Lo que finalmente hay de la persona que se fue… mientras Uno se analizó [1]

Lo que finalmente hay de la persona que se fue… mientras Uno se analizó [1]

Raquel Cors Ulloa – NEL/AMP

“Es del vientre fértil de S(Ⱥ) de donde brota ese discurso, es decir, del punto irreductible, de un yo no quiero saber nada de eso”.[2]

¿A qué se consiente al final de un análisis? ¿A qué se dice sí? ¿Qué se asume finalmente y cómo se las arregla cada uno con eso? Son preguntas que pueden surgir al final de un análisis, o en los momentos de pase. Quizá la diferencia entre esos momentos de pase y un final conclusivo radicaría en un decidido: “sí”, que no es lo mismo a un “sí, pero…” como suele jugarse en la resistencia neurótica.

Un real final del análisis

Un final del análisis, llevado por lo real y no hacia él, es clave para nosotros porque problematiza varias cuestiones éticas y políticas que tienen consecuencias en la relación con el partenaire Escuela, y más allá de nosotros mismos… es decir, más allá de nuestros cómodos mundos fantasmáticos.

Freud –en Análisis terminable e interminable (1937)–, señaló que hay que elegir: hacer un análisis eterno e interminable… o terminar. Esta dimensión de separación, de liquidación de la transferencia, ese deser que marca Lacan –en la Proposición del 67 y en La dirección de la cura…–, dimensión para la que no-hay preparación anticipada ni meta futura que garantice el final, solo es posible, para cada uno, en la sorpresa de su singular momento conclusivo.

Saltar, Soltar, Salir // SsS

Lo constaté, en carne y hueso –gracias a una “Alegre-pesadilla”–, al Saltar el muro de la no relación sexual, al Soltar el amor que fui para mí-misma en los brazos del gran Otro y la pulsión, al Salir una fecha que no-hay.

Releer en après-coup el trayecto del sujeto que durante 24 años de análisis se aferró al SsS, sostenida hasta entonces por lo Simbólico y lo Imaginario, ya sin el peso que la contingencia del S1 y el síntoma que había conmemorado la permanencia de una manera necesaria de gozar, fue releer –como Lacan señala en la clase del 10 de enero de 1978 de El Seminario El momento de concluir– ese final que recomienza “dos veces el giro en círculo”.[3] Es decir que, si bien me fui por el Uno con el que me había hecho prisionera, cuando volví a pasar por ahí –en un mes que carecía de la fecha de mi nacimiento–, ese uno S1 del pathos ya no estaba… lo que sí había era lo Uno del deser que es ¡un vital renacer! Cuando se liquida la transferencia, no hay vuelta atrás, hay lo Uno, ya sin dos.

Ese de-ser del final, desapegado en la transferencia, es para cada caso una experiencia singular, a devenir… en un futuro que, en tanto tal es incierto. Nadie sabe lo que vendrá. Cada final es una consecuencia lógica, no cronológica.

El final del análisis no tiene por qué ser un sacrificio, un mérito, una épica, mucho menos una exigencia para el analizante. Tampoco es cuestión de resignación, cansancio, o el hecho de dejar de ir donde el analista. El final del análisis no es un tema personal, es un tema de Escuela, es decir de la nueva relación de un sujeto con el partenaire Escuela.

¿A qué apuntamos cuando hablamos de partenaire? Desde ya que no es un tema Universal. Quizá primero habría que ver y escuchar, en cada caso, si hubo o no un primer consentimiento al Otro, porque si no hay Otro, no hay Uno, y si no hay El Uno, no habrá paso lógico del après-coup a lo Uno. Ahí estamos al pie mismo del muro, en esa extimidad que está ahí para cada uno, y que finalmente se lee en los destinos de la pulsión.

