El deseo del analista en la práctica con adolescentes en pandemia

El deseo del analista en la práctica con adolescentes en pandemia

Andrea F. Amendola – EOL/AMP

“Somos la urgencia en carne viva” *

En pandemia

Durante la pandemia, un incremento en las consultas por pasajes al acto, pusieron en primer plano un descenso por el deseo de vida. Tal situación me interrogó poniéndome al trabajo para investigar en carteles y en control sobre cómo el deseo del analista operaba en mi práctica con adolescentes en el marco de la pandemia.

El uso de recursos tecnológicos para hacer lugar a las entrevistas preliminares, fue una apuesta ética que me permitió constatar que si el analista estaba disponible a volverse ese “objeto multifuncional”1 que ofreciera ese “lugar vacuolar”2 para que el paciente tuviera la chance de advenir como sujeto, los efectos analíticos se producirían entonces como consecuencia de la presencia de su acto.

¿Qué me enseña la práctica con adolescentes en estos últimos tiempos? Dentro de la variedad de demandas, las que tocaron especialmente mi atención fueron las de aquellos jóvenes que en nombre propio habían pedido una consulta a sus padres y éstos, por diversos motivos, les habían negado esa posibilidad, siendo el Otro escolar o algún pariente quienes se contactaron conmigo para propiciarles un lugar, considerando que ese adolescente tenía algo importante por decir.

En esos casos, el trabajo con los padres fue esencial. Como bien indica Damasia Amadeo en su libro El adolescente actual, es habitual que éste se presente “desorientado, constata los hechos, los padece, pero no los subjetiviza. Él es el testigo mudo de un fenómeno que escapa a su compresión. Las palabras le faltan para dar cuenta de su estado, al que tampoco puede considerarlo como un síntoma”3.

Esa misma desorientación también la encontraba en los padres de estos jóvenes, ya que no consideraban que la palabra de sus hijos tuviese sentido alguno como para ser alojada en un tratamiento analítico.

Abrirse

E, una joven de 16 años pide ayuda en su escuela. A partir de allí, la institución indica como condición insoslayable que sus padres le provean tratamiento a su hija, quien ha podido transmitir por primera vez que fue abusada en reiteradas ocasiones por un familiar conviviente entre sus seis y diez años.

A sus 11 años, le había pedido a su madre hacer una consulta psicológica y ésta se la negó.

Las entrevistas se llevaron a cabo por zoom. En la primera entrevista con E, me encuentro con una joven apesadumbrada por un silencio del que le costaba salir.

Desinteresada por el estudio a partir de la pandemia, relata que las clases virtuales eran para ella un pesar. La joven subraya el no sentirse escuchada por sus padres. La reiteración de una escena en donde ellos se alcoholizan sin velo alguno, la deja sumergida en una angustia profunda. Dice sobre ello que se cierra, no habla. Destaco lo fecundo de su abrirse al decir en la escuela, ya que ha logrado así, que sus padres inmediatamente echen a ese sujeto de su hogar logrando inscribir una denuncia justamente por su propio pedido.

No obstante, la angustia no cesa. El recuerdo de aquel pariente tapando su boca exigiéndole que no diga nada, le retorna afectándola. Le pregunto si alguna vez intentó hacerse daño y manifiesta que todas las noches se queda sola en el living de su casa apuntándose un cuchillo al estómago, no desea vivir con todo eso. Interrogo ¿qué de eso? y responde que la afecta el no haberse dado cuenta antes, cuando era pequeña, que eso era abuso.

Le devuelvo: de pequeña no es posible darse cuenta qué era eso.

Haber situado el eso que afecta, propicia comience a deslindarse aquello que es del orden de la tristeza de lo que pertenece a la angustia. La comienzo a ver más de una vez por semana y se lleva a cabo la interconsulta con psiquiatría para amortiguar el padecimiento en tanto le impedía hablar.

En entrevista a padres, se les indica que ubiquen el tomar, en un otro espacio por fuera de sus hijos, subrayándoles que hay cosas que son del orden de lo íntimo. Se resisten a incorporar la medicación argumentando que no es para tanto, considerando que E actúa así por capricho. Se los pone al tanto de la gravedad de la situación y se los interpreta preguntándoles si ellos quieren encontrarse con una hija muerta. La angustia en ambos emerge como efecto. Finalmente, aceptan.

En el transcurso de las sesiones, E se siente aliviada del exceso de sus padres, éstos ya no toman en su casa. La joven comienza a hablar de lo que llama mi tristeza, dice: “no intento nada, me quedo en la tristeza tirada en la cama, no me abro, no le escribo a mis amigas, no les digo nada”.

Interpreto: lo que te afecta es tu no decir nada, eso riega la planta de tu tristeza.

