La sorpresa que perturba y anima

La sorpresa que perturba y anima

Difusión XXVI Jornadas Clínicas da Escola Brasileira de Psicanálise. Sección Río e Instituto de Clínica Psicoanalítica de RJ

Difusión XXVI Jornadas Clínicas da Escola Brasileira de Psicanálise. Sección Río e Instituto de Clínica Psicoanalítica de RJ

Ana Tereza Groisman – EBP – AMP

El sueño

No entiendo de sueños, pero una vez anoté uno que, aun sin entenderlo, me parecía que quería decirme algo. Como yo había cerrado la puerta al salir, al volver ésta se había pegado a las paredes y ya estaba incluso con los contornos borrados. Entre buscarla tanteando las paredes sin marcas o cavar otra entrada, me pareció menos trabajoso cavar. Fue lo que hice, procurando abrir un pasaje. Sin embargo, apenas fue rajada la primera abertura, noté que por allí nunca había entrado nadie. Era la primera puerta de alguien. Y, aunque esa estrecha entrada fuera en la misma casa, vi la casa como no la conocía antes. Y mi cuarto era como el interior de un cubo. Sólo ahora notaba que antes había vivido dentro de un cubo. Me desperté, entonces, toda bañada en sudor pues había sido una pesadilla, a pesar de la aparente tranquilidad de los acontecimientos en el sueño. No sé qué simbolizaba. Pero “una primera puerta de alguien” es algo que me atemoriza y me fascina al punto tal de por sí solo constituir una pesadilla.

Crónica de Clarice Lispector

Elegí comenzar con esta crónica de Clarice Lispector por la simplicidad y sofisticación que siempre encuentro en sus textos sobre lo que ocurre en lo más íntimo de nuestro ser, nuestro corazón salvaje. Esa pequeña crónica, a mi entender, retrata con precisión lo que podríamos pensar como un pasaje de entrada en el discurso del inconsciente, un retorno a lo más íntimo que se torna desconocido. Ese escrito también pone en evidencia la relación entre esos tres significantes que se enlazan en un análisis: vida, sueño y sorpresa. Entonces, mi pregunta sería: ¿qué relación podemos establecer entre ellos en los diferentes momentos de un análisis?

El trabajo con los sueños coincide con el nacimiento del psicoanálisis, y cada vez que repetimos el paso freudiano renovamos nuestra apuesta en el inconsciente. El sueño acompaña el análisis, y en la medida en que es interpretado, interpreta al soñador. Él despierta al soñador como irrupción de contenidos inconscientes en su estructura del lenguaje, franqueando el acceso al material reprimido y exponiendo la relación singular que el sujeto establece con su íntima alteridad.

El sueño es el soñador y produce una narrativa que por las vías de la asociación libre no sería fácilmente alcanzable. Sin embargo, es en el relato que se escribe un análisis, que surgen los elementos dispares y disonantes, que por veces interrumpen el habla. Algo escapa a la comprensión. Las imágenes oníricas no se traducen enteramente con palabras, lo que posibilita la emergencia de un objeto heterogéneo al sujeto. Es entre uno y otro, un intervalo fecundo, una “primera puerta de alguien”.

El inconsciente real, o el inconsciente propiamente dicho, es un saber imposible de reintegrarse al sujeto, pero sufrimos sus efectos en torno de los cuales tejemos y deshilachamos nuestra mortaja del fantasma. En la lectura de los sueños en un análisis, pasamos del simple relato a la descomposición de sus elementos, haciendo emerger el detalle que no se dobla fácilmente a la interpretación: su carozo de real.

Toda vez que hablamos, nos encontramos con los límites del simbólico y del imaginario en relación a lo real, y en cada etapa de un análisis diferentes caminos serán trazos en torno al imposible de decir.

Miller, en “Sutilezas analíticas”, propone que separemos los análisis en 3 tipos: los que se inician, los que duran y los que eventualmente terminan. Evidentemente ellos se conectan, ya que los análisis que terminan, empezaron en algún momento y duraron un cierto tiempo, pero al separarlos, podemos vislumbrar la sutileza de cada etapa.

Un sueño de inicio

Los análisis se inician como sueños, hay sorpresa, revelación, hallazgo y efectos terapéuticos. Se instaura un vacío que alivia a medida que vacía la demanda y posibilita en su horizonte que algo de la inconsistencia del Otro se fije. “Un análisis que se inicia ocurre en una atmosfera de revelación”.

Es el sueño de la “luna de miel”, como lo llama Miller, pero un largo camino deberá ser recorrido hasta que esa revelación, que tiende a ser velada nuevamente, no pueda serlo más.

En su testimonio de pase, Irene Kuperwajs nos cuenta un pasaje de su último análisis: un sueño que, al ser interpretado, propicia el inicio del trabajo analítico en dos vías: del síntoma y del fantasma. El síntoma de callarse y el fantasma de ser dulce, que obturan la falta del Otro. Es importante señalar que es solamente en la salida del análisis que esa entrada puede ser leída.

