laurent propone al tomar a la mujer como síntoma de la civilización, destacando la preeminencia de ese efecto-síntoma, por lo que las mujeres representan en ruptura con las coordenadas uniformizantes de las versiones del discurso del amo en cada época.

Ningún carácter anónimo o estándar es capaz de acoger ese imposible de clasificar. Fue Freud quien, al colocar el psicoanálisis en la escena del mundo, inventó una respuesta posible. Y es en la respuesta de cada uno de nosotros, psicoanalistas, que el propio psicoanálisis puede continuar vivo.

Traducción: Laura Fangman

NOTAS:
1.Este texto fue elaborado a partir de un trabajo presentado en la mesa Clichés del Psicoanálisis, promovida por el ICP-RJ, con la participación de Cristina Duba, con “Freud explica”, María do Rosario do Rego Barros, con “No existe la relación sexual”, teniendo como moderador a Paulo Vidal. Encuentro realizado el 27/09/2019, en la Sección Río.
2.Kramer, H. & Sprenger, J. O martelo das feticeiras, Introducción histórica: Rose Marie Muraro, Rio de Janeiro, Ed. Rosa dos Tempos, 1991.
3.Patin, G. Correspondace complete et autres écrits. Édité par Loic Capron.- Paris. Bibliothèque inter universitaire de santé, 2018. -À Claude II Belin, le 3 janvier 1638. Note 10
4.Cfr. http://www.histoiredelafolie.fr/psychiatrie-neurologie/discours-veritable-sur-le-fait-de-marthe-brossier-de-romorantin-pretendue-demoniaque-par-michel-marescot-1599
5.Nota sobre o caso de Martha Brossier encontra-se em: Dulaure, Jacques-Antoine, Histoire physique, civile et morale de Paris, 1842, pp. 478-483.  https://books.google.com.br/books?id=bjsDAAAAYAAJ&pg=PA480&lpg=PA480&dq=Marthe+Brossier+une+femme&source=bl&ots=W7GVtsA3V_&sig=ACfU3U2vyq4YsPJg8dKIh184Fkw4WwJlpA&hl=pt-BR&sa=X&ved=2ahUKEwipjPDe2ajkAhVKIbkGHQDcCdo4ChDoATAIegQIAhAB#v=onepage&q=Marthe%20Brossier%20une%20femme&f=false
6.Lacan, J. El Seminario, Libro 20. Aun (1972-1973) Buenos Aires, Paidós, 2008, p. 90.
7.Laurent, É., “Las mujeres, entre semblantes y síntomas”. Primeras Conferencias Internacionales Jacques Lacan, celebradas en Barcelona el 13 y 14 de mayo de 2016. https://elp.org.es/las-mujeres-entre-semblantes-y-sintomas-resena-sobre-la-primer-conferencia-de-eric-laurent-betina-ganim/

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