La página en blanco, una forma fecunda del vacío

La página en blanco, una forma fecunda del vacío

María de los Ángeles Morana. Asociada a la NEL-Cali.

Isak Dinesen o Karen Blitzen, heterónimos de Karen Dinesen (1885-1962), cuentista, “rien qu’une conteuse”[1]. Su pasión: construir historias y narrar. En “La página en blanco”[2] convoca lo femenino en su alteridad radical que, en la historia de Occidente se resiste a ser escrita y permite, a la vez, que algo se escriba siempre; “porque sin ella no es posible escribir”[3]. El vacío produce el movimiento. En algunas mujeres cierta inclinación a pensar en relatos mueve la vida de modo singular. Sherezade, insumisa al destino, reinventó así la historia, mil y una noches, en el lugar desprovisto de imagen y palabras donde cada lectora introduce las suyas no sin estremecimiento, sin la caída de antiguas lecturas con sus sentidos adosados, y sin desgarramiento[4].

La página espera el lector que renueve el texto, que somos nosotros mismos, cuya elección “nunca es gratuita ni indiferente”[5]. Lo que allí se lee, se escucha o no, de él procede[6]. También el encuentro con lo ilegible, lo que no se puede capturar en el discurso. Siendo de mayor interés la lectura imposible, pues ese estanque profundo refleja lo desconocido de cada uno, lo no dicho y lo que las palabras no llegan a decir. Su blancura con sombras acoge lo indecible, atesora fulgores fugaces, no límpidas transparencias[7]; disímiles sus blancos y las lecturas que suscita. Como el río de Heráclito cambia y nos cambia[8], al despertar en ella sus espíritus. Las historias se forman porque quienes las cuentan añaden algo nuevo[9]. A veces, escribir una historia permite reescribir la propia, como el recorrido de una cura.

Dinesen abre el vacío del lienzo bordeándolo con su estilo: narrar callando. Invita al lector al encuentro con el vacío de significación, haciendo presente el agujero en el saber sobre el sexo y dejando escuchar la potencia del silencio.

Lacan se interesó en el japonés y la escritura poética china[10] en la que para extraer lo nuevo es preciso desestabilizar la unión entre sonido y sentido[11]. Efecto de escritura, puntúa Miller, gracias al fracaso en la fiesta del sentido; lo que no se puede decir, quizás puede escribirse.

La palabra arriba a lo que no se entiende, su efecto semántico se agota, “desemboca en el deser, al punto que, para entregarse a ella, es necesario estar un poco ebrio”[12].

El sentido no exprime el significado porque conlleva el agujero revelado en lo simbólico como “No hay Otro del Otro”[13]. Hay un vacío inherente a este registro[14]. En el budismo el vacío permite atravesar lo ilusorio del yo poseedor de las cosas[15]. En el Tao no es un hueco ni un lugar neutro; es espacio operatorio para la construcción, es soplo, insufla el aliento y el ritmo que anima el universo[16]. En psicoanálisis es el sujeto mismo que aparece donde la voluntad de decir fracasa[17]. Cuna de su emergencia, no espacio a rellenar. Por el vacío la página deviene cáliz para la inquietud del cuerpo[18], mutándola en motor de un relato o poema, piezas sueltas en las que el agujero se inscribe en el lenguaje. Las mujeres del cuento, traviesas con la retórica, encuentran en su trasiego, ese lugar en donde las palabras desfallecen[19]. Allí la “consumación genital” destapa que “el problema sexual no tiene solución significante”[20] Plenitud del silencio transformada en deseo de narrar y escribir, en saber que “la mejor historia”, es esa página desprovista de un saber que complete la falta constitutiva del sujeto.

¿Cómo consigue el poeta ausentar el sentido?[21]  Violentando la lengua de su uso común;[22] semblanteando lo bello, a lo que la interpretación analítica no aspira. Desde el indómito soplo del deseo y ante al agujero que lo femenino abre alrededor del amor, hacer poesía es montar sobre el vacío una ficción[23] que introduce un goce Otro en el lenguaje.


 

[1]  Marías, J. Últimos Cuentos.  Prólogo a Isak Dinesen. Debate, Madrid, 1990, pp.5-12.
[2]  Dinesen, I. “La página en blanco”. En: Cuentos reunidos. Alfaguara, Madrid, 2011, pp.732-736.
[3]  Bassols, M. “Lo femenino más allá de los géneros”.scfdonosti.youtube.com/watch?v=eG2gPROWS90.
[4]  Barthes, R. El imperio de los signos. Mondadori, Madrid, 1991, p.10.
[5]  Cheng, F. La escritura poética china. Pre-Textos, Valencia, 2006, cit., p.18.
[6]  Miller, J.-A. Los signos del goce. Paidós, Buenos Aires, 1998. p.111
[7]  Tanizaki, J. El elogio de la sombra.socearq.org/2.0/wp-content/uploads/2018/10/Elogio-De-La-Sombra-   Tanizaki.pdf
[8]  Borges, J.L. ¿Qué es la poesía? Conferencia. Siete Noches.youtube.com/watch?v=O4t8.
[9]  Lévi, P. Lilith.diariojudío.com/opinión.lilith-por-primo-levi-254173/
[10]  Miller, J.-A. “A merced de la contingencia”. Revista digital de psicoanálisis, arte y pensamiento. Consecuencias No 2.http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/002/template.asp?arts/ alcances/miller.html
[11]  Laurent, E. “Lacan y China. La poética china de Lacan www.ampblog2006.blogspot.com/2015/11-lacan cotidiano-lacan-y-china-i-la.html.
[12]  Miller, J.-A. El banquete de los analistas. Paidós, Buenos Aires, 2020, cit., p.15.
[13]  Miller, J.-A. El ultimísimo Lacan. Paidós, Buenos Aires, 2012, cit., p.167.
[14]  Lacan, J. El Seminario. Libro 23. El Sinthome. (1975-1976) Paidós, Buenos Aires, 2006, p.132.
[15]  Richmond, L. “Emptiness:the most misunderstood word in Buddhism”.2017/02/03.upload.democraticunderground.com/1249973.
[16]  Cheng, F. La escritura poética china. op. cit., p. 28.
[17]  Chamorro, J. Psicoanalistas al teléfono. Reunión Zoom. 25/06/ 2020. Buenos Aires. Georgetown.
[18]  Cheng, F. Vacío y plenitud. Biblioteca de ensayo Siruela, Madrid, 2013, p.84.
[19]  Laurent, E. Los objetos de la pasión. Tres Haches, Buenos Aires, 2004, p.131.
[20]  Miller, J.-A. “Cosas de finura en psicoanálisis”.ampblog2006.blogspot.com/2008/12/cosas-de-finura-en-psicoanalisis-v-j.html
[21]  Brousse, M.-H. “Solitude des corps”.lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2020/04/LQ-883.pdf
[22]  Miller, J.-A. El ultimísimo Lacan. op. cit., p.176.
[23]  Miller, J.-A. y otros. La psicosis en el texto. Manantial, Buenos Aires, 1990, p.117

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