Resta el agalma

¿Qué pasa con los saldos cínicos, las transferencias negativas, lo que queda demasiado suelto, lo que resta aún consentir al Otro que somos para sí mismos? –pues no es lo mismo el “sí mismo del Uno”, que ser “Otro para sí misma”–. Sin duda, son temas que al carecer de la última palabra. Resta el agalma de las investigaciones que, abrirían… nuevas páginas para lo que queda por hacer y por escribirse en nuestra práctica, la episteme y la política de la dirección de la cura de orientación lacaniana. Las enseñanzas de los AE, sin duda, son vitales aquí para encarnar lo inédito de su transmisión en su singular paso al pase.

En efecto, para el psicoanálisis de orientación lacaniana hay un interés especial por las consecuencias de los finales de análisis de la mano del pase que, sin duda, se cristalizan en un deseo de saber sobre esta experiencia que tiene algo precioso, algo escondido en alguna parte, es decir algo sin duda valioso para los psicoanalistas.

Hacer del amor un nuevo motor

El procedimiento del pase ha sido inventado por Jacques Lacan para verificar, o mejor dicho para “poner a prueba” el final de un análisis llevado hasta las últimas consecuencias. Así que lo único que sabremos sobre el final del análisis será lo que cada AE, desde su singular caso, testimonie. Lo interesante es que, como hablamos distinto, no hay testimonios iguales, ni si quiera para el mismo AE, que luego de su primer testimonio, recién comienza a desmenuzar, y no sin sorpresas, lo que fue su propio final. No necesariamente como algo que pasó en el pasado, hizo su recorrido y llegó a una meta, a un ¡fin!, sino algo que de esas marcas primordiales advino en nuevas escrituras, ya no las descifrables. Si algo nos enseña la experiencia analítica es que lo que se lee-analíticamente de ese indescifrable es la letra. Una letra carente de las referencias de la identificación y de los amiguismos entre el S1 y el S2. Una letra que, desde una nueva soledad, quizá pase a saber hacer del amor un nuevo motor, el de la transferencia de trabajo.

Lo indecible no es ilegible

Jacques-Alain Miller, en la Clase del 21 de enero del 2009 –el capítulo se llama El pase del parlêtre, y lo encuentran en su Curso Sutilezas analíticas, p.135– pregunta: “Entonces: ¿Quién sería analista? y de un salto dice: Sería alguien a quien su análisis le habría permitido demostrar la imposibilidad de la hystorización (…) Si hubiera que buscar un criterio del pase entendido de este modo, diría aquél que no permite a nadie imitarlo”.[4]

Esta referencia, me lleva a pensar en lo inigualable, lo sin igual, lo impar e incomparable de la escritura de un testimonio de pase que bien-dice sobre un final de análisis, pero no solo lo bien-dice, sino que lo demuestra. Ahora bien, esa demostración ¿De qué se trata? ¿A qué nos referimos con que un final de análisis es un “sabe hacer con”? ¿Cómo se escribe esto?

Los finales de análisis, vaciados de significación fálica, carecen de éxito, no deslumbran a nadie, tampoco fascinan, ni seducen. Es algo que cuando es ¡es! Habrá que ver qué es lo indecible –que no es lo ilegible– de un final.

Eso que resta al final del análisis solo se soporta por la posibilidad que hay de hystorizar, es decir, de contar una historia con unos cuantos aspectos de la vida personal que, en el pase, se consiente pasar a su exposición, que no es su exhibición, sino un performance del sicut palea que finalmente hay de la persona que se fue… mientras Uno se analizó.


 

[1]  Fragmento de la Conferencia “Un final –del análisis– que estaría en el futuro”, en la NEL-Cochabamba, 2 de octubre de 2021.

[2]  Miller, J.-A., Théorie de lalangue, La Divina, Navarin Éditeur, 2021.

[3]  Lacan, J., Seminario XXV, El momento de concluir. Clase del 10 de enero de 1978, inédito.

[4]  Miller, J.-A., Sutilezas analíticas. Paidós. Buenos Aires, 2011, p. 135.

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