Sueño e invención

Sueño e invención

Difusión Jornadas de la NEL Bogotá.

Difusión Jornadas de la NEL Bogotá.

Laura Arciniegas S. – NEL – AMP

¿Qué lugar para el sueño en una práctica orientada por lo real? ¿En una práctica que apunta a cernir lo real del síntoma?

En “El Ser y el Uno”, Miller subraya el pasaje de Lacan del reconocimiento a la causa, y el desplazamiento que hace sobre el punto de aplicación de la práctica analítica, del deseo al goce. “hay otro régimen de la interpretación que se apoya, no en el deseo, sino en la causa del deseo. Es una interpretación que trata el deseo y la falta en ser como una defensa contra lo que existe. Al contrario del deseo que es falta en ser, lo que existe es lo que Freud abordó con las pulsiones y a lo que Lacan dio el nombre de goce.”.

Efectivamente, la última enseñanza de Lacan pone su acento en la perspectiva del Hay de lo Uno, de la existencia, lalengua y el goce, y ello no es sin consecuencias sobre la práctica, la escucha y la intervención analítica.

En esta perspectiva, la interpretación releva una vía diferente a la de la traducción o el desciframiento que alimenta el sentido haciendo del análisis una experiencia interminable al servicio de un seguir durmiendo. Se trata, entonces, de privilegiar la vía que permita cifrar el goce cerniendo un trozo de real propio de lalengua del parlêtre, que, en un trabajo analítico, bajo transferencia, se hace posible.  Se requiere de un análisis que dure y de una escucha que apunte ya no solo al ser sino a la existencia, lo cual implica una formación que nos permita escuchar lalengua, el goce, material último del que está hecho el síntoma y también el sueño de cada uno.

Freud supo ubicar en el ombligo del sueño el punto donde se revela el límite de la interpretación y se detiene toda posibilidad de sentido. Se encontró allí con un real, y puso el acento en esa opacidad que remite al sinsentido y lo indecible, punto límite en el campo de las representaciones que refiere a lo que no es posible de ser dicho por estructura. Lacan supo tomar la posta del imposible freudiano y continuar con la pregunta por la contingencia del encuentro entre el significante y el goce que atraviesa toda su obra, así como las vías, tortuosas, contingentes e imprevisibles en que éste se lleva a cabo para cada ser hablante.

Ya en el Seminario 11, Lacan ubica que la función de la tyche, de lo real como encuentro esencialmente fallido, se presenta bajo la forma del trauma más allá de la insistencia significante del automatón. El trauma, como lo real inasimilable “es concebido como algo que ha de ser taponado por la homeostasis subjetivante que orienta todo el funcionamiento definido por el principio del placer”.

Luego, en el Seminario 20, Lacan subraya que lo esencial de lalengua no es más el sentido, sino el goce, de manera que el trauma es de lalengua, de la marca de goce que dicho encuentro produce y percute en el cuerpo haciendo surgir al parlêtre. Traumatismo que perdura y se impone en su insistencia en el seno mismo de los procesos que, como en los sueños, reaparece para no dejarse olvidar.

Resaltemos que “El real de Lacan es un negativo de lo verdadero, por cuanto ese real no está enlazado a nada, está separado de todo, incluso de todo, todo; no tiene leyes, no obedece a sistema alguno y condensa el hecho puro del traumatismo”. Entonces, en este orden, ¿puede el sueño, un sueño, tocar, cernir, constatar, indicar algo del real singular de un parlêtre? Es lo que nos enseñan los AE en sus testimonios en los que el sueño tiene un lugar central. Sueños, especialmente los que aparecen al final del análisis, que no son ya para contarse, sino para ser leídos, pues escriben una letra, una palabra, una frase, que si bien no son la última palabra, son la del final. Una escritura fuera de sentido vinculada al núcleo traumático contingente que es también el hueso del sinthome. Hace falta aún verificar que “ha surgido un nuevo partenaire en el sujeto que le permita leer lógicamente esos sueños, más allá del Edipo, y en la perspectiva conclusiva del borde entre sentido y real”. Esto es fundamental en la demostración de un final de análisis.

Ante lo imposible, que insiste, ¿no es acaso el sueño un artificio, una de las formas que tenemos para cernir, bordear e intentar nombrar, ese trozo de real más propio y singular con el que hacemos lazo?

El psicoanálisis apuesta por la producción de un lazo inédito. Ese lazo se hace con ese Uno que se logra aislar en un análisis que llega a su final. Lo más singular es producto del análisis que apunta a la existencia, no sin el ser, pero sí más allá de él. Constatada la inexistencia, la inconsistencia del Otro, con ese “trozo de real” que se ha podido cernir, incluso nombrar –no necesariamente de manera fija, sino de manera singular cada vez–, se haría posible un nuevo lazo. Esto tiene efectos en la clínica que realizamos uno por uno, pero también –es la apuesta–, en las diferentes formas de inserción y presencia de cada analista en el mundo hoy. Un uso propio, singular, en la forma de habitar y hacer Escuela y fuera de ella, se hace necesario para que el psicoanálisis siga existiendo. En este sentido se trata de una invención, de un saber hacer con eso, de un “arreglárselas con” cada vez. El sueño, especialmente los del final de una experiencia analítica, puede mostrar algunos trozos de real con los que un analista puede hacer. Los testimonios de AE dan cuenta de ello. La invención que posibilita su sinthome, el Uno del goce, el “Hay de lo Uno”, momento de existencia, no de esencia. Algo de eso se hace Uno y luego se deshace. Configura Un decir, de lo imposible. Por ello es incómodo, y la forma de ponerlo en acto única. ¡Finalmente es con eso que podremos incomodar hoy el discurso universalizante de la época!


NOTAS:
1.Miller, J.-A., Curso de la Orientación Lacaniana, “El ser y el Uno”, De la falta en ser al agujero. Clase del 11 de mayo de 2011, Inédito.
2.Lacan, J., El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1990, p.63.
3.Miller, J.-A. “Piezas sueltas”, Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 50
4.Gorostiza, L., “Una demostración encarnada” Revista Lacaniana de Psicoanálisis, EOL-Grama, Buenos Aires, Año XII, No. 22, abril de 2017, p.83.

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