La soledad de la invención compartida

La soledad de la invención compartida

Liliana Zaremski - EOL AMP - Fotografía Sin título.

Liliana Zaremski – EOL AMP – Fotografía Sin título.

Marcela Ana Negro – EOL – AMP

Una masa puede erigir a alguien como su líder ubicándolo en el lugar de su ideal, su superyó o como un “Nombre”. ¿Qué determina su elección? ¿Ella está orientada por el líder, por la masa, por la época? ¿El conductor ocupa idéntico lugar psíquico para todos y cada uno de los que conforman el grupo? ¿La elección que se lleve a cabo propiciará de alguna manera el tipo de relación que se establezca entre los miembros?

Estas son algunas de las preguntas que me formulo. Me interesa particularmente pensar la masa que se constituye alrededor del líder que opera como Un-Nombre.

¿En qué consiste esta modalidad de identificación? ¿Qué operación se produce para que se desencadene?

Para introducir el tema, pongo a consideración la observación hecha por Éric Laurent respecto de la condición propicia de un líder político a la altura de la época: “La política implica inventar límites que giren alrededor de la búsqueda de algo que permitiría hacer cesar este empuje que aparece de manera tan destructiva, tan superyóica”.

Si bien el modo de ejercer la función no determina la condición con que cada uno de los miembros de la masa se enlaza al líder, aun así este modula la forma e influye en el lazo que se establece entre los miembros. Incluso diría que esta forma de liderazgo que queremos tratar aquí, el líder-Nombre, solo deviene tal en ciertas condiciones muy particulares: después de haberse ganado la confianza de los que recién entonces devienen miembros de la masa; antes hubo solo algo del orden de una apuesta (y quizás, en algunos casos, ni siquiera eso).

Lo que se pone en juego y determina la identificación es “la confianza inédita en un nombre” que podría conducir en cierto modo a “un nuevo amor”, en el sentido en que lo señala Laurent: un amor que es protección frente al goce. Confianza en un nombre, en lugar de amor al líder-Ideal, o temor al líder-superyó.

La confianza surge como consecuencia de la constatación del sostenimiento de una posición ética por parte de aquel que encarna el nombre, es decir, a posteriori. Dice Laurent:

“Vemos esfuerzos para buscar límites que no vienen más ni de la tradición, ni de los sistemas de moral existentes (…) Esta soledad de cada uno es también un efecto de la caída del patriarcado. No hay más grandes identificaciones comunes. (…) un líder (…) que funciona de la buena manera y permite hacer soportar estos movimientos de goce y de odio y canalizarlos de una manera que no sea destructiva (…) Ahora no hay más una autoridad basada en discursos establecidos, más bien surge de todas estas tentativas distintas que son modos nuevos de inventar límites, responsabilidades, encarnaciones y un abanico de soluciones muy diversas que son probadas en los distintos países.”

Poder sostener esto que nos plantea Laurent requiere de una posición que es, por un lado, de responsabilidad frente al propio goce y, por otro, de poder soportar la soledad del acto conforme al deseo por parte de aquel que se ocupa de canalizar los movimientos de goce y odio de una manera que los torne menos destructivos. Eso hace que líder-Nombre solo pueda ser uno por uno. Por condición lógica, la singularidad (el estilo) está tan puesta en juego, tan expuesta en este tipo de líder, que solo encarna la función no-todo por completo (a diferencia de las otras formas de liderazgo); algo queda contingentemente en la dimensión lógica de lo imposible.

¿Qué es identificarse a un nombre? ¿Identificarse a un nombre es hacerlo al hombre o su lugar, o es identificarse a lo que ese nombre porta?

Nombrar es circunscribir, delimitar un vacío sin llenarlo. Laurent nos orienta:

“Cuando Lacan describe la posición de la civilización moderna dice que esta soledad es un efecto que aproxima a cada sujeto con la posición femenina, que es una posición de soledad en relación a cómo se autorizó cada mujer en su particularidad. Nos encontramos en la soledad de la invención compartida”.

Esta clase de liderazgo, por la posición estructural en la que se halla, que no es la de significante amo, es mucho más dependiente de la masa que las otras dos formas. Condiciona un tipo de relación que es de implicación lógica. Un líder así posicionado convoca implícitamente a la masa, no a una actitud de subordinación pasiva (tal como describe Freud respecto de las estudiadas por él: sumisión a una figura fuerte, la pérdida de la voluntad propia, el predominio de lo afectivo sobre lo intelectual, y la incapacidad de moderarse y de diferir la acción), sino que exige por parte de ella una asunción activa de responsabilidad en el armado de una invención que es compartida, contingente, no-toda y sostenida, que requerirá cada vez inventar un límite diferente:

“En estos movimientos la dificultad es cómo crear una estructura de responsabilidad que pueda hacer entrar a estos movimientos, no en la instantaneidad del conjunto, sino en una historia que puede incluir la consideración de decisiones justas, erróneas, propuestas fecundas, otras nefastas y esto forma parte de las apuestas de la política de transformación”.

Incluirse de forma activa es implicarse subjetivamente y esto nunca es sin incomodidad, sin yerros y sin consecuencias. Supone la soledad de no contar con un para-todos, un universal del que sostenerse. No perfila una masa que se deja llevar, sino una que acompaña.

Esta invención compartida de la que habla Laurent solo puede sustentarse en una posición de responsabilidad de ambas partes.

¿Cómo reconocer y distinguir las distintas formas de liderazgo?

La modalidad de liderazgo que un conductor ejerce puede ser leída y discernida a partir del uso y articulación que este haga de tres variables: la modalidad del Uno que asume, la distribución del plus de goce que realiza y el tratamiento de lo hetero que promueve; se trata de una articulación entre el Uno, el objeto a y el no-todo. Un análisis de la masa con estos elementos mostrará cómo cada líder se llega a acercar, más o menos, a una u otra posición, en uno o más aspectos. Según el manejo que el conductor haga de ellos, tendremos, o no, el resultado que Laurent adjudica a un saber hacer en política.


NOTAS:
1.Laurent, É., “¿Un nuevo amor para el Siglo XXI?”, en El Caldero de la Escuela N° 18, Grama, Buenos Aires, 2012, p. 2.
2.Negro, M., “Los movimientos populares y sus líderes” (Parte I), en La libertad de pluma N° 8, Año 2, septiembre 2019, http://lalibertaddepluma.org/marcela-ana-negro-los-movimientos-populares-y-sus-lideres/ y “Los movimientos populares y sus líderes” (Parte II), en La libertad de pluma N° 10, Año 3, marzo 2020.
3.Laurent, É., “La política en el cuerpo y en la psiquis”, https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/eric-laurent-politica-cuerpo-psiquis_0_6jcUXW9l.html
4.Laurent, É., “¿Un nuevo amor para el Siglo XXI?”, op. cit.
5.Laurent, É., “La ley de hierro del superyó”, entrevista para el CIEC,
6.http://www.eol.org.ar/template.asp?Sec=prensa&SubSec=america&File=america/2011/11-01-30_La-ley-de-hierro-del-superyo-Entrevista-a-Eric-Laurent.html
7.Laurent, É., “La política en el cuerpo y en la psiquis”, op. cit.
8.Ibíd.
9.Ibíd.
10.Negro, M., “Un análisis de las masas a partir de las modalidades del Uno, el plus de goce y el no-todo”, en http://uqbarwapol.com/un-analisis-de-las-masas-a-partir-de-las-modalidades-del-uno-el-plus-de-goce-y-el-no-todo-marcela-ana-negro-eol/

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