El rodeo por el doble y el amor en el autismo

El rodeo por el doble y el amor en el autismo

Marcela Piaggi – EOL/AMP

¿Qué pregunta podría ser más difícil de responder que la que se refiere al amor en el autismo? Partir del testimonio de Daniel Tammet[1] permite aproximar una respuesta y aprender sobre la originalidad de una experiencia amorosa singular.

El amor es un tema central en la experiencia del parlêtre y del psicoanálisis, merece una precisión especial, tanto de la particularidad que toma en el autismo como de la singularidad con la que se vivencia en cada caso.

Miller señala:

“que en el estado primario tenemos « unos » separados, en disyunción (…) La cuestión del amor a partir del seminario Aún conoce una promoción muy especial, porque el amor es lo que puede hacer mediación entre los unos solos”[2].

En la clínica del autismo partimos del Uno sin referencia al Otro. ¿De qué funcionamiento se vale Tammet para circunscribir un Uno de lalengua y producir un enganche entre Unos solos?

El amor, desde Freud, requiere de un circuito libidinal entre cuerpos: el uno y el Otro. En el autismo, el circuito libidinal no se produce con el Otro sino que vuelve sobre sí mismo; “se goza” sin el trayecto pulsional que podría articular su cuerpo con el Otro. El cuerpo-caparazón replegado sobre sí es lo que resulta como consecuencia de un cuerpo cuyos orificios están todos cegados[3]. Para que algún trayecto surja debe apelar a la invención de una solución a medida, que incluya cada vez, aquello que permanece en el límite de la relación con el Otro: sus objetos, sus estereotipias, sus dobles. Estos elementos interdependientes ofician de bordes que localizan sobre sí,  no solo el goce, sino sus pasiones.

Tammet[4] se apoya en la función del doble para tratar la animación libidinal y acceder a la posibilidad de armar lazo. Se produce una “inversión libidinal” que pasa por el rodeo de su doble[5]. Es consecuencia de la ausencia de la identificación simbólica que hace que el rodeo por la imagen del doble sea necesario para estructurarse.

Dicha función pone en juego una perdida controlada, el dominio ejercido sobre ella flexibiliza el borde. Se trata de “un acontecimiento de cuerpo” que hay que considerar no como una extracción del objeto pulsional, sino como una extracción de goce que el sujeto llega a ceder y ello sin que tal cesión le sea insoportable.

A sus 13 años Babak, le procura una imagen de sí mismo distanciada para poder examinarse. Cito: “Apareció en la escuela un iraní, era inteligente, hablaba inglés con fluidez y muy bueno en matemáticas. Vio más allá de lo que me hacía diferente para concentrarse en lo que compartíamos: nuestro amor por las palabras y los números en particular”. Daniel llegó a reemplazar a su amigo en una obra escolar, había aprendido todos los diálogos de memoria del guión sin saberlo.

La función del doble permite a su vez construir el Otro de síntesis. Éste toma dos particularidades: en una, el sujeto dispone de un saber cerrado que le permite orientarse en el mundo rutinario. En la otra, se vuelve abierto, adquiere una capacidad que consiente adaptarse a situaciones nuevas. Ambas formas pueden complementarse; la primera pone orden en un mundo solitario sin conseguir interpretar las emociones, su aptitud para representar lo vivo es insuficiente. La segunda forma inicia una apertura hacia el vínculo social que le permite a Tammet anclarse en la lengua del Otro, reducida a signos alcanza, enmarcar cierto goce.

El Otro de síntesis no está constituido ni por S1 ni por S2 sino por signos: alfabéticos, sonoros o visuales. Para que lo vivo entre en juego como una suerte de afecto es necesario que el S1 funcione como un significante amo, Uno desprendido del goce de lalengua.

Ante un acontecimiento de pérdida de goce se produce un pasaje a una flexibilidad mayor del borde que incluye en su límite, al Otro como partenaire, éste debe quedar por fuera de toda reciprocidad imaginaria y sin la función de la interlocución simbólica. Hace falta tiempo para que algo que se enganchó a él se desplace y dé lugar a un nuevo espacio mediador que no sea ni del sujeto ni del Otro.

Ese espacio puede desprenderse del dominio controlado. Tammet pone en escena una pérdida real que constituyó un giro decisivo en su existencia, una modificación de la posición subjetiva. Sostenido en su pasión por las palabras y la lengua extranjera deja la casa familiar y viaja a Kaunas para enseñar inglés a extranjeros: “me sentía un extraño en mi país natal. El futuro había dejado de asustarme”[6].

Asistimos a una suerte de cesión de un Uno de lalengua. El borde se independiza del dominio ejercido; no desaparece, puede volverse menos permanente o borrarse voluntariamente y producir otros enganches. En Tammet abre al encuentro con un partenaire sexual sostenido en la función de doble, para borrar la diferencia y la pérdida que implica ese encuentro[7]. Se abre al mundo de una manera dominada y sostenido en el circuito del doble.

Enseñando ingles a extranjeros logró comprarse un computador, a través del cual conoce a Neil, su actual pareja. Al igual que Daniel, Neil es muy tímido. De inmediato comparten intereses comunes. Pensó: “Has encontrado tu alma gemela”. Vivieron juntos y algunas experiencias laborales frustrantes lo conducen, apoyado en los conocimientos de Neil, a crear un sitio web educativo con cursos en la red para estudiantes de idiomas.


NOTAS:
[1] Tammet, D. Nacido en un día azul. Sirio. Buenos Aires, 2007.
[2] Miller, J-A: “Una fantasía”en Comandatuba. http://2012.congresoamp.com/es/template.php?file=Textos/Conferencia-de-Jacques-Alain-Miller-en-Comandatuba.html
[3] Laurent, É.  La batalla del autismo, Grama, Buenos Aires, 2013.p.53)
[4]  Y en otros autistas denominados “de alto rendimiento como Donna Williams o Temple Grandin
[5]  Maleval, J-C. El autista y su voz. Gredos. Madrid, 2011, p.172.
[6]  Las comillas corresponden a las palabras de Tammet
[7]  Maleval, J-C. “Clínica del espectro del autismo” En Estudios sobre el autismo I. Colección Diva. Buenos Aires, 2014. p 62).

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