Del más allá del padre a su desplazamiento

Del más allá del padre a su desplazamiento

Antonela Garbet -EOL Sección La Plata

“Una vez robada, usurpada, libido no sucumbió en la presión donde la tenía el Padre […] Libido no murió sino que se hizo nube, agua, manantial, torrente. Yo la vertía-dice el Padre- en el tonel de las danaides; allí esta resguardada. Pero […] esa no era una caja que pudiera retenerla…” Miller, 1992

En el contexto actual del cuestionamiento en torno al patriarcado, una frase de Salman me interroga; dice: “Desgarro del padre, patriarcado en cuestión, sin duda, lo que no quiere decir desaparición del padre”.[1] Considero que la misma es una brújula en la práctica analítica actual; me detengo en ella.

Salman plantea que el patriarcado, en tanto forma de organización social, concierne a lo humano. El recorrido que acompaña a la definición del padre en la enseñanza de Lacan se desplaza de la vertiente simbólica del padre al énfasis introducido –hacia el final– sobre la vertiente real del padre, atravesando el significante nombre del padre, el padre real y potente del Seminario V, el padre deseante del Seminario X, el padre-síntoma, el padre como excepción en las fórmulas de la sexuación y, por último, el padre père-versamente orientado de la década de 1970.

Sin dudas, el seminario XVII introduce un viraje. Se escribe un pasaje del saber mítico a lo que es de estructura, teniendo como efecto un ordenamiento de las cuestiones referidas al padre  a nivel del discurso. El significado de estructura en Lacan es el que permite “prescindir de la censura y de la prohibición … es lo que remplaza prohibición por imposibilidad…”.[2] Es en el seminario XXIII donde plantea al sinthome como cuarto que puede venir a unir lo imaginario, lo simbólico y lo real; esto es lo que define a la perversión (pèreversión) que “solo quiere decir versión hacia el padre, que en suma el padre es síntoma, o un sinthome como ustedes quieran”.[3] En este sesgo, la función paterna es del orden de la contingencia, lo que no es el caso del síntoma que es del orden de lo necesario, necesario ya que todo se sostiene en la medida en que ex-siste este cuarto. Así, en la última enseñanza de Lacan el nombre del Padre es una suplencia entre otras frente al real de la no relación sexual; “podríamos decir que en un análisis se trataría de ¿ir más allá del padre para servirse de él como síntoma (Sinthome) y esto sería lo más singular de cada sujeto?”.[4]

“Después del padre”

La operación lacaniana consistió, entonces, en la extracción del deseo de Freud a fin de tener un psicoanálisis sin el padre. Salman (2018) plantea una operación milleriana a la que llama “el después del padre”. Después del padre es distinto del más allá del padre, en tanto este último es no sin el padre (a condición de servirse de él). “Después del padre introduce algo nuevo, puede ser un nuevo orden: de hierro; un nuevo espacio: virtual; o también un nuevo tiempo: continuo. Un nuevo cuyo alcance aún está por verse (…) La operación que hace Miller sobre la ultimísima enseñanza de Lacan va en esta dirección. Si tuviera que definirla, diría que esa operación consiste en pensar el goce sin el S1 que lo vuelve legible”.[5]

Miller (1992) distingue el mito del padre del mito pulsional, distinción que permite captar el goce que hay cuando se despeja la cuestión de la prohibición. De la prohibición a la imposibilidad “debe admitirse que no podemos refugiarnos en tal o cual prohibición del goce sostenida en el padre, que la perdida de goce no es obra de ninguna arrebato o robo paterno, que el goce encuentra sus límites de manera natural” afirma Salman (2018), “que es traumático y que inaugura el Zwang de la repetición que no puede hallar redención alguna”.[6] La lógica le permite a Lacan pasar más allá de la problemática de la interdicción. Como efecto de ello se despeja el goce femenino como tal. Despejar lo femenino implica despejar un campo donde la representación falta para representar el goce, permitiendo el acceso al goce que ya no desconoce ni se esconde tras el padre. El goce femenino implica una fracción de goce que “no responde al esquema susceptible de ser resumido en términos de rechazar para alcanzar”.[7] Arribo del goce femenino que se acompaña en la actualidad  de un movimiento feminista a nivel social; el feminismo se ha instalado definitivamente en la trama del tejido social. Sin embargo, advierte Salman, no debe confundirse la feminización del mundo con lo femenino; mientras que “el primero cuestiona al padre para ocupar su lugar, el segundo lo problematiza para ampliar sus límites y traspasar sus bordes”.[8]

Para concluir diré que  quitarse el lastre del padre, tal como plantea Miller, conlleva, a lo largo del recorrido de una análisis,  a desprenderse de los dichos en que se detuvo un sujeto, con los que ha armado su destino neurótico. El fin de análisis se localiza aquí en tanto implica que  un sujeto se autoriza en lo que tiene de femenino; femenino que no se reduce a  una cuestión de género, sino de localizar aquello más singular del ser hablante, incomparable.


 

[1]  Salman, S., “Desafiar al padre”, El escabel de la Plata N° 2, “El patriarcado en cuestión”. Malisia Editorial, Buenos Aires, 2019, p. 138.

[2]  Lacan, J., El seminario, Libro 23, El Sinthome, Paidós, Buenos Aires, 1975, p. 20.

[3]  Ibid

[4]  Breglia, A., (2014) “El padre síntoma como invención de cada sujeto”.  http://www.revistavirtualia.com/articulos/191/limites-y-dificultades-en-la-practica/el-padre-sintoma-como-invencion-de-cada-sujeto

[5]  Salman, S., (2018) Cuarta Noche del Directorio de la EOL sobre el curso de Jacques-Alain Miller “Un esfuerzo de poesía”. “Del Dios Padre freudiano a Ła mujer lacaniana”. Recuperado de http://www.radiolacan.com/es/topic/1221/3

[6]  Miller, J.-A., Un esfuerzo de poesía, Paidós, Buenos Aires, 2002, p. 290.

[7]  Miller, J.-A., Curso de la Orientación Lacaniana, “El ser y el Uno”, clase 5, 2 de marzo de 2011, Inédito.

[8]  Salman, S. “Desafiar al padre”, Op. cit., p. 141.

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