La Escuela, una modalidad de amor

La Escuela, una modalidad de amor

Frank Loreto  Asociado a la NEL/Caracas

La Escuela propuesta por Lacan en su acto de fundación es una experiencia inaugural, en tanto la apuesta es consentir nuestros análisis hasta sus últimas consecuencias. Esto, como saben, tiene algunas implicaciones, no es que se puedan enumerar, pero al menos podemos trabajarlas en conjunto.

Una de ellas es la de pasar el saber supuesto, saber del inconsciente, al saber expuesto, saber asegurado. Es el pasaje del amor al saber al deseo de saber. Es lo que significa la desuposición, no que el saber no exista, sino que ese saber se exponga al otro, del goce uno al otro. Y en esta transmisión sostener la enseñanza del psicoanálisis1.

Aunque para la enseñanza del psicoanálisis se requiere que el analista no esté en el lugar “yo sé todo”, sino en un lugar que permita el trabajo de otros. Porque lo que propuso Lacan para su Escuela fue trabajar por la reconquista del campo freudiano.

De lo que se trata es como me las arreglo con mi goce, para sostener la causa analítica. Entonces la experiencia de la Escuela nos orienta a que la elección se sostiene en el vacío, por enfrentarse al propio deseo, como deseo de otro…al deser. Luego el pase da cuenta no sólo de lo que ocurrió en el análisis, sino de lo que allí tuvo lugar, para apuntar a la propia responsabilidad en la Escuela 2.

Esto conlleva una elección forzada, del trabajo de transferencia a la transferencia de trabajo. Nos encontramos con la causa de nuestro deseo pero trabajaremos por la causa analítica. Supongo que aquí es posible evocar que el amor permite condescender el goce al deseo.

Pero ¿de qué amor se trata cuando hablamos del analista y la Escuela-sujeto? Precisamos un matiz, no se trata del amor de transferencia. Si bien fenomenológicamente parecieran distintas porque se trata de la torsión de la experiencia analítica a la del analizante-grupo analítico, en la estructura parten del mismo lugar 3.

Esta transferencia recíproca  puede entenderse  incluso como una orientación, una que incomoda, una que no es sólo la referencia común a unos textos o alguien en específico, aquella fundamentada  en la crítica recíproca, sin acuerdos tácitos, y siempre más allá de las identificaciones supuestas en el otro. Además hay que recordar que no tiene lógica comunicarse con personas con la misma experiencia, porque “nos entenderíamos bien”, la apuesta es al malentendido, para producir el saber…4 que luego se trasmitirá.

En este sentido de la reciprocidad creo que hay una diferencia sustancial con la transferencia analítica. Puesto que esta última no se trata de una experiencia intersubjetiva, recíproca, sino que se trata del trabajo del sujeto, con su saber supuesto del inconsciente. Pero este saber no solo es el articulado con un conjunto de significantes para producir un saber, el saber del inconsciente es del significante pero en tanto se goza, como respuesta a la no relación sexual.

Aunque también es cierto que no existe la intersubjetividad entre el analista y la Escuela.-Sujeto, sino la existencia del colectivo como sujeto en lo individual. Mas bien esta reciprocidad está orientada al trabajo con los otros miembros, y la crítica seria a sus respectivos productos, más allá de las identificaciones5.

Ahora bien, hice referencia al amor a partir de la transferencia de trabajo, creo importante precisar que el amor que pueda existir hacia la Escuela, es un amor más allá del amor.  No es un amor narcisista, de “amar al prójimo como a mí mismo, ni tampoco el amor simbólico, atrapado en la demanda del otro, porque estos estarían soportados en la función del falo6 .

Entonces es una “revalorización del amor”: el amor real sería un suplente de la relación sexual. Lo que estaría relacionado con la sexualidad femenina, en tanto esta tiene una relación especial con el Otro. El goce femenino bajo la forma S (A) permite una relación con el Otro, porque es capaz de ir más allá de hacer del Otro un objeto a, que le sirva solamente para la satisfacción pulsional; es más independiente de la exigencia pulsional7.

Esto permite orientarme sobre la relación entre el amor, el goce femenino y la Escuela, en tanto plantea que a diferencia del grupo que segrega a quien le dice no al mutualismo, la Escuela-sujeto consiente a que se pueda seguir en posición de analizante con eso que no dejará de insistir y hace caer cualquier ideal 8..

Esto me permite mantener en el horizonte lo planteado por Raquel Cors en su discurso entrante cuando hacía referencia a que, desde hace tiempo hemos leído “el inconsciente es la política”, y sin embargo, aún estamos interrogándonos para precisar lo que entendemos por política lacaniana.9 Y además,  considerando que la finalidad de un análisis no es más que extraer un analista, podría evocar como una respuesta inconclusa una política orientada por los arreglos con lo real.

Entonces, intuyo que la propuesta sería trabajar con lo real, con nuestra propia inconsistencia y la del otro, haciendo lazo con el otro a través del amor real, pero sosteniendo la causa analítica como causa de deseo. Porque el psicoanálisis existirá en la medida que asumamos la responsabilidad de hacerlo existir.


NOTAS:
1 Miller, J., (2010). El banquete de los analistas. Paidós. Buenos Aires, pp. 179-233.
2 idem
3 Bassols, M., “La orientación en la transferencia de trabajo”. Recuperado de http://elpsicoanalisis.elp.org.es/numero-36/la-orientacion-es-la-transferencia-de-trabajo/
4 Ídem
5 idem
6 Miller, J., El partenaire-síntoma. Paidós, Buenos Aires, pp 147-170
7 idem
8 Giraldo, M., La Escuela y lo femenino del deseo. Testimonio de pase presentado en XVII Jornadas de la ELP ¿Quieres lo que deseas? Excentricidades del deseo. Disrupciones de goce, Barcelona, 24de noviembre de 2018. Mesa del Pase Deseo de Escuela. Interlocución de Guy Briole y Anna Aromí.
9 Cors, R., “Mutatis Mutandis”. Recuperado de http://www.nel-amp.org/index.php?file=La-Escuela/Textos-institucionales/Discursos-de-los-presidentes/Discurso-presidente-entrante-2021-2023.html

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