¿No existe el amor?

¿No existe el amor?

Jamile César – IBP/AMP

Existen pruebas de amor
Sólo pruebas de amor
Pruebas de amor
No existe el amor
No existe el amor
No existe el amor no existe
El amor
Sólo pruebas de amor

(Pruebas de amor, Titãs)

Comienzo con un trozo de esta bella canción de los Titãs, porque en él, así como Lacan al afirmar que La mujer no existe, vemos negada a la vez  la existencia del amor. Si la mujer no existe, al menos existen mujeres, una por una, en millones. ¿Y  no será que podemos decir lo mismo del amor? Esa cosa con la cual las mujeres siempre están alrededor.

Al hablar sobre la demanda de amor femenina, Estela Solano explica, entre otras cosas, que hay siempre allí un aún. Este “aún” caracteriza la demanda de amor de las mujeres y es siempre aún, aún y aún porque del lado femenino no hay límite. O sea, es preciso siempre más. Razón por la cual parece que las mujeres están siempre ávidas de algo. No algo material, no objetos, como la autora advierte bien, pues aunque algunas mujeres amen flores o joyas y que se deslumbren cuando las reciben, aún así, no se trata de eso.

¿Pero de qué se trata entonces? Para E. Solano, se trata de signos. Signo de una presencia que dé. Que dé nada. En todo caso, que dé nada más que el signo. Aquí, sin embargo se hace interesante destacar que cuando se habla de signo, no se está hablando de significantes. Sino que por signo debe entenderse algo que demarca la presencia de algo, o más precisamente de una presencia.

Lacan había dicho esto en su Seminario Aún…:

El humo puede ser muy bien signo del fumador. Aún más, lo es siempre, por esencia. No hay humo  sino como signo del fumador. Cada quien sabe que si ve humo en una isla desierta, se dirá de inmediato que con toda probabilidad hay allí alguien que sabe hacer fuego. Hasta nueva orden, ha de ser otro hombre. (Lacan, 1972/3, p. 64)

Tenemos un punto interesante. De acuerdo con la semiótica pierciana, un signo es “un objeto que está para alguien, en lugar de otra cosa” (Pierce 1873/1986), pudiendo ser este signo del tipo ícono, símbolo o índice. El índice, que aquí nos interesa es, según Pierce, como un dedo señalando, direccionando los sentidos hacia un objeto particular, designando al sujeto del discurso (Pierce, 1994, par. 8.39) Y por discurso aquí Pierce no se está refieriendo a las modalidades de lazo social propuestas por Lacan en su Seminario 17, no es de eso de lo que se trata, pero sí de estructuras proposicionales. Por eso, para evitar posibles equívocos, pensaremos a este sujeto de la proposición, como siendo simplemente el sujeto presentificado, pues para Lacan, y consecuentemente para E. Solano, el signo será siempre del tipo índice, y un índice no de cualquier cosa, de un objeto, sino de alguien.

Solano, sin embargo va aún más lejos al afirmar que:

Contrariamente al signo, el significante se articula con otro significante para representar a un sujeto. Sin embargo, cuando hay sujeto eso no quiere decir que haya alguien. Un sujeto es un efecto de significación que no asegura ninguna presencia. Cuando leen un libro antes de dormir, están bajo los efectos de los significantes del texto, están bajo los efectos del sujeto del texto, pero este sujeto no realiza una presencia. Pero, por más apasionados que estén por la trama de la novela que leen, en ese momento si escucharan un golpe en la ventana, se sobresaltarían. Se creían a salvo en casa y, de repente, un golpe en la ventana  hace con que piensen que hay alguien allí afuera. Un signo es signo de una presencia que puede ser muy angustiante, inquietante o que puede dar seguridad. Los films de ficción científica o de terror juegan mucho con los signos de la presencia para hacer existir, a partir de pequeños signos, presencias enigmáticas, presencias del más allá. El signo hace existir el más allá. Es por eso que la cuestión del amor está articulada a la presencia de los signos de amor.

O sea, a diferencia de la teoría de Pierce, los signos de amor no estarían allí en lugar de otra cosa, sino siempre de alguien. Es necesario que haya demostraciones de amor, pero no solo por el amor en sí, eso es al parecer poco importante, lo importante es la presentificación de alguien que está allí, por detrás de las flores, de las joyas, de los mensajes de buen día por Whatsapp que sirven como indicios de la presencia de aquel que ama.

Así Branco de Melo acierta al cantar que “No existe El amor, sólo pruebas de amor”, pruebas que las mujeres están casi siempre buscando, aunque en nuestra época esta búsqueda pueda muchas veces estar disfrazada bajo una capa de desinterés, como conviene actuar a una mujer post-moderna, siempre muy ocupada con su vida profesional exitosa, pero nunca desatenta al menor signo de la presencia de alguien que le dirija su amor.

Porque no existe el amor, existe alguien que ama.

 

Traducción: Marita Salgado
Revisión: Silvina Rojas
 

Notas
1, Lacan, J., Autres êcrits, “Televisión”, Seuil, Paris, 2001
2, Lacan, J., El Seminario, Libro 20, Aún, Paidós, Barcelona, 1985
3, PEIRCE, Ch. S. Philosophical writtings of Peirce. New York: Dover, 1955
4 Suarez, Esthela Solano, As mulheres e suas paixões. aSEPHallus ; 2(3): 1-13], nov.2006-abr.2007

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