De la ficción a la fixión

De la ficción a la fixión

Daniela Dighero C. – Asociada a la Nel-Santiago

La pista que sigo la encontré en el texto “Disrupción de goce y locuras de transferencia”[1] de Eric Laurent:

“Al final del recorrido, la sugestión es devuelta a su fundamento primero: el impacto del significante sobre el cuerpo, que permite cierto tratamiento de la disrupción de goce, su temperamento en una homeostasis gracias a la autoelaboración de una ficción no estándar”.

La cita me llevó a interesarme por el lugar de la ficción en el análisis y por el destino de ella en su final. Así, me propongo realizar un recorrido del concepto con el fin de situar a qué se refiere Laurent cuando alude a una ficción no-estándar.

Ficción es un término de origen latín “ficticio”. Según la RAE es posible encontrar 3 definiciones:

  1. Acción y efecto de fingir.
  2. Invención.
  3. Obras literarias o cinematográficas, que tratan de sucesos y personajes imaginarios.

Todas estas definiciones enfatizan en el carácter inauténtico del término, estableciendo una oposición entre ficción y verdad o ficción y real. Así, será una ficción aquello que se considera “fantasioso” o poco apegado a la realidad objetiva.

Si nos adentramos en la noción de ficción en psicoanálisis sin duda se hace necesario retomar el valor dado por Freud a ésta. Si bien, su uso no es central en su teoría, si lo será el de fantasía el cual puede entenderse como una historia ficcionada o una historia que posee elementos de ficción.

Es importante situar como un hito central en relación a la ficción, el paso de la teoría del trauma a la teoría del fantasma. Allí, Freud dará un vuelco en su investigación y abandonará el interés en los eventos traumáticos ocurridos en la realidad objetiva lanzándose en su búsqueda en la fantasía.

Es, en ese contexto, que se sitúa la carta 69 [2] a Fliess y su famosa frase “Ya no creo más en mi «neurótica».”. En su fundamentación agrega “En lo inconsciente no existe un signo de realidad de suerte que no se puede distinguir la verdad de la ficción investida con afecto”[3]

En otras palabras, Freud descubre que en lo relatado por sus pacientes existen ficciones que revelan una verdad. Así, saca a la ficción de una oposición a la realidad, y la sitúa en continuidad con términos como realidad psíquica y verdad.

A diferencia de Freud, en Lacan la ocurrencia del término ficción aparece de manera explícita desde sus primeros seminarios. Una puntuación sobre ella la realizará en un comentario a la teoría de Bentham en el Seminario VII.

Recordemos que una de las ideas de Bentham era su intención de crear una ética basada en el disfrute de la vida y desde ahí analizar la utilidad de las diferentes prácticas en función de su objetivo último que era lograr «la mayor felicidad para el mayor número» de personas.

Él buscaba crear una estructura jurídica cuya finalidad se sostuviera en el logro de dicha felicidad. Desarrolla  así la “Teoría de las ficciones”, estableciendo que nuestra conducta está gobernada por leyes, por ficciones legales que no son sino construcciones de lenguaje. Fictitious querría decir ficticio, pero en el sentido de que toda verdad tiene estructura de ficción. De esta forma, se abre paso a la  posibilidad de crear ficciones reales o en otras palabras, a la existencia de ficciones que tendrían consecuencias reales para los sujetos.

Esta definición está en continuidad con la caracterización de la verdad ya promovida por Lacan en la que ella aparece como aquello que se instaura en el orden de la palabra, como efecto de una articulación significante. Esta idea permite situar cierta continuidad en el pensamiento de Freud y Lacan a partir del término ficción. En ambos, ella deja de estar del lado de lo falso o ilusorio, reconociendo así, su valor de verdad.

Entonces, podríamos preguntarnos qué ocurre con la ficción al final del analisis. Una posibilidad, sería sostener que el analisante termina su análisis habiendo construido su propia ficción fantasmática la cual da sentido al entramado imaginario-simbólico que lo aloja. Sin embargo, lejos de ello, se buscará deshacer la ficción que se construyó durante el analisis con el fin de propiciar la invención de una fixión[4] que recorte su real singular.

La fixión, a diferencia de la historia ficcionada que el sujeto construyó en su análisis, se revela no-estandar en la medida que no se basa en ningun saber, si no que su aparición introduce el límite del saber ficcional que animó al fantasma como defensa de lo real. Así, en la fixion se produce un “resto que no pasa” a la ficción tradicional y que coincide con lo más singular del sujeto. Será la creación de este elemento sin sentido, verdadero neologismo del sujeto el que produce la salida de la experiencia analítica[5].


 

[1]  Laurent, E., “Disrupción de goce en las locuras bajo transferencia” Virtualia, nº35. URL http://www.revistavirtualia.com/articulos/818/destacado/disrupcion-del-goce-en-las-locuras-bajo-transferencia

[2]  Freud, S., “Carta 69”. Obras Completas V. I. 1937; 211-54.. Amorrortu. Buenos Aires. 1897 p.301.

[3]  Ibid.

[4]  Lacan, J., “El atolondradicho”, en Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p.503

[5]  Brodsky, G., “Après-coup”. Revista Lacaniana N°18. Grama, Buenos Aires., Junio 2015, p.83-88.

No se permiten comentarios.