La función del amor y la época neoliberal

La función del amor y la época neoliberal

Ricardo Aveggio – NEL/AMP

“Lo que distingue al discurso del capitalismo es la Verwerfung, el rechazo hacia afuera de todos los campos de lo simbólico, con las consecuencias que ya dije. ¿El rechazo de qué? De la castración. Todo orden, todo discurso, que se emparente con el capitalismo deja de lado, amigos míos, lo que llamaremos simplemente las cosas del amor. Ya ven, ¡eh! No es poca cosa”1

Si el discurso del capitalismo implicaba dejar de lado las cosas del amor  ¿cómo incide la evolución del capitalismo en neoliberalismo en las cosas del amor?

La definición del amor se caracteriza por una función muy específica: la de ser una suplencia a la relación sexual que no existe. El amor tiende a hacer lazo, a establecer articulaciones, producir mediaciones e inventar anudamientos. El amor tenderá a enlazar, rodeando el agujero de la no relación sexual y poniendo en el juego de los enlaces y desenlaces el hay de lo uno y el autogoce del cuerpo.

Para Lacan esta función de suplencia y enlace no permanece inalterada ante las modificaciones de la época operadas sobre el discurso del amo. La inversión del significante amo por el sujeto barrado, que da lugar al discurso capitalista, inicia una modificación de la relación el sujeto con el goce bajo el régimen del Edipo, del premiso/prohibición. Dicha oposición comenzó a ser modificada con el acceso al goce como plus-de-gozar que impulsó el discurso capitalista, dando lugar a una generalización del plus en la disponibilidad de objetos cuyo valor de goce prometía el acceso a aquello que la castración prohibía. El consumo de objetos, mecanismo central en el capitalismo industrial, explota la cualidad del objeto a como plus-de-goce, como recuperación del goce perdido. El neoliberalismo, como segundo momento del desarrollo capitalista permite el acceso al goce positivizado enfrentando al sujeto a una experiencia de goce fuera de los límites de lo simbólico. La ampliación del acceso al goce no se detuvo en el objeto ya que el neoliberalismo ha hecho posible el acceso a un goce  que ya no requiere ser robado, usurpado ni recuperado por la vía del retorno de lo reprimido, como lo planteaba Miller en su mito de la libido.

Byung Chul Han propone diferenciar la sociedad disciplinaria de la sociedad del rendimiento, sosteniendo que en ésta última los dispositivos disciplinarios propios del capitalismo industrial, ya no son necesarios para asegurar la producción. El rendimiento sustituye la obediencia coercitiva. En la sociedad del rendimiento los individuos no necesitan ser obligados a producir, lo hacen por su propia voluntad como parte del ejercicio de su libertad y del desarrollo de un proyecto de realización personal e individualista en el que dicha libertad se realiza. El trabajador del capitalismo es sustituido por el “empresario del sí” del neoliberalismo. Ya no hay Otro explotador, sino más bien una autoexplotación en nombre de la maximización de beneficios propios. Una explotación voluntaria, que disfraza de libertad la violencia que se ejerce contra sí mismo. El imperativo del “debes” es sustituido por el del “puedes” caracterizado por una ausencia de limite. Con el neoliberalismo y el imperativo al rendimiento el sujeto es reconducido a una relación aún más originaria que la del plus-de-gozar enmarcado en el fantasma. Es una relación al goce que escapa a la dialéctica edípica y al paradigma permiso/prohibición.

La emergencia del discurso capitalista implica un cambio en el discurso del amo en donde el goce positivo de la iteración adictiva, descrito por Miller en su curso El uno-totalmente-solo, deja de ser el goce prohibido y fuera de norma para ser representado por diversos significantes que le permiten ser reconocido, pudiendo ocupar el lugar de agente dominante del discurso. Rendimiento, métrico, éxito, maximización, desarrollo, eficacia, bienestar, felicidad, libertad, emprendimiento, empresario de sí, autodesarrollo, son todos ellos significantes que aluden a un goce ilimitado que ya no se ubica fuera de norma ni prohibido, pudiendo ser incluso exigido. Como lo señalaba M.H Brousse, los cambios de discurso se producen cuando un goce prohibido pasa a ser un goce habilitado.

Retomando la pregunta ¿cómo impacta el modo de goce del lazo social neoliberal en la función del amor?, ¿cómo se ama en tiempos de neoliberalismo cuando la castración no es el único régimen de tratamiento de goce?

La práctica analítica y la escucha de los analizantes en torno al amor, permiten mencionar algunas particularidades de la función del amor como suplencia en esta época neoliberal.

En primer lugar el amor tiende a prescindir de la referencia a lo duradero, lo eterno y la trascendencia para privilegiar la contingencia y el encuentro. El amor como invento y mediación ante la ausencia de relación tiene preferencia por el encuentro contingente como forma de lazo. Separado de la tradición y el ideal remite más bien a un régimen dúctil y flexible.

En segundo lugar los encuentros amorosos de la actualidad se presentan y pretenden como respetuosos del autismo del goce. El goce del orden del Uno no se reprime ni se fuerza a someterse al Otro. Sin estar exento de conflictividades se espera, con una cierta idealización, el respeto por la iteración en cada partenaire. Los conflictos y tensiones en ocasiones hacen revivir lo edípico.

En tercer lugar se agrega a estas dos dimensiones una especificidad instrumental del amor, una herramienta “para” el acceso a una serie de posibilidades de satisfacción con un partenaire que son permanentemente calibradas y cotejadas para ajustarse a parámetros vinculados con las dos situaciones antes descritas. Este carácter le da al amor una tonalidad sinthomática haciendo posible un lazo que acoge la singularidad, siempre y cuando pueda evitar el reingreso de lo súper-yoico bajo la forma de nuevos ideales y valores propios de las ideologías progresistas contemporáneas que atraviesan los lazos en la actualidad.

Bajo este horizonte epocal el analista tendrá que calibrar su posición, no sólo lejos del ideal, sino también cada vez más cerca de los modos de goce y lo arreglos singulares.

 


1 Lacan, J, Hablo a las paredes, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 105-106.

 

Bibliografía:
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Lacan, J, Hablo a las paredes, Paidós, Buenos Aires, 2012.
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Miller, J-A, Sutilezas analíticas, Paidós, Buenos Aires, 2011.
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