Mira una madre

Mira una madre

Alejandra Korek - EOL AMP - “Qué estamos haciendo III” Collage analógico 2017.

Alejandra Korek – EOL AMP – “Qué estamos haciendo III” Collage analógico 2017.

Osvaldo L. Delgado – EOL – AMP

I

Ante la pérdida de un ser querido, perdemos el lugar de falta que representamos para él. En ella no sólo está en juego la dimensión del objeto a en el lugar de lo amado, sino también dejar de ocupar el lugar de ser una falta.

Si el Otro está desaparecido, ni vivo ni muerto, es imposible dejar de ocupar un lugar de falta. Más bien puede ocurrir, y ocurrió, encarnar aún más ese lugar. No hay ni desasimiento respecto al objeto, propio de un duelo llamado normal por Freud, ni un proceso de melancolización. Al contrario, se puede producir un potente deseo de seguir encarnando ese lugar.

¿Qué pasó con las Madres de Plaza de Mayo? Llamándose “Madres” afirmaron que el objetivo de desaparición era imposible. Ese término no fue un apelativo, sino una nominación.

Esas Madres lograron encarnar el paradigma ético de la sociedad argentina. Este paradigma dice que está prohibido satisfacerse torturando y asesinando. Aquel que transgrede ese límite ético, será juzgado y condenado. Que hacer desaparecer personas implica el acto más cruel a la humanidad.

Se llamaron a sí mismas “Madres”, el nombre que marcó la imposibilidad estructural de la desaparición. Por eso se las llamó “locas”. Produjeron el acto que inscribió para siempre el NO al supremo sacrificio sádico ofrecido a los dioses oscuros: no, no desaparecerán jamás.

¿Qué es lo que se produjo en estos seres que llevan en la cabeza el pañal de sus hijos y sus fotos que nos miran? La experiencia es cercana a la que nos describe Maurice Blanchot en Thomas el oscuro: “él es incluso la última posibilidad que tengo de ser visto cuando ya no exista. Es esa mirada que continúa viéndome en mi ausencia. Es el ojo que mi desaparición, a medida que se hace más completa, exige cada vez más para perpetuarme como objeto de visión”.

Como bien lo formula Lacan en el Seminario 11, Freud nos enseñó el valor de la pulsión escópica como aquella que “elude de manera más completa el término de la castración”.

II

Ana María Careaga plantea que “muchos familiares relatan distintas circunstancias en las que, creyendo ver a sus hijos en la calle, algunos cuentan que se acercaron a la persona para ver si esta era o no su familiar desaparecido; otras dicen que, frente a la posibilidad, no pudieron mirar”.,

“(…) abuelas que buscan rostros parecidos a los que podrían ser sus nietos, de hijos que buscan en otros padres de la generación de los suyos, identidades arrancadas para poder escribirse y reescribirse incesantemente”.

Ante estos episodios podemos rápidamente dar cuenta del campo de la mirada en la economía de un duelo en estado de suspensión, ni vivo ni muerto, desaparecido.

Pero lo que inmediatamente nos llama la atención es cuando “no pudieron mirar”. ¿Es sólo para protegerse de la posibilidad de la decepción? ¿O se trata de la esquizia del ojo y la mirada que podría volverse siniestra?

¿Se trata solo de mirar, o de ser mirado por esa mirada del Otro? ¿Ser visto, viendo?

Dicen que ante la posibilidad de que fuera el familiar, no pudieron mirar, sin aclarar si era por el temor de que fuera o que no fuera. Podemos pensar, sencillamente, que se trataría de lo segundo. Pero esto no aclara la cuestión.

Dice Lacan en el Seminario 11: “a ello se debe que más que cualquier otro, la mirada sea un objeto desconocido y quizás también por eso el sujeto simboliza en ella de modo tan logrado su propio rasgo evanescente y puntiforme, en la ilusión de la conciencia de verse verse, en la que elude la mirada. Si la mirada es, entonces, este envés de la conciencia, ¿cómo intentar imaginarla?”.

Si no lo veo mirarme, el desaparecido me sigue mirando, y sigo siendo una falta para ese Otro que, como la lata de sardinas en el ejemplo de Lacan, me mira, y esa mirada constituye el sentido de mi existencia.

En el capítulo XVI del curso El ultimísimo Lacan, denominado “Lo visual”, Jacques-Alain Miller va a formular un hecho clínico que se presenta en el último tramo de la enseñanza de Lacan. Este hecho clínico es la inhibición para imaginar. Dice Miller “el hecho clínico mayor es la hiancia que sigue presente entre lo imaginario y lo real”.

Hay continuidad, para Lacan, entre el sueño, la poesía, la filosofía, el fantasma y el delirio, en los que “se ve a lo simbólico pasar a lo imaginario”. Destaco aquí, para la elaboración que desarrollo, al fantasma. A su vez, en un análisis se trata de superar la hiancia entre lo imaginario y lo real.

¿Podemos acaso leer como la inhibición que destaca J.A. Miller –a partir de la ultimísima enseñanza de Lacan– ese acto en donde, ante la posibilidad de que fuera el familiar, no mirar?

¿El mirar afectaría la economía fantasmática, y superaría la hiancia entre imaginario y real, pero no mediante un análisis, sino un pasaje al acto imposible de soportar?

¡Madre, mientras te sigo viendo en tanto que me ves, sigo existiendo en el lugar de tu mirada, aunque no mires desde donde yo te veo! ¡Madre, ves que ardo!


NOTAS:
1.Blanchot, M., Thomas el oscuro, Editorial Pre-textos, Valencia, 2002, pp. 86-87.
2.Lacan, J., El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964), Editorial Paidós, Buenos Aires, 1986, p. 85.
3.Careaga, A. M., “Terrorismo de Estado. Justicia y psicoanálisis. Tomar la palabra”.  En Delgado O. (comp.) Consecuencias subjetivas del terrorismo de Estado, Grama ediciones, Buenos Aires, 2015, p. 63
4.N. de A.: El subrayado es mío.
5.Careaga, A. M., Op. Cit., p. 65.
6.Lacan, J., Op. Cit., pp. 90-91.
7.Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 258.
8.Ibid., p. 258.

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