Elecciones sexuales y amorosas – El poder de la escritura

Elecciones sexuales y amorosas – El poder de la escritura

Gisèle Ringuelet – EOL/AMP

Uno de los temas de conversación entre los jóvenes, e incluso entre algunos niños, versa sobre sus elecciones de objeto y cómo cada uno se considera varón o mujer más allá de la  biología con la que nació. Conversaciones impensadas cincuenta años atrás, cuando el que gustaba de alguien del mismo sexo era mal visto y la moral de la época segregaba a los “raros”.

Sin necesariamente llegar a considerar la homosexualidad una patología a erradicar, ya sea farmacológica y/u hormonalmente, como le sucedió al precursor de la inteligencia artificial, Alan Turing, los años setenta -y aún los ochenta- fueron décadas de prejuicios muy arraigados en la cultura occidental con respecto a la sexualidad y al amor.

Si la homosexualidad era sancionada el travestismo, aún más, era vilipendiado. Pero ahora son los trans (sexual/genero), como minoría, quienes van marcando cambios  en los modos de goce de los seres dicentes (1).

De ahí que me interesa ubicar las posiciones de la escritora argentina Camila Sosa Villalda, que de pequeña se consideraba travesti y que, apoyada por la escritura y la lectura que sus padres  le enseñaron, supo transgredir la tradición y los prejuicios del pueblo donde nació.

I – Elección sexual y amor

Camila Sosa Villalda en su libro El viaje inútil(2) precisa que sentada en el regazo de su padre aprende a distinguir las letras, y recuerda cómo  la alegría cómplice que toca con la risa el cuerpo de su padre y el de ella misma deja afuera a su madre. Mientras, la lectura viene de la mano de su madre, ella es quien le lee cuentos y con su “uña despintada” marca el lugar de la narración.

La autora describe que las horas transcurrían con su madre “leyendo una al lado de la otra” y “de repente” un día abre la boca y empieza a leer con torpeza, siguiendo a su cuerpo, acto que marca un acontecimiento que, como tal, provoca una ruptura.

El aprendizaje de la lectura y la escritura que la unieron a su madre y a su padre respectivamente termina separándola de ambos, más radicalmente de su padre, a quien teme y rechaza.

Aunque Camila distingue que un “gesto de amor” emana de su padre en los momentos que le enseña a escribir rechaza ser el varón que éste espera de ella, no quiere ser Cristian Omar.

Sosa Villalda sin saberlo es  freudiana cuando al nombrarse “una niña travesti, perversa y atribulada” considera que la sexualidad es perversa (polimorfa), pero da un salto más y se dice travesti por considerarse una niña en un cuerpo de varón.

Un día, a los seis años, quedando expuesta al dolor conoció la tristeza. Fue el día que comprendió por qué su madre estaba triste. Y si bien la tristeza fue el sentimiento más arraigado ubica también lo feliz que se sentía cuando le “ponían shorts debajo del guardapolvo porque fingía que era una pollera”.

Sobre sus elecciones amorosas recuerda que de pequeña se volvía “loca de amor” por un niño, un vecino con el que jugaban a la mamá y al papá. Y ella era la mamá.  También ubica cuando en la escuela secundaria se enamoró de su profesor de educación física, pero en esta oportunidad, al no poder  hablar de su secreto decidió escribirlo, y cuando el mismo se hizo público contra su voluntad esta narración en primera persona se convirtió en su “primer acto de travestismo”.

II – El poder de la escritura

Sin la escritura la “vida hubiera sido un infierno”, considera Camila.

Escribir es para ella una pérdida y al mismo tiempo una reflexión sobre su rebeldía.          La lectura y la escritura le permitieron en su niñez y adolescencia incursionar sobre el arte de mentir, exagerar, ocultar e inventar. Y también de transgredir el destino familiar y social al que estaba sujeta.

Es decir, Camila anuda ambas operaciones de lectura y escritura al “trans”/gredir  (se trasvierte).

II a) Transformaciones en la escritura.

Otra ruptura que la misma Sosa Villalda destaca fue el encuentro con el psicoanálisis.

Éste le permite escribir desde otra perspectiva, correrse del sufrimiento para hablar sobre o desde la felicidad y develar la existencia del amor en determinados gestos.

Retroactivamente Camila entiende que “el momento de la  incandescencia está ahí, en la escritura”, cuando su cuerpo es afectado por el acto de escribir.

Dicho en otros términos, el psicoanálisis le posibilita a Sosa Villalda pasar de ser una travesti previamente imbuida en un submundo sumamente complicado (con todos los riesgos que eso implica) a simplemente tener un cuerpo de travesti, un “cuerpo de mujer”, y a inventarse un cuerpo que si bien no cesa de derribar semblantes lo hace ahora desde el humor y la alegría, dejando atrás su niñez atribulada.

 


1 Brousse M. H. El agujero negro de la diferencia sexual, “https://psicoanalisislacaniano.com/2019/08/08/mhbrousse-agujeronegro-diferenciasexual-20190502/#:~:text=Archivos-,El%20Agujero%20Negro%20de%20la%20Diferencia%20Sexual%20%E2%80%93%20por%20Marie%2DH%C3%A9l%C3%A8ne,Brousse%20%E2%80%93%202019%2F05%2F02&text=Daniel%20Roy%20logra%20una%20haza%C3%B1a,de%20%E2%80%9CLa%20diferencia%20sexual%E2%80%9D.&text=Sexual%20o%20no%2C%20grande%20o,los%20fundamentos%20del%20orden%20lenguajero”.
2  Sosa Villalda, C. El viaje inútil, Ediciones documenta/Escénicas, Córdoba, 2018.

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