¿Los analistas también aman?

¿Los analistas también aman?

Rômulo Ferreira da Silva – EBP/AMP

El tema del X ENAPOL es muy estimulante y abre numerosas posibilidades de desarrollo.

Fui invitado por Hilema Suárez, directora de la Sede Caracas de la NEL, para la actividad preparatoria para el Encuentro en la SECCION CART@S del Boletín ahh?

Hilema presentó reflexiones sobre el amor preguntando lo que este nos enseña y hace avanzar al psicoanálisis. Partió del Seminario 4 de Jacques Lacan proponiendo un cierto enigma en la frase “Amar es dar lo que no se tiene”. En esa perspectiva el amor aparece relacionado a la falta, aunque Hilema agrega con Lacan, que no se debe concebir el amor solamente por la falta, lo que propicia ir más allá de las preguntas: ¿Qué no se tiene? ¿La falta dice al respecto de nuestro ser?

Hilema apunta que es hablando que se hace el amor, revelando el potencial transformador, creador, a partir del vacío.

Agrega que “no hay amor sin goce pulsional” y que la posibilidad de un nuevo amor seria soltar las amarras del amor condicionado por la fijeza pulsional.

La pregunta con la que Hilema concluye su carta fue la que más me toco: “¿Qué se puede esperar de un analista?

La primera respuesta que se me ocurrió fue que el uso de la palabra, vía el amor de transferencia, posibilita la trasmutación del goce en significantes, pero, revelado por el corte del analista.

En la contemporaneidad, el goce está marcado por la política del odio que solo revela el odio a sí mismo.

“Amar es dar lo que no se tiene” apunta inicialmente para el falo, pero es el objeto a en su vertiente real el que se presenta como lo que no se tiene. Lacan da un paso más en esa proposición, agregando que lo que se da en el amor, aquel que lo recibe, no lo quiere.

Continuamos nuestro intercambio epistolar abordando los amores tipo Linkedin, que Hilema aclara que “quise referirme a la frecuencia con la cual escucho en los dichos de los analizantes la búsqueda de una pareja amorosa o sexual en las diversas aplicaciones virtuales. La mayoría de las veces, esa búsqueda se pauta por ideales de belleza y dinero, de una manera contractual, lo que ciertamente constituye una degradación, o reducción, del amor”1.

Incluyo aquí el fenómeno de Sugar babies2 que hemos acompañado en los últimos tiempos, y que demuestra el efecto del contrato, muchas veces formalizado, en las relaciones que se establecen a partir de tales búsquedas virtuales: la frecuencia con la cual la pareja ira a encontrarse, los lugares de encuentro, si la relación será secreta o no, y cuáles serán los favores sexuales y financieros que cada una de las partes se compromete a cumplir.

Es decir, nada más distante del amor en la perspectiva psicoanalítica, puesto que se trata de dar lo que se tiene a quien lo quiere. No se puede decir que esas personas estén inmunes al surgimiento del amor, ya que no existe contrato que garantice los efectos del encuentro de los cuerpos.

Volvamos entonces, a lo que se puede esperar de un analista en lo que respecta al amor. Ciertamente, el hará las operaciones necesarias para que el amor que se dirige al saber se instale. Desde Freud sabemos que se trata de un amor supuesto al saber inconsciente, del cual el analizante nada quiere saber, y que no se dirige a la persona del analista.

Por lo tanto, no es del lugar del sujeto que el analista irá a responder. Pero, cabe indagar si hay amor del lado del analista.

Lacan en el Seminario 8, critica “la apatía estoica exige que el sujeto permanezca insensible tanto a las seducciones como a las sevicias eventuales de ese otro con minúscula, exterior, en la medida en que ese otro de afuera siempre tiene sobre él algún poder, pequeño o grande, aunque sólo sea el poder de estorbarle con su presencia”3.

El propone que “en cuanto al reconocimiento del inconsciente, no tenemos forma de plantear que por sí mismo deje al analista fuera del alcance de las pasiones”4.

Lacan avanza en su cuestionamiento en relación a la neutralidad del analista, propuesta de manera radical, vía lo que él llamó apatía, induciendo a pensar que el deseo del analista no es puro. Tal deseo trae la marca singular del analista, como más tarde desarrollará, por la vía de su sinthome.

Y Lacan pregunta: “¿por qué un analista, con el pretexto de que está bien analizado, sería insensible al surgimiento de cierto pensamiento hostil que puede percibir en una presencia que se encuentra ahí? – y hay que suponer, por supuesto, para que algo de este orden se produzca, que no está ahí como presencia de un enfermo, sino como presencia de un ser que ocupa lugar. Además, cuanto más pleno, normal y como alguien que impone lo supongamos, tanto más legítimamente podrán producirse en su presencia todas las clases posibles de reacción. Incluso, en el plano intrasexual, por ejemplo, ¿por qué el movimiento del amor o del odio estaría en sí excluido? ¿Por qué descalificaría al analista en su función?”5.

Por el contrario, Lacan propone “cuanto más analizado esté el analista”, coloco aquí mi acento, “más posible será que esté francamente enamorado, o francamente en estado de aversión, o de repulsión, bajo las modalidades más elementales de la relación de los cuerpos entre ellos, respecto a su partenaire”6.

En la conducción del tratamiento, el sinthome del analista entra en juego fuera de la perspectiva de hacer existir la relación sexual. Ahí se presenta el amor más digno, del orden del Uno, de lalengua, de la fractura de la relación del sujeto con el Otro.

¡Es el a-muro!

¿Podemos decir que el analista ama a su analizante al dar lo real que él, el analista, no tiene? ¿El real que el analizante no quiere?

 

Traducción: Silvina Molina
Revisión: Silvina Rojas
 

1 Boletín Ahh ?  sección Cart@s del ENAPOL. Correspondencia 4.
2 https://pt.wikipedia.org/wiki/Sugar_baby
3 Lacan, J., El Seminario libro 8, La transferencia. Paidós, Buenos Aires, 2008, p. 213.
4 Ídem.
5 Ídem.
6 Ibíd, p.214.

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