A(r)mar un cuerpo

A(r)mar un cuerpo

Gimena Sozzi*

Recientemente, Eric Laurent volvió a visitar Argentina, contexto en que aportó algunas ideas que me interesa interrogar ya que considero pueden servir de orientación para pensar la función del amor en el armado del cuerpo.

Así es que comienzo por los señalamientos que realizó en la Conferencia brindada en el acto de entrega de su título Honoris Causa en la Universidad Nacional de Córdoba:

“El niño contemporáneo se confronta con formas precoces de goces adictivos, con aquello que no cesa de repetirse, tanto desde la vertiente del demasiado pleno o del vacío, aquello que involucra a los circuitos pulsionales (…) Agregaremos también la imposibilidad de habitar un sexo que convenga al género asignado. Estos síntomas involucran directamente el goce y forman una serie difícil de considerar neurótica sin por ello poder ser calificadas de psicóticas (…) Estos síntomas nuevos subrayan la fragilidad del Padre”[1].

Podemos con esto considerar que el habitar un sexo que no convenga al género tiene su lugar como síntoma que compete al goce de cada quien, irreductible a una estructura subjetiva determinada.

Unos días después, en la Conferencia que brindó en el Palais Rouge, en Buenos Aires, señaló:

“Hay un solo goce como tal, un solo goce sexual. Las multiplicaciones de las experiencias experimentan esto, es una experimentación de cómo se declina la oposición entre el goce del órgano y el goce sexual como tal (…) Hay toda una serie de experimentaciones de cómo ir más allá y cómo se experimenta (…) Del lado trans (…) testimonian de la búsqueda de este goce otro, y que se experimenta en el cuerpo no binarizado (…) Son experimentaciones de cómo ir más allá del goce del órgano (…) Testimonian de una certeza, pero no todas las certezas son psicóticas (…) La multiplicación de las posiciones de goce no son multiplicación de goce, son cómo enfrentarse a experiencias de goce como tal, experimentar algo sin tener que identificarse a eso, la alteridad fundamental”[2].

A partir de las puntuaciones mencionadas, algunas preguntas sobre las que es preciso ahondar ya que insisten en la clínica con quienes se denominan trans. ¿Hay, acaso, un modo conveniente de habitar un sexo? ¿Qué es un sexo? ¿Qué estatuto de síntoma desprende? ¿Qué implicará lo que llama enfrentarse a experiencias de goce? ¿De qué búsqueda se trata?

En “Piezas sueltas”, J.A. Miller y E. Laurent discuten sobre lo que ubican como un presunto idealismo constructivista de las teorías de género, contexto en el que Miller propone como orientadora -frente a la función variable del S (tachado)- la consistencia mínima del elemento cuerda, del Seminario 23 de Lacan. Allí refiere Lacan: “El   parlêtre adora su cuerpo porque cree que lo tiene. En realidad no lo tiene, pero su cuerpo es su única consistencia, consistencia mental por supuesto, porque el cuerpo a cada rato levanta campamento”[3]. A partir de esta referencia, Miller lee que se trata de una consistencia imaginaria, de la que se podrían retomar deducciones concernientes al estadio del espejo. Esa consistencia, agrega, “se basa en una relación del parlêtre con su cuerpo”[4], relación que estaría sesgada por la adoración del tener, “la adoración del cuerpo propio -una suerte de amor primario, no al Otro, sino a sí mismo”[5], en tanto que el cuerpo participa en la economía del goce a través de su imagen.

Equiparemos el sexo, “algo que sí se siente pero no tiene representación”[6] al real en tanto que irrupción que requiere de una elaboración. Así, podemos pensar al sexo como “el goce reducido al acontecimiento del cuerpo”[7]. Pero si, como nos ha indicado Lacan, “El cuerpo de los hablantes está sujeto a dividirse de sus órganos”[8], ¿qué relación posible entre el parlêtre  y el cuerpo cuando una irrupción de lo real tensa la cuerda?

El sexo como acontecimiento de cuerpo lleva al trabajo del sentido. Es el sentido aquello que, entre imaginario y simbólico, permite el sostén de un cuerpo. Nos indica J.C. Indart que es como una pala, hoz o martillo, “una herramienta singular para cada cual, que pone a trabajar para sostener la imagen corporal, sin amo”[9]. Y si ese enganche se da sin amo, ¿qué es entonces lo que permite sostener el imaginario corporal? Lacan, en el Seminario 23, afirma: “Si al ego se lo llama narcisista, es porque, en cierto nivel, hay algo que sostiene el cuerpo como imagen”[10]. Efectivamente le permite, en tanto que escabel, elevarse a su dignidad por medio de la imagen con la que creerse amo de su ser.

Con estas puntuaciones podríamos considerar que frente a un acontecimiento de cuerpo que perturbe la relación del parlêtre  con el imaginario corporal, sería posible reparar el lapsus del nudo por medio de experimentaciones, transformaciones que no son, por supuesto, sin las coordenadas de la época que lo aloja. Retomamos a Laurent para afirmar aquí entonces que las experimentaciones (variadas, múltiples, diversas) con el goce sexual pueden funcionar como moderadores coyunturales con la referencia al síntoma en su vertiente de solución. Es así que el amor narcisista permite sostener el cuerpo, adorarlo, de algún modo, apropiárselo.

Si bien el género tiene su vertiente política y es menester hacerla oír -por ende- en la polis, en tanto que la relación al goce es singular y entonces antisocial, para el parlêtre, podríamos decir, “lo que crea disturbios es lo sexual”[11]. Razón de más por la que el analista sigue allí perdurando cual síntoma de la civilización -ahí sí, como problema-.

 

* Participante del Observatorio de Género, Biopolítica y Transexualidad – FAPOL Texto realizado con la orientación y aprobación de la responsable del dispositivo, Paula Husni

[1] Laurent, E. El nombre y la causa (2019a) Conferencia dictada en el acto de entrega de título Honoris Causa, Universidad Nacional de Córdoba, 2019.
[2] Laurent, E. Reflexiones sobre tres encuentros del feminismo con la no relación sexual (2019b) Conferencia dictada en Palais Rouge, Buenos Aires, 2019.
[3] Lacan, J. Seminario 23. El sinthome (1975-1976) Paidós, Buenos Aires, 2008, p. 64.
[4] Miller, J. A. Piezas sueltas (2005) Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 417.
[5] Miller, J. A. Piezas sueltas (2005) Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 418.
[6] Laurent, E. Reflexiones sobre tres encuentros del feminismo con la no relación sexual (2019b) Conferencia dictada en Palais Rouge, Buenos Aires, 2019.
[7] Miller, J. A. Curso de la Orientación Lacaniana, “El Ser y el Uno”, clase 5, 2 de marzo de 2011, inédito.
[8] Lacan, J. “El Atolondradicho” (1972) Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 480.
[9] Indart, J. C. Sinthoma e imagen corporal (2017) Conferencia dictada en el marco del Seminario de Formación Lacaniana de la NEL, 2017.
[10] Lacan, J. Seminario 23. El sinthome (1975-1976) Paidós, Buenos Aires, 2008, p. 147.
[11] De Lauretis, T. Género y teoría queer (2014) Conferencia dictada en Centro Cultural de la Cooperación, Buenos Aires, 2014.

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