Para Miller, pase es el nombre que otorga Lacan a la disyunción entre el sujeto y el objeto que opera en la experiencia analítica, lo que habitualmente llamamos de “atravesamiento del fantasma”. El fantasma completa y atribuye consistencia al Otro. Sin embargo, en el pase de Irene aprendemos que para que un análisis se inicie es preciso que esta disyunción ya conste en el ticket de entrada. Poner en escena el objeto del fantasma opera la fractura del fantasma que empieza a dibujarse. Se agrieta el primer pasaje. La construcción del fantasma permite que sujeto y objeto, elementos excluyentes, entren en relación.

La dura repetición de los análisis que duran

Si en el inicio lo que vivimos es la sorpresa de la revelación, en los análisis que duran nos adentramos en la “selva oscura”, como dice Miller, donde reinan la repetición y el desasosiego, una pesadilla donde nos percibimos enjaulados por el fantasma, presos en “el interior del cubo”. El alivio del inicio es recubierto por la viscosidad del goce accionado en el fantasma, que alimenta la consistencia del Otro y objetiva al sujeto. La sorpresa aparece (o desaparece) como repetición de lo mismo, y así somos sorprendidos siempre por el mismo impasse. Es la posición de objeto tapón que resiste en ceder lugar.

La sorpresa, a lo largo del análisis, queda más del lado de la repetición que de la novedad, un impasse que obstaculiza la salida. Ella puede ser vista como un efecto del inconsciente y un relance de la consciencia, recordando que la consciencia, desde Freud, no pasa de un estado altamente fugaz; lo que es consciente, lo es solo por un momento. La sorpresa puede ser acallada por la interpretación gastada del fantasma o puede producir algo nuevo, sostenido por el deseo del analista. La presencia de ese deseo posibilita que nuevas rutas sean trazadas.

En los análisis que se inician y que terminan podemos identificar la sorpresa como un efecto de despertar: en la entrada, el despertar del inconsciente y en la salida, el despertar del fantasma. En los análisis que duran todo es más difícil. Es en la repetición propia del fantasma que se fijan. Propongo, entonces, dos formas de pensar la sorpresa: la sorpresa de lo nuevo, característica de los análisis que inician y los que concluyen y también la dura sorpresa de “de nuevo” de los análisis que perduran.

Análisis que ocasionalmente terminan

En “Análisis terminable e interminable”, Freud afirma que hay siempre manifestaciones residuales. No creo que eso contradiga la teoría que Lacan construye sobre el fin de análisis, ya que no nos curamos del inconsciente, tampoco del fantasma, pero podemos hacer de ese agujero un resto fecundo que no nos trague, sino, al contrario, se vuelva un punto de partida hacia la elaboración de un saber, no más agarrado de los grilletes del Otro, sino más bien enlazado al sinthoma de cada quien.

El fin del análisis supone un paso inverso a la construcción cuando ante el agujero que despierta, en lugar de buscar el tejido deshilachado del fantasma, apostamos al salto hacia a lo nuevo y a la creación, pensando fuera de la caja, o del “cubo” de Clarice, haciendo del vacío que antes nos enterraba un lugar fértil desde donde un nuevo sujeto puede advenir. La satisfacción encontrada en el análisis que termina sorprende y renueva la apuesta en el inconsciente, ya no el transferencial, pero si como sede del vacío fecundo, fuente del acto que da el pasaje de analizante a analista.

Vida y análisis en algunos momentos se vuelven inseparables; como dice Freud, no se trata de unos anteojos que podemos sacar o poner al salir de allí. Una persona en análisis vive en análisis, pues el trabajo con el inconsciente no nos da tregua. En otro sentido, vida y análisis no se sobreponen. El fantasma que nos adormece y con el cual nos vestimos para defendernos de lo real, orienta una vida, pero debe ser desarmado en análisis.

La sorpresa en análisis modifica la sorpresa en la vida, y la sorpresa de la vida puede traer ganancias importantes al análisis. Para concluir, retomo la crónica del inicio y sus palabras precisas que nos ayudan a iluminar el bosque oscuro del análisis visto del lado de adentro. La “primera puerta de alguien” solo se revela a partir del lado de adentro, y solamente de afuera del cubo es que Clarice, y cada uno de nosotros, podrá inventar su salida.

Traducción: Ana Beatriz Zimmermann Guimarães

NOTAS:
1.Trabajo presentado en las XXVI Jornadas clínicas de EBP-Rio y del ICP RJ, titulada: La vida (no) es un sueño: real y sorpresa en el psicoanálisis.
2.Lispector, C., “El sueño” (1968), Descubrimientos. Editora Adriana Hidalgo, Buenos Aires, Argentina 2010 p.37
3.Miller, J.-A., “A favor do passe ou dialética do desejo e fixidez da fantasia”, Aposta no passe: seguido de 15 testemunhos de Analistas da Escola, membros da Escola Brasileira de psicanálise, organização e tradução de Ana Lydia Santiago, Contra Capa, Rio de Janeiro, 2018, p. 95.
4.Idem
5.Freud, S., “Compêndio de psicanálise” (1940), Compêndio de psicanálise e outros escritos inacabados, Obras incompletas de Sigmund Freud, Autêntica, Belo Horizonte, 2018, p. 51.

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