De mujeres, de mitos y de semblantes

De mujeres, de mitos y de semblantes

Maria Bernadette Soares de Sant´Ana Pitteri – EBP/AMP

Freud crea el psicoanálisis alrededor del trabajo clínico con las histéricas: para ellas y con ellas se abre un nuevo saber y  se pregunta, a lo largo de su obra, ¿Qué quiere una mujer? Lacan propone que se busque “una” mujer, mujeres pensadas una por una – “La mujer no existe” afirma.

Se encuentran en la historia de Occidente mitos que intentan hablar de esa cosa extraña que se llama “mujer”; extraña para los hombres, extraña para las mujeres.

Para Lacan los mitos vienen de la estructura, intentos de decir lo que no puede ser dicho; ¿cómo pensar un mito que intenta dar cuenta de La mujer, de lo que sería una pretendida esencia de lo femenino?

Si “la mujer es un fantasma del hombre”, si los mitos que dicen de lo femenino fueran creados por hombres, escritos por ellos, estos ¿vendrían de la estructura de lo masculino? Todo discurso es semblante y, para Miller “el ser hablante está condenado al semblante”1, pero observa en las mujeres un odio muy especial al semblante, al parecer por “ser más amigas del Real”2. Partir de la posición femenina en relación a los semblantes permite entender “…de qué manera los maneja, los adopta, los hace respetar y hasta los fabrica”3. En este sentido, las mujeres de algún modo se acomodan a los mitos, pero como no-toda.

En el mundo Occidental, es particularmente rico el mito griego de la creación de los hombres y de Las mujeres relatado por Hesíodo en Los trabajos y los días4  y en Teogonía5.

La creación de la mujer ocurre como efecto-castigo enviado por Zeus a los hombres, criaturas de Prometeo, titán que se atrevió a desobedecer. Este artefacto, de cuya creación participaron todos los dioses, fruto del deseo de Zeus, es hija única del padre6.  Virgen como Palas Atenea, seductora como Afrodita, introduce el sexo y divide a los humanos en macho y hembra. La condición humana encarada como una sucesión interminable de males se instauró a través de la mujer, que trae en sí las contradicciones legadas a ella por cada uno de los dioses. Más allá de estas, Pandora7   lleva en un jarrón (“Caja de Pandora”- su dote), los males que liberados, llevan la vida de los hombres, al límite de lo soportable.

La Biblia Sagrada forma parte de la formación de los occidentales. En el Viejo Testamento Dios moldea al hombre del polvo y le quitó una costilla, de la cual fabrica a Eva. Esta se deja seducir por la serpiente con la promesa de que “serían como dioses” si desobedecieran a Dios y comieran del fruto del árbol del bien y del mal. El castigo vino como expulsión del paraíso y la mujer se convirtió en el vector de la caída. Creada para acompañar al hombre, engañada por la serpiente, Eva fue la causa de la ruina de Adán.

El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una virgen, anunciando que ella concebiría y daría a luz al hijo de Dios – ella acepta sumisa, el comando divino. Con el advenimiento del cristianismo, Dios se hizo hombre pero hijo de madre virgen y concebida sin pecado original; el ideal de virginidad y pureza toma cuenta de la humanidad. “El misterio de la Virgen – que la Iglesia católica utilizó sabiamente – sirve para absolutizar a la mujer como Otro, para representar el misterio absoluto fuera del falo”8. Sin embargo, tal misterio en su límite, llevaría a la humanidad a su extinción, lo que hace surgir a otra, la prostituta, la degradada, aquella con la que se puede gozar. Freud explora esta división en sus “Contribuciones a la Psicología del Amor”9.

Esos mitos parecen incrustados, de algún modo, en el imaginario humano con la función de velar el vacío. Los antiguos griegos veían a la mujer dividida en sí misma, temible, “el bello mal”, llena de contradicciones, inocente, juguete en las manos del padre; los judíos la veían ambiciosa, susceptible de ser engañada y de engañar, alguien a vigilar; los cristianos la dividen, la virgen inmaculada que hace surgir la otra – ya que tenemos a la santa, que aparezca la prostituta.

En un mundo post-todo,  los ideales de mujer se multiplican y se interconectan: Pandora, Eva, María, surgen en el régimen del Nombre del Padre. Con el desgarro, la caída de este, ¿cuántas más?

“Que el Nombre del Padre sea un hecho de sublimación ya indica que es un semblante y que la civilización se sostiene por semblantes”10.

Frente a mitos y semblantes, los intentos de encuadre resultan infructuosos; sin embargo, los ideales de mujer aparecen en el curso de las civilizaciones desde sus inicios. ¿Las mujeres se vuelven semblantes de los mitos, encarnándose, enmascarándose? Mitos y semblantes que rodean lo femenino parecen ligarse a la estructura misma de “La” mujer que no existe, velando ese lugar vacío.

En el Seminario XX Lacan presenta las tablas de la sexuación11 y describe las fórmulas proposicionales que designan las inscripciones posibles del ser hablante, teorizando sobre la no relación sexual. La función del lado izquierdo: “para todo x PHI x” indica que es por la función fálica que el hombre se inscribe como un todo. Esta función se limita por la existencia de una x que no pasa por la castración – es la función del padre primitivo – lo que da un borde, una dirección al ser hablante que se inscribe en el lado izquierdo de las tablas.

En el lado derecho, lado femenino, puede inscribirse cualquier ser hablante, tenga él o no atributos de la “masculinidad”. Por lo tanto, una mujer puede inscribirse tanto del lado masculino como del femenino, así como también un hombre, pero al colocarse del lado femenino será no todo. Este lugar no admite universalidad, pero abre la opción de colocarse o salir de la posición de “para todo x PHI x12.

Al inscribirse en el lado masculino se tiene una posible identificación, contorno, dirección, lo que no sucede a alguien que se coloca del lado femenino – solo queda la vía de la creación al encarar la falta que se abre y posibilita crear a partir de ese lugar vacío.

Por la elaboración lacaniana sobre la no-relación sexual, se puede pensar porqué los mitos, los ideales sobre lo femenino se multiplican: llenan un vacío de identificación, el vacío de La mujer que no existe, vacío que angustia a hombres y mujeres.

Al parecer, los sujetos trans pueden ser colocados en el lado derecho de las tablas de la sexuaciòn, lugar de creación, inventando, fabricando los semblantes.

Traducción: Silvina Molina

NOTAS:
1 Miller, J.-A. De la naturaleza de los semblantes. Paidós, Buenos Aires, 2018, p.10.
2 Ibíd, p. 126.
3 Ibíd, p. 138.
4 Hesíodo. Os Trabalhos e os Dias (Sec. VII A. C. – edição bilíngue). Iluminas, São Paulo, 1991.
5 Hesíodo. Teogonía. (Sec. VII A. C. – edição bilíngue). Iluminas, São Paulo, 1991.
6 Como Palas de Atenea y Afrodita.
7 Pandora “porque todos los que tienen morada en Olympia/ le dieron un don, un mal a los hombres que comen pan …
8 Miller,  Ídem, p.135.
9 Freud, S., Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre (Contribuciones a la psicología del amor, I) (1910). Amorrortu, Buenos Aires, 1999.
10 Miller, Ídem, Ibíd., p 135
11 Lacan, J. El Seminario libro 20: Aun. Paidós, Buenos Aires, 2009, p. 95.
12 Idem.

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