A la sesión siguiente trae dos sueños. En el primero, la secuestra un hombre. Grita, llora y se despierta. En el segundo, secuestran a su hermana y ella pide ayuda.

El pasaje del grito al pedido orienta la cura. Lo silencioso del goce toma el color de la tristeza, esa que la aleja del deseo de saber bajo el amparo de la cobardía moral. Pedir ayuda es crear la chance para abrirse –de la tristeza-, significante privilegiado que le será devuelto más de una vez, con el efecto de abrirse a la pregunta por su deseo.

La presencia: el deseo del analista

Así, desde ese “doble lugar para el analista”4, el trabajo se orientó con los padres a que no sólo se volvieran permeables a la escucha, sino también a implicarlos allí como sujetos respecto de los efectos que acarreaba en sus hijos la propia desorientación. De este modo, es el “psicoanálisis el que toma el relevo de esta función”5 decaída en los padres y fragilizada en la era del Otro que no existe.

El analista sabe que la inconsistencia del Otro deja muchas veces al adolescente a la deriva, pero si logra hacer uso de la interpretación vía el amor de transferencia, jugará allí su lugar “de puro semblante que es como el revés de la vida cotidiana”6. Esta orientación clínica y precisa de Miller hace del psicoanálisis un paraje único, porque su revés le ofrece al joven otra escena en donde él se vuelve ese protagonista esperado y, su decir, el borde de su horizonte como aquel tesoro por fin encontrado.

Y en ese tramo, el deseo del analista oficia de motor para “reconducir al sujeto al lugar de sus primeros balbuceos”7 recortando en los dichos que nos trae “algún significante propio”8 para que pueda captar que más allá de los padres que le han tocado en suerte, él es “como sujeto hijo de la palabra”9.

Lacan en “La Tercera” dice que un psicoanalista es responsable de un discurso que suelda al analizante con la pareja analizante-analista10. Allí, el analista está disponible como partenaire para el síntoma del analizante y se vale para ello del deseo del analista que sostiene la cadena discursiva, haciendo lugar a la “significación de saber”11.

En esa queja que muchas veces ancla al joven en lo infantil, el deseo del analista se propulsa a través de la interpretación para “adultizarlo”12, para que de los dichos que nos dirige logre nacer al decir, palpitando en carne viva el acto de tomar la palabra.

¿Y qué decir de la pandemia? se volvió chance fecunda para poner a prueba, una vez más, que en los efectos analíticos el psicoanálisis demuestra el valor de su vigencia y el deseo del analista es la señal viva de su presencia.

De esta manera, debemos entonces crearle al adolescente la oportunidad de encontrarse con el deseo del analista, resorte único cuya “docilidad”13 permite se lo acompañe frente a lo que no cesa en lo indomeñable de las pulsiones, pero respecto de las cuales le hará descubrir que sí es posible tomar decisiones.

 


NOTAS:
*Yo, adolescente (Lucas Santa Ana, 2019), Film argentino basado en el fotolog y libro de Zabo Zamorano.
1 Miller, J.-A. Las contraindicaciones al tratamiento psicoanalítico, en El Caldero de la Escuela N° 69, Buenos Aires, 1999, pág.10.
2 Ibid., p.11
3 Amadeo de Freda, D. El adolescente actual, UNSAM EDITA, Buenos Aires, 2015, p. 95
4 Porge, E. “Transferencia a la Cantonade”: https://vdocuments.mx/erik-porge-la-transferencia-a-la-cantonade.html
5 Amadeo de Freda, D. El adolescente actual, UNSAM EDITA, Buenos Aires, 2015, p. 96
6 Miller, J.-A. Las contraindicaciones al tratamiento psicoanalítico, en El Caldero de la Escuela N° 69, Buenos Aires, 1999, pág.11.
7 Ibid., p.11
8 Amadeo de Freda, D. El adolescente actual, UNSAM EDITA, Buenos Aires, 2015, p. 100
9 Miller, J.-A. Sobre padres y causas: http://www.iztacala.unam.mx/errancia/v1/PDFS_1/LITORALES7_SOBREPADRESYCAUSAS.pdf
10 Lacan, J. La Tercera. Intervenciones y textos 2, Manantial, Buenos Aires, 1988, Pág.87.
11 Lacan, J. El Seminario, Libro 4: La relación de objeto, Paidós, Buenos Aires., 1994, p. 289
12 Amadeo de Freda, D. El adolescente actual, UNSAM EDITA, Buenos Aires, 2015, p. 12
13 Miller, J.-A. Las contraindicaciones al tratamiento psicoanalítico, en El Caldero de la Escuela N° 69, Buenos Aires, 1999, pág.11